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[Crónica] Editors (Razzmatazz, Barcelona, 16/11/15)

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Todo está en su sitio.

Independientemente de la evolución de Editors a lo largo de sus años en activo, y de si le va mejor la deriva electrónica depechemodeista a la voz de Tom Smith con respecto a lo que hacían antes, no hay duda de que el conjunto inglés suena de maravilla en directo. Con la tontería llevan en esto casi 15 años, y su dominio de la escena es absoluto. Anoche en el aniversario de Razzmatazz, con la sombra del atentado de la sala Bataclan agazapada todavía en nuestras mentes, rindieron un cálido y fogoso homenaje a la música y a todos los que la amamos regalándonos un espectáculo completo y rotundo. En casi dos horas de concierto tuvieron tiempo para repasar todos los ases de su discografía y para presentar sobradamente In Dream, su último trabajo, publicado hace apenas mes y medio. Pero seguramente su mejor virtud, apreciable en un setlist cuidado y generoso, fue la de adaptar cada tema al extremo de la sensación que ésta trasmite ya de por sí: desde una muy emotiva e inicial No Harm hasta Marching Order, con la que cerraron por la puerta grande.

Si a esto le sumamos el control total de los tempos, de las subidas y bajadas de ritmo, y el intento constante de conexión con el público, tenemos probablemente todo lo que buscamos por norma general en un concierto de rock, ya sea convencional o alternativo; y este lo era en ambos sentidos. En el primero porque en sus partituras no hay rarezas: son sumamente accesibles para el gran público; y en el segundo porque desde siempre han buscado un enfoque que les hiciera destacar: hacia una vertiente post-punk revival muy iluminada al principio, y dejándose seducir por el poder de la electrónica oscura en su última entrega. Dos polos que, a tenor de lo visto y oído anoche, pueden convivir en un mismo espectáculo. Habría que comprobar, eso sí, cómo funcionaría un concierto basado únicamente en In Dream: personalmente opino que, si bien el material es quizá lo mejor que han sacado al mercado desde su álbum de debut, se ve sostenido en esta gira por un buen número de pilares de antiguo cuño. Saber elegir la colocación de los tabiques maestros fue, por tanto, la clave del éxito de ayer de Editors en Razzmatazz.

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Tras No Harm, el concierto empezó a desatarse con Sugar, y sobre todo con Blood y con una muy coreada An End Has A Start. Con Forgiveness establecieron el alto nivel de solidez que mantendrían hasta el final, y con All Sparks, justo a continuación, levantaron uno de esos pilares maestros. Aquí entendimos que la propia voz de Smith pesa más que hace algunos años, y que la deriva electrónica depechemodeista de su último trabajo puede que haya resultado una evolución del todo natural. En cualquier caso, aunque temas como Salvation demostraron que el futuro del grupo podría seguir la línea de síntesis y sofisticación que marca In Dream, también quedó claro que el nivel de la banda, instrumentalmente hablando, está por las nubes. El sustituto de Justin Lockey camufló su ausencia como guitarrista principal, pero sobre todo fueron Ed Lay – a la batería – y Russell Leetch – al bajo – los que sostuvieron la monumental edificación de Editors. Su misma disposición en el escenario, bien separados entre ellos, parecía permitirles un despliegue individual especialmente destacable.

La última y casi la única tregua que nos permitieron, en un final in crescendo que mutaba las canciones en algo cercano al electopop festivalero – Bricks & Mortar, All the Kings – fue Smokers Outside The Hospotal Doors, interpretada en solitario y en acústico por Smith. Un final – el falso – que culminó con la vetusta e infalible Munich, dejando al público sediento de más música. Para los bises quedaron Ocean of Night y Papillon, con las que siguieron planteando el concierto como si estuvieran cerrando la gran noche veraniega de algún festival masivo, y la crepuscular Marching Orders, pensada y preparada para echar un último aliento bailando y saltando con la cópula musical de batería y teclado. En esta ocasión, Tom Smith no se subió al maltratado piano que presidía el escenario, aunque sí lo tocó e hizo las veces del frontman que es: como una mezcla entre el saber estar y la madurez de Matt Berninger o de Paul Banks y la contorsión y el magnetismo de Father John Misty. Diez años después de su primer álbum, y tras un notable viraje estilístico, parece que hoy en día todo está en su sitio en Editors.

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