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La película de la semana: La Bola Negra

Este viernes se estrena en los cines españoles La bola negra, la película que ha puesto a Los Javis en el mapa del cine de autor internacional. Llega con un recorrido difícil de igualar. En Cannes recibió una ovación de casi veinte minutos y el premio a la Mejor Dirección, compartido con Paweł Pawlikowski. En Toronto ganó el Premio del Público, un galardón que suele anticipar la carrera de los Óscar. Y la Academia la ha elegido para representar a España en la próxima edición de esos premios.

La película nace de un hueco en la obra de Federico García Lorca. En 1936, meses antes de que lo asesinaran, el poeta empezó una obra de teatro de la que solo se conservan cuatro páginas manuscritas y una lista de personajes, guardadas durante décadas entre los papeles de su familia. Iba a ser su primera pieza con un protagonista abiertamente homosexual: un joven burgués al que no dejan entrar en el casino de Granada tras una votación secreta, en la que una sola bola negra basta para cerrarle la puerta. Javier Calvo y Javier Ambrossi se preguntaron qué habría pasado si ese texto se hubiera terminado y hubiera pasado noventa años escondido. Para responder, lo cruzaron con La piedra oscura, la obra de Alberto Conejero sobre Rafael Rodríguez Rapún, el último amor de Lorca. Conejero firma el guion con ellos. El resultado es un tríptico que salta entre 1932, 1937 y 2017. Calvo reconoce dos referencias de las que dice que «surge bastante» la película. De Apocalypse Now, de Coppola, viene la guerra como descenso a los infiernos y la ambición de una producción desmesurada. De Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma, viene el deseo que se contiene y se dice con miradas, en una época que no permitía nombrarlo. Rodada en 35 mm, la película intenta unir esos dos polos: lo épico y lo íntimo.

La promoción arrancó con cierta polémica, por la idea de que a Lorca nunca se le estudió bien en los colegios. Ambrossi lo resumió así: «Lorca no se nos ha explicado bien». En Cannes, Calvo fue más lejos: «Nunca se ha hablado de su sexualidad», y estudiarle sin esos sentimientos «ha sido homofobia». Ambrossi añadió: «Si ocultas esa parte de su sexualidad, nos está robando un referente». La afirmación, sin embargo, no resiste un repaso a la historia de cómo se ha leído a Lorca. Los informes policiales franquistas ya le atribuían «prácticas de homosexualismo». En 1980, el programa La Clave lo trató abiertamente con Ian Gibson y con amigos del poeta. En noviembre de 1983 circuló una edición clandestina de 250 ejemplares de los Sonetos del amor oscuro, enviada de forma anónima desde Granada. El 17 de marzo de 1984, el diario ABC publicó en exclusiva los once sonetos en un suplemento especial, aunque con un título revelador: «Sonetos de amor», sin el adjetivo. Ahí Calvo tiene parte de razón, porque el adjetivo desapareció. Pero el texto estaba en los quioscos de todo el país. En 1987, la serie de TVE Lorca, muerte de un poeta, de Juan Antonio Bardem, abordaba su homosexualidad sin rodeos. Que Calvo, nacido en 1991, no viviera aquello no significa que no hubiera ocurrido. Cuando Los Javis llegaron a las aulas, a finales de los noventa y principios de los 2000, la homosexualidad de Lorca ya formaba parte del temario, y seguramente más de un estudiante tuvo que mentarla en algún examen de selectividad. Otra cosa es cómo la reflejara el correspondiente profesor de Literatura. En el caso de Ambrossi, precisamente, en el entorno del Opus Dei, y en esas aulas era difícil que el amor oscuro de los sonetos saliera a la luz. Quizá por eso su frase suena menos a lección de historia que a herida propia: la de un niño al que no le contaron que el poeta de la luna y la sangre también amaba a otros hombres.

En La bola negra, el peso de la trama de 1937 recae sobre alguien que nunca se había puesto delante de una cámara: Guitarricadelafuente, que interpreta a Sebastián. A su alrededor se reparte un elenco que combina rostros nuevos y oficio. Milo Quifes es Carlos en 1932 y Carlos González da vida a Alberto en 2017. Miguel Bernardeau encarna a Rapún, Alberto Cortés presta su cuerpo a Lorca, y Lola Dueñas, Penélope Cruz (Nené Romero) y Glenn Close (Isabelle Durand, una especialista en Lorca) completan el reparto. El rodaje empezó a finales de agosto de 2025 en un lugar con algo de fantasmal: Castil de Carrias, un pueblo de Burgos abandonado desde 1994. Allí el equipo levantó fachadas falsas para devolverle la vida en plena Guerra Civil, con cientos de extras de la comarca y los bomberos de Briviesca vigilando cada explosión, porque el campo castellano en pleno verano no admitía descuidos. De la meseta, el rodaje bajó a Granada, donde la Plaza Nueva volvió a 1932 con coches de época y banderas republicanas. La cámara recorrió también Santa Ana, la Carrera del Darro, el Albaicín y el Carmen de los Mártires, hasta llegar a la Huerta de San Vicente, la casa de veranos del propio Lorca. Cantabria y Madrid completan el mapa de la película.

Las anécdotas del rodaje parecen también de película. Penélope Cruz estaba a punto de rodar el gran número musical de Nené Romero, con un tanque, soldados y decenas de extras, cuando la llamó su médico: en una prueba había aparecido un posible aneurisma cerebral. Preguntó si podía hacer esfuerzo físico y, con el sí del médico, rodó la escena sin decir nada a Los Javis. Cuando ellos se enteraron y le ofrecieron parar, la jornada ya estaba terminada. Al final todo quedó en una falsa alarma. Guitarricadelafuente, por su parte, llegó al proyecto por un malentendido. Los directores lo abordaron en el Primavera Sound de 2024 y, en una cena posterior en Madrid, le ofrecieron el papel de Sebastián. Él pensaba que iban a pedirle la banda sonora: «Me quedé un poco a cuadros». Al final hizo las dos cosas, y junto a Raül Refree compuso La nieve, el tema central, inspirado en las últimas cartas de Lorca. Lo de Glenn Close fue casi al revés. Fue ella quien buscó a Los Javis para proponerles llevar al cine el musical de Sunset Boulevard. Ellos lo estudiaron durante meses y acabaron declinando («No podemos hacer un remake de Billy Wilder»), pero a cambio le ofrecieron la historiadora de su película, un personaje que en el guion era un hombre. Close aceptó con una condición: rodar todo su papel en español.

La crítica internacional la recibió de forma mayoritariamente entusiasta, aunque no sin reservas. The Hollywood Reporter celebró que Los Javis ejecutan esta poderosa visión «con una emocionante bravuconería técnica», con planos que son «una maravilla compuesta con cuidado». Observer destacó que convierte el arte de los márgenes en «el tipo de producción lujosa que antes nunca se le habría concedido a un drama queer». The Times la describió como «una novela de Gabriel García Márquez con un cohete en el trasero». Para The Playlist es «un puzle complejo donde casi todo encaja», y The Guardian la calificó de «rica y gratificante», con un elegante cameo de Lorca como figura coral que intuye los triunfos y desastres del amor y la guerra. Las voces más tibias fueron Vulture, que advirtió que «pesa más mientras la ves que al recordarla al día siguiente», y Variety, que le reprochó su falta de «sutileza y serenidad». Aun así, Variety reconoció que su maximalismo resulta conmovedor como homenaje a los antepasados queer «que nunca pudieron vivir en voz alta».

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