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La luna en botella

De buenas intenciones se encuentra llena La luna en botella, simpática ópera prima del imaginativo director Grojo que nos lleva a un café dónde lo mágico se mezcla con lo trágico. Está protagonizada por el cómico Edu Soto en un papel más alejado de lo que estamos acostumbrados a ver de él en televisión. Bárbara Goenaga (Oviedo Express), Dominique Pinon (Amélie, Largo domingo de noviazgo) y Federico Luppi (Martín (Hache)), entre otros, completan el reparto de esta película.

Zeta (Edu Soto) es un escritor al que encargan escribir la nueva novela de un famoso autor. Para encontrar inspiración va cada día al café Rossignol. Allí se reúnen los mas extraños personajes, todos y cada uno de ellos con algo que contar que Zeta espera reflejar en sus historias. La luna en botella es un conjunto de tramas dispares, de personajes bohemios que se juntan en un café sacado de la Francia de principios de siglo donde todos se reúnen para contar sus penas e intentar superar su pasado. El típico escritor que deja volar demasiado su imaginación, el que pierde la inspiración, un trío de actores que se reencuentran después de una fatal separación, una chica que teme al amor, un hombre al borde de la muerte y un vagabundo filósofo son algunos de los personajes que forman el guión de la película.

Grojo no sólo comparte con Jean Pierre Jeunet su actor fetiche (Dominique Pinon). El mundo del realizador francés -no tanto el de Amélie como dicen, sino más bien el de Delicatessen-, sirve como referente claro al debutante. Si le sumamos las historias narradas en Big fish por el cuentacuentos Tim Burton nos encontramos con La luna en la botella, una interesante propuesta que en más de una ocasión arranca una sonrisa de la comisura de los labios del público.

Este largometraje está lejos de ser redondo, ni técnica ni artísticamente, pero hablemos primero de lo bueno. Si algo cabe elogiar es la puesta en escena que es, indudablemente, el punto fuerte del film. Una iluminación que enamora y una dirección de arte basada en el mundo circense y en el Art Nouveau francés consiguen que, en muchas ocasiones, se pasen por alto las pequeñas incoherencias de guión que Grojo usa para hacer evolucionar la historia y que, de preguntarle a él, seguramente definiría como “utopías cósmicas”. Desde el decorado del café Rossignol al vestuario tan característico de cada uno de los personajes, pasando por el asno que se pasea por toda la película, contribuyen a crear el universo poético y los personajes de cuento. Ahora bien, dónde más falla es en el guión, que está lejos de hacer de ésta una película coral bien acabada. El resultado final resulta un poco confuso, pues se trata de un conjunto de escenas bastante inconexas sin tener ninguna relación fuerte. Por otra parte es una lástima que Edu Soto haya quedado encasillado por culpa de su personaje televisivo más conocido, porque aunque no lo hace del todo mal es totalmente imposible desconectar y no ver al Neng actuando.

En general La luna en botella deja un buen sabor de boca y temas de que hablar cuando sales de la sala. Y aunque tenga algunas cosas malas, no sé por qué pero con el cine español acostumbramos a ser más duros que con el foráneo, cuando es una película que merece ser vista y recomendada. No tendrá mucho que hacer en la cartelera frente a las superproducciones navideñas, pero este film lleno de magia conseguirá despertar la curiosidad de aquellos espectadores que se dejan llevar por la historia que les están contando. Una pequeña delicia de chocolate filosófico recubierta con polvo mágico y una guindilla de humor.

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