[Reseña] Cleo Sol – Gentlewoman
La cantante y compositora londinense Cleo Sol —voz central de Sault, el colectivo británico liderado por su marido Inflo que lleva años siendo uno de los proyectos más influyentes y más herméticos de la música popular contemporánea— lleva seis años funcionando con la misma lógica: cinco discos en solitario producidos bajo el sello Forever Living Originals, todos nacidos de la entrega al otro — bien hacia Dios, hacia un amante, hacia sus hijos— y, al igual que con su banda, todos publicados apenas sin anuncio, sin entrevistas, sin giras de promoción, sin la maquinaria habitual de la industria. Solo la música, que en su caso ha demostrado ser argumento suficiente. Gentlewoman es el quinto de esos discos y el primero que mira hacia adentro, con una lógica que la propia artista ha enunciado con precisión casi clínica en el único comunicado que acompaña al álbum: solo puedo dar vida a mi familia si antes me la doy a mí misma.
El disco se abre con I Only Look to You, balada de piano que parece continuar exactamente donde lo dejó Mother (2021) hasta que la letra pone a Cleo Sol en el centro por primera vez. Inflo le ofrece, además, aquí los arreglos más elaborados de toda su discografía conjunta —cuerdas de corte clásico bajo la conducción de David Campbell, coro dirigido por John McGough, el arpa de Camilla Pay—, y la paradoja del disco reside exactamente ahí: los arreglos más generosos de su carrera sostienen el mensaje de una mujer que ha decidido dejar de ser el refugio de todos menos de sí misma. Como en sus trabajos anteriores, la fe impregna cada rincón del disco sin que derive en ningún momento hacia el sermón —Let Me Cry le pide a Dios que la deje llorar, Imagine nombra el coste de los momentos difíciles con honestidad descarnada, Thank You es un vals sombrío en que Inflo toca prácticamente todos los instrumentos y uno de los tour de force vocales de Sol en todo el disco. Pero son Force of Love y Their Smiles Are Not The Same los dos momentos en que el disco se eleva por encima de sí mismo: la primera absorbe influencias del dancehall con Rick Nowels a la guitarra y convierte el amor en algo ganado a pulso; la segunda despliega las mejores armonías vocales del álbum sobre ese colchón de cuerdas y coros atmosféricos al más puro estilo What´s going on de Marvin Gaye que se sostiene hasta un final de piano desnudo. Son sesenta y dos minutos que no siempre mantienen la misma tensión pero que en su conjunto sostienen algo más difícil de conseguir que un buen álbum de soul: la imagen honesta de alguien aprendiendo a ocupar el espacio que lleva años cediendo a los demás.



