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[Reseña] Murdoc – Deprimix, Placalt, Malin

murdocDe su mente a tu mandíbula

Una de las consecuencias más positivas del éxito de Joana Serrat ha sido la creación, junto a su mánager David Giménez, del sello Great Canyon Records. Construida sobre las bases de la agencia del segundo, la nueva casa discográfica ha empezado a operar apenas hace un par de meses produciendo las aventuras en solitario de dos de los músicos que han participado en el último disco de la vigitana y en su puesta en escena: Marta Delmont, de quien ya hemos hablado recientemente, y Bernat Sànchez, que tras varios años haciendo música en diferentes proyectos –Mine!, Mataleón, Eh!– y para otros músicos –Eric Fuentes, Joan Thelorius–, ha eclosionado en solitario bajo el nombre de Murdoc, dando a luz un fantástico álbum llamado Deprimix, Placalt, Malin. Difícilmente clasificable pero con la receta estilística completamente al aire, el disco nos hace transitar por diferentes narraciones musicalizadas llenas de interesantes detalles instrumentales, letras chispeantes y una métrica refrescante y espontánea, demostrando en apenas media hora un enorme talento compositivo. Un delicioso y estimulante paseo a la orilla del brillante torrente expresivo del autor. Estamos, seguramente, ante una de las revelaciones del año a nivel nacional.

Murdoc es más un instrumentalista que un escritor, pero su interés por la narrativa y por el binomio música-letra ha cristalizado en una obra sólida, descarada y con trayectoria directa desde su mente a tu mandíbula. Las 11 canciones de Deprimix, Placalt, Malin, algunas verdaderamente breves, se presentan con envoltorios orgánicos bien diversos, recurriendo con pericia a elementos de infinidad de géneros, pero con un contenido interno que siempre acaba remitiéndonos al mismo tipo listo en primera persona que nos cuenta cosas más o menos trascendentales. Ahora bien, lo realmente destacable, en este sentido, es la manera en la que nos las cuenta: de cara, con valentía, y mediante unas formas que, de uno u otro modo, siempre se conectan con la morfología instrumental, rítmica y estilística de cada tema. Tanto las letras como la instrumentación dan requiebros sorprendentes contantemente, pasando bastante de estribillos, de estructuras cerradas y de mensajes superficiales fácilmente resumibles. Sentimiento y acidez, teñidos de humor negro, sarcasmo y de una inteligencia veloz e inquieta. Todo envuelto en pop alternativo, rock con ligeras inclinaciones experimentales, folk de habitación, y un tipo de pop-rock crudo a medio camino entre el lo-fi, el garaje y un bar de ruta cualquiera.

Los primeros pasos del álbum parecerían coordenadas soltadas al azar si no fuera porque, a la luz del resto, entendemos que todas provienen de la misma fuente de inspiración hiperactiva. Pero es que encadenar la electrónica y sombría En la Tumba, París Plegatín, una exuberante pieza de powerpop de cámara, y Agujero Negro, un corte que combina el trotar típico del folkyrock campestre con la temática –tremendas palabras– de una dramática pérdida, tiene sus riesgos. Es a partir de Ojos de Loca, que sugiere una mezcla del sonido de las dos primeras, cuando empezamos a palpar la médula de Murdoc, y tras Robot y Nuevo Alcalde, dos canciones– seguramente las más punzantes– que ensanchan el libro de estilo del álbum en direcciones opuestas, se abre una segunda parte más concreta y continuista: el poso que deja el desbocado torrente de los primero compases. En Pobre Chica recupera el tono grave, casi pasional, de Agujero Negro, pero con una instrumentación más encrespada y profunda –¡qué delicia de teclado!– que tiene continuidad en Takum – Saw, áspera y directa, y en Dopamine, con rasgueos y ecos de guitarra al estilo Temples. Solo la plácida –cuidado con el final– Zubizarreta y la onírica Los Reyes Godos sobresaltan el ritmo, que cada vez más intenso.

Pero las guinda de todo este entramado narrativo-musical son pasajes y frases devastadoras como: “En la tumba y en el útero / no hay espacio para dos” o “Dentro de tu cuerpo había algo monstruoso / (…) como un agujero negro / que te iba comiendo / (…) y era tan voraz que contigo no bastaba / y se nos tragó a todos / de una sola tacada / y nos llevaste contigo al infierno”; divertidas: “Un viaje por Europa / Se te enciende la caldera como a un tren / (…) y dices ‘Ay, cuando lleguemos / a esa cama doble que hay en el hotel’ / (…) y yo solo puedo pensar / en que has mandado mis señales sexuales al espacio” o “El diccionario / lo han vuelto a escribir / (…) y el inventor de la cometa / fue Zubizarreta”; críticos: “Humanos, no sé de qué os quejáis / (…) es por vuestra culpa / ni queriendo se hace tan mal / os matáis por respirar / todo lo antioptimizáis / (…) la sanidad, la democracia / (…) el concepto abstracto del bien y el mal”; y hasta crueles: “Y a mí me daba igual / cuando echabas a llorar / sin motivo y sin piedad / pensaba que eras bipolar”. Dirá que no es escritor, pero ingenio y puntería no le faltan.

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