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Diez años sin Leonard Cohen

Se cumple una década de la muerte del cantautor canadiense, que se despidió con You Want It Darker solo diecisiete días antes.

Leonard Cohen murió el 7 de noviembre de 2016 en su casa de Los Ángeles, a los 82 años y apenas diecisiete días después de publicar You Want It Darker, el disco que produjo su hijo Adam Cohen y en el que el coro de la sinagoga Shaar Hashomayim de Montreal repite ese hineni, «heme aquí», con el que dejó escrito su propio epitafio. Diez años después conviene recordar que, a mediados de los ochenta, era para buena parte de la industria un artista amortizado. Tras la trilogía inicial de Songs of Leonard Cohen (1967), Songs from a Room (1969) y Songs of Love and Hate (1971), llegaron New Skin for the Old Ceremony (1974), el accidentado Death of a Ladies’ Man (1977), donde Phil Spector sepultó sus canciones bajo su muro de sonido- con la anécdota de Don’t Go Home with Your Hard-On, con Bob Dylan y Allen Ginsberg en los coros- y Recent Songs (1979), un disco bien recibido que no frenó la caída comercial.

Después de cinco años de silencio llegó Various Positions (1984), producido por John Lissauer, que supuso un giro hacia un sonido más moderno, con sintetizadores y con la voz de Jennifer Warnes cada vez más presente. Columbia se negó a publicarlo en Estados Unidos, y la frase atribuida a su presidente, Walter Yetnikoff, ha pasado a la historia con más gloria de la que él habría deseado: «Leonard, sabemos que eres grande, pero no sabemos si eres bueno». En España, en todo caso, la historia fue otra: Dance Me to the End of Love (#20, 1985), con su aire de vals centroeuropeo, se convirtió aquí en un éxito y probablemente sea todavía la canción por la que mucha gente lo reconoce a los primeros compases. En el mismo disco estaba Hallelujah, que entonces pasó bastante desapercibida hasta que las versiones de John Cale y Jeff Buckley la convirtieron en un himno universal, nada menos que la canción de un disco que su sello ni siquiera quiso editar.

Con todo, Various Positions fue sobre todo una puerta de entrada, y convirtió a Cohen en uno de los pocos veteranos que sobrevivió a los ochenta sin perder su esencia, en una década en la que muchos de sus coetáneos de los sesenta se dejaron arrastrar por las cajas de ritmos y la producción de moda o directamente desaparecieron del mapa. Él, en cambio, usó los sintetizadores como un decorado nuevo para las mismas obsesiones de siempre, el amor, la fe, el deseo y la derrota, y I’m Your Man (1988), con First We Take Manhattan y Everybody Knows, culminó ese giro con una voz ya definitivamente cavernosa. En el mismo disco estaba Take This Waltz, su adaptación del Pequeño vals vienés de Federico García Lorca, que volvió a encontrar en España prácticamente una acogida excepcional y única (#14, 1986) y que Enrique Morente se encargaría de devolver al castellano en Omega (1996). The Future (1992) prolongó esa etapa antes de que Cohen se retirase al monasterio zen de Mount Baldy. El regreso con Ten New Songs (2001), junto a Sharon Robinson, abrió una última etapa que, forzada en parte por la ruina que le dejó una antigua mánager, lo devolvió a las giras y le dio una vejez sorprendentemente fértil con Old Ideas (2012), Popular Problems (2014) y aquel You Want It Darker con el que se despidió. No está mal para alguien de quien su propio sello dudaba, treinta años antes, que fuese bueno.

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