[Crónica] Moby (Sevilla, 07/07/26)

Moby debutaba anoche en Sevilla, en su única fecha andaluza de la gira, en un marco —la Plaza de España, con sus galerías y su río artificial de fondo— que a priori parece hecho más para la fotografía que para un directo de raíz electrónica. El contraste, sin embargo, funcionó a su favor: la solemnidad del recinto le vino bien a un repertorio que en los últimos años ha ido cargando de gravedad y de gospel. Curiosamente, aunque Play (1999) fue el disco que lo hizo global, el pico real de su carrera, al menos en España, llegó después, con 18 y el siguiente Hotel, dos discos más orquestales y mucho más generosos con la voz que su predecesor.
El arranque con Bodyrock dejó claro que no venía a hacer una velada contemplativa, y la sucesión inmediata de Go confirmó que el estadounidense sigue tratando su primer single como un comodín que nunca falla, treinta y tantos años después. Moby se movió sin parar de un lado a otro del escenario, alternando guitarra eléctrica, teclado y bongos, en una puesta en escena más de frontman inquieto que de productor detrás de una mesa. No faltaron tampoco el comentario sobre fútbol y la mención de rigor a Trump que, últimamente, ya forman parte del ritual de cualquier artista estadounidense que pasa por España; el público lo recibió con la misma indulgencia con que se acepta un chiste que ya se conoce.
Lo más discutible de la noche estuvo en las versiones alteradas de los temas, que en varios tramos se quedaron lejos de la fuerza de los originales de estudio, diluyendo lo que en el disco era contundente. We Are All Made of Stars llegó acompañada de proyecciones de astronautas , pero, para un artista con la trayectoria y los medios de Moby, uno esperaba un despliegue mucho más ambicioso, a la altura del recorrido que sus canciones representan en su carrera. El momento más emotivo de la noche llegó con Heroes: antes de tocarla, recordó cómo compraba los discos de Bowie de joven, sin sospechar que años después nacería una amistad entre ambos, y evocó la anécdota de haber tocado ese mismo tema con el Duque Blanco en su propio apartamento, con la única compañía de una guitarra acústica. La versión de anoche, ya con banda completa, no buscaba imitar esa intimidad, sino rendirle homenaje desde otro registro.
Y ahí es donde el concierto encontró su verdadero centro de gravedad: una banda con batería, teclados y sampler, violín y coristas —de largo lo mejor de la noche— sostuvo con solvencia incluso los pasajes donde las remezclas flaqueaban. Why Does My Heart Feel So Bad? dejó el listón vocal más alto de la velada, y el tramo final, con Porcelain, Lift Me Up y el cierre en Feeling So Real, terminó de convertir la Plaza de España en algo parecido a una rave: el público ya no escuchaba, bailaba, y esa fue quizá la conclusión más honesta de la noche. Sevilla esperó más de tres décadas para ver a Moby en directo; la espera valió sobre todo por la banda que lo acompaña, más que por unas versiones que, en su empeño por reinventarse, a veces perdieron la grandeza del original.






