La película de la semana: NAZA

En las azoteas de Tel Aviv, de noche y con el rostro y la voz alterados digitalmente, 24 oficiales de inteligencia y soldados israelíes cuentan cómo se decidía quién moría en Gaza. Esa es la premisa de NAZA, el nuevo documental de Yuval Abraham y Rachel Szor, dos de los cuatro directores de la oscarizada No Other Land. El título viene de la propia jerga militar: es el acrónimo hebreo con el que la inteligencia israelí estima cuántos civiles morirán en un bombardeo, de modo que un «NAZA 15» autoriza quince muertes colaterales. La película es la culminación del trabajo que Abraham publica desde 2023 en la revista israelí-palestina +972 y en The Guardian, coproductor del filme, donde reveló entre otras cosas la existencia de «Lavender», un sistema de inteligencia artificial que cruzaba llamadas, movimientos y contactos de la población gazatí para señalar objetivos.
Llevar esas investigaciones a la pantalla costó casi tres años de rodaje clandestino, en plena guerra y con fuentes que se jugaban mucho al hablar. Lo que cuentan en los 80 minutos de metraje resulta tan revelador como el tono en que lo hacen. Algunos describen su trabajo como una «fábrica» de matar o un videojuego, y a Szor, nacida en 1994, la sobrecogió la naturalidad con que gente de su generación usaba la palabra NAZA para referirse a mujeres y niños muertos. A la producción se sumaron James Wilson y Jonathan Glazer, el tándem de The Zone of Interest, una filiación que la crítica no ha pasado por alto.
En Venecia, donde era el único documental a competición, la película desató pasiones desde antes de la proyección: en la alfombra roja se oyeron a la vez gritos de «Free Palestine» y de «Free Israel». La sesión terminó con una ovación de 24,5 minutos, la más larga de la historia del festival. En la rueda de prensa, Abraham explicó que el método fue sencillo: pidieron a los oficiales y soldados que describieran lo que habían hecho, porque la pregunta principal era de detalle, cómo funcionaba aquello. Szor respondió a quienes cuestionaban hacer una película sobre informaciones ya publicadas: seguía teniendo importancia reunir esos testimonios en un film. Abraham añadió que decidieron no centrarse en el remordimiento o la culpa de los entrevistados para no restar peso al núcleo de la película. Al recoger el Premio Especial del Jurado, recordó que en los diez días de festival Israel había matado al menos a seis niños palestinos en Gaza, y subrayó lo importante que era que la película se viera en Israel. Desde el jurado, la cineasta tunecina Kaouther Ben Hania, autora de The Voice of Hind Rajab, elogió en la rueda de prensa de clausura cómo los directores habían resuelto las limitaciones de filmar testimonios anónimos.
El galardón abrió una tormenta política en Israel. Netanyahu acusó a los directores de alimentar el antisemitismo, y el ministro de Cultura, Miki Zohar, anunció que buscaría retirarles la ciudadanía por traición. El ejército rechazó los testimonios, mientras Abraham y Szor empezaron a recibir amenazas de muerte en redes. Szor se encuentra ahora fuera del país. Frente a esa ofensiva, más de 1.500 cineastas israelíes firmaron un manifiesto en su defensa. El momento no es casual: Israel vota el 27 de octubre, y varios medios leen la reacción de Netanyahu como un síntoma de su inquietud ante el impacto de la película en las urnas.
La polémica ha acompañado a la película en cada parada. En San Sebastián, la alfombra roja se convirtió en un acto de solidaridad con los directores y el público le concedió su premio. Ese mismo fin de semana, en Nueva York, una treintena de manifestantes pro-Israel protestaba a las puertas del Lincoln Center sin haberla visto, mientras dentro, en el coloquio posterior, Abraham recordaba al público estadounidense que lo que cuentan los oficiales se ha pagado con sus impuestos, y que uno de los objetivos de la película es hacer más difícil negar lo que ocurre en Gaza. En Delft (Países Bajos), un cine retiró la sesión prevista para el 7 de octubre ante las críticas en redes. En Italia, en cambio, el fenómeno fue de taquilla: 1,1 millones de euros en dos días, por encima de Avengers Endgame: Encore. La película llega a 56 países, entre ellos España, donde la distribuye Elástica Films, y en noviembre podrá verse gratis en la web de The Guardian.
La crítica internacional ha respondido con una unanimidad poco habitual. Variety, The Hollywood Reporter, IndieWire, Time Out y The New York Times le otorgan la máxima nota. Variety llega a considerarla más eficaz y urgente que No Other Land, y Time Out la define como cine ejemplar y periodismo incontestable. AwardsWatch, por su parte, la emparenta con The Zone of Interest por cómo retrata la indiferencia ante la muerte ajena. Manohla Dargis (The New York Times) y TheWrap añaden un matiz: casi todo lo que cuenta ya se había publicado, y su fuerza reside en la forma y en la cercanía de los testimonios.







