[Reseña] Yumi Zouma – No Love Lost to Kindness
La formación neozelandesa Yumi Zouma es una de esas raras excepciones que han hecho de la «larga distancia» un género propio, dictado por la dispersión geográfica de sus miembros y su particular método de composición desde distintos puntos del globo. Si bien su sonido inicial se definía por un dream pop etéreo y matices disco bajo la voz de Christie Simpson, con su quinto último trabajo, No Love Lost to Kindness, la banda certifica su transición definitiva hacia el rock. En este álbum, el grupo sacrifica la pulcritud del bedroom pop en favor de guitarras densas y texturas alternativas propias de los años 90.
El guitarrista Charlie Ryder ha explicado que en este nuevo disco la formación buscaba, de alguna manera, llevarlo «todo al extremo»: lograr que las secciones explosivas tronaran y los pasajes tranquilos rozaran el silencio. Para alcanzar ese sonido «masivo» y tradicional, recurrieron incluso a la colección privada de amplificadores de Neil Finn (Crowded House) en los Roundhead Studios.
Si bien ese giro es notable en la primera parte del disco, sin embargo, el corazón del disco late en su segunda mitad, donde la agresividad inicial da paso a una emotividad profunda. Aquí destacan piezas como Chicago 2am, una incursión onírica y jazzística que se alza como el momento más existencial del álbum; Judgement Day, que recupera sus raíces pero desde una óptica madura y sofisticada o Every False Embrace, la entrega más mordaz y rítmicamente audaz del álbum, queda coronada por un solo de armónica de Josh Burgess; un detalle tan inesperado como perfecto.
La banda ha sido clara en sus intenciones: cada cambio de «paisaje sonoro» debe ser drástico. Se alejò del chill-wave desenfadado por sentirlo ajeno a la realidad actual del mundo. El resultado es innegable: con No Love Lost to Kindness, Yumi Zouma no solo evoluciona, sino que entrega la obra más cruda, honesta y completa de toda su trayectoria hasta la fecha.