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[Reseña] Vampire Weekend – Only God Was Above Us

Vampire Weekend ya no son aquellos jóvenes aparentemente snobs y excéntricos y que conocimos hace unos años, aquellos que escribían letras profundas incrustadas en ganchos pop contagiosos. Ya no sienten la presión de la juventud ni se mueven por las expectativas, ni necesitan abusar de referencias académicas en cada uno de sus discos. Han pasado ya muchos años desde que, con su debut, la banda infundió su estilo nervioso de rock indie con sonidos de worldbeat y afropop y que fue puliendo con el paso de los años. Cuando Rostam Batmanglij dejó el grupo en 2016, los nuevos discos de Vampire Weekend para algunos parecía más creaciones de Ezra Koenig en solitario que las composiciones de una banda. De hecho el disco más reciente hasta la fecha, Father of the Bridge (Columbia, 2019), producido por Ariel Rechtshaid, fue realizado únicamente por su líder Koenig sin involucrar a los restantes miembros, y Rechtshaid asumió un papel mucho más destacado, coproduciendo con Koenig e incluso coescribiendo algunas de las canciones.

Esta es una tendencia que continúa en Only God Was Above Us, su quinto disco de estudio. Sin embargo, en Only God, tanto Chris Baio ( bajo) como Chris Tomson (batería) han cobrado de nuevo el protagonismo que merecían, tocando sus respectivos instrumentos, además de producir, coescribir y realizar labores de ingeniería. La grandilocuente apertura, Ice Cream Piano, con arreglos de instrumentación adicional -trompas, saxofones, cuerdas- presagia Only God como un disco ambicioso y sofisticado pero al mismo tiempo también accesible. El baterista Chris Thompson reveló que la escritura de gran parte de las canciones se había inspirado en la música tradicional india Raga, tanto es así que Koenig tomó lecciones de canto del compositor Terry Riley. En Capricorn, por ejemplo, parece haberse inspirado tanto en la melodía como en el pesimismo lírico de algunas de las canciones del período Tea for the Tillerman de Cat Stevens. En Connect hay más experimentación, con tendencias jazz y bossanova, uso (y abuso) de piano sampleado y giros inesperados. Prep-School Gangsters es una de las canciones que mejor representa la compleja personalidad del grupo y de las más notables del álbum, con paseos continuos de guitarras, a mitad de camino entre surf rock y new wave, combinado con baterías estilo marcha y el habitual falsete de Ezra. Y en The Surfer introducen más elementos novedosos, como los giros nostálgicos finales que nos recuerdan las bandas sonoras de series o películas policíacas de los años 70s, tal vez como reflejo de la imagen decadente del Nueva York actual en comparación al de aquellos años. Algunos podrían argumentar que la banda se desliza por derroteros que no son de su jurisdicción-la influencia punk de gen-x cops– o se extralimita en la búsqueda de estribillos elementales, como el single Mary Boome, con el extraño sample trip hop del Back to Life de Soul II Soul o el cierre melancólico y un tanto empalagoso de Hope, la canción más larga de Vampire Weekend hasta la fecha, que compensa, eso sí, con una instrumentación excelente. Son diez canciones en 40 minutos, un álbum breve pero notable de un grupo del que uno aún duda que haya alcanzado el máximo de su gran potencial.

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