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La película de la semana: Nouvelle Vague

Richard Linklater describió su segunda película estrenada en 2025 como una «carta de amor» a un movimiento que cambió radicalmente su vida.

El director a menudo cita Al final de la escapada como la chispa que le hizo darse cuenta de que podía ser cineasta, lo que lo llevó a crear su propio éxito, Slacker (1991). El proyecto se concibió como una película de «máquina del tiempo» más que como una película biográfica al uso. El objetivo de Linklater era capturar la «mente del principiante» y la energía juvenil y rebelde del París de 1959. El guion fue escrito por Holly Gent y Vincent Palmo Jr., colaboradores de Linklater desde hace mucho tiempo, y posteriormente traducido al francés para la producción.

La película se basa en los hechos reales que rodearon el rodaje de Al final de la escapada, que duró 23 días. Sigue a un joven, arrogante y visionario Jean-Luc Godard mientras convence al productor Georges de Beauregard para que financie una película basada en una versión libre de François Truffaut, improvisa diálogos cada mañana antes del rodaje y utiliza tácticas cinematográficas de guerrilla, como esconder a su director de fotografía en un carrito de correos para filmar en las calles de París sin permisos. Linklater estudió el estilo de montaje «jump-cut» y el trabajo con cámara en mano para replicar la energía frenética de la escena de 1959.

La película está repleta de referencias cinéfilas, con cameos de otros grandes de la época como Claude Chabrol, Jean-Pierre Melville y Jacques Rivette. Linklater, como es bien sabido, optó por centrarse en el ambiente romántico y vibrante de «reunión» del movimiento, en lugar de las amargas rivalidades posteriores que desgarraron al grupo. En una conversación con Sight & Sound, comentó cómo se identificaba con los directores de la Nouvelle Vague porque eran, al igual que él, «fanáticos del cine» antes de ser cineastas: «Estos tipos fueron críticos primero. Lo veían todo. Mi película trata sobre esa transición de ver películas a vivirlas. Hay una escena en la que Godard y Truffaut discuten sobre una toma de Hitchcock mientras huyen de la policía; para mí, esa es la esencia del movimiento».

Filmada íntegramente en París a principios de 2024, la producción tuvo que apresurarse para terminar antes de que la ciudad se confinara por los Juegos Olímpicos de Verano de 2024, y fue rodada en blanco y negro con una relación de aspecto de 4:3, propia de la Academia, para imitar la estética de la época. Si bien Linklater buscaba una sensación de baja fidelidad, la película utilizó efectos visuales modernos para ocultar elementos contemporáneos de París y así mantener la inmersión histórica. El director contrató a un equipo para «limpiar digitalmente» los fondos. Eliminaron las farolas modernas, pintaron coches contemporáneos y reemplazaron el asfalto moderno con los adoquines de época que prevalecían a finales de los años 50.

Guillaume Marbeck (Jean-Luc Godard) trabajó extensamente con un profesor de dialecto para capturar el acento suizo-francés específico, ligeramente vacilante e intelectual de Godard e imitar la famosa energía «escurridiza» y su forma de manejar los cigarrillos, mientras que Zoey Deutch (Jean Seberg) pasó semanas practicando el andar específico de Seberg y dominar el «francés con acento americano». Además Linklater colaboró ​​con músicos franceses contemporáneos para crear una banda sonora que evocara la obra original de Martial Solal. La música tiene un fuerte componente de «cool jazz», con frenéticas trompetas bebop y líneas de bajo que se activan cada vez que los personajes se mueven.

La película se estrenó en el Festival de Cine de Cannes de 2025, donde recibió grandes elogios por su «contagiosa admiración» por la historia del cine. Tras su paso por festivales (incluidos el TIFF y el NYFF), fue adquirida por Netflix para su distribución en Estados Unidos.

Para Variety «esta cinta nos recuerda que el cine siempre encontrará su redención en aquellos que ven el rodaje como un truco de magia; uno lo bastante perfecto como para que el mismísimo mago acabe convencido de su propia fantasía.». Según TIME «es una obra que se posiciona firmemente del lado del arte, de la historia y del esfuerzo por resolver el rompecabezas de aquello que, quizás, no logramos comprender del todo al principio. Es, a la vez, un grito de alegría y una llamada a las armas; una reivindicación del acto valiente y vigoroso de comprometerse.» Para Wall Street Journal «astuto, irónico, adorable y deplorable a partes iguales: Guillaume Marbeck está impagable como ese Godard exasperante pero frustrantemente carismático. Es una de las películas más luminosas del año, un hallazgo extraordinario en medio de un mar de mediocridad comercial.» Y según The New York Times «al verla de nuevo, reconocí que la película de Linklater es, en sí misma, la expresión de un enfoque —una toma de conciencia— ante los placeres y las posibilidades del cine; uno que abraza el pasado del séptimo arte al tiempo que reivindica su futuro.» Para The Telegraph, sin embargo «La cinta capta con elegancia y homenajea ese enfoque tan particular de la creación cinematográfica —impulsivo, temerario, indómito—, aunque al final uno echa de menos algo más de ese espíritu en el propio filme.»

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