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[Reseña] Chanel Beads – Your Day Will Come

Shane Lavers lleva años construyendo un universo sonoro que combina lo medieval y lo digital sin que ninguno de los dos términos suene a metáfora: voces corales sobre sintetizadores, violines que suenan a cámara antigua, bajos que golpean como piedra. Chanel Beads nació en Seattle, creció en Nueva York —de conciertos ilegales en túneles de metro abandonados a telonero de Lorde en su gira norteamericana—, y este segundo disco comparte título con el debut de 2024 no por pereza sino por filosofía: la misma frase cambia de significado según dónde cae el énfasis.

Hay ahora una estructura pop más sólida que mantiene todo unido, pero Lavers nunca revela completamente sus cartas. Fragmentos de audio degradados y sonidos encontrados se filtran constantemente bajo los ganchos —con la misma lógica de aquellos grupos de principios de los ochenta que usaban el Fairlight para convertir el mundo en instrumento: un cristal roto, unos pasos, una puerta, podían ser la melodía— aunque aquí no hay nostalgia, solo el mismo instinto. Profane Break funciona exactamente así: un interludio que no avisa de que es un interludio, donde los efectos de sonido no decoran sino que estructuran, como si el ruido fuese el andamiaje y la melodía lo accidental o Drunk Stupid in the Structure que lleva el título más descriptivo del disco y lo cumple: uno se mueve dentro de esa canción como quien camina por un edificio sin puertas de salida.

El problema es que esa misma lógica, aplicada a algunas pistas, produce algo que desde fuera puede parecer concisión pero que por dentro se siente más bien como desgana o desarrollo interrumpido. Lavers no siempre cierra lo que abre, y el disco acaba con más preguntas suspendidas de las que uno habría elegido. Cuando el coro irrumpe en Silver Cup —co-escrita con Maya McGrory, su voz más rotunda sobre un bajo que ancla físicamente todo lo que flota encima— uno entiende de lo que este proyecto es capaz cuando se permite llegar hasta el final. Outside Your Life es la más larga y la que más sostiene esa promesa. El resto del álbum, a ratos, se queda en el umbral.

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