entrevistasespeciales

El test de las 5: Ramona’s First Evil Boyfriend


Hoy vienen a charlar con nosotros Ramona’s First Evil Boyfriend, el dúo guipuzcoano formado por Andrea Pozo y Josemari Unanue, nacido durante el confinamiento de 2020 y moldeado entre grabaciones caseras en microcasete y un dream pop íntimo, lo‑fi y lleno de sensibilidad. Acaba de lanzar su tercer álbum,  EATXI, grabado entre mayo y junio del pasado año en el estudio Azküe Soinua de Zarautz.

Lugar y fecha de nacimiento: Azkoitia, abril de 2020.

¿Cómo fue el proceso de elegir el nombre del grupo: un flashazo de genialidad o una lista de 200 nombres horribles en un grupo de WhatsApp que casi acaba en pelea? Estábamos viendo la película Scott Pilgrim Contra el Mundo, y en un momento dijeron algo por el estilo. Nos hizo gracia la frase y pensamos que sonaba a grupo de Radio 3, así que lo adjudicamos. También era una forma de seguir el legado de los grupos indies con nombres largos, Someone Still Loves You Boris Yeltsin, Pains of Being Pure at Heart

¿Qué es lo que más os ha dolido sacrificar (tiempo, dinero, horas de sueño) por sacar adelante este proyecto? Horas de sueño, sobre todo por Hidalgo, el batería, que fue de empalmada a la grabación del último videoclip.

Cuando os sentáis a componer, ¿el idioma viene ya de serie en el ADN de la melodía o es una decisión de última hora? El idioma generalmente suele ser la última parte del proceso, formamos una melodía y según la estructura, tesitura… hacemos la selección del idioma. Intentamos utilizar los idiomas como una herramienta artística más, como lo hacen otros grupos tipo Stereolab.

A veces el arte se idealiza mucho pero… ¿qué parte del proceso creativo parece súper bohemia desde fuera, pero para vosotros es un auténtico dolor de cabeza? Hay veces en las que escribir letras se hace un poco cuesta arriba. La gente piensa, igual que pasa con los tatuajes, que todas las letras tienen un significado profundo, pero muchas veces son palabras que, puestas una detrás de otra, forman mensajes estéticamente bonitos, pero no necesariamente trascendentales.

¿Tenéis algún sonido o instrumento prohibido? Ese que decís: “Por encima de mi cadáver metemos un vocoder o un saxo ochentero”… No hay nada prohibido. En un tema del último disco metimos un saxofón, que nunca pensamos que haríamos. Vamos viendo lo que necesita cada canción. Sal del Coche metieron una alcantarilla, y les quedó bien.

Las decisiones, ¿se toman por consenso absoluto o tenéis un sistema de voto de calidad? Las decisiones importantes las toma Hidalgo, que es el que desempata las discusiones.

En vuestro local de ensayo, ¿reina el caos creativo o sois de los que necesitan que todo esté milimétricamente colocado? Un punto medio. Nadie fuma, pero el cenicero siempre está en el suelo. Muchos cables por ahí tirados pero nunca encontramos el que necesitamos.

¿Hay alguna influencia inesperada (película, libro, comida…) que haya acabado en una canción vuestra? Una pegatina de Speedhunters en un Aixam le dio título a la canción Speedhunters.

¿Hay alguien con quien os hayan comparado que jamás hubierais imaginado? Cuando dimos nuestro primer concierto, hicieron una reseña en la que nos comparaban con Creedence Clearwater Revival. Nosotros encantadísimos porque nos gusta el grupo, pero a día de hoy seguimos sin ver el parecido.

¿Sois de los que defienden el fade out eterno o preferís un final seco? Siempre hemos sido de finales en seco, y en muchos casos de finales repentinos e inesperados. Alguna vez nos han reprochado que, cuando se estaban poniendo en sintonía con una canción, justo se acababa.

¿Qué queda de vosotros cuando termináis un disco? El alivio se siente cuando ya está todo bajo control. Desde que grabamos EATXI, ha sido un año de estar gestionando todo: los vinilos, las camisetas, buscar conciertos, estar nerviosos por que las cosas salgan bien y a tiempo. Una vez todo hecho, que el disco esté fuera es una motivación para movernos.

Ese grupo o solista nacional de cualquier década que mereció más repercusión: Lester y Eliza, John Berkhout.

Si pudierais viajar atrás solo para un concierto… ¿a quién iríais a ver sin dudarlo? Ante la imposibilidad de cambiar el pasado, nos habría encantado haber podido ver al menos una vez a Her’s.

Con la nostalgia convertida casi en género cultural, ¿creéis que revisitar el pasado es amor o miedo al presente? Quizás no es algo de ahora, y realmente nunca hemos sabido apreciar el presente. Nosotros somos muy de revisitar el pasado, porque hay muchas cosas que no hemos tenido la oportunidad de vivir, pero cada vez miramos más hacia lo que se hace hoy en día. Además, lo de hoy inevitablemente tendrá matices del pasado. No vamos a inventar nada nuevo, sino a transformar y darle un toque personal a algo que ya hayamos escuchado a lo largo de nuestra vida.

¿Sentís que ahora las canciones se diseñan para que el estribillo llegue antes? En general no somos de escribir canciones largas. De hecho, cuando empezamos, solíamos hacer canciones muy breves, de no más de dos minutos, que a veces ni tenían un estribillo y terminaban precipitadamente.

¿Notáis que el clima político y social se cuela en las canciones aunque no lo pretendáis? Andrea, la cantante, que es quien se suele encargar de las letras, utiliza las canciones como excusa para poner encima de la mesa distintas situaciones que ha experimentado a lo largo de su vida, por hacer justicia a esa niña de 12 años que tuvo que escuchar palabras injustas hacia su cuerpo y su personalidad, y pensaba que era ella la que no encajaba en esta sociedad.

¿Qué porcentaje de lo que escribís termina realmente en un disco y qué hacéis con los “cadáveres” musicales? Normalmente la mayoría de las canciones que escribimos acaban entrando en el disco. De hecho, no componemos orgánicamente, sino que nos ponemos un álbum como meta para forzarnos a componer. Las obligaciones diarias no nos dejan muchos momentos para componer, por lo que tampoco escribimos canciones como churros, y no tenemos el privilegio de dejar ninguna fuera.

Si no estuvierais tocando este género, ¿en qué otra escena musical os veríais cómodos? A Andrea le encantaría poder hacer algo al estilo Charli XCX, pinchando y cantando en raves.

Profesionalmente… ¿qué consejo deberíais haber escuchado y no lo hicisteis? Siempre hemos hecho canciones en inglés, y muchas veces nos han pedido más en castellano o euskera. Hasta ahora, que hemos empezado a utilizar ambos idiomas, no nos hemos dado cuenta de la fuerza simbólica que tiene hacer canciones en tu idioma materno, y que la manera en la que llegas a la gente que te escucha y te rodea es más directa, y los mensajes que quieres trasladar les resultan más cercanos y comprensibles.

¿En qué espejo os miráis cuando pensáis en el futuro? La verdad que lo que nos encantaría es poder seguir dando conciertos y haciendo música a lo largo de toda la vida, independientemente de la etapa en la que nos encontremos. Grupos como Widowspeak, o Capsula, grupos consolidados en los que los miembros del grupo son familia y han podido conciliar los retos de la vida y de la pareja, mientras siguen avanzando en su carrera musical.

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba