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Especial Recomendación: Portishead

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Con motivo de su inminente visita a nuestro país, la primera a Madrid en sus más de 20 años de carrera musical, repasamos la trayectoria vital y artística de Portishead. Un grupo de culto que, con tan solo dos Cds publicados a mediados de los ’90, alistó a millones de fieles seguidores a lo largo y ancho del planeta. Los mismos que, tras 15 años de hiato, celebran su regreso a los estudios y a los escenarios como una de las mejores noticias musicales de la última década.

Esta es nuestra especial recomendación para el verano del 2014.

La historia de una ausencia.

Portishead (62)RPPor lo visto, Beth Gibbons y Geoff Barrow se conocieron en la cola de unos cursos de capacitación para jóvenes emprendedores que organizaba alguna entidad gubernamental en la ciudad inglesa de Bristol, allá por 1991. Fue el punto de partida de Portishead, la banda más emblemática del fenómeno musical conocido como trip-hop (aunque ellos mismos han renegado de esa etiqueta hasta la saciedad). Barrow acababa de participar en la producción y grabación del álbum de debut de Massive Attack, Blue Lines (Virgin, 1991), en los estudios Coach House donde trabajaba. Gibbons, por su parte, que no había dejado atrás su vida en la granja de Essex para dedicarse a la música precisamente, no había encontrado aun su camino a la edad de 26 años. Un camino que le haría encontrarse con Barrow en el momento justo. Dos almas inconformistas, ambos hijos de padres divorciados, que se unen para terminar recorriendo un apasionante viaje musical.

En 1994 llegaría su primer trabajo conjunto, Dummy (Go! Beat, 1994), para el que contaron con la colaboración de un guitarrista, Adrian Utley, que desde entonces pasaría a formar parte de la banda. Lo curioso es que antes incluso de grabarlo, Gibbons y Barrow habían estrenado un intrigante cortometraje en blanco y negro con banda sonora propia llamado To Kill a Dead Man, que fue en realidad lo que les abrió la puerta del sello londinense Go! Beat. El caso es que el Dummy fue un exitazo. Sus tres singles, Numb, Sour Times y Glory Box (sobre todo los dos últimos) se escucharon tanto en el Reino Unido como en Europa y Norteamérica, y el álbum fue galardonado con el prestigioso Mercury Music Prize, distinción que bandas como Oasis, Radiohead o Massive Attack –incomprensiblemente- aún no han logrado hasta la fecha. Pero, sin duda, el verdadero triunfo de Portishead fue otro más importante: con Dummy marcaron un antes y un después en la escena musical británica, erigiéndose como la piedra angular de un nuevo estilo.

PORTISHEADTras el éxito de su debut tardaron otros tres años en volver al ruedo. Con su álbum homónimo, Portishead (Go! Beat, 1997), lograron responder bastante bien a su autoexigencia personal: debían mantener el sonido y el nivel de su primer disco. Aunque algunos puedan encontrar diferencias reseñables entre ambos, opino que la coherencia de las 22 canciones que componían entonces todo el corpus musical de la banda es evidente, y ha sido uno de los pilares que sostuvo la valoración y el aprecio inconmensurable que su fiel público les seguiría profesando durante los años siguientes, en los que ni se sabía si habría un tercer álbum. Escuchar todas esas 22 canciones en random y en bucle era algo casi más obligatorio que rendir culto a las fiestas religiosas de cada año.

Poco después llegó el disco en directo, Roseland NYC Live (Go! Beat, 1998), grabado un año antes en la mítica sala neoyorquina, donde contaron con la colaboración la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Con él se forjó el mito. A partir de ese momento, 10 años de silencio.

Durante todo ese tiempo contestaron en innumerables ocasiones las preguntas sobre su separación, sobre su futuro, y sobre la fecha prevista para un nuevo álbum. La respuesta siempre era la misma: que de vez en cuando se reunían, ponían en común material y trabajaban, pero que hasta ese momento no les había salido nada de su agrado. Aducían la no necesidad de forzar las cosas, sintiéndose de alguna manera esclavos de sus propias condiciones y autoexigencias: nunca sacarían algo de lo que no estuvieran convencidos y orgullosos, solo por cumplir.

Tanto Barrow como Gibbons acometieron otros proyectos durante el largo hiato de Portishead; y solo en contadas y excepcionales ocasiones volvieron a subirse a un escenario, como en el concierto benéfico que se organizó en Bristol en febrero de 2005 con motivo del tsunami que arrasó las costas del océano Índico, donde coincidieron por primera y única vez hasta la fecha con Massive Attack.

Portishead (104)RPFinalmente, en abril de 2008, salió a la luz el tercer álbum de estudio la banda: Third (Island Records, 2008). La noticia había sido adelantada seis meses antes por Geoff Barrow, y en su primera actuación completa desde 1997, en el ATP Festival de Minehead en diciembre del 2007, tocaron hasta cinco temas inéditos que formarían parte del nuevo disco. Con él Portishead alcanzó por primera vez el top 10 de las listas de ventas en Norteamérica y, aunque en este caso sí existía una clara diferencia de sonido con respecto al resto de su obra, fue el pretexto para que en su momento la banda volviera al circuito. En 2008 dieron una serie de conciertos en sala por Europa, bastante exclusivos, y para los cuales las entradas volaron con varios meses de antelación. Desde entonces, los de Bristol han vuelto hasta en cuatro ocasiones a nuestro país, incluyendo aquel Primavera Sound ’08. La quinta, si no me fallan las cuentas, será la de Madrid.

100 años. 1 estilo.

Con razón, durante el apogeo del trip-hop, en la primera mitad larga de los ’90, los Portishead renegaron de tal etiqueta. De hop tiene el ritmo basando en beats; y de trip, esa impresionante vocación pseudo-onírica y cinemática capaz de transportarte a otras épocas, fruto también de la ralentización del ritmo basada en la influencia del dub. Pero ellos renegaban porque en muchas ocasiones, y en esta más que en otras, la clasificación escrupulosa conduce a la simplificación de la propuesta musical, o de lo que se entiende de ella. Portishead es todo lo contrario: es un producto sombrío pero maravilloso de la globalización completada a finales del siglo XX, y en su fórmula se incluyen tantos géneros, estilo e influencias como los que han cabido en los últimos 100 años de historia musical. No crearon un género: bebieron de todos e interpretaron la música del siglo XX como nadie hasta ahora lo ha hecho.

Portishead (129)RPA determinados niveles, considero el Roseland NYC Live como el mejor Cd de los años ’90, o al menos uno de los que mejor podrían resumir todo lo que ha pasado a nivel musical en el mundo occidental en la última centuria. Resume, además, sus dos Cds anteriores, con el añadido de la orquesta filarmónica y el de una más activa participación de Barrow a los platos. Porque en Portishead hay algo de blues escondido en los punteos de Utley, está la reencarnación de Gilda mezclada con la de Greta Garbo, el sonido oldie de gramófono mezclado con el de los surcos del vinilo, la retórica de una electrónica pionera en su aplicación fuera de las pistas, y por supuesto la atmósfera derrotista y marginal de muchas de las propuestas musicales que surgieron de la dark wave de los ’80. Su mensaje solo carecía de referencias al discurso musical esperanzador propio de los ’60-’70. Tal vez porque estéticamente lo que más les interesaba para terminar de definir y caracterizar su estilo propio e irrepetible, aquello que siempre les distinguió de sus convecinos de Bristol y de etiqueta, era la clara inspiración en la fuerza visual del cine negro.

No hay más que ver su corto para entender esta relación. La presencia y el sonido ralentizado de un ventilador en el techo proyectándose, el fuerte contraste entre luces y sombras, la iluminación lateral, que hace predominar el negro sobre el blanco para sugerir más que contar, tramas inconclusas que conducen a la perdición, engaños, confusión, imágenes y recuerdos vaporosos, neblina, humo de cigarros… Y en el centro de todo, la figura enigmática de una mujer que no se sabe si es víctima o verdugo: el claro ejemplo de femme fatale. Pero en este caso, y a lo largo de carrera de Portishead, parece que Beth Gibbons ha venido a protagonizar una suerte de respuesta femenina a todo ese discurso y estética tan recalcitrantemente misógina. De alguna manera, Gibbons logra romper con el pape clásico de la mujer impuesto por el cine negro, desviando el foco de atención, por una vez, hacia el drama femenino de su eterna crucifixión. Un claro homenaje, y a la vez respuesta crítica, a todo ese mundo en blanco y negro.

El pasado acaba donde empieza el futuro.

Lo dicho anteriormente es solo aplicable letra por letra a sus dos primeros trabajos. En el tercero, voluntariamente o no, se desmarcaron casi por completo del sonido oldie, como si el nuevo siglo hubiera conllevado el abandono de casi todo el bagaje musical aprehendido del siglo XX. Third no solo es más sombrío que sus predecesores, como si la premonición de pesimismo que siempre cantaron se hubiera cumplido en un futuro que ya está aquí, sino que además evidencia una actitud más insegura y miedosa con respecto al presente del que hablan. Si en Dummy y en Portishead se respiraba ese aire de dolida soberbia, pero seguridad y autoestima al fin y al cabo, por la capacidad interpretativa que demostraban con respecto al quiénes somos y al de dónde venimos, en Third se manifiesta la triste incomprensión y la incapacidad, por parte de una banda ya madura, para interpretar el a dónde vamos (o el a dónde hemos venido) y el presente que les está tocando vivir.

Portishead (97)RetPDe alguna manera, el discurso de Portishead se había sustentado siempre en la mirada retrospectiva a un pasado ordenado del que extraían solo lo que les interesaba: un pasado inofensivo al que había que proporcionarle un museo a nivel musical. En Third eso cambió. La mirada en este álbum está puesta en el futuro: en un futuro aterrador, despiadado y frío, oscuro como siempre, pero sin ese halo de magia, brillo y contraste. Hasta la voz de Gibbons parece perderse en determinados momentos entre texturas ásperas y deshumanizadas, ritmos cortantes y tibias atmósferas nada halagüeñas. Es como si, después de tantos años de aceptación de roles y realidades injustas, hubieran empezado a nadar contracorriente, plegándose a regañadientes, entre otras cosas, a la predominancia de la electrónica sobre el discurso hablado propia de nuestros días.

En su día, y hoy muchos siguen pensando lo mismo, se dijo que con el pasar del tempo iríamos entendiendo y vislumbrando el calado de la tercera obra de Portishead. Que era el trabajo propio de un grupo de visionarios, y que tal vez pertenecía a un tiempo que aun no había llegado. No es que dude de las dotes innovadoras de Portishead, pero sinceramente opino que 6 años después de su lanzamiento ya podemos cerrar definitivamente la apreciación del Third y su definición como el caótico intento de comprensión de una realidad que les supera, como nos supera a todos los que tenemos sentimientos aun vivos en este mundo. No es que esto sea un gran halago, pero desde luego no les deja en mal lugar: han sabido ser valientes al reconocer sus miedos, y cuando una música es sincera llega a la gente de verdad en forma de arte. Porque, al fin y al cabo, eso ha sido siempre el arte: un burdo intento de dar una respuesta propia a lo que no se entiende, a lo que es inexplicable, a lo que nos supera.

Fotos de Pablo Luna Chao del concierto de Portishead en el Poble Espanyol de Barcelona el 22 de junio de 2012.

Playlist recomendado: las primeras 22 canciones, en random y en bucle.

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