discos

Frausdots – Couture, couture, couture

Que existe una moda recuperadora del post-punk y de los sonidos asociados con él a lo largo de la década de los 80 es algo indudable y que todos tenemos ya perfectamente asumido. Las causas para ese fenómeno pueden ser muchas, pero en casos como el que nos ocupa uno no debe perder de vista la edad de los perpetradores del mismo.

Brent Rademaker, co-fundador junto a Michelle Loiselle de Frausdots, es un producto de la época en que los discos de Echo & The Bunnymen eran idolatrados en todo el territorio de los Estados Unidos. De una cultura de mediados de los 80 que abrazó con auténtica pasión a los grupos surgidos en Inglaterra durante los inicios de la década. En EEUU ese periodo está unido en buena parte a la existencia de ese movimiento casi underground que servía de caldo de cultivo de unos músicos que tal vez ahora estén empezando a tomar la delantera -algo similar ocurrió para que naciese el grunge-.

Con su mirada fija en esos sonidos que marcaron su infancia y adolescencia, Frausdots nos traen recuerdos de grupos como The Church, The Psychedelic Furs o The Cure. De hecho en su disco han colaborado muchos intérpretes que han paseado sus influencias, destacando la presencia del actual bajo de la banda de Robert Smith. Así se abre el disco, cogiendo una frase de la clásica Horse with no name de America y convirtiéndola en uno de los himnos del año. Dead wrong no es solamente la apertura de nuestra escucha, también su culmen en cierto modo. A lo largo de los otros nueve temas no se vuelve a aprehender de un modo tan vibrante el espíritu buscado. Épica, oscura y torturada, con guitarras que traen ecos de Television mientras las voces de Rademaker y Loiselle crean una atmósfera digna del mejor Gary Numan.

Tras esa traca inicial el nivel se va a resentir, por supuesto. Sin dejar de brillar en momentos puntuales, no hay ningún tema que iguale las cimas logradas. Fashion dead trends se acerca a un pop más convencional con buenos resultados, siendo el tema más propio de unos The Cure en su variante más populista. The extremists es un ejemplo claro, por su parte, de toda la concepción del disco. Uno nunca sabe a qué canción concreta le suena, pero no puede evitar buscar esa fuente mientras escucha el tema. Por suerte aquí se recuperan unas guitarras punzantes y el talento melódico de la composición evita que el corte decaiga en ningún momento.

Soft lights nos trae a la memoria referencias comunes con grupos como Interpol en su faceta más tranquila. A go-see nos lleva a las pistas de baile en la mejor tradición post-punk, e inmediatamente después sufrimos el ataque de Broken arrows. En este caso volviendo el rostro hacia los pasajes descarnados que impusieron los mismísimos Joy Division, aunque tomado más bien de sus seguidores y no de la fuente original. Un sentimiento muy común éste último en el desarrollo del disco, ¿hasta qué punto se refieren a los primigenios autores y no a alguna de las relecturas? Difícil es dirimirlo, aunque por suerte el resultado suele ser, sin importar su punto de partida, interesante.

Así lo muestran el resto de cortes, como Current bedding, que no aporta nuevos sonidos y sí mucho oficio, o Contact, que busca demasiado la vertiente épica y se queda lejos de ella, más bien rayando el naufragio, siendo el momento más prescindible de todo el conjunto. Pero al tiempo The man who dreaded sundown nos ha paseado por la corriente más elegante del pop, emparentada con los mismísimos ABC. Y para terminar Tomorrow’s sky resulta un buen colofón, de fuertes reminiscencias smithianas (por Robert Smith, que no por el grupo de Morrisey) en su pop de intenciones pluscuamperfectas, agrupa lo bueno y lo malo de un disco que aporta poco nuevo pero que sabe como emplear lo ya conocido en reescrituras creativas y en ocasiones muy acertadas.

Una de las apuestas más fuertes de SubPop en los Estados Unidos para el fin del 2004, Frausdots se erigen en un grupo interesante y a seguir, siempre que consigan alejarse progresivamente de sus fuentes para ir configurando un sonido propio. Esto no exige una renuncia a su material de referencia, pero si un mayor refinamiento de la labor de procesamiento. De momento les damos el voto de confianza y esperaremos con ansias su siguiente disco con la esperanza de que en él haya tan buenas canciones como en este Couture, couture, couture.

Tags

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close