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Interpol – Antics

Fueron tantas y tantas las pasiones despertadas tras Turn on the bright lights (Matador, 2002) que, para muchos seguidores de Interpol, la primera escucha de este Antics ha resultado decepcionante. Existe la típica manía de coger un gran debut y ponerlo en los altares de la música contemporánea, lo que suele reducir las posibilidades del segundo álbum de cara al fanático del grupo. Y es que aquí partimos de una premisa bastante desacertada, porque Turn on the bright lights (Matador, 2002) fue, y es, un buen disco, un muy buen debut de una banda que promete, pero tampoco es que sea la panacea ni mucho menos. Y este error de concepción puede confundir al oyente de Antics. Porque el nuevo trabajo de Interpol es un sencillo ejercicio formado por diez temas de corte muy similar, algo lejano en las formas a su ópera prima, donde imperaban canciones más largas y densas, y en muchos casos menos directas. Así que para poder analizar este disco hay que tirar los prejuicios directamente a la basura, y sobretodo no caer en el error de buscar similitudes, ya que estamos ante una formación musical que, mientras no se demuestre lo contrario, progresa buscando su propia identidad.

Interpol es un grupo con unas influencias muy marcadas de otras bandas, de hecho la comparación siempre odiosa con Ian Curtis y sus Joy Division resulta más que evidente. También podríamos buscar parecidos razonables con formaciones como los Pixies (el segundo corte de Antics, Evil, suena mucho a Frank Black). Pero es que siguiendo una sencilla cadena en el tiempo podemos llegar a una conclusión nuevamente errónea en donde Interpol se parecería finalmente a todas las bandas habidas y por haber. No, hay que ser serios y poner las cosas en su sitio, buscar originalidad por parte del oyente nunca debe ser una máxima, sino más bien un complemento ante la escucha de nuevos discos.

Antics es un álbum sensacional: desde los primeros acordes sesenteros de Next exit hasta la tristeza entrometida de A time to be so small, uno termina embriagado de optimismo y energía. Con claros tintes obscuros y sentimentales pero con mucha fuerza, los diez temas van tocando nuestra fibra más sensible sin más pretensiones que hacernos disfrutar. Atrás queda el glamour de su anterior disco, y llega el momento de la sencillez. Es complicado escuchar hoy en día un álbum con tantos magníficos temas; tendríamos que remontarnos a otros tiempos para encontrar discos tan arroyadores, impecables, limpios, directos y redondos, que uno siempre quiere escuchar una y otra vez.

Next exit es un arranque atípico comparado con el resto del álbum, con un particular sonido a salones de baile de instituto norteamericanos de los años cincuenta o sesenta, como una de esas baladas para bailar en pareja de la época. Evil, tremenda, es una de las mejores composiciones que encontraremos, con una fuerza descomunal en donde Paul Banks, cantante y guitarrista, se emplea a fondo y deja constancia de que este disco va en serio, dejando para la memoria momentos excepcionales como ese gemido que sirve como preámbulo al último estribillo. NARC suena algo a su anterior álbum, y sin ser una maravilla mantiene el nivel del resto sin complicaciones. Sensacionales son Take you on a cruise y Not even jail, dos cortes que tienen la particularidad de transportarnos a la esencia sonora de los años ochenta, algo que agradecemos mucho aquellos que vivimos esa época con ímpetu musical. Not even jail, además, es el mejor tema de todo el disco, una pequeña obra maestra de ésas que no son pretendidas, un tema con estribillo largo y cuatro partes bien diferenciables en donde Carlos, el bajista, nos demuestra que es uno de los elementos más importantes en el sonido Interpol. Slow hands, todo un acierto como primer single, es otro momento clave en el desarrollo del álbum. Y a destacar también las geniales Public pervert y Lenght of love (otra perla del disco con una línea de bajo sublime), quizá los dos temas más complicados e ingeniosos de Antics.

Uno se siente bien al comprobar que todavía quedan grupos que hacen álbums redondos y sin grandes pretensiones. Independientemente de lo que Interpol haya hecho en el pasado y realice en el futuro, realmente poco debería importar: estamos ante toda una joya de este 2004.

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