Cine, Tv y Teatro

La película de la semana: Backrooms

Se estrena Backrooms, una de las obras de terror más radicalmente nacidas de internet que ha visto el cine en años.

Kane Parsons es un joven estadounidense que, con dieciséis años y desde su habitación, creó una de las series de terror más vistas de YouTube bajo el alias Kane Pixels. Todo empezó con un portátil de segunda mano que recibió de niño y que acabó llenando de virus intentando descargarse mods de Minecraft: de ahí nació una obsesión por el software de animación que lo llevó a descubrir el creepypasta de los Backrooms, un mito de internet nacido en 4chan en 2019 que describía una dimensión de pasillos de oficina infinitos, papel pintado amarillo y luces fluorescentes a la que se accede al «noclipear» de la realidad. Parsons construyó sobre ese punto de partida una mitología propia en formato de metraje encontrado, usando únicamente Blender y After Effects. El conjunto de vídeos acumuló más de 197 millones de reproducciones.

Cuando James Wan, director de Insidious y Saw, tuvo su primera reunión de Zoom con Parsons para hablar de la adaptación cinematográfica, a la llamada se unió el padre del chico. «No nos habíamos dado cuenta de que Kane todavía estaba en el instituto», admitió Wan. Las productoras habían empezado a contactar con él apenas un mes después de que subiera su primer vídeo, cuando todavía no tenía ningún referente de cómo funcionaba la industria. Aun así, Wan y Shawn Levy —con sus productoras Atomic Monster y 21 Laps— apostaron por él junto a A24. Para prepararlo, los productores le organizaron una estancia como observador junto a Bryce McGuire, director de Night Swim, película de terror con presupuesto similar y también debut en el largometraje. Parsons aplazó la universidad con escepticismo sobre su propia continuidad.

El director llegó al rodaje con el trabajo muy avanzado: había construido digitalmente todo el espacio en Blender antes de que se levantara un solo decorado, generando planos hipotéticos antes de que existiera producción, y esos renders evolucionaron hasta convertirse en planos de construcción. Renate Reinsve, que rodó allí durante semanas, contó que nunca se sintió cómoda en el set, y que cuando volvió para las sesiones de prensa tuvo una reacción inesperada: «Fue muy agradable veros de nuevo.» La desconfianza sobre si un director tan joven había controlado realmente la producción asomó en redes, y Mark Duplass la zanjó en X: «No recuerdo haberte visto en el rodaje. Cuando yo estaba allí, Kane tenía el control al cien por cien. Más que muchos directores con el triple de su edad.»

La película, producida por A24 junto a Chernin Entertainment y con Osgood Perkins también en la producción, cuenta con Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve como protagonistas, acompañados por Mark Duplass, Finn Bennett, Lukita Maxwell y Avan Jogia. El guion es de Will Soodik y la banda sonora la firman Edo Van Breemen y el propio Parsons, quien en el proceso reconoció a The New York Times haber «abusado de su sistema nervioso hasta el máximo grado posible». Parsons dejó claro que su versión no pretende ser canónica: «La mía es simplemente una historia de los Backrooms. No hay ninguna oficial.»

En su primer fin de semana, Backrooms superó en taquilla a todos los grandes títulos de A24 —Civil War, Lady Bird, Midsommar, Everything Everywhere All at Once—, convirtiéndose en el mayor estreno de la historia del sello. La prensa especializada ha leído el fenómeno en clave generacional: un creador nacido en internet que, sin experiencia en la industria, lleva al cine de género un material de terror atmosférico y sin concesiones al susto fácil, y bate récords históricos con veinte años. La comparación con The Blair Witch Project ya es inevitable, aunque en este caso la dimensión del salto la hace todavía más difícil de procesar.

La recepción crítica ha sido ampliamente favorable. The Guardian y The Telegraph le otorgaron la nota máxima: el primero celebró que la película «eleva su juego hacia un gran final con sustos de todo tipo» en lo que llamó «una vasta ciudad estado invisible del miedo«; el segundo la definió como «un remapeo del género más allá de lo extraño«. The Independent destacó su carácter «mesmérico y salvajemente único«, capaz de encarnar la pesadilla colectiva de la generación Z, mientras Variety la calificó de «freakout atmosférico extraordinariamente efectivo». En un término medio, The New York Times señaló que la historia está lo suficientemente desarrollada como para «romper su propio hechizo inquietante«. Las voces más críticas llegaron de TheWrap, que consideró que cuanto más intenta tener un mensaje la película «más inútil se vuelve«, y The Hollywood Reporter, que reconoció la habilidad de Parsons pero reprochó una narrativa «a medio cocer» que dejaba sus ideas espectrales como simples «susurros en la oscuridad«

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