Beirut – The flying club cup
Colaboradores | 29 Octubre 2007
No cabe duda de que un personaje como Zach Condon llama la atención: un veinteañero multiinstrumentista, cuyas influencias musicales le sitúan geográficamente más cerca del Alburquerque extremeño que de Albuquerque, la ciudad del estado norteamericano de Nuevo México que le vio nacer. No en vano el señor Condon dice haber viajado por toda Europa tras salir del instituto a los dieciséis años, volviéndose mucho más permeable al folk balcánico y otros ritmos más propios del viejo continente que al rock de raíces sureñas que podría presuponérsele. Tras sorprender con un álbum debut tan rico como Gulag Orkestar (Ba Da Bing!, 2006), Beirut han conseguido adaptar y hacer evolucionar su tan personal sonido en The flying club cup (Ba Da Bing!, 2007).
El título, inspirado en una de las primeras fotos a color -fechada en 1910-, hace mención a esos festivales de globos aerostáticos que se podían ver en pleno París a principios del siglo XX. Si le añadimos el interés que ha despertado en Condon el gran Jacques Brel y la chanson française, es fácil comprender por qué ya no está tan presente en este disco ese componente musical de Europa del Este tan acusado. Todavía podemos encontrarnos algún tema apoyado casi exclusivamente en el ukelele y la cálida voz de de Zach, como The penalty, pero, si bien esos ritmos cíngaros no se ignoran, ahora el trabajo de base se centra más en el acordeón y el órgano, con Guyamas sonora o Cliquot como claros ejemplos.
Dicho esto, es en los arreglos donde se ha dado un importante salto de calidad, sin desmerecer para nada el camino recorrido hasta ahora. La Orkestar ya forma parte integral de Beirut, y luce todavía más gracias a las cuerdas que ha aportado Owen Pallet, miembro de Arcade Fire. Nantes es capaz de dejar con la boca abierta a cualquiera que empiece a escuchar el disco por primera vez, pero Forks and knives (la fête), In the mausoleum o La banlieu y su ancestral danza final nos muestran a una banda majestuosa, llena de colores y con un potencial simplemente espectacular.
Así, con un espectro musical que abarca momentos tan íntimos como Un dernier verre (pour la route) y tan festivos como The flying club cup, Beirut logran que su nuevo disco sea homogéneo pero fresco, lleno de matices para disfrutar. Su último paso por España no dejó muy buen sabor de boca tras una fallida actuación en el Primavera Sound 2007, pero eso no debe ser óbice para esperar lo mejor de un grupo que pasa por ser hoy día todo un deleite para los paladares más exigentes.
Autor: Miguel González
Layabouts – Layabouts
J. Ismael Rodríguez | 29 Octubre 2007
En el 2005 irrumpieron en la escena neoyorkina The Bravery, una banda que hubiese pasado totalmente desapercibida si no fuese porque contaban con un monumental single, llamado An honest mistake, dentro de un disco tan profesional como falto de garra. Su mención puede parecer gratuita en este caso, pero no lo es cuando uno se encuentra ante sus hijos bastardos. Además unos que están muy orgullosos de su herencia.
Algo que demuestran sobradamente con su primer disco, el homónimo Layabouts (Wild Thing, 2007). Eso sí, abandonando los pocos elementos que podían dotar de cierto carácter distintivo a sus modelos y derivando hacia la mediocridad. Donde los sintetizadores copaban la importancia compositiva y la naturaleza pop llegaba en ocasiones a unirse en armonía con el baile ahora los madrileños proponen un adocenamiento en el rock. Ya se sabe, sube las guitarras a tope, di que suena más garajero y que eso te da más recorrido. Alguien te creerá y olvidará por un momento que no dejas de ser alguien que ha llegado tarde y bastante mal a una moda que ya está muriendo.
Porque por mucho que de manera independiente temas como Stop the replay, Despite the neons o Electro rocker move puedan resultar efectivos, dentro de su adhesión absoluta a formulas ya gastadas el disco entero se convierte en una montaña imposible de subir de un tirón. Entre constantes recuerdos a todo hype reciente a ambos lados del Atlántico y un exceso de ruido que empaña todo posible empaque de las melodías uno termina sumido en la indiferencia más absoluta.
Lo que nos lleva a plantearnos una pregunta casi vital en casos así. ¿Si estos Layabouts fueran ingleses estaríamos hablando de ellos? Seguramente no, serían uno más de los globos hinchados por la NME y compañía. Un par de singles y nada más que rascar. Música de usar y tirar. Y eso no cambia porque sean españoles, por desgracia.
Bug
Colaboradores | 29 Octubre 2007
De entre los muchos estrenos del Festival de Sitges, Bug era uno de los que más llamaban mi atención. El film, protagonizado por Ashley Judd (Heat, Smoke), Michael Shannon (Lucky you, Pearl Harbour) y Harry Connick Jr. (Independence day, Copycat), significaba la vuelta de William Friedkin (el director de El exorcista) al mundo de la turbación y el pavor.
Cuando vi el trailer de Bug hará un par de meses pensé que iba a ser otro thriller con un pequeño toque independiente y mucha escena perturbadora y explícita. Pero curiosamente lo que me he encontrado al final ha sido un drama -que roza la comedia en algunos momentos- muy oscuro, con una fuerte carga psicológica. A grandes rasgos la película se centra en Agnes, una trabajadora de un local de ocio nocturno que vive totalmente desolada por la pérdida de su hijo y la agonía que le provoca su marido. En una de sus noches de desahogo conoce a Peter Evans, un inquietante personaje que le hará ver un mundo que ella misma desconocía donde los bichos, las conspiraciones y la armada tienen ciertos nexos comunes.
Inicialmente la cinta se plantea como un trabajo prácticamente convencional, pero poco a poco el contenido narrativo va trazando una espiral realmente viciosa que resulta de lo más devastadora, dejando al espectador algo tocadillo una vez se llega a los minutos finales. No digo esto porque Bug sea otra copia de las cansinas Saw. Pese a que apenas utiliza recursos visuales debido a una dirección bastante llana, los diálogos toman el control de toda la acción junto con unos silencios que crean una brutal desazón. Eso por no hablar de las actuaciones de Judd y, sobre todo, de Shannon, que parecen mostrarnos dos caras totalmente radicales a lo largo del film.
Últimamente me han decepcionado muchas películas y, ciertamente, puedo afirmar que hacia la mitad del metraje Bug me estaba resultando bastante desagradable, pero al acabar de verla mi impresión fue bien distinta. Comparte ciertas características de algunas peliculas de Shyamalan, en las que el espectador o bien respeta lo que ve en pantalla o se lo toma como algo totalmente rídiculo, pero se agradece que el mundo del cine deje caer un producto tan singular, en el que podemos ver cómo una pareja de extraños personajes entran en un infierno propio del propio Dante Alighieri e incluso gozan de su estancia. Lástima que William Friedkin haya realizado un prólogo excesivamente extenso, pero por lo demás es para estar satisfecho con el resultado. Sin duda alguna éste es el film semiexperimental que deseábamos ver, y no aquel lamentable espectáculo que realizó junto a Benicio del Toro y Tommy Lee Jones en The hunted (La presa).
Héroes del Silencio (Sevilla, 20-10-07)
Colaboradores | 26 Octubre 2007
Dicen que las novias suelen llegar tarde al altar, pero siempre son las protagonistas. Héroes Del Silencio llegaron a Sevilla con once años de retraso, pero 75.000 personas vibraron en un evento único que apenas se hizo de rogar ocho minutos, nada frente a tanto tiempo esperando este preciso momento.
Es difícil imaginar qué pasó por la cabeza de estas cuatro personas cuando, estando en la cresta de la ola, en la cima del mundo, lo dejaron escapar, yéndose del escenario de Los Ángeles para no volver. No se entiende cómo una banda con una legión de seguidores semejante pudiera dejarlo. Pero también las discográficas -que siempre están hambrientas- deberían hacérselo mirar, ver cuánta mierda meten alrededor de un grupo para llegar a acabar con el sueño. Cuando se ve y se oye a tanta gente aclamando a Héroes, saltando, sudando, coreando sus letras; cuando se observa al propio grupo disfrutando del gran día, uno se pregunta cómo pueden dejar las tablas, como podrán el próximo sábado salir sabiendo que no volverán a tocar junto sus viejas canciones. Sí, sus viejas canciones, pues no presentaban disco nuevo, no era necesario para poder congregar a sus fieles.
El espectáculo era total. Sevilla colapsada por la fiebre de los maños. El estadio a rebosar. Un escenario bastante modesto para una formación de talla mundial, como se tiene que medir a Héroes Del Silencio. Aun así la escenografía impresionaba. En los laterales dos pantallas que con ayuda de otras dos en mitad del estadio permitían ver parte del espectáculo. Así mismo otras dos “láminas” alargadas donde se iban superponiendo imágenes y cuatro pantallas en la parte de arriba, que iban subiendo y bajando y jugaban con imágenes de ordenador, vídeos y cámaras para cada miembro de la banda. Una pasarela para que Bunbury corretease como en los viejos tiempos y otro pequeño escenario. Y miles de personas, casi todas con camisetas negras con alguno de los logotipos de sus discos. Por todas partes, por el césped y por las gradas, mirases a donde mirases se veía gente tratando de inmortalizar el momento, de capturar un instante para toda una vida con sus cámaras y móviles.
El rito comenzó con The song to the siren de This Mortal Coil. Los acordes sonaron, las luces bajando y todo el mundo ya sabía lo que le esperaba. El repertorio parecía prefijado, pero era una noche para soñar en una isla magica, soñar que habíamos vuelto a 1996. Bunbury como siempre embutido en pantalones negros de cuero y con las uñas pintadas de negro. Juan con una camiseta de Las Líneas Del Kaos, recordando que estos chavales llegaron a ser Héroes gracias a su miríada de fans. Continuaron con El estanque, Deshacer el mundo, Mar adentro, La carta, Bendecida, La sirena varada y Opio, tema que no interpretaban en directo en la gira de Avalancha, puesto que era muy exigente, tal y como Bunbury dijo en su día.
Éste hizo otro de sus tradicionales speech. Presentó a la banda haciendo de maestro de ceremonias, sabiendo que no era necesario, claro está, pero buscando una ovación. El gran Andreu; el último cherokeee del rock español, Joaquín Cardiel; su hermano “sangre de su sangre” -que hizo de quinto héroe sustituyendo a Alan Boguslavsky-, Gonzalo “el alquimista” Valdivia; y el maestro Valdivia, el responsable del sonido HdS. Bunbury quiso que el público homenajease a Juan, que estuvo en todo momento en su sitio, mirando a su guitarra y sin perder ni un compás. Hasta pareció que por un instante sonrió y fue humano. Por momentos parecía que había algo íntimo entre Quique y Juan, como si todo las heridas anteriores estuviesen cicatrizando.
Tras intercalar una curiosa versión de La mala hora de su amigo Juan Perro, se dirigieron al pequeño escenario central, donde recordaron sus inicios, donde empezaron de cero. Aquí suenan La herida, Despertar -otra de las sorpresas de la noche- Apuesta por el Rock & Roll -canción de Más Birras que ellos se encargaran de popularizar- y Con nombre de guerra. Con No más lágrimas cerraron este pequeño show para regresar al escenario principal. Lo mejor de la noche estaba por llegar: Nuestros nombres, El mar no cesa y una extraordinaria versión de Entre dos tierras, donde Juan Valdivia fue el auténtico protagonista, con varios solos y la producción centrada en sus manos. Uno a uno fueron cayendo los temas, emergiendo las emociones al saber que el final estaba cerca, y así Maldito duende, Iberia sumergida y Avalancha cerraron la parte central del concierto.
Para los bises había un reservada una gran sorpresa: Phil Manzanera tocando junto a Juan y Joaquín para interpretar Oración y Tumbas de sal, dejando muy alto el listón con su clase. Ya sin Phil sonó La chispa adecuada con la compañía de mecheros y luces de móviles. Otra vez se fueron por un breve lapso para regresar con Tesoro y Malas intenciones. Quizás lo más emotivo fue el final, donde Bunbury entonó un conmovido En brazos de la fiebre mano a mano con Juan. La reconciliación estaba en el aire.
Concluyó así un espectáculo predestinado al éxito y que fue un éxito. Las pantallas fundieron en negro y aparecieron los títulos de crédito para dar el final a la película que nos habían representado. Es curioso cómo después del concierto, de todas las canciones que tocaron, sintamos que se quedaron temas en el tintero. En realidad Héroes del Silencio publicaron cuatro discos, sólo cuatro, pero tenían la habilidad de hacer de todos sus temas piezas sencillamente magníficas. Fuera, con los coches marchándose en el ritual del atasco, algunos continuaban la fiesta, ayudados por el espíritu del vino, coreando los temas míticos de la para siempre mítica banda.
Frida – Mingle with the nannies
Colaboradores | 21 Octubre 2007
La gente de Junk Records se ha caracterizado por buscar, y encontrar, a muchas buenas bandas poco conocidas en el ámbito nacional pero que llevan años dando guerra en los pequeños circuitos locales. También se han fijado en los participantes de concursos de maquetas como el Proyecto Demo del Festival de Benicâssim y en las secciones dedicadas a las demos de revistas especializadas como Mondosonoro. En Madrid, auténtico filón para la discográfica, podemos encontrar a Underwater Tea Party y Bandini en el primer caso. En el segundo tenemos a grupos como Havalina Blu y Frida, de cuyo disco debut vamos a hablar a continuación.
En realidad Mingle with the nannies (Junk Records, 2006) es un álbum autoproducido que, una vez grabado, fue editado por la compañía. Así que todo lo bueno y lo malo que pueda tener es responsabilidad única de los componentes de Frida. Y del productor del disco, claro, Ricardo del Castillo. Lo bueno es que derrocha vitalidad y garra por los cuatro costados en temas como Only son o Harmony. Lo malo es que toda la fuerza que tiene termina resultando monótona ante la falta de variedad de su propuesta. También resulta cuanto menos desconcertante el final del disco con Golden bones (una rara mezcla de metal gótico bakala) y Without a friend (una pseudobalada con demasiados cambios de tiempo e intensidad para mi gusto).
A pesar de todo el disco tiene unas cuantas perlas escondidas que harán disfrutar a la muchachada: Malasaña, You got it o Skinny dipping. En lo que a mí concierne, prefiero quedarme con lo mejor: su energía y sus potentes riffs. Y mucho ojo con sus directos, que son para vivirlos desde la primera fila y no parar de saltar.
Andrés Cabanes
Liars – Liars
Samuel Benito | 21 Octubre 2007
En la carrera discográfica de muchos grupos suele haber determinados discos que marcan una diferencia entre su pasado y su futuro, ya sea por sus diferencias melódicas, rítmicas o incluso literarias. Liars, por su parte, adopta esta postura, no como una opción a realizar en determinados momentos de su discografía, sino como su sello de identidad. Desde sus comienzos en 2001 con su despistado debut, son ya cuatro los trabajos presentados por la banda, y en cada uno de ellos han ido abriendo nuevas sendas o vías de expresión, por las que manifestar un arte más que difícil de clasificar.
A medio camino entre Los Angeles y Europa, la composición de este homónimo Liars (Mute, 2007) ha sido abordada de manera muchísimo más práctica, sencilla y directa que sus pasados trabajos, donde la densidad del sonido, unida a la alta experimentación conceptual, hacían de su propuesta algo único e irrepetible, tanto para lo bueno como para lo malo. Aparcando cualquier posible concepto y centrándose en el formato canción, la duración de los temas incluidos no llega a los cinco minutos y podemos así encontrar una variedad increíble a lo largo de todo el álbum. Resulta muy gratificante comprobar cómo pueden saltar de un estilo a otro, entre canción y canción, sin problemas y logrando un resultado muy acertado. Es curioso ver cómo, siendo éste el disco menos homogéneo y variado de la banda, acaba convirtiéndose en el más completo en cuanto a la calidad de cada una de sus canciones, sin apenas desperdicio alguno.
En su single de presentación, Plaster casts of everything, encontramos a los Liars más fieros y machacones con un riff de guitarra muy pesado, una rápida y dura batería y unos coros tribales que parecen salidos del mismísimo Apocalipsis. De ahí pasamos a uno de los momentos más inspirados y sorprendentes del disco, Houseclouds, donde son capaces de crear un funky orgánico, totalmente novedoso en el sonido Liars, con unos teclados y unos falsetes en la voz de Andrew muy adictivos, y que encajarían perfectamente en el universo Beck. También hay hueco para el sonido industrial de Leather prowler (con cierto aire a Cabaret Voltaire), un tema progresivo y nocturno como Sailing to Byzantium, o la deuda eterna hacia ese noise-rock de mitad de los 80 con el acertado Freak out. Cabe destacar también el aire melancólico, sin demasiados artificios, de algunos momentos del disco, como demuestra Protection, revelando un carácter inusual en Liars y que parecen haber explotado en este disco tan poliédrico. Recogiendo los frutos pasados y mezclándolos con nuevos ingredientes, Liars han apostado por la estructura más teenager de sus temas, demostrándonos que todavía pueden sorprender y cautivar con mayor ahínco a sus oyentes.
Xabel Vegas & Las Uvas De La Ira – Canciones sobre traiciones y mentiras
Colaboradores | 21 Octubre 2007
Es curioso que Xabel Vegas, componente esencial de bandas de importante calado experimental como Manta Ray y La JR, haya decidido en su aventura en solitario transitar por caminos en los que su hermano es el rey. Si bien no sería nada justo obcecarse en ese punto, es difícil no encontrar ciertas similitudes entre su primer E.P. junto a Las Uvas De La Ira (Eras Sánchez, Jon Álvarez e Íker González) y el trabajo de Nacho con Las Esferas Invisibles.
Centrándonos en su debut, éste empieza fuerte mostrando sus armas en Nuestra sociedad secreta, para dar paso a toda una declaración de intenciones como es Simpatía por el débil. Y es que, ¿quién puede resistirse a una buena historia de perdedores? Buena nota de ello podemos tomar en la acústica La cena, la más interesante de las cinco composiciones que alberga este Canciones sobre traiciones y mentiras (Mushroom Pillow, 2007), en la que podemos escuchar un nuevo enfoque de la historia del apóstol Judas.
En otro punto a su favor, la banda abarca con mucha corrección la distancia que separa el rock añejo de El polvo no me puede matar y la muy sentida Dinamita. Pero a pesar de que el álbum está muy bien tocado y de que goza de un gran sonido gracias al trabajo de Kaki Arkarazo y el propio Xabel, no cuaja como cabría esperar. Sea por exceso de repeticiones y aliteraciones, sea porque este falto de ese “algo más”, lo cierto es que queda la sensación de que una formación con tanta calidad no ha sacado todo lo que lleva dentro de sí. Su debut en larga duración está programado para principios del año que viene, así que esperemos que para entonces sí lo logren.
LePunk – No disparen al pianista
Colaboradores | 14 Octubre 2007
La primera vez que escuché La virgen de la soledad -gracias a su sencillo pero efectivo videoclip–, quedé sorprendido. Ya había oído hablar de Le Punk pero, por unas cosas o por otras, nunca había escuchado su música. Lo cierto es que lo que me había llamado la atención sobre el papel estaba ahí presente en ese fantástico single, en el que Nueva Orleans saludaba a Argentina. Pero lo mejor es que cuando por fin escuché el resto del disco, el apretón de manos también incluía a los Balcanes y al Mediterráneo. Un “mestizaje” (¿se puede emplear esta palabra en un fanzine indie?) que llama la atención hasta el punto de diluirse entre las influencias de Goran Bregovic, la No Smoking Orchestra de Emir Kusturika, Andrés Calamaro o Tom Waits. Si lo queremos hacer más abstracto, podríamos decir que las influencias más notables de este álbum están a caballo entre el tango, la milonga, el cabaret, el folclore centroeuropeo, el rock y el pop.
Los que estén pensando en Manu Chao, por esta diversidad de estilos, ya pueden olvidarse. Lo que en el ex Mano Negra está más cerca de la pachanga y la juerga, aquí se traduce en clase y elegancia (eso sí, no exenta de cierta jovialidad canalla). No disparen al pianista (Virgin/EMI, 2006) es el segundo larga duración de este grupo de antiguos componentes de Buenas Noches Rose, Yoghourt Daze y Pereza. Un disco en el que las colaboraciones están a la orden del día: Antonio Bartrina, de Malevaje, o Roberto Pacheco y Daniel Maldonado de Alamedadosoulna, ponen su arte al servicio de estas doce pequeñas historias que dan forma a un imaginario multicultural y musical no apto para mentes cerradas.
Andrés Cabanes
Aroah – El día después
Ana F. | 14 Octubre 2007
Quizá el día después asoma tímido, con el ruido de los coches en la ciudad con el que empieza el tercer álbum de Aroah. Hablar de sutileza siempre es acertado en el caso de esta artista, que se ha lanzado de lleno a componer en castellano en este breve pero variado disco llamada El día después (Acuarela, 2007)
Las melodías suenan mejor, y no por el hecho de ser mejores en sí mismas, sino por el acertado acompañamiento con el que están arropadas. No hay más que escuchar la impactante sección de vientos de Cifras, los teclados de Pastoral o los estribillos pegadizos de La escala de las cosas. El día después tiene más ritmo, más base; sencillamente más producción. Pues sí, se nota la mano de Raül (Refree) en la producción, no sólo en la orquestación sino también en el concepto del propio álbum, muy diferente del resto de los trabajos de Aroah. La melancolía que siempre ha acompañado sus canciones se disimula con ese despliegue de metales, cuerdas, teclados y efectos. Aunque, no nos engañemos, frases como “a un salto de la cama la respuesta, es lo que dicen todos los psiquiatras, levántate ya”, sacada de Canción para follar, no muestran mucho optimismo. Sea como fuere, las letras de Irene Tremblay llegan a los oídos de forma sencilla y directa.
Pero no sólo de la producción se alimenta este disco. La voz de Irene ha cambiado, y si bien siempre ha sido dulce quizás ahora es más expresiva. Cortes como el que da nombre al álbum recuperan a una Aroah más “cantautora”, salvándose del típico “este tema está sobrecargado” gracias a que los arreglos, siempre muy presentes, también saben mantenerse al margen para dejar aire a la esencia de las canciones. Por otro lado, Pequeña y verde es un ejemplo claro de cómo muchas de las piezas de El día después comienzan y acaban en puntos muy diferentes: aquél que comienza de forma extraña y plagada de efectos acaba convirtiéndose en lo más pop del álbum; uno que entra con mucha energía frena en seco para dar paso a una sencilla melodía, como es el caso de Cifras.
Y así se acaba El día después, con un tema titulado Nada, cuya voz a capella recita “libertad asfixiante, por no querer nada, ya no quiero a nadie”. Nos recuerda así que las composiciones de Aroah pueden tener mil formas diferentes, pero siguen manteniendo esa belleza triste y nostálgica que convence desde la primera nota.
Aluminum Babe – Smoke in Chinatown
Juan Carlos Gomi | 14 Octubre 2007
Smoke in Chinatown (Wild Thing Records, 2007) es el segundo trabajo de esta banda bi-continental con chica al frente –se llama Anna y es sueca-, que promete arrasar medio mundo con su dance-punk. Y no es para menos: Aluminum Babe mezclan la energía de la nueva ola, la rabia sincopada del punk, el ritmo apasionado de la pista de baile y la inspiración melódica infantil de Estocolmo –Anna dixit-.
Coproducido por Gerard Garona, guitarrista de los pioneros del nuevo post-punk Radio 4, Smoke in Chinatown ha desatado los elogios de la crítica del planeta. Y, sin que sirva de precedente, esta vez tiene algo de razón. ¿Por qué? Majetes, aquí encontramos canciones; es decir, melodías, ritmo, fuerza, frescura, ganas de salir de casa y dejar la depresión para Polly Jean Harvey.
Con temas como Infatuation, que abre el disco, o la brillante versión de Talking Heads Psychokiller, pasando por punk en estado puro como Sweet thing, o la disparatada canción en francés Marie-moi, los neoyorkinos proponen un viaje musical acelerado, lleno de variedad, alegre, vitamínico y bailongo. Vamos, como fumarse un cigarrillo de la risa en Chinatown y vivir para contarlo.

