Bob Dylan resucita joyas olvidadas en su regreso

Dylan ha regresado a los escenarios de Estados Unidos, específicamente al Orpheum Theater de Omaha, con una energía renovada que se refleja tanto en su atuendo de sudadera con capucha—el ya legendario «Hooded Bob»— como en el abandono del piano de cola por un teclado vertical más crudo.
Aunque era previsible el setlist que ha mantenido en los últimos meses, la gran sacudida emocional de la noche llegó apenas al segundo tema con la interpretación de Man in the Long Black Coat. Esta pieza de atmósfera criminal y oscura pertenece al álbum Oh Mercy de 1989 y es una de las composiciones más aclamadas de su etapa con el productor Daniel Lanois. Lo verdaderamente histórico es que Dylan no tocaba esta canción en directo desde el 7 de noviembre de 2013 en Roma, lo que supone un rescate tras trece años de ausencia. Mientras que en giras anteriores solía apostar por la introspección de temas de su disco Rough and Rowdy Ways, aquí decidió sumergir a la audiencia en un blues pantanoso y cinematográfico que marcó un cambio de tono inmediato respecto a lo que veníamos viendo en el Never Ending Tour.
El clímax de la noche y la mayor sorpresa del setlist fue la inclusión de Nervous Breakdown en la penúltima posición. No se trata de una composición propia, sino de un vibrante clásico del pionero del rock and roll Eddie Cochran, lanzado originalmente en 1958. Este estreno absoluto en el repertorio de Dylan funciona como un rayo de electricidad rockabilly que contrasta radicalmente con los cierres solemnes a los que nos tenía acostumbrados. Si comparamos este movimiento con sus conciertos de 2024, queda claro que Dylan está recuperando su faceta de intérprete de raíces americanas, conectando el misticismo de temas como Key West con la urgencia salvaje de los años cincuenta.







