My Morning Jacket – Z

Samuel Benito | 29 Diciembre 2005  

El mejor regalo para estas Navidades. Bendecido queda el año con Z (ATO/RCA Records, 2005) y unos My Morning Jacket pletóricos y exuberantes. Sin intención de buscar etiquetas o términos que encierren una serie de grupos enmarcados dentro de una época, resulta a simple vista lógico señalar el curioso énfasis que últimamente están poniendo diversos grupos a la hora de enfatizar la belleza como vía de expresión musical. Una belleza desnuda delicadamente llevada a cabo por detalladas melodías que nadan entre el dream-pop/rock y la psicodelia, expandiéndose voluptuosamente; véase en el caso de los referenciales Mercury Rev y su gran Deserter’s songs (V2 Records, 1998) en los 90 o, ya en el siglo XXI, la excelente forma de unos Flaming Lips con sus dos últimos álbumes, sonido éste bastante cercano al mostrado por My Morning Jacket en algunos de sus últimos temas. También se podría añadir a este pequeño (e imaginario) movimiento a los Arcade Fire más detallistas y melodiosos, o incluso la única y minuciosa armonía de Antony & the Johnsons.

Porque lo que han conseguido los My Morning Jacket de Z es uno de los álbumes más evocadores de los últimos años. Siguiendo un poco la estela de los Pink Floyd setenteros, el slow-core más melodioso de Galaxie 500, las atmósferas preciosistas de Spacemen 3 y My bloody Valentine, junto con este mencionado dream-pop/rock de los Mercury Rev y Flaming Lips, tenemos ante nosotros uno de los seguros discos triunfadores del año. Esas remarcadas atmósferas y melodías tan delicadamente desarrolladas se muestran tanto a través de la ensoñadora voz de Jim James como con los punteos espaciales y envolventes de las guitarras, claramente demostrado en el tema Wordless Chorus, a ritmo del recién estrenado teclista Bo Koster. Otro claro ejemplo, uno de los posibles hits, es Gideon, el cual deja claro que no sólo saben realizar discursos melosos y flotantes, sino que también saben rugir con feroces riffs distorsionados que concuerdan a la perfección con la melodía del grupo.

Se deja notar también esa “educación” rockera de los de Louisville, desde el Elton John de los 70 en temas como Anytime o la genial Lay Low, con cierto color a The Band. Pero por lo que logran esa magnificencia es por el clásico método de guardar las viejas raíces del rock y germinarlas con un toque contemporáneo y auténtico. Algo que logran con rotundidad, como se entrevé en esa mezcla entre el mar experimental pinkfloydiano y las melodías atmosféricas de Flaming Lips en Into the woods. También hay hueco para ese toque reggae de Off the record, con un final que se diluye en un océano instrumental cargado de misticismo; o el melodramático final de Dondante, último tema del disco, donde se distinguen similitudes vocales entre Jim James y Thom Yorke, y donde discurren esos punteos delicadamente sumergidos en el océano mediático que proponen My Morning Jacket, explosionando posteriormente en sufridos riffs guitarreros. Una propuesta singular que te atrae y te hunde en su mar atmosférico. Gran disco.

Entrevista a Xabel Vegas (Manta Ray) (diciembre 2005)

Colaboradores | 26 Diciembre 2005  

Manta Ray publica el 31 de enero nuevo álbum, Torres de electricidad (Acuarela, 2006), autoproducido con la ayuda de Kaki Arkarizo y con el sello de Acuarela. El pasado mes de diciembre tuvimos la oportunidad de hablar con Xabel Vegas (Batería, metalófono, voz, samples) para que nos contara que nos encontraremos en ese disco así como la actualidad de la banda. Aprovechamos esta entrevista para recordaros que durante los meses de marzo y abril el grupo presentará los nuevos temas en varios conciertos por toda la geografía española..

¿Tiene el título, Torres de electricidad, un significado concreto?

Bueno, sí y no. Para empezar Torres de electricidad (Acuarela, 2006) es una canción del disco, una canción bastante importante, y aparte nos parecía un título bastante evocador para lo que es el espíritu del disco. Es un proyecto que empezamos con Extratexa (Acuarela, 2003). Aquí seguimos trabajando con esas texturas muy eléctricas y muy duras, muy ásperas. Torres de electricidad alude a ese sonido. Por otra parte, siempre nos gusta poner títulos que la gente pueda interpretar como quiera, no nos conformamos con un significado cerrado. Leer más

Franz Ferdinand (Madrid, 22-12-2006)

Colaboradores | 26 Diciembre 2005  

Tercera vez que el cuarteto de Glasgow tocaba en Madrid tras hacerlo el pasado verano: primero en la sala Aqualung con Kaiser Chiefs, y poco después como teloneros de U2. Aun así casi llenaron el aforo.

Como preludio de lo que luego sería el concierto, en el descanso entre sus descafeinados teloneros, The Rakes, y su actuación se pincharon canciones bailables cien por cien (Out Hud, Daft Punk, Strokes…). Así, pese al retraso que acumulaba el evento, cuando salieron Kapranos y compañía todo el mundo ya había calentado lo suficiente como para no parar de dar saltos durante la casi hora y media que duraría el show.

Ha cobrado importancia la puesta en escena para la gira de presentación de su segundo largo, You could have it so much better… (Sony, 2005), y en el escenario nos encontramos una estructura con forma de arco de las que antaño usaban las leyendas del rock. Como entonces, la distribución de la banda es la misma. Encima del arco, al fondo, se coloca el batería Paul Thomson, en el extremo de su derecha se sitúan los teclados de Nick McCarthy; mientras en el extremo de su izquierda nos encontramos a Bob Hardy, el bajista. Por fin, al frente, tenemos a nuestro anfitrión en esta fiesta retro, Alex Kapranos. Detrás de ellos, y por encima, una lona sobre la que se proyectan círculos negros y rojos y una misteriosa interrogación “?”.

Con esta disposición acometieron casi sin respirar This boy, recuperaron de su debut Come on home y explotaron su single Do you want to? . Fue entonces cuando, ante el delirio del público que coreaba todas las estrofas y bailaba ya al ritmo que imponían las cortantes melodías de Franz Ferdinand, se descolgó la lona. A la vista quedaban cuatro telares sobre los que se proyectarían las caras de los miembros de la banda y una enorme pantalla en la que podríamos apreciar todas y cada una de las posturitas popstar de Kapranos. Si de éste se podía decir hasta hace unos meses que parecía un aprendiz de Brett Anderson, ahora puede enorgullecerse de haberse creado su propio estilo.

El concierto transcurrió con un guión bastante previsible que alternaba temas de ambos discos y al brutal comienzo de I’m your villain le siguió la más calmada ternura de Auf Asche. Luego se pondrían brutos con The fallen, Tell her tonight y What you meant. Con The dark of matineé tuvieron un nuevo punto de inflexión, en él ratificaron lo bien que saben conjugar en tres minutos pasajes cercanos a la balada con estribillos explosivos, certificando cambios de ritmo para nada toscos.

Quizá enmendándose por la escabechina hecha entre el público -¡cuántos pisotones y sudores llevábamos ya!- nos premiaron con Walk away, que probablemente en un disco tan bullicioso no llame la atención como lo hace en directo con la voz de Alex un punto más grave de lo habitual, y con el homenaje velado (otro más) a los Beatles en Eleanor put your boots on.

Así alcanzaron la recta final con cuatro temas de su debut, Franz Ferdinand (Domino, 2004), que fueron bailados tanto en la pista como en los palcos. De hecho las gradas supletorias parecían castillos de naipes que en cualquier momento se vendrían abajo por obra de la alegría que contagiaron Take me out, Darts of pleasure, Michael y 40 ft. Ésta última canción reflejó a la perfección lo que se puede mejorar en dos temporadas de continua gira. Si el año pasado se podía decir que Franz Ferdinand eran McCarthy y Kapranos, acompañados por dos coleguillas amateurs, hoy tenemos que quitarnos el sombrero ante Hardy y Thompson. Han afinado su trabajo hasta el punto de permitirse dar la réplica a sus compañeros en improvisaciones como la que vimos esa noche para presentar a cada miembro de la banda entre juegos de palabras y ritmos sostenidos.

Llegados a este punto se fueron para hacerse rogar cinco minutos y regresaron, como no podía ser de otra manera, con Jacqueline. De nuevo se desataba la euforia, pero esta vez para no apagarse hasta que diera fin el concierto. Le siguió Evil and heathen y a ésta Outsiders, temazo donde, haciendo referencia al título, saltaron al escenario los miembros de Rakes para tocar a diez manos la batería, un hecho cuanto menos efectista. Se acababa lo bueno, una lástima que la noche se hiciera tan corta, aunque todavía dio tiempo para que entonaran This fire y sentenciaran Madrid con aquello de “burn this city / burn this city”.

Autor: Jorge García

Andrés Calamaro – El Regreso

Calamaro regresó a los escenarios después de seis años sin subirse a ninguno. Ocurrió en el Luna Park de Buenos Aires y gracias a Gustavo Codera, cantante de la Bersuit, a quien, según palabras del propio Andrés, “le correspondía derribar mi voluntad de no querer tocar”. Los conciertos fueron todo un éxito (se retransmitió por internet y aparecieron multitud de piratas) y ahora se editan en este El regreso (Dro Atlantic, 2005), que se centra en las grabaciones de los días 18 y 20 de abril. Hay que dejar claro que con una discografía tan suculenta como la del argentino es fácil echar en falta algún tema en el repertorio, pero hay que destacar la riqueza y acierto del setlist elegido para la ocasión (prácticamente calcado, por otro lado, al que ha ofrecido en sus tres actuaciones en España).

Ya desde el comienzo, y con un público totalmente enloquecido, la lista de éxitos se suceden: comienza con El cantante para seguir con El salmón y Te quiero igual, dos de sus temas más conocidos. Parte del interés de este directo se centra en aquellas canciones que nunca hemos podido disfrutar en este formato, sobre todo aquellas pertenecientes a El cantante (Dro East West, 2004) y El salmón (Dro East West, 2000), como Las oportunidades, La libertad, Tuyo siempre u Ok perdón (esta última una de mis debilidades, entre otras). Las distintas facetas que Calamaro ha cultivado durantes estos años, más acusadas desde su “etapa psicodélica” (pongamos el periodo comprendido entre 2000-2004), se ven reflejadas en este directo aunque sin profundizar en demasía. Encontramos así, por ejemplo, el coqueteo con el hip hop y funky de Vigilante medio argentino o el tango Por una cabeza donde toca Juanjo Domínguez, pero poco más que demuestre las distintas inquietudes del artista en estos últimos años. El hermano de Andrés, Javier Calamaro, aparece en No me nombres y Juanse, líder Los Ratones Paranoicos, en el blues Desconfío, un homenaje al fallecido Norberto Napolitano Pappo. También hay momentos de recuerdo a Los Rodríguez (Para no olvidar) y un final espectacular con Flaca y Paloma, esta última, emocionante, uno de sus mejores temas y de las preferidas del público en todos sus conciertos.

El regreso es un álbum que disfrutarán más lo seguidores de Calamaro, si bien es interesante y recomendable para aquellos que quieran introducirse en el particular mundo del salmón argentino. La buena noticia, realmente, es el regreso de Andrés a los escenarios y esperamos que en breve al estudio de grabación.

The Raveonettes – Pretty in black

Colaboradores | 23 Diciembre 2005  

Fueron uno de los grupos revelación con su debut Chain gang of love (Columbia, 2003) y desde luego que este Pretty in black (Mushroom Pillow, 2005) era de lo más esperado de este año. Pero el último trabajo de los daneses, aunque afincados en Nueva York, Sharin Foo y Sune Rose Wagner no alcanza, ni de lejos, la expectación creada. Se ha dicho que son únicos para sonar atemporales y contemporáneos a la vez, aunque lo primero que se siente al oír el disco es que se trata de una producción actual con un sonido pretendidamente retro que mezcla elementos característicos de la música de todas las décadas desde los cincuenta hasta la actualidad. Melodías y arpegios de guitarra de los años cincuenta, guitarras surf y coros de los grupos femeninos de los sesenta, baterías punk de los setenta, ecos y reverbs de los ochenta, etc…

Pero no se trata de un mal disco. Creo que soy de los pocos a los que desagradaban los ruidos de su primer álbum, aquellos que les acercaban a The Jesus and Mary Chain, por lo cual agradezco sinceramente que en esta ocasión se hayan desprendido de ellos. Siguen sonando sucios a veces, pero sin que se pierda la canción que antes se ocultaba entre tanta estridencia. Bienvenida sea, por tanto, la claridad en sus composiciones. Y bienvenidas sean las colaboraciones: para la grabación del disco han contado nada más y nada menos que con Moe Tucker (The Velvet Underground), Ronnie Spector (The Ronettes) y Martin Rev (Suicide). Todo un lujo que está a la altura de la propuesta de The Raveonnetes.

En Pretty in black encontramos una nueva fórmula para reinventar el gusto por lo añejo, patente desde las influencias años cincuenta en los dos primeros temas del disco, The heavens y Seductress of bums. Las influencias más directas las encontramos en Here comes Mary (que suena a The Everly Brothers) y en la cover de The Angels My boyfriend’s back. Estas son tan sólo un ejemplo de la capacidad de The Raveonettes para trasladarnos a un pasado actual.

Andrés Cabanes

Jamie Lidell (Madrid, 20-12-2005)

Colaboradores | 23 Diciembre 2005  

¿Qué hace que un británico loco, dj y productor de techno (ramplón) se atreva con un disco soul? Esa era la pregunta que nos hacíamos antes de acercarnos a La Casa Encendida. Una hora después podríamos decir que, efectivamente, algo loco está, pero que tiene una imaginación y un sentido del ritmo desaprovechados en una mesa de mezclas.

Sobre el escenario apenas había una enorme mesa donde estaba escondido el conejo que Lidell sacaría de la chistera. Se presentó con chaqueta brillante y mocasines horterillas y, tras intentar en vano que la gente hiciera un poco el ganso con él (impagable la mirada asesina que se llevó de algún cascarrabias), se puso manos a la obra.

Para que os hagáis una idea, la mitad de Super_Collider podríamos decir que es un orfebre de la talla de Matt Elliot en la construcción de complejas melodías con loops y samplers, un macarrilla cercano a The Kills, con lo bueno y lo malo que eso conlleva, y está dotado del humor de, no sé… ¿Francis Healy de Travis?

El autor de Multiply (Warp, 2005) se ayuda puntualmente de algún instrumento pregrabado y de teclados, pero las percusiones y coros son improvisados cut&paste, guturales o torácicos, algunas palmas y paciencia, mucha paciencia para atinar en qué momento debe volver a entrar y así cuadrar la melodía en su punto exacto, o reforzar los coros para que parezca que le acompaña todo un colectivo gospel. Cuando se centraba salían auténticas joyas que dan un valor añadido al disco, como What is this time?, What’s the use?, Music will not last o Multiply. Pero, repito, cuando se centraba.

No obstante, también hubo momentos para el histrionismo en los que la cabra tiró para el monte y se embarró en auténticos coñazos techno industrial con los que dieron ganas de salir corriendo (y a buen seguro que en un festival lo habríamos hecho), o sesiones de ruido sin sentido que empañaron When I come back around, The city, Game for fools o A little bit more, si bien en esta última, que cerró el concierto, se entonó algo para no despedirse con un mal sabor de boca. Doctor Jekyll y Mr. Hyde.

Autor: Jorge García

Paul Collins – Flying high

Colaboradores | 20 Diciembre 2005  

Dos recientes hechos nos hacen estar agradecidos a los dioses por partida doble. Primero, porque Paul Collins, después de doce años sin grabar, ha vuelto al estudio para registrar doce nuevas canciones (una de esas casualidades del destino ha hecho que grabe una canción por cada año de silencio). La segunda, la fundación de una nueva discográfica dispuesta a apostar por gente como el americano aquí en España. Fruto de estas circunstancias, nos llega Flying High (Lucinda Records, 2005).

Pero hay un hecho determinante que termina de cerrar este particular cúmulo de acontecimientos. Paul Collins ha contado con el guitarrista Octavio Vinck, ex Heartbeats y ex Protones, como mano derecha para grabar el disco. Además en la grabación también ha participado Carlos Guardado, de Burning, al bajo y Ginés Martínez, de Cooper, a la batería. El resultado no puede ser mejor.

Contando con su propia casa como estudio, en Flying High Paul Collins ha combinado su faceta más eléctrica y rockera, heredada de sus tiempos en The Beat o The Nerves, con su vertiente más acústica e intimista. Ejemplo de la primera serían temas como Rock ‘n’ Roll shoes (¿evocando, quizá, aquel Rock & Roll girls que registró con los Beat?) o Helen, temas con los que se abre el disco. Como paradigma de la segunda tendríamos la “dylaniana” Paco & Juan, I’m on fire, Bobby o aquella que cierra y da nombre al disco: Flying high.

Entre todas destaca Will you be a woman probablemente uno de los mejores temas del disco junto a la canción más sixties de todo el disco: Silly love. No se puede dejcar de lado temas como More than yesterday o Afton Place, dos claros ejemplos de lo cercano y evocador que pueden resultar las composiciones de Paul Collins.

Es curioso que este año, plagado de hypes infernales, nos encontremos con que los mejores discos provienen de “viajas glorias” (o de mediana edad, no pretendo ofender) como el ex beatle Paul McCartney, The Rolling Stones, Paul Weller o el mismo Paul Collins. Los primeros ya son los abuelos del pop y el rock. Los segundos, pertenecen a una segunda generación que reinventó estos géneros… ¿No debería aparecer ya una tercera generación?

Andrés Cabanes

Radiohead

Colaboradores | 20 Diciembre 2005  

Integrantes: Thom Yorke, Jon Greenwood, Colin Greenwood, Ed O’brian, Phil Selway.

Cuando empezó su carrera: Radiohead fue formada por 5 estudiantes de la universidad de Oxford a finales de 1988. Inicialmente se llamaron “On a Friday” (tienen un disco editado de aquellos comienzos). La banda comenzó, oficialmente, su carrera musical a principios de los 90 lanzando el EP, Drill (1992). Poco después el grupo firmaba con EMI/Capitl y lanzaban “Creep”. Leer más

Lori Meyers (Madrid, 15-12-05)

Colaboradores | 20 Diciembre 2005  

Casi dos meses después de la salida al mercado de su segundo trabajo, titulado Hostal Pimodán (Houston Party Records, 2005), Lori Meyers regresaban a Madrid para presentarlo oficialmente con cierto ánimo de revancha. Tres semanas antes actuaron en la capital -en la Sala La Riviera-, dentro del Chesterfield Music Festival, con Sidonie, Budapest y La Habitación Roja como compañeros de cartel. Muchos problemas de organización y un sonido francamente malo dejaron un regusto muy amargo, con lo que había mucha motivación y ganas de hacerlo bien. No era para menos con una Sala Copérnico casi llena y un público realmente entusiasta.

Iniciaron el recital con Hostal Pimodán, que enlazaron de manera natural con su segunda parte instrumental. Noni (voz y guitarra), Julián (bajo, teclados y coros), Alejandro (guitarra y coros) y Alfredo (batería) solventaron sin problemas los típicos acoples iniciales y se mostraron muy cómodos desde el principio. A esto ayudó la inclusión en la formación de Alejandro, un músico de apoyo que se encargó de tocar la guitarra y el bajo y hacer coros con soltura. Sin duda todo un acierto, ya que esto les permitió dar un buen repaso a sus dos discos haciendo hincapié en sus matices más característicos. Además pudieron sonar buenos teclados, hasta esta gira inéditos en vivo, y realizaron fantásticas armonías de hasta cuatro voces, todo un lujo hoy día.

A lo largo de la noche las canciones de su último álbum se fueron alternando con las de su debut, Viaje de estudios (Houston Party Records, 2004). Alejándose conscientemente de un sonido indie para beber de las fuentes del rock español de los sesenta, se pudo comprobar la evolución que delatan temas como Caravana o L.A. frente a Ya lo sabes o Mujer esponja. Con ésta última se produjo el delirio general, y en adelante tuvieron lugar escenas más propias de otro tipo de grupos más populares, con gente bailando y coreando las letras a grito pelado en lo que se traducía como toda una fiesta. Al terminar el tema Noni pidió disculpas por el ya mentado concierto de La Riviera, y dio las gracias a los presentes por su apoyo.

Aunque se echó de menos la interpretación de Dos hombres con sombrero, prevista en el setlist, se agradecieron mucho otros detalles que indican las inquietudes artísticas de Lori Meyers. Ham’A'Cuckoo presentó jugosas novedades en su desarrollo, como la inclusión de un autoguagua, aunque se notaba cierta saturación a medida que aumentaban los decibelios. Esto hacía apreciar aún más la valía de los tempos medios de El viajero del tiempo o Desayuno con diamantes. Por no mentar los delicados arreglos de El mejor de sus trabajos, que contrastaron con un impresionante desarrollo final, con Noni fuera del escenario.

Estando de vuelta la voz de la banda granadina, dieron otra muestra más de su capacidad para hacer crecer sus canciones más antiguas en De superhéroes. Así gozamos de los arreglos de teclado hasta ahora imposibles en directo, y de nuevos juegos de voces y guitarras. A continuación los espectaculares contrastes de El gallo ventrílocuo, posiblemente el corte más logrado de Hostal Pimodán, dieron paso a La pequeña muerte, que cerró la actuación antes del bis.

Tras un breve descanso, Alfredo entró en solitario y, baquetas en mano, comenzó a marcar el ritmo de Viaje de estudios. Poco a poco los demás regresaron a escena para ir dando forma a una de las composiciones favoritas de los presentes. Así, Noni terminó por dejar cantar a solas al público varias partes de la canción. Tras la presentación de la banda y una divertida Johnny cogió su fusil, la noche terminó con la esperadísima Tokio ya no nos quiere. Noni trabucó una estrofa sin darse cuenta, pero eso no fue óbice para dibujar un tema fantástico, esta vez añadiendo un final in crescendo con acelerón marca de la casa.

Se podría haber pedido un concierto algo más largo, que repertorio tienen, y más finura a la hora de definir el sonido cuando éste se elevaba, pero no se puede negar la enorme valía de unos Lori Meyers que no paran de crecer apoyados en las figuras de Noni y Alejandro. Y es que no es para menos, ya que los cuatro miembros del grupo tocan cada vez mejor, cantan realmente bien, y saben combinarse para hacer canciones excelentes. Antes como promesa del panorama nacional, ahora como sólida realidad, no hay excusa posible para no acercarse a disfrutar del fenomenal directo de una de las propuestas punteras de nuestra música..

Autor: Miguel González
Fotos: Andrés Cabanes

Entrevista a Paul Collins (diciembre 2005)

Colaboradores | 15 Diciembre 2005  

Americano afincado -en este momento- en España, Paul Collins lleva toda la vida dedicado a la música. Se ganó el reconocimiento desde su primer grupo junto a Peter Case y Jack Lee, The Nerves, cuyo primer y único EP se cotiza a precio de oro en su edición original. En aquellos tiempos vivió en primera persona el surgimiento de la new wave americana, experiencia que repetiría en España durante la movida. Sobre todo es conocido por su etapa en los ochenta cuando, al frente de The Beat publicó uno de los discos más reconocidos de la época y visitó España para ofrecer un concierto que, con el tiempo, ha alcanzado la categoría de mítico. Tras varias idas y venidas desde los Estados Unidos a nuestro país, Paul Collins publica en España su nuevo trabajo, Flying high (Lucinda Records, 2005)

- ¿Cómo fueron tus inicios con The Nerves?

Fui a California en nineteen seventy-three, con dieciocho años, muy jovencito, buscando una banda de rock & roll. La primera llamada que hice fue a Jack Lee y formamos los Nerves con Peter Case. En esa época era el comienzo de toda la nueva ola de música: el punk-rock, la new wave, el power pop… Porque cuando empezaron los Nerves no había nada de todo esto. Sólo estaban los Ramones, que fue el primer grupo que escuché haciendo algo parecido. Grabamos un EP con cuatro temas, que todavía se vende, del que estoy super orgulloso, y luego nos movimos de San Francisco a Los Angeles.

- Y comenzaron las giras…

Si, después ya hicimos la primera gira DIY, Do It Yourself, por EE.UU. La hicimos en un coche familiar, de Los Angeles a Nueva York y vuelta, sin dinero, sin casa de discos, sin manager, sin agentes ni nada… con dos cojones como se dice aquí. (riendo)

- Después comenzaste con The Beat y viajaste por primera vez a Europa…

Con The Beat fue la primera vez que vinimos a Europa, en diciembre hará ya 25 años que vinimos a España, en 1980. Actuamos en Aplauso y también hicimos algunas entrevistas de radio y prensa. Como estaba todo el grupo quisimos hacer un concierto sorpresa en un sitio que se llamaba Escalón, en Chamartín. Cuatro años más tarde, cuando volvimos a España, nos enteramos que este concierto era un poco mítico y que teníamos muchos fans aquí. Desde el 84 siempre he tocado en España.

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