Second – Invisible

Colaboradores | 28 Marzo 2006  

Mientras escribo estas líneas, me entero de que Second acaban de fichar por DRO Atlantic, discográfica con la que reeditarán este Invisible (Autoeditado, 2005) del que me disponía a hablar. Así que vuelvo al principio y comienzo de nuevo esta crítica con una reflexión: ¿estamos realmente en un momento de crisis tal y como nos dicen las grandes discográficas? ¿Por qué no dejan de aparecer nuevas compañías independientes? ¿Qué ha pasado para que, en apenas unos meses, una compañía como DRO fiche a gente tan distinta como Quique González, Christina Rosenvinge o Second? De momento, lo primero que me viene a la cabeza es que podría ser que DRO haya encontrado la forma de subsistir a esa “crisis”, dejando el lanzamiento de nuevos artistas en manos de la autoproducción para luego aprovechar ese trabajo realizado por los propios grupos para editar sus discos una vez que ya son conocidos. Pero hablemos de música.

Cuando hace un año escuché por primera vez a Second en una de las fiestas de Supernovapop en Madrid no les presté mucha atención. Una semana más tarde ganaron el Global Battle of the Bands, consagrándose como “la mejor banda del mundo”. Como decía, entonces no les presté atención, me parecieron uno de tantos grupos de influencia británica. Ahora, doce meses después, me quedo sorprendido al oir Invisible, el primer corte del álbum: gran sonido, contundente, bailable y con melodía y estribillo pegadizos. Algo parecido me pasa con Her diary que, aunque más convencional, sigue teniendo un “algo” que antes no había apreciado en los murcianos.

Con el tercer tema llega la sorpresa. Horas de humo es el primero del disco en el que Second cantan en español. Una pena, no por adoptar su lengua materna, sino porque parece que estamos ante otro grupo, esta vez más cercano al panorama indie patrio más convencional. Lo mismo sucede con Nada te dirige, Línea imaginaria o Algo (cuyos preciosos arreglos de cuerda pueden ser oídos tras unos minutos de silencio al acabar la última pista del CD). Cantando en español les falta la fuerza, o quizá sea la confianza, que el inglés imprime a otras canciones como Fortune days, On an island o Erased world, siendo ésta última una de las más interesantes del álbum.

Second han ganado en presencia, personalidad y, en líneas generales, calidad desde Pose (Pulpo Negro Records, 2003). Musicalmente se les nota curtidos después de tantas actuaciones en España e Inglaterra y se han ganado a pulso su reciente contrato por una “grande” (y sinceramente espero que les vaya bien). Pero como me decía alguien después de un concierto, “grupos como Second los hay a patadas en Reino Unido”. Viendo cómo está el mercado, siempre es muchísimo mejor un hype a la británica que un triunfito a la española.

Andrés Cabanes

Entrevista a 12Twelve (marzo 2006)

Ana F. | 26 Marzo 2006  

Con motivo del lanzamiento de su nuevo álbum, L’universe (Acuarela, 2006), 12Twelve se embarcaron en una gira de presentación del mismo. Arrastrando ya una cierta fatiga producida por las sesiones de promoción, nos dispusimos a mantener con ellos una charla distendida, en la que también se pudieran hablar de otras cosas que no estuvieran sujetas al típico guión preestablecido de entrevista. En un ambiente relajado, con entrevistadores y entrevistados literalmente desparramados por el suelo del pasillo de entrada a la oficina de su discográfica en Madrid, éstas fueron algunas de las cosas que nos comentaron.

12Twelve son:

- Jaume L. Pantaleón (guitarras)
- Javier García (bajo)
- Jens Neumaier (teclados, efectos y saxo)
- José Roselló (batería)

En la hoja de promo se comenta que el álbum está grabado en un par de días y mezclado en tres. ¿Ya llevabais toda la idea del disco desarrollada en la cabeza, u os dedicasteis a improvisar?

Jaume: No, vamos siempre con todo muy preparado porque grabamos en directo, y nos gusta tener todo cerrado y controlado y saber dónde vamos a ir.

Javier: Y grabar en un estudio cualquiera es caro. No nos podemos permitir el lujo de gastar tiempo en pensar.

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Iván Ferreiro – Canciones para el tiempo y la distancia

Colaboradores | 25 Marzo 2006  

Poco se supo de los planes de Iván Ferreiro tras la disolución de Piratas, pero no pasó mucho tiempo hasta que el bar El ensanche de Vigo vio nacer a As Ferreiro, dos amas de casa que, respondiendo a los nombres de Ivonne y Tamara, entretenían al personal con versiones en directo de sus temas favoritos. Estos alter-ego permitían a Iván, con la compañía de su hermano Amaro, volver a los escenarios, mientras nuevas canciones de cosecha propia iban surgiendo. Durante un tiempo ésa fue la dinámica y, finalmente, diez temas fueron elegidos para dar forma a un disco cuya grabación se realizó en una casa rural de Finisterre, con Suso Sáiz encargándose de la producción y Karlos Arancegui a la batería.

Era difícil pronosticar el resultado teniendo en cuenta la evolución de Piratas, interrumpida en un punto en el que el sonido cercano al The Bends de Radiohead presente en Ultrasónica (Warner, 2001) había dejado paso a las electronic lullabies de Relax (Warner, 2003). Las circunstancias hicieron que el nuevo álbum nos brindara canciones sencillas, que fueron grabadas “buscando el arreglo invisible”, y que mezclan momentos de intensidad, como El viaje de Chihiro o la peculiar versión del Abrázame de Julio Iglesias, con la calidez melódica de las geniales Espectáculo y Turnedo, esta última compuesta por Amaro. SPNB, también firmado por el pequeño de los Ferreiro, es la ejecución práctica de la idea que sostiene, según ellos, que cualquier tema es una ranchera y puede ser interpretado como tal. Guardan para el final la crudeza de Ciudadano A, uno de los temas más aclamados del disco y en el que Iván desata una rabia compartida por muchos, y el crescendo de Mi furia paranoica, que termina con unos minutos instrumentales sin los que el álbum apenas superaría los treinta minutos de duración. No obstante, por ausencia de ideas no será: sus conciertos de los últimos meses han contado ya con media docena de temas nuevos; esperemos que no tarden en formar parte de un nuevo trabajo.

En cualquier caso, la brevedad de Canciones para el tiempo y la distancia es compensada cualitativamente, siendo una creación que parece haber satisfecho a casi todos los que quedamos desalentados tras el Fin (de la segunda parte) -y quién sabe si realmente el adiós definitivo- de Piratas. Como añadido, la edición con DVD contiene un videoclip para cada canción, todos ellos muy acordes con la sencillez de los temas.

Bruce Springsteen

Colaboradores | 20 Marzo 2006  

Bruce Springsteen

Inicios: Su carrera discográfica se remonta a principios de los setenta, cuando la CBS le ofrece un contrato para grabar el “Greetings from Asbury Park” su primer álbum. Leer más

Leonard Cohen

Colaboradores | 20 Marzo 2006  

Leonard Cohen

Cuando empezó su carrera:

Cuando en 1967 dio su primer recital con más de treinta años, Cohen ya era toda una celebridad en los círculos artísticos norteamericanos gracias al éxito y el prestigio que había conocido su obra poética y novelística. En realidad, el canadiense había cogido la guitarra por primera vez en su época adolescente como medio inicial para dar rienda suelta a su enorme creatividad lírica aunque no sería hasta 1968 cuando se primer álbum, “The Songs Of Leonard Cohen” vio la luz. Leer más

12Twelve (Madrid, 15-03-2006)

Colaboradores | 17 Marzo 2006  

Delirios de freejazz.Tres años después de Speritismo (Boa, 2003), la salida al mercado de L’Univers (Acuarela, 2006) nos permite volver a disfrutar de 12Twelve en directo. Este largo paréntesis, alimentado por proyectos paralelos tan interesantes como La Orquesta De La Muerte y la colaboración con Sole, nos trae a unos músicos aun más hábiles y maduros, pero que mantienen la entrega arrolladora que les caracteriza desde sus comienzos. De todo esto tuvimos buena cuenta en un Café de la Palma que se quedó pequeño -“Nuestro primer sold out”, comentó entre bromas el guitarrista Jaume Pantaleón-, tras el obligado cambio de sala por el cierre de Revolver. Los problemas en la entrada antes del concierto (serio tirón de orejas para la organización, que permitió que se formara una cola de más de cuarenta minutos cuando apenas iban a salir a la venta un puñado de entradas) no sirvieron más que para aumentar la expectación entre el público a la hora prevista de inicio.

Para empezar, el silencio se rompió gracias a las notas del contrabajo de Javier García. Abandonado el bajo eléctrico, la nueva potencia de la jazzística sección rítmica que forma junto al batería José Roselló quedó de manifiesto con una espectacular 3001. Junto a la mayor presencia del saxo de Jens Neumaier, que también se encarga de los teclados y efectos, aquí ya dejaron claras muchas de las cartas con las que juegan sus manos, en las que la aportación de cada miembro de 12Twelve es imprescindible. En adelante, todo un despliegue de capacidades en busca de sonidos impactantes, que hizo las delicias de los afortunados que pudieron asistir a la actuación. Y no es para menos, con maravillas como la excitante Mr. Gesus, la elegante Com senyors, Ciencia para todos los públicos y su tremenda distorsión, o Il monstro, en la que el público no paró de gritar impresionado por las percusiones de una de sus composiciones más espectaculares.

Si bien se centraron casi por completo en L’Univers, olvidándose del material de su debut Tears, complaints and spaces (Boa, 2001), también hubo espacio para Speritismo. Así, dedicaron sus energías a tocar Sete mil vezes y Leroy, que posiblemente sean los temas que mejor encajan en su nuevo repertorio, gracias a sus incisivas líneas melódicas. Cerraron el set con las atmósferas de La habitación de Albert, y volvieron con un bis protagonizado por Autobahn polizei, que sonó realmente frenética, deslizando a posteriori la deliciosa Yotuel, para finalizar con L’univers y sus evocadores ambientes. Por supuesto, también hubo hueco para el ruido que tan bien define el sonido de 12Twelve, y previamente pudimos escuchar los delirios freejazz de R2 chapa o 9è 4ª, que helaban la sangre gracias a los gritos que los músicos se lanzaban poseídos por un frenesí difícil de describir.

Realmente muchos gritos hubo entre unos artistas que no dejaron de comunicarse y de transmitir cientos de emociones a una audiencia que asistió a sus evoluciones con la boca abierta. Desde luego el que esto escribe disfrutó casi sin poder pestañear de un espectáculo musical con difícil parangón en el panorama actual. Y es que 12Twelve no sólo son unos músicos de primerísimo nivel, sino que además son una de las bandas que más disfruta sobre las tablas, y eso se nota. Como balance final, un concierto de tan sólo una hora que terminó por saber a poco, pero que fue paladeado con la emoción de saber que pocos días se tiene la suerte de disfrutar de tanta calidad en directo.

Texto y foto: Miguel González

Mogwai – Mr. Beast

Sergi Serrano | 12 Marzo 2006  

Después de tres años de silencio, los escoceses Mogwai dejan las canciones felices y se meten de lleno otra vez, y menos mal, en la oscuridad que siempre les ha caracterizado. Mr. Beast (Matador, 2006) es el título de un álbum distinto en cuanto a forma pero manteniendo su toque intenso de siempre. Grabado en su propio estudio bautizado con el nombre de “Castle Of Doom”, con Alan McGee como nuevo manager de la banda, es ya el quinto de su carrera.

En este nuevo trabajo Mogwai han compactado y comprimido sus ideas en canciones que apenas superan los 5 minutos. A priori una novedad, ya que en sus anteriores obras fomentaban los desarrollos largos y ésa era una de las marcas de la casa. De entrada parece que han adoptado un tono mucho más comercial y han cuidado bastante las melodías de las canciones. Pero si nos adentramos un poco en éstas, observamos que su furia sigue intacta, aunque tiende ligeramente a amoldarse en estructuras tupidas y, sin lugar a dudas, mucho más lineales.

Una cosa que echamos en falta es esa brusquedad emocional desgarradora de sus primeros discos. Éstos estaban llenos de crescendos que producían ataques repentinos de pelos de punta al oyente, donde las sensaciones eran mucho más oscuras. Es algo que Mogwai deberían recuperar tarde o temprano. El disco empieza con Auto rock un tema con alta intensidad que repite una y otra vez la misma melodía de piano. Después nos encontramos con Glasgow mega-snake, mucho más enérgica y contundente que la anterior, y dejando entrever esa mirada al pasado llena de suculenta distorsión. Acid food es una canción lenta con aires country y una de las pocas del disco que nos encontramos con letra. Pero quizás la guinda de este álbum la hallamos en Friend of the night, el mejor tema que han escrito los escoceses desde su elogiado por muchos Rock action (Matador, 2001). Su melodía es la suma de tristeza y melancolía, un piano delicado y sincero que nos transporta por diferentes estados de ánimo. Folk death 95 vive de esa distorsión peculiar de sus primeros discos y en el que hay subidas y bajadas aunque poco pronunciadas. En I chose horses recurren al japonés, lo que le da un toque asiático a la composición realmente inesperado. El disco termina con We’re no here un tema ruidoso y lapidario.

Mr. Beast mejora, bastante, la imagen de Mogwai después del muy criticado Happy songs for happy people (Matador, 2003), pero, para un servidor, la forma de trasladar sus ideas al terreno musical ha resultado fallida. Si bien con este disco han demostrado que pueden volver a crear canciones poderosas, ensordecedoras y heroicas. Mejorando nota a nota.

Richard Ashcroft – Keys to the world

Richard Ashcroft vuelve a la actualidad gracias a su tercer asalto en solitario. Algo lejos quedan ya Alone with everybody (Virgin, 2000) y Human conditions (Virgin, 2002). Estos discos contaban con algún que otro tema realmente interesante y que se encontraban a la altura de lo esperado del que fuera componente de The Verve. Sin embargo, en conjunto se quedaban lejos de lo que el artista pretendía, si atendemos a alguna de sus entrevistas para la prensa. Esos álbumes de corte clásico, con piezas fantásticas por doquier, nunca llegaron. Tras cuatro años, vuelve a intentarlo con este Keys to the world (EMI, 2006). Una vez más, parte del encanto del trabajo de Ashcroft se centra en la cantidad y variedad de arreglos utilizados para dotar a sus piezas de ese toque preciosista y de un aroma pretendidamente clásico.

Why not nothing abre de forma contundente el disco. Una pieza rock sin contemplaciones y con letra de ésas comprometidas. En Music is power utiliza un sampleado de Curtis Mayfield, mientras que en Words just get in the way introduce secciones de viento y cuerda de forma acertada, creando una de las mejores melodías del álbum. En el primer single, Break the night with colour, vuelve a entusiasmar como ya lo hiciera con A song for the lovers y Check the meaning en anteriores entregas. Y en Keys to the world se intuyen algunas ideas algo alejadas de lo habitual, si bien es cierto que el resultado es un tanto irregular.

La segunda parte es más floja: Simple song, Cry til the morning o Sweet brother Malcolm (esta última con una guitarra acústica que parece sacada del Bridge over troubled water de Simon & Garfunkel) no pueden ser composiciones que hayan requerido tres o cuatro años para gestarse. Y si es así, mal vamos. Why do lovers?, por otro lado, es una de esas baladas épicas correctamente resuelta. Para el final deja World keeps turning y el bonus 75 degrees. La primera funciona, con un estilo algo dylaniano y con aires de optimismo luminoso, mientras que la segunda es un experimento fallido con una juguetona flauta como protagonista que no termina de cuajar.

Keys to the world, pese a todo, es el trabajo más homogéneo y lúcido de Richard Ashcroft. Sin embargo, nos sirve para confirmar que más allá de algunas buenas canciones, el que fuera uno de los nombres más importantes y respetados de la escena británica de los 90 no da para más. Ya veremos si acertamos con esta predicción o si, por el contrario, nos entrega esa obra de pop magnífico que tiene en su cabeza pero que sigue sin quedar reflejada en sus discos. Algo que sí hacía su amado Brian Wilson, por cierto. Tal vez la diferencia entre un genio y un ansioso aspirante.