sábado , 21 de octubre de 2017
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Nominees – Dowsing for the water

En la portada del primer disco de los madrileños Nominees podemos ver a un árbol casi blanco con unas profundas raíces que llegan a juntarse con las de otro más oscuro que está en la parte posterior. Este cuadro es una alegoría sobre las raíces de la música, en las que se juntan las de la música negra y las de la música blanca. Podría decirse que ambas raíces se juntan en la música norteamericana, que es la que claramente han elegido Nomines, sobre todo en la vertiente blanca. Y es que las influencias de Jesús (bajo), Sebastián (batería), Paco (teclados), Bruno (guitarra), Ricardo (voz y guitarra) y Esther (coros) beben directamente del actual pop-rock americano con reminiscencias country de grupos como Jayhawks o Wilco.

Los doce cortes que forman ese Dowsing for the water (RockIndiana, 2003) son de esos temas que puedes escuchar en cualquier situación y disfrutar de ellos: canciones a medio tiempo sencillas pero con unos cuidados arreglos en las que destacan una cuidada sintonía entre los diferentes instrumentos. Nominees juegan a la perfección con los cambios de intensidad y tiempo, así como con el silencio. Además, los arreglos con los metales terminan de configurar unas canciones prácticamente redondas, a las que no se les puede echar en falta nada. El gran sonido que los madrileños han conseguido en el disco se debe a que cada fase de su realización se ha hecho en diferentes lugares: la grabación en los estudios Brazil con Javier Ortiz, las mezclas en la Seta Azul con J. C. Tomás y en Phylos el Tibetano con Pablo Sbaraglia, quien también ha producido unos cuantos temas. Por último, la masterización se realizó en Planet Music con Dani Richter.

El disco se abre con Sunrise, primer single del grupo y uno de esos temas pop atemporales que destaca por sus brillantes arreglos de viento metal. Uno de los temas que más destaca por su belleza es Paint your world: una melancólica nana o un villancico, según se mire, que tiempo de vals resulta casi conmovedor. Otra canción que también destaca por su belleza es Last Train, una balada clásica que al final aumenta su tempo para que disfrutemos del diálogo entre la voz y los vientos y finalmente vuelve a la tranquilidad con un silencio estremecedor. Crooked lines se ha convertido en tema apoteósico en ritmos terciarios con unos impresionantes cambios de tempo e intensidad en el que destacan las cuerdas en sus partes lentas. El resto de los temas se mueven entre los aires country de Glamourless tracks (con slide guitar incluida), Think of Stones o Rent, los medios tiempos de A.n.a. (en el que The Happy Loosers participan a los coros) o What’s the deal (con unos coros deudores de Brian Wilson) o el pop luminoso de Words came at last.

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