sábado , 21 de octubre de 2017
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Clap Your Hands Say Yeah – Clap Your Hands Say Yeah

Por fin se edita en España, de la mano de Sinnamon, el mejor disco autoproducido al otro lado del Atlántico en 2005. Podemos quedarnos con el bonito cuento de cinco jóvenes afincados en Brooklyn que deciden formar una banda y desprenderla de todo el artificio y tiranía de las discográficas. Ellos se lo guisan y se lo comen. Después de componer un puñado de temas empiezan a venderlos a través de su propia web. Un blog indie se hace eco de ellos y apenas unos meses después, cuando se recapitula lo mejor del año en publicaciones como Rolling Stone o Pitchfork Media, aparecen entre la crème de la crème ¡y habiendo vendido 40.000 copias sin haber fichado por ninguna discográfica!

Aparcamos la esperanzadora historia del make yourself para profundizar en los doce cortes que componen el fruto de la misma. Amparados en las bases del nuevo indie rock festivo que han cimentado en los últimos dos años colectivos canadienses como Arcade Fire, Broken Social Scene o Wolf Parade, nos regalan un disco alegre e irónico en el que invitan a unirse a su algarabía con la misma efectividad que la Polyphonic Spree pero sin sospechas sectarias de por medio. El cerebro de este cachorro es Alec Ounsworth, compositor en solitario de hasta una decena de temas y cantante de voz entre ajada y desenfadada que nos obliga a recordar a David Byrne en los Talking Heads del mítico 77.

La portada del álbum, que se podría interpretar como una circense pirámide humana, ya nos advierte lo que vamos a encontrar en sus casi cuarenta minutos de duración. Se descorcha la botella con un Clap your hands! que evoca ese circo de megáfono, organillo o sintetizadores y panderetas, de interacción con las palmas del público y de voces embebidas que despachan una letra a veces incomprensible. Hasta el primer descanso en el cuarto tema, el corte instrumental Sunshine and clouds (and everything proud), nos dejan anonadados con el minuto final guitarrero de Let the cool goddess rust Hawai y con la pegadiza Over and over again (lost and found), donde una críptica letra es moldeada en suaves pérdidas y encuentros del tono de voz que se repiten.

Tras el breve interludio el disco empieza de cero, y así nos despiertan en Details of the war con un juego de harmónicas. Luego nos invitan a saltar otra vez con la pieza más coral de todo el disco, The skin of my yellow country teeth. Firmada por los cinco miembros de la banda, está compuesta por un duelo entre guitarras, puntuales punteos de bajo que emergen sobre la melodía y la fuerte presencia de la batería y los sintetizadores que ya venían intuyéndose desde el anterior tema. Y con los mismos ingredientes gestan Is this love? donde lo que nos impide evadirnos son los coros cruzados en un “Alec contra el resto de la banda”, que también utilizarán en Heavy metal donde lo aderezarán, para no pecar de recurrentes, con la harmónica.

De esta guisa llegamos a un nuevo receso para coger aire, Blue turning gray, y enfilar el final de un disco certero hasta en la elección de cuándo rebajar el ritmo de la maquinaria. In this home on ice y Gimme some salt van tensando el ritmo antes de bajar el telón con la desquiciada Upon this tidal wave of young blood, que tras unos teclados muy a lo New Order nos deja una ácida crítica hacia la política militar americana que se mancha las manos de young blood, young blood, young blood… Imprescindibles.

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