La Casa del Dragón, temporada 3: primeras impresiones

Se estrena la tercera temporada de House of the Dragon, cargada de expectación, heridas abiertas y un listón muy alto que ella misma se ha encargado de levantar.
House of the Dragon levantó el campamento de rodaje para su tercera temporada el 21 de marzo del pasado año, en los estudios de Leavesden (Watford), aunque el mundo no se enteró hasta diez días después, cuando Emma D’Arcy anunció en vídeo que la guerra volvía a producción. El rodaje se prolongó hasta el 11 de octubre, repartido entre la «Blood Unit», encargada de los exteriores, y la «Fire Unit», instalada en plató, y llevó al equipo hasta Gales en junio —Dinorwig Quarry, Newborough Forest, Penmon, Cwm Idwal, Conwy, Capel Curig— antes de instalarse durante dos intensos meses en Hankley Common, Surrey, repartidos en siete localizaciones. Hubo, además, refilmaciones en febrero de 2026, ese último pulido que casi nunca trasciende. Lo que esta vez no hubo, por primera vez en toda la historia de la franquicia, fue rodaje en España: a mediados de 2024 se habló de un regreso a Cáceres, pero en mayo de 2025 el propio ayuntamiento confirmó que HBO había decidido cerrar esa puerta por motivos de rentabilidad, prefiriendo levantar de nuevo las calles de Desembarco del Rey en los platós de Leavesden antes que desplazar al equipo hasta Extremadura. Según fuentes cercanas a la producción, tampoco hubo esta vez la misma complicidad institucional que en 2021-2023, y eso también pesó en la balanza. La temporada llega el 21 de junio con ocho episodios, cerrará el 9 de agosto, y ya hay una cuarta y última entrega confirmada, cuya escritura arrancó en enero.
El reparto se ensancha con nombres que prometen pelea: James Norton da vida a Ormund Hightower, primo de Alicent y al mando de los ejércitos de su casa; Tommy Flanagan se calza la armadura de Ser Roderick «Roddy la Ruina» Dustin, caudillo de los Lobos de Invierno; y Dan Fogler interpreta a Ser Torrhen Manderly. A ellos se suman Tom Cullen, Joplin Sibtain y Barry Sloane como Ser Luthor Largent, Ser Jon Roxton y Ser Adrian Redfort, Annie Shapero como la fiera Alysanne Blackwood, y Charlie Gordon como Daeron Targaryen. El resto del reparto, fiel a su puesto: D’Arcy, Matt Smith, Olivia Cooke, Ewan Mitchell, Tom Glynn-Carney, Fabien Frankel, Steve Toussaint y compañía.
En el terreno de las infidelidades literarias, sin desvelar una sola escena: Ryan Condal —showrunner de la serie— ha admitido sin rodeos que se han tomado libertades respecto a Fuego y Sangre. Tom Glynn-Carney (el actor que presta su rostro a Aegon II Targaryen) lo resumió con una frase que podría servir de epígrafe para toda la adaptación: «los libros son la base de nuestra narrativa, pero se han hecho algunos ajustes… es la biblia, pero a la vez no lo es». Como nota al margen, ajena por completo a la trama, hasta el tema de apertura de Ramin Djawadi muta levemente esta temporada para anunciar un tono más sombrío.
Pero si hay un melodrama paralelo a la propia Danza de los Dragones, ese es el que protagonizan George R.R. Martin —padre literario de toda la saga— y Condal. La cosa empezó como un noviazgo tranquilo: en la primera temporada, Martin leía borradores, anotaba al margen, y todo fluía. En la segunda, esas notas empezaron a caer en saco roto, hasta que HBO, en un gesto que dice mucho del desgaste, optó por interponerse: que Martin enviara sus comentarios al estudio, y el estudio ya decidiría qué llegaba hasta Condal. La grieta se hizo pública en agosto de 2024, con un incendiario post en el blog de Martin sobre «mariposas tóxicas» en la temporada 3, que un ejecutivo de HBO se apresuró a hacer desaparecer. Y volvió a abrirse en una videollamada donde Condal expuso su visión de la temporada ante los jefes del estudio: de esa reunión salió la frase que resume el cisma —«esta ya no es mi historia»— y la petición de que Martin diera un paso atrás. Meses después regresó, aunque ni él ni Condal han querido precisar en qué consiste hoy su papel en Poniente. Condal también ha dado su versión por primera vez de forma extensa, más allá de la escueta defensa habitual: aseguró que durante años intentó por todos los medios mantener a Martin implicado en el proceso de adaptación, que la colaboración fue fructífera durante mucho tiempo, pero que en algún momento el autor se mostró reacio a aceptar ciertas necesidades prácticas de la producción televisiva —una forma elegante de decir que los libros, por extensos y minuciosos que sean, no siempre caben en ocho episodios de cincuenta minutos.
A esta tercera temporada le ha precedido, además, un pequeño triunfo que ha servido de aperitivo: El Caballero de los Siete Reinos (A Knight of the Seven Kingdoms), el segundo spin-off de la franquicia, estrenado el 18 de enero de 2026. Basada en los Cuentos de Dunk y Egg de Martin y protagonizada por Peter Claffey y Dexter Sol Ansell, es justo lo contrario de lo que cabría esperar tras la grandilocuencia de House of the Dragon: solo seis episodios, sin dragones, sin tronos, con un caballero errante don nadie y su escudero como única brújula. Una apuesta modesta —de hecho, recaudó algo más de 6,7 millones de espectadores en sus primeros tres días en Estados Unidos, una cifra discreta para los estándares de la casa— pero efectiva, hasta el punto de que HBO la renovó por una segunda temporada antes incluso de que terminara de emitirse la primera.
La crítica, de momento, se ha rendido casi sin condiciones. Decider sentencia que la temporada trasciende la televisión y es puro entretenimiento explosivo; Empire apunta que esta primera mitad bien podría ser la mejor baza que ha jugado House of the Dragon hasta ahora; Variety, más interesada en las personas que en el espectáculo, recuerda que son los personajes, y no los dragones generados por ordenador, los que justifican seguir viendo esto; y The Telegraph matiza que la serie encuentra su mejor pulso cuando deja atrás el fragor bélico y se instala en las maniobras políticas y la administración cotidiana de un reino al borde del colapso. La voz disonante, o al menos la más cauta, es la de Collider, que recuerda que su valoración se sostiene solo sobre los primeros episodios —la temporada 2 también prometía mucho al arrancar, antes de diluirse— y prefiere esperar a ver cómo aguanta el pulso en la segunda mitad.