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La película de la semana: La Odisea

Con un presupuesto de 250 millones de dólares —el más alto de la carrera de Christopher Nolan— y rodada íntegramente con cámaras IMAX de 70 mm en localizaciones reales de Grecia, Italia, Marruecos, Escocia e Islandia, La Odisea llega precedida de una notable expectación crítica y de varias polémicas sobre su fidelidad al texto original.

La nueva película de Christopher Nolan nace de una obsesión de infancia: con cinco o seis años vio a alumnos mayores representar la epopeya en el colegio, y las imágenes de las Sirenas y de Odiseo atado al mástil quedaron grabadas en él como algo casi inconsciente. Nolan considera que la historia forma parte de nuestro «ADN cultural» porque contiene todos los géneros, y al desglosar el texto para el guion descubrió que llevaba años informando, sin saberlo, buena parte de su propia filmografía. A nivel de oficio, lo que le atrajo fue un vacío que detectó en el cine: «como cineasta buscas huecos en la cultura cinematográfica, cosas que no se han hecho antes«, explicó a Empire, recordando el cine mitológico de efectos de Ray Harryhausen con el que creció y que nunca se había hecho con el peso de una gran producción IMAX.

Antes de la llegada de La Odisea, la epopeya homérica ya había tenido varias versiones cinematográficas: Ulises (1954), dirigida por Mario Camerini, con Kirk Douglas como el héroe rebautizado «Ulysses»; Jasón y los Argonautas (1963), dirigida por Don Chaffey, con los célebres efectos de stop-motion de Ray Harryhausen —la misma referencia de infancia que cita Nolan—; Troya (2004), dirigida por Wolfgang Petersen, con Brad Pitt como Aquiles, la adaptación libre de la Ilíada más cercana en tono «blockbuster» a la nueva película; y The Return (2024), dirigida por Uberto Pasolini, con Ralph Fiennes y Juliette Binoche, la versión inmediatamente anterior, centrada solo en el regreso a Ítaca y sin elementos fantásticos, en las antípodas del espectáculo que plantea Nolan.

El rodaje de La Odisea, de 91 días entre el 25 de febrero y el 8 de agosto de 2025, se repartió entre Reino Unido, Marruecos e Italia, con un presupuesto que la sitúa como la producción para adultos más cara de la historia tras recibir calificación R en Estados Unidos, y que la convierte además en la primera película rodada íntegramente con cámaras IMAX, un hito que Nolan perseguía desde 2008. Matt Damon repite con el director tras Interstellar y Oppenheimer como Odiseo, y a su lado Nolan reunió a Anne Hathaway, Tom Holland, Zendaya, Robert Pattinson, Charlize Theron y Lupita Nyong’o, entre otros, buscando rostros de gran proyección internacional que sirvieran de puente entre la mitología griega y el público global. Sobre la incorporación de Travis Scott, Nolan la justificó como un tributo a «la idea de que esta historia se transmitió como poesía oral, algo análogo al rap».

El rodaje se vivió como una prueba física real. Nolan quiso capturar la dureza del viaje filmando en mar abierto: «es vasto y aterrador y maravilloso y benévolo, según cambian las condiciones; queríamos capturar lo duros que habrían sido esos viajes, y el acto de fe de adentrarse en un mundo sin mapas». Damon confirmó que la advertencia previa del director no era exagerada, y Tom Holland describió la experiencia como «el trabajo de una vida, sin duda, la mejor experiencia que he tenido en un rodaje». John Leguizamo, por su parte, resumió el método de trabajo: pese al presupuesto colosal, Nolan dirige «como un cineasta indie con dinero loco», sin someterse a los dictados del estudio.

La cinta llega envuelta en polémica en dos frentes. El primero es el casting: la película cuenta con un único actor de origen griego, y la elección de Nyong’o para Helena de Troya y de Elliot Page como Sinón encendió las redes. El helenista Daniel Mendelsohn defendió a Nolan calificando el debate de «particularmente absurdo dado lo pequeño que es el papel de Helena en el poema», aunque admitió que la elección es «deliberada» y «provocadora», conectada con la vieja discusión sobre la belleza que atraviesa el mito de Troya. El segundo frente es el lenguaje: los tráilers de La Odisea mostraron diálogos coloquiales muy actuales, y Nolan lo defendió sin rodeos ante Los Angeles Times, diciendo que buscaba «un lenguaje que tuviera significado emocional, no intelectual, para la gente» y reconociendo que «quizás fui ingenuo, puede que me salga el tiro por la culata, pero quería una narrativa terrenal; para mí fue una decisión fácil». El otro gran foco de polémica ha sido el vestuario. La crítica más repetida señala el uso de un casco corintio con penacho rojo, anacrónico para el periodo micénico en que se sitúa la historia, mientras que otros compararon la armadura oscura de Agamenón (Benny Safdie) con la de Batman, y el barco de Odiseo con una nave vikinga en lugar de una griega de la época. Nolan respondió apelando a referencias reales, como las «dagas micénicas de bronce ennegrecido», y defendiendo que su vestuarista, Ellen Mirojnick, usó materiales lujosos para reflejar el estatus del personaje.

Frente al conjunto de críticas, Nolan no ha cedido terreno: calificó la reacción sobre el casting de irrelevante, desestimando el enfado por los cambios de perfil étnico en los personajes. Sobre la fidelidad al texto, un detractor citado por Deadline resumió el descontento crítico afirmando que «la película y la traducción que usó apenas se ajustan a lo que se escribió o a su intención», mientras otros recuerdan que se trata de una obra de mitología, no de un documental histórico. En paralelo, Nolan ha aprovechado la promoción de La Odisea para marcar distancia de la IA generativa, a la que calificó de incapaz de «crear nada» nuevo si los humanos no le aportan información nueva, una postura coherente con su método de rodaje anclado en localizaciones reales y efectos prácticos. Con La Odisea aplicó la misma filosofía llevándola al mar abierto: el rodaje se prolongó seis meses por seis países y el equipo tuvo que lidiar, en palabras del propio Nolan, con «la traición del mar abierto».

Tras el preestreno mundial en Londres, la recepción internacional ha sido mayoritariamente entusiasta, aunque no unánime. Variety calificó la película como «un logro asombroso, una épica triunfante y espectacular», con actuaciones que calificó de «genuinamente grandiosas». The Hollywood Reporter destacó que, tras 25 años viendo el cine de Nolan, la cinta ofrece «algo nunca visto: una secuencia de terror plenamente desarrollada dirigida por Christopher Nolan». The Guardian, a través de Peter Bradshaw, la describió como «una colosal historia de mito de origen sobre el desencanto de posguerra y la pérdida de la inocencia, presenciada por los muertos». The Independent afirmó que «esta película tiene casi el triple de grandes secuencias de acción que cualquiera de sus películas anteriores, y cada una de ellas es impresionante a su manera». IndieWire, por medio de David Ehrlich, matizó el entusiasmo señalando que «no alcanza el nivel de las mejores obras de Nolan, pero el último acto recompensa completamente el viaje». Y Los Angeles Times, con su editor Joshua Rothkopf, resumió su impresión calificándola de «imponente: terrenal, fantasmal, densa, tocada por el humor y la grandeza a partes iguales».

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