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[Crónica] 4 Non Blondes (Lisboa, 27/06/26)

Rock in Rio Lisboa eligió bien a sus «lendas» del sábado. El grupo de San Francisco se disolvió a mediados de los noventa con un solo disco en el catálogo, Bigger, Better, Faster, More!, y una sola canción en la memoria colectiva del planeta. Linda Perry construyó después una segunda vida como compositora y productora de medio mundo —Christina Aguilera, Pink, Alicia Keys— y la banda quedó archivada en esa categoría difusa de grupos que existieron con intensidad y luego, simplemente, dejaron de existir. Que el único escenario peninsular de esta gira de reunión sea Lisboa tiene su lógica sentimental: su padre era músico de origen portugués, aunque Perry contó al público que no les dejaba hablar la lengua con su madre brasileña, y que todavía lo lamenta. La última vez que tocaron en España fue en la Sala Zeleste de Barcelona, en plena vorágine de la gira original.

El Palco Mundo del Parque do Tejo, dentro de la edición 2026 de Rock in Rio Lisboa, la recibió con un entusiasmo genuino que no era del todo obvio: un concierto a media tarde, con el sol lisboeta sin piedad y un público que llegaba todavía en oleadas. Pero Perry, de sombrero marrón y cadenas doradas al cuello, con la voz ronca y poderosa intacta, se ganó a la concurrencia antes de lo esperado. El setlist transitó entre el blues rock de carretera y el pop acústico de autoradio: Lilah, Drama Queen, Push & Shove, Wall Flower, Live Forever —no la versión de Oasis— fueron desfilando ante un público que calentaba a medida que avanzaba la tarde. Fue Spaceman, rescatada en directo por primera vez desde 2014 en su anterior actuación en Londres, la que cambió el tono de la jornada.

Lo que vino después era inevitable, y también, en el fondo, necesario. Cuando llegaron los primeros acordes de What’s Up?, el recinto se transformó. Perry llamó al escenario a su hijo Rhodes para cantar el estribillo con ella, se envolvió en una bandera portuguesa y alargó la canción muy por encima de su duración original, repitiendo el refrán hasta que miles de personas —incluyendo a quienes en 1992 todavía no habían nacido— lo corearon como si les perteneciera desde siempre. Porque, de algún modo, ya les pertenece. Pero esto no fue una función de nostalgia: 4 Non Blondes llevan tiempo trabajando en su segundo disco, más de treinta años después del primero, y What’s Up? sonó en Lisboa como lo que es: un nuevo punto de partida, no el epitafio.

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