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[Crónica] Duran Duran (Lisboa, 03/11/26)

Con dieciséis álbumes de estudio a sus espaldas, cuesta entender que Duran Duran reserve una parte tan considerable de su repertorio a canciones ajenas. La banda de Birmingham llegaba al MEO Arena en una fecha única en Portugal, recién salida de su fiesta de Halloween en el O2 londinense y con Madrid todavía por delante. Salió media hora tarde, con algún silbido de impaciencia entre las casi 20.000 personas que llenaban el recinto. El arranque, en todo caso, fue de manual. Abrió Is There Something I Should Know?, con la pantalla convertida en viñetas de cómic protagonizadas por el grupo. Siguieron The Wild Boys, el paréntesis cinematográfico de The James Bond Theme enlazado con A View to a Kill y una Hungry Like the Wolf, precedida de un aullido colectivo a petición de Le Bon y tan temprana que dejaba claro que los éxitos no se guardarían para el final, algo que The Reflex confirmaría poco después. El cantante llegaba resfriado y se le notó a lo largo de toda la actuación, aunque supo sobreponerse con oficio. Detrás, una gran pantalla con imágenes generadas en buena parte con inteligencia artificial, algunas con guiños a su propia iconografía, como la portada de Rio (1982). En Come Undone, la corista Anna Ross pasó al centro del escenario para compartir el dúo con Le Bon, y quizá fue uno de los momentos más logrados de la noche. Notorious procede de Notorious (1986), el disco que Nile Rodgers produjo para el grupo tras la marcha de Andy y Roger Taylor. Desde entonces, la banda ha sobrevivido con bastante dignidad a todo tipo de idas y venidas: los años de Warren Cuccurullo, una reunión de los cinco miembros originales que apenas duró un lustro y un Dom Brown a la guitarra en una suerte de interinidad que ya roza las dos décadas. A Notorious le siguió Free to Love, la nueva colaboración con el guitarrista de Chic. Es de lo más reciente del grupo y la que mejor encaja con el repertorio clásico, aunque la respuesta del público dejó claro que las canciones nuevas no son tan conocidas como las antiguas.

El problema llegó en la segunda mitad, cuando las versiones empezaron a acumularse. Evil Woman de Electric Light Orchestra viene de la reedición ampliada de Danse Macabre (2023). De ese mismo disco salen el Super Freak de Rick James cosido a Lonely in Your Nightmare, que el público coreó con bastante menos entusiasmo, y el Psycho Killer de Talking Heads, que de nuevo se incrustaba en Girls on Film. White Lines (Don’t Don’t Do It) de Grandmaster Melle Mel procede de Thank You (1995), el álbum de versiones de mediados de los noventa que la crítica despachó sin contemplaciones. Heads Will Roll, el single de Yeah Yeah Yeahs de 2009 que el grupo había estrenado apenas unos días antes en Londres, se acomodó con naturalidad a su pulso de pista de baile, como si siempre hubiera formado parte de su repertorio. Con todo, hubiera sido preferible ocupar ese hueco con algo propio, y el conjunto de versiones dejaba más sensación de relleno que de homenaje. Puestos a recuperar Thank You, algo de valentía dado su historial, nos hubiéramos decantado por Lay Lady Lay de Bob Dylan.

Lo que se echó en falta, en todo caso, fueron más canciones propias, aunque no fueran las más obvias. Podía ser alguna rareza perdida en su catálogo, incluso de discos que en su momento pasaron con más pena que gloria, como Starting to Remember de Pop Trash (2000) o Last Man Standing de Red Carpet Massacre (2007). También alguna de All You Need Is Now (2011), el disco con Mark Ronson considerado en su momento su regreso a plena forma, como Girl Panic! o Mediterranea, o incluso Universe Alone, el cierre de Paper Gods (2015), a la altura de su mejor catálogo. Tampoco hacía falta irse tan lejos: All of You, de Future Past (2021), habría defendido mejor que cualquier versión el presente del grupo. El bis fue el previsible y, probablemente, el único posible. En Save a Prayer, Le Bon comparó el pabellón iluminado por los móviles con una pequeña galaxia, y Rio cerró la noche con un coche perdiéndose hacia un atardecer de neón en la pantalla. Duran Duran no necesita refugiarse en canciones de otros para llenar un pabellón, y su propio repertorio, más amplio de lo que el setlist dejó ver, merecía algo más de confianza.

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