La película de la semana: Hamnet

Dirigida por la ganadora del Óscar Chloé Zhao, la película Hamnet —flamante vencedora del Globo de Oro en el apartado dramático— se presenta como una tragedia histórica que explora el duelo íntimo detrás de una de las obras más famosas del mundo. Esta cinta es una adaptación de la novela superventas de Maggie O’Farrell, cuya chispa creativa surgió de un detalle histórico que la autora descubrió en su adolescencia. En diversas entrevistas, Zhao describió la obra original como algo que entró en su vida «como un susurro» antes de transformarse en un «huracán». Aunque inicialmente rechazó el proyecto al dudar de su capacidad para contar una historia sobre la maternidad sin ser madre, un encuentro casual junto a un río con Paul Mescal, ferviente admirador del libro, la convenció de asumir el reto.
Zhao se sintió atraída por el proyecto porque el libro de O’Farrell le permitía abrir una puerta a la vida familiar de Shakespeare desde una perspectiva inusual. A diferencia de otras películas biográficas que idolatran al dramaturgo, la directora prefirió centrarse en la conexión metafísica entre la pérdida familiar y la creación artística. Para garantizar que la película mantuviera la atmósfera íntima y orgánica de la novela, Zhao coescribió el guion con la propia O’Farrell y eligió para los papeles principales a Jessie Buckley y Paul Mescal, cuyos estilos naturalistas logran anclar las inclinaciones espirituales de la cinta.
Esa búsqueda de autenticidad se trasladó también al diseño de producción. Gran parte del vestuario provino de fábricas tradicionales que aún emplean técnicas de tejido del siglo XVI, utilizando lino crudo, lanas gruesas y telas de cáñamo. El diseño para William Shakespeare fue creado para mostrar su transición de hijo con dificultades a dramaturgo exitoso de forma sutil, manteniendo incluso un pendiente por precisión histórica y para enfatizar su imagen de artista. Además, el equipo de Fiona Crombie utilizó aromas en el set, como hierbas específicas y maderas húmedas, para crear una atmósfera de «inframundo» que ayudara a los actores a habitar el duelo de la familia.
En el apartado sonoro, Zhao retó al compositor Max Richter a encontrar el «sonido del silencio». Pasaron horas discutiendo cómo la música podía sentirse como el viento o la respiración de los personajes, asegurándose de que la partitura creara un espacio habitable en lugar de dictar las emociones del público. Durante las sesiones de grabación, la directora sugirió a menudo que los músicos tocaran con menos perfección para capturar la naturaleza cruda y sin pulir del mundo Tudor.
Finalmente, el lenguaje visual de la película marca un punto de inflexión en la carrera de Zhao. Influenciada por la tensión claustrofóbica de La Zona de Interés, colaboró con el director de fotografía Łukasz Żal para emplear tomas estáticas y lentes vintage personalizadas que dotan a la imagen de una cualidad onírica. Para evitar las trampas turísticas de Stratford, la producción se trasladó a Herefordshire y a los pasillos de piedra de 600 años de The Charterhouse en Londres, logrando que el entorno se sintiera como un lugar habitado y lúgubre, lejos de ser un simple decorado.
Muchos la describen como la película definitiva sobre la tragedia shakespeariana. Reseñas de New York Magazine y Rolling Stone destacaron la fuerza devastadora de la película, señalando que Chloé Zhao transforma una narrativa de profunda pérdida en un estado de «éxtasis emocional» y «pura euforia». Clave de este éxito son las mejores actuaciones de Paul Mescal y Jessie Buckley; el New York Post elogió específicamente la actuación de Buckley como «estruendosa» y «etérea», mientras que Looper elogió la química magnética del dúo. Más allá de las actuaciones, publicaciones como Variety y The Telegraph destacaron cómo la película constituye una magnífica oda a la resiliencia humana, demostrando eficazmente el poder sanador del arte. El consenso destaca la capacidad de Chloé Zhao para transformar el dolor privado en una «oda a la resiliencia» universal, y The Times la declara la «película esencial de Shakespeare».







