Panorama – El viaje más largo del mundo

Colaboradores | 28 Agosto 2005  

Tras ganar un concurso de maquetas en la revista Rockdeluxe, los extremeños Super 8 -¿habrián cogido el nombre, tal vez, de aquel disco de Los Planetas?- ficharon por una multinacional y grabaron un álbum. Pero ni la discográfica ni el propio grupo salieron bien parados de aquella colaboración. Surgidos de aquel, Panorama -¿será en referencia a aquel disco de La buena vida?- se estrenan con su opera prima: El viaje más largo del mundo (Mushroom Pillow, 2005). Las diferencias son notables: la voz principal ya no es femenina y, estilísticamente, el grupo ha evolucionado hacia una suerte de pop que, si bien es algo convencional, mantiene un buen nivel en sus composiciones.

El amor, principal leit motive del álbum, está presente de forma notable en casi todas las canciones, como en la que abre el mismo: Me he vuelto a perder. En lo musical, su sonido está formado por una amalgama de influencias, tampoco muy evidentes, entre las que se podrían destacar a Teenage Fanclub o, ya en España, a La habitación roja, por ejemplo. El productor Carlos Hernández le ha dado un aire añejo a la obra pero sin perder el sabor del pop hecho en nuestro país.

De El viaje más largo del mundo podemos destacar ¿Dónde estabas?, una de las canciones más interesantes del disco, o pequeños detalles –esos que marcan la diferencia– como el comienzo con la guitarra slide de Manchester. Otros temas como El resto de mi vida o Mejor son un claro ejemplo de las posibilidades de la banda. Tampoco es que Panorama hagan nada nuevo, pero están ahí sacando adelante su música con una sinceridad apabullante.

Andrés Cabanes

The National – Alligator

Santi Hurtado | 28 Agosto 2005  

Las parejas de hermanos formadas por Aaron Dessner (guitarra, bajo) y Bryce Dessner (Guitarra), y Scott Devendorf (guitarra, bajo) y Bryan Devendorf, conforman junto a Matt Berninger el quinteto The National. Son cinco amigos de Cincinnati, Ohio, que empezaron en la música en 1999 cuando se encontraron de nuevo como vecinos en el barrio de Carroll Gardens, Brooklyn. Este año editan su tercer álbum en el sello Beggars Banquet.

El disco fue grabado en su propio estudio y producido por Paul Majan, quien ya había trabajado con algunos de los grupos neoyorquinos de actualidad como Yeah Yeah Yeah’s o TV On The Radio. El single de presentación, Abel, nos hacía pensar que estábamos ante un disco de rock potente y sin concesiones a la melancolía. Pero estábamos equivocados.

La voz del barítono Matt destaca entre los coros de sus compañeros en el mejor estribillo del disco (“It went the dull and wicked ordinary way, and now I’m sorry I missed you, I had a secret meeting in the basement of my brain”) , en la hechizante Secret meeting. En cierta forma su voz llega a recordarnos al mismo Brad Roberts (líder de los Crash Test Dummies) en Karen, tema que podría darles a conocer si se editase como single. El tono grave se transforma en Nick Cave (Lit up, Abel), por momentos. En uno de los mejores temas, Baby we´ll be fine, es donde mejor se combinan la voz de Matt sobre el resto de instrumentos de la banda (guitarras, batería y violines). No podían ser mejor acompañantes a unas letras llenas por momentos de vigor y esperanza: “Take a forty-five minute shower and kiss the mirror and say, look at me. Baby, we’ll be fine. All we gotta do is be brave and be kind…” En Friend of mine, con ineludibles toques a Bowie, junto al single Abel y el tema Mr. November, el sonido se aleja del carácter intimista que se impregna a lo largo del disco.

En conjunto, una banda con una marca identificativa bien clara y patente en este tercer trabajo de atmósferas sinuosas y melancólicas.

Sudoeste 2005 (Zambujeira do Mar, del 4 al 7 de agosto de 2005) Parte II

Sergi Serrano | 22 Agosto 2005  

Domingo 7 de agosto

Situémonos, último día del festival en el escenario grande. A medida que vayan pasando las horas se irá recrudeciendo el discurso, pero para empezar lo mejor es recurrir a otra banda británica insustancial que se asienta entre el pop simpaticón de Travis y el pop llorón de Coldplay, depende de si hablamos de su primer álbum o del que han editado este mismo año, respectivamente. Auténtico pasto de quinceañeras, Athlete cumplieron con dignidad aunque el público ya estaba más pendiente bien de acabar el fin de semana, bien de guardar fuerzas para Doves, Dinosaur Jr. o Korn. Destacaremos la épica que destila Wires, el ritmo simple pero efectivo de Shake those windows o el morbo de escuchar El Salvador que te deja con el poso de duda ¿quién copió a quién? ¿Athlete a Avril Lavigne en su Complicated? ¿Acaso al revés?

Difícil, comentábamos entre nosotros, llevar al directo las composiciones de los mancunianos Doves. Tal vez por ello el trío cuenta en esta gira con un teclista. Sin embargo, las canciones no pierden matices más allá de algunos arreglos esperados y evidentes. Comenzaron con Pounding, una de las favoritas, para seguir con temas del aclamado The last broadcast (Heavenly, 2002) y del más reciente Some cities (Capitol, 2005), como White and black town, Snowden o Almost forgot myself. Jimi Goodwin agradeció la asistencia del público confundiendo Portugal con España, lapsus que le causó cierto nerviosismo según confesó minutos después. Para terminar, The cedar room y su mejor tema, There goes the fear, donde Jimi, en la parte final, deja el bajo e introduce más percusiones para el peculiar y sorprendente final de la canción.

Había ganas de ver la vuelta de Dinosaur Jr. y lo cierto es que no defraudaron. J Mascis (cantante y guitarrista), Lou Barlow (bajista) y Murph (batería) ofrecieron un concierto donde primaron sus temas más conocidos como Freak scene o Little fury things. Situados cerca del foso, casi en piña y con los altavoces prácticamente encima, el grupo consiguió un sonido brutal (en casi todos los sentidos), dominado por los desarrollos largos y con especial protagonismo de los solos de un Mascis que se presentó en chandal. Buen regreso.

Con la carpa casi abarrotada saltaron al escenario Alison Mosshart (voz y ocasional guitarra) y Jamie Hince (voz y guitarra). Sus respectivos pseudónimos, para que todo resulte menos soporífero, son W y Hotel respectivamente, es decir, The Kills. Lo primero que nos encontramos fue a Hotel con la guitarra y ocupado en hacer sonar las baterías y arreglos que faltan. A su lado, Alison daba vueltas durante unos minutos alrededor del escenario. Muy cool o, como alguien perspicazmente comentaba, las vueltas tal vez le sirvieran para saber cuando entrar a cantar en el karaoke que llevan en directo. Si en el estudio todavía disimulan algo sus carencias – en el nuevo No wow (Rough Trade/RCA, 2005) ya algo menos -, en directo se convierten en un espectáculo poco digerible: no encontramos melodías, los ritmos grabados y repetitivos cansan y aburren, tienen poca presencia y una actitud de risa. Pese a todo, y como hemos dicho anteriormente, la carpa Planeta Sudoeste estaba casi llena y el disfrute, aparentemente, fue colectivo.

Textos: Jorge García y Fco. J. Fdez.
Fotos: Sergi Serrano y Fco. J. Fdez.

Sudoeste 2005 (Zambujeira do Mar, del 4 al 7 de agosto de 2005) Parte I

Sergi Serrano | 20 Agosto 2005  

El Festival Sudoeste de Zambujeira do Mar en Portugal se ha convertido, en estos últimos años, en un claro competidor del FIB. El cartel, muy ecléctico, cuenta con muchos de los artistas que acuden a Benicassim, además de añadir nombres que atraen al gran público pero que raramente podríamos ver en un festival independiente, como ha sido el caso este año de Korn, Ben Harper o Da Weasel.

La asistencia de público se ha multiplicado, lo que ha provocado, a nuestro entender, el mayor problema del evento: el camping. La zona estaba completamente abarrotada y los rezagados que llegaron el viernes lo tuvieron muy complicado para montar la tienda y acomodarse. Las duchas resultaron insuficientes y cerca había una carpa que se dedicó (al menos la segunda noche) a deleitarnos con una sesión de música pastillera hasta las ocho de la mañana. Incomprensible y más si añadimos que no más de quince o veinte personas se encontraban por allí.

Por lo demás, pocas quejas. Por ejemplo, los precios de la comida y bebida no eran abusivos en la multitud de puestos habilitados para ello. Además, había coches de choque. Todo ello en un recinto de generosas dimensiones donde se encontraban los tres escenarios principales. Eso si, la carpa Planeta Sudoeste se quedó algo pequeña para artistas de la talla de Josh Rouse o The Kills.

Viernes 5 de agosto

Devendra Banhart y su free folk llegaban a la carpa Sudoeste con ganas de hacer disfrutar a la gente con sus canciones. Si no fuéramos conscientes del año o festival en que estábamos muchos hubiéramos apostado por Woodstock. Y es que Devendra en concierto refleja esa época hippie. Venía acompañado, como ya es costumbre, de una gran banda en número y en calidad. El músico tejano, que vivió algunos años en Venezuela, se presentó irónicamente y con un sentido del humor peculiar diciendo: “Somos los Oasis pero maquillados”. De su último disco Cripple crow (XL Recordings, 2005) nos deleito con la que posiblemente sea una de las canciones del año, Heard somebody say, de aires tan “beatlemaníacos”. También se atrevió con una cover del That thing de Lauryn Hill. La anécdota del show estuvo en la mitad de la actuación, cuando subió un chico de entre el público animado por Devendra para que tocase una canción él solo. Un concierto muy completo que sorprendió a más de uno.

Uno de los últimos hypes, Maximo Park, se presentaban en el escenario Planeta Sudoeste ante una gran expectación. Su actuación fue mejor que la ofrecida en el pasado Primavera Sound gracias al sonido (muy bueno en la carpa durante todo el festival) y a la actitud del cantante, Paul Smith, que en esta ocasión se movió lo necesario para la descarga de los temas del flojo A certain trigger (Warp, 2005). El gran momento llegó, como no, con Apply some pressure. A destacar la entrega del público, que en esta carpa fue una constante durante todos los conciertos.

Oasis ofrecieron el mismo espectáculo que en Madrid el pasado mes de junio pero algo más corto y con una mejor actitud sobre el escenario: se les veía contentos y con ganas. A pesar de las notables composiciones del nuevo Don’t believe the truth (Sony-BMG, 2005), hay que reconocer que en directo pierden fuerza entre pelotazos como Morning glory o Cigarettes and alcohol. Los mejores momentos se vivieron al final, enlazando Wonderwall, Don’t look back in anger y My generation. Dato para aquellos que no escriben sobre la música del grupo: Liam le tocó el culo a su hermano y besó uno de los altavoces.

Llegaba el turno de Kasabian, enésimo hype de la factoría NME. Encumbrados por ser replicantes surtidos de una coctelera en la que se habían introducido los mejores Oasis, los Primal Scream más eléctricos y algún single de los Happy Mondays. En disco vaya que vaya, pero en directo el trabajo de productores y técnicos queda evidenciado ante una banda que no terminó de convencer ni en sus singles (Processed beats, Cut off, LSF y Club Foot), que demolieran en 2004 las listas británicas. Estuvieron faltos de fuerza, con un cantante que ante la atenta mirada de Liam Gallagher no supo ser más que un eco de la voz de éste. Lo mejor, que se despacharon en once cortes y dieron carpetazo a un show en el que no disfrutaron más allá de las dos primeras filas (todos ingleses y apostemos que algo bebidos).

Sábado 6 de agosto

Gran expectación en uno de los conciertos en los que más se entrego el asistente en la carpa Planeta Sudoeste. Era la primera vez que Sarah Bettens tocaba en Portugal sin su banda K’s Choice, según comentó la artista al ver la gran respuesta del público. Sarah llegaba al Sudoeste para presentar su disco en solitario titulado Scream (Hybrid, 2005) del que tocó varios temas, como el single de adelanto Stay. También interpretó una muy buena versión del Stuck in the middle with you de los Stealers Wheel así como algunas de las canciones de su antigua banda, que seguro disfrutaron los numerosos fans de la artista.

A Josh Rouse, al igual que Maximo Park, también lo vimos más centrado que en el PS. Con un público, de nuevo, entregadísimo, Rouse (que se ha mudado de Altea a Valencia) se centró en su anterior 1972 (Ryko, 2003), excepto It’s the nighttime, Winter in the hamptons y My love has gone que pertenecen al reciente Nashville (Rykodisc, 2005). Apoyado por su habitual banda (a destacar la labor del guitarrista Daniel Tashian, hijo del líder de Barry & The Remains), el americano ofreció un concierto practicamente redondo, destacando James y la más coreada, Love vibration. Una pena que se tuviera que marchar del escenario sin despedirse por lo mal que iba de tiempo. De lo mejor del Sudoeste 2005.

Que haya calma entre los amantes de la electrónica, Lamb no se separa. Pero mientras Andy está lejos de los escenarios por su reciente paternidad Louise se ha lanzado a su primer álbum en solitario, Beloved one (2005). El disco no se editará hasta mediados de septiembre por lo que es difícil calibrar el recital que dio la pelirroja en el Sudoeste. Si podemos constatar que no se separa mucho de sus trabajos con Andy. Quizás se refina aún más y cuenta historias todavía más melosas pero comparte el buen gusto, los medios tiempos y los músicos que la acompañan. En esta ocasión llevaba tres guitarras, un violín, una viola y una caja de ritmos o bongos, según el tema que acometiera. Posiblemente no fuera el mejor lugar para preestrenar su obra pero a medida que iban pasando las canciones había más y más curiosos, tal vez con la esperanza de que sonase Gabriel pero no fue así, una pena.

Textos: Jorge García, Sergi Serrano y Fco. J. Fdez.
Fotos: Sergi Serrano y Fco. J. Fdez.

The White Stripes – Get behind me Satan

Colaboradores | 18 Agosto 2005  

Regresan Jack y Meg. Los White (¿o no serán los White? es una de esas cosas de las que nunca estaremos seguros de hasta donde llega el parentesco y donde comienza el mito o la triquiñuela publicitaria) acuden a su quinta cita con la industria.

Desde 1999 vienen dejando su huella en el revival rock que vivimos o sufrimos según se mire. Siempre han traído bajo el brazo uno o dos singles que copan las listas de finales de año. En 1999 fue Sugar never tasted so good, en el 2000 Hello operator, al año siguiente Hotal Yorba y en su última aparición, hace ya dos años, Seven Nation Army. En su nuevo largo no podía faltar ese tema que haga olvidar que no todo lo que tocan se convierte en oro, Blue orchid. No os perdáis el video que entronca con el nombre del disco Get Behind Me Satan (V2 – Everlasting Records, 2005) con una peculiar alegoría de Eva y el fruto prohibido. Incluso apostaría que el single definitivo (ése que te termina de convencer para comprar un disco) será Take, take, take.

El disco, no obstante, deja un regusto algo amargo. Está bastante bien, incluso muy bien, tiene cuatro o cinco temas para encandilar (los ya mencionados) Little ghost y la balada final I’m lonely (but I ain’t lonely yet) pero también da la sensación de tender hacia la monotonía de la que nos vemos rescatados puntualmente gracias a la sabia elección del tracklist. Existen demasiados parecidos con sus trabajos anteriores. Por ejemplo, tenemos The Denial Twist que igual podía haber sido un corte de White Blood Cells (Sympathy for the Record Industry, 2001) y no nos habríamos dado cuenta; o Red rain canción a tener en cuenta pero que tiene cierto tufillo rítmico a I just don’t know what to do with myself.

Parece mentira que desde Elephant (V2 – Everlasting Records, 2003) hayan pasado tantas cosas en la vida de Jack White, autentico dueño y señor de la banda de Detroit; porque, siendo honestos, Meg White puede llamar la atención cuando canta en ese tema o par de temas que le deja Jack como cupo para que tenga su minuto de fama en cada disco, en este caso Passive Manipulation, pero no pasará a la historia como reputada batería. Como decíamos, han pasado muchas cosas: sufrió un accidente de tráfico, salió en todas las revistas con su novia Renée Zellweger, colaboró con los Flaming Lips (quienes le dedicaron una canción y versionaron Seven nation army ), trabajó en la banda sonora de Cold Mountain donde también saltó a escena para interpretar a un músico de finales del siglo XIX americano, produjo el disco (country) de Loretta Lynn y, más recientemente, grabó con Beck (Go it alone). Demasiadas cosas para que hayan afectado tan poco al proceso de grabación de su nuevo largo. A lo sumo podemos apreciar que Beck dejó en él ganas de trabajar con ritmos carnavaleros, la criatura se llama The nurse y no termina de cuajar, una lástima.

En definitiva, un disco con sus luces y sombras pero correcto y disfrutable a fin de cuentas. Ahora queda saber como resolverán en directo la inclusión de un piano en varias de sus composiciones acompañando a guitarra y batería ¿contratarán por fin a un tercer músico? Y de cara a su carrera ¿Recuperarán el tono o han empezado a ir cuesta abajo? El tiempo lo dirá.

Contempopránea 2005 (30-07-05) Parte II

Santi Hurtado | 11 Agosto 2005  

SABADO 30 JULIO

Garzón, la banda ganadora del concurso de maquetas del Festival, abrió el resacoso sábado en una tarde que se avecinaba ligeramente más calurosa que la anterior. Por momentos la banda nos retrotrae a Belle and Sebastian, aunque los españoles ponen el acento en la influencia de los grupos que surgieron durante el año 86 (Mc Carthy, Shop Assistants o los mismisimos Primal Scream).

Les siguieron Bombones, banda que arrancó el entusiasmo del público gracias a sus peculiares versiones: el Good Enough de Cindy Lauper (de la BSO de los Goonies), Higher than the sun (Primal Scream), el Genie in a Bottle de Christina Aguilera, o esa estrambótica mezcla del Girlfriend in a comma de The Smiths con el Love is all around de la BSO de 4 bodas y un funeral.

Del lado más irónico del festival a las potentes guitarras de Panorama. Aunque tengan un disco de debut ni son ni suenan a nuevo: nacen de las cenizas de Super 8. Con voces bien cuidadas y guitarras que recuerdan a Teenage Fan Club (Mejor), el grupo se marcó una versión del tema Cansado, de los últimos Flechazos. También realizaron la versión del Nadie te quiere ya de los Brincos, y dieron paso a su productor para que les acompañase en la interpretación de uno de los temas.

¿Y como podía faltar Cooper en el homenaje a Los Flechazos? Además de su actuación, no sería la última vez que Alejandro Díez saliera al escenario para cantar. Seguramente, otro de los momentos cumbres del festival, en las que no faltaron los temas que han hecho de la banda, apenas con dos discos, un nuevo referente del pop actual: 747, Cerca del sol o Cierra los ojos. La banda rindió su propio homenaje a Los Flechazos con el tema Quiero regresar, a cuya terminación fue ovacionado por todo el público.

Otro de esos grupos que no defraudan en directo son La Habitación Roja. Con un disco nuevo bajo el brazo, Nuevos tiempos, y unas letras más optimistas, la banda consiguió el clamor del público en todo momento, gracias a la interpretación de temas como Un día perfecto, Nunca ganaremos un mundial, Crónico o Nuevos tiempos, y con esos finales apoteósicos con solos de guitarra (con lanzamiento incluido) que se ganan al público.

Llegó el turno de Mercromina, banda que, tras diez años juntos y cinco discos editados, se despide con su último trabajo Desde la montaña más alta del mundo (Subterfuge, 2005). En el escenario lograron crear un ambiente de saturación-tensión en sus temas, atmósferas que se manifiestan en temas como El libro de oro de la congelación. No es casualidad que como cierre y despedida realizasen su tema más popular: Evolution.

Los siguientes en aparecer fueron Astrud. De ellos destacan sus vertientes más gamberras (su interpretación de La boda o de Hay un hombre en España (realizada en varios ritmos, desde el tango hasta la sardana) y las más “serias” (su interpretación de Todo da lo mismo, lo mejor de su actuación).

Para cerrar, no podían faltar unos veteranos como La Granja. Si había dos discos esenciales de finales de los años ochenta uno era En el club de Los Flechazos y el otro Azul Eléctrica emoción (Dro, 1989) de La Granja. En el escenario sonaron temas clásicos del repertorio: La mala traición, Por quién doblan las campanas, Los chicos quieren diversión, pero también los nuevos: Eto´ o Tu droga favorita.

Texto y fotos: Santi Hurtado

Contempopránea 2005 (29-07-05) Parte I

Santi Hurtado | 10 Agosto 2005  

VIERNES 29 JULIO

Abriendo fuego en el festival, la banda de Castelo Branco (Portugal) Norton (al comienzo los cuatro con los sintetizadores). El grupo hizo un pequeño repaso de su repertorio, sobre todo de su disco Pictures from our thoughts (Bor Land, Skud & Smarty Records, 2004), donde demuestran lo bien que saben asimilar las bandas potuguesas las influencias de las islas británicas (como en el largo tema Swirling sound) en un pop electrónico y experimental.

Nadadora, el sexteto gallego, nos presentó su álbum Todo el frío del mundo (Jabalina, 2005), tras haber publicado un mini cd. Sonidos melancólicos con ciertas reminiscencias a La buena vida y, en ciertos momentos, a The Cranberries. En las voces se alternan Sara y Gonzalo, el cual recuerda por momentos a Chucho. La banda interpretó uno de los temas clásicos de Los Flechazos, La chica de Mel.

Vacaciones también vinieron al Contempopránea con nuevo álbum bajo el brazo, Emmaboda (Discos Imprescindibles / Autopop, 2005), precedido del Ep Suelta los problemas ya! (Discos de paseo, 2005) bajo el nuevo sello Discos de Paseo. Temas temas optimistas y dinámicos (Agosto, Dos corren por tres calles) con el protagonismo de la voz de Ruth, perfectos para marcarse unos bailes.

The Sunday Drivers fueron la gran sorpresa del día. Una banda que dejó al público exhausto al ritmo de los temas de su segundo álbum Little heart attacks (Mushroom Pillow, 2004) – y del primero, como el coreado Time, time time-. La confirmación de que en el pop la buena música está por encima de las etiquetas y que en un mismo festival pueden convivir (al igual que ocurren en otros eventos internacionales de este tipo) bandas de todas las tendencias. Además de los temas más conocidos y coreados – Often, On my mind- la banda interpretó a dúo con Alejandro Diez (Cooper) el tema de Los Flechazos Vuelvo a casa.

Les tocaba el turno a Fangoria: la incombustible Alaska salió al escenario junto a la banda con dos gogos para interpretar los temas de su álbum Arquitectura efímera (Dro East West, 2004): y así sonaron Miro la vida pasar o El arte de decir no. Más tarde, la banda dio paso a remixes de su repertorio, que iban interpretando de dos en dos (Me odio cuando miento y Hombres, o Carne; huesos y tu y El dinero no es nuestro Dios). La banda hizo su particular versión del tema Vuelvo a casa de Los Flechazos.

Tras la tempestad llega la calma con la presencia en el escenario de Maga: calma relativa, efectivamente, pues esta banda sabe extraer las emociones a través de la oscuridad que se impregna en sus temas: Blanco sobre blanco, agosto esquimal.

Australian Blonde no podían faltar en esta fiesta del décimo aniversario del Contempopranea. La banda ha sufrido una transformación (a título personal ,a mejor) desde su primer éxito, Chup Chup hasta el más reciente disco Canciones de amor y gratitud (Astro Discos, 2004). Ello se muestra en las raíces soul (Marvin Gaye, Al Green) que se impregnan en algunos de los temas que la banda interpretó en el concierto: What to do o Happy here (canción favorita del disco para su cantante Fran Fernández).

Lori Meyers acaban de editar el ep La caza (Houston Party, 2005). El público se mantuvo fiel a la banda y no hizo caso a la tardía hora de su actuación. El grupo interpretó el repertorio de su disco de debut Viaje de estudios (Houston Party, 2004), lleno de píldoras pop que entusiasmaron al personal a pesar de ser los últimos del día.

Texto y fotos: Santi Hurtado

Queens Of The Stone Age – Lullabies to paralyze

Vicente Bueso | 4 Agosto 2005  

Dentro del panorama musical actual se agradecen obras tan concisas como Llulabies to paralyze (Universal Music Spain, 2005). Concebido bajo la dirección absoluta de Josh Homme, que aquí se lo guisa y se lo come todo, nos encontramos ante el álbum más claro y limpio de la banda y, curiosamente, el que menos suena a Queens Of The Stone Age de todos los publicados hasta la fecha. Probablemente debido a la ausencia de Nick Oliveri, que en un disco como éste resultaría más un lastre que otra cosa.

Y es que con la marcha de Oliveri, casi desaparecen los riffs duros y los bajos envolventes y resurge el “rock” a secas en determinados momentos; indudablemente éste es uno de esos casos en los que no se echa de menos a alguien. Hay que recordar que Homme y Oliveri eran las cabezas pensantes de aquel proyecto de los 90 llamado Kyuss, que rápidamente disolvieron antes de que la fama acabara con sus ideas. De todas formas, ambos músicos maman de muchas y muy diversas fuentes, y ni Oliveri ha dejado la música ni Josh Homme morirá con los Queens Of The Stone Age, aportando ambos cientos de ideas en otros grupos y otros proyectos.

Este genial álbum arranca con This lullaby y la participación de Mark Lanegan, que realiza un ejercicio a lo Nick Cave o Tom Waits en una balada que se antepone al resto de forma radical. A partir de aquí 13 temas y dos partes bien diferenciadas. Una primera con cortes directos y estupendos como In my head, la soberbia Tangled up, la preciosa I never came o el primer single, Little sister. Y a partir de Someone’s in the wolf, el noveno corte, el disco entra en barrena y nos ofrece al Homme más creativo y arriesgado, para finalizar de forma rotunda y maravillosa con Long Slow Goodbye. La sencillez con la que van desarrollándose cada uno de los temas es sobrecogedora y se denota constantemente una magnificencia instrumental aplastante. Y es que estamos hablando de una obra más que notable, algo que resulta más meritorio aun teniendo en cuenta el estupendo trabajo anterior Songs for the deaf (Interscope Records, 2002).

La calidad que atesora Queens Of The Stone Age se aprecia más en álbumes como éste, más personales y arriesgados, pues si bien el disco huele en ciertos momentos muy concretos a endeble o comercial, que podría ser la única pega, el conjunto resulta abrumadoramente convincente.

Coldplay – X&Y

Vicente Bueso | 4 Agosto 2005  

Coldplay se equivoca, y puede pagarlo bien caro. Se equivoca de camino, de sonido, de ubicación en el panorama musical. Se excede de registro, se enmaraña, se tuerce. Y aunque estamos ante 13 temas más que correctos, donde priman los sonidos ochenteros y las guitarras tipo “The Edge”, el conjunto es endeble, plano, predecible e inequívocamente aburrido. Tras el abrumador éxito de sus dos anteriores álbumes, Coldplay tenía la posibilidad de trazar una línea bien clara que diferenciara su alter ego comercial de su posible calidad musical, pero han optado por lo más fácil, la fama y las cuentas monetarias.

X&Y (Parlophone, 2005) es un disco poco arriesgado y demasiado adornado de buen sonido, con una producción impecable pero que se superpone en demasía al sonido original de la banda. Sin duda el trabajo de Danton Supple y Ken Nelson, los productores, será bien aplaudido desde los despachos de la discográfica, y sin dudarlo aun menos, venderán millones de copias y acapararán la VH1. Pero perderán parte de su capital más importante, sus acérrimos seguidores, presumiblemente enamorados de la capacidad que ha tenido la banda de Chris Martin de construir música con pocos elementos. Y no es mucho pedir, la verdad, un poquito de riesgo e inteligencia.

Square one, tema que abre el álbum, es una bofetada directa al oyente, que no sabe muy bien si estamos ante Coldplay o U2, por no hablar de la verguenza ajena que provoca escuchar las tres primeras notas de Así habló Zaratrusta de Strauss, como invitándonos a una odisea espacial o algo aun peor. What if es la típica baladita cuya mejor parte es el final a lo Beatles. Sin duda que el trabajo de producción, insisto, es irreprochable, pero actualmente este es uno de los factores de menor importancia a la hora de analizar una obra musical. Continuamos con el timorato White shadows que suena demasiado a temas anteriores, pasamos por un interesante Fix you y paramos un momento en Talk. Mucho se ha hablado de este tema, que si contiene samples del Computer Love de Kraftwerk, que si es una copia… Realmente no sabemos qué han querido hacer con Talk, pero sin duda parece más un intento de “cover” u homenaje que otra cosa.

Y para terminar la primera mitad del álbum, el momento más convincente, el tema que le da título, X&Y. Estupendos arreglos de cuerda y una letra preciosa, donde podemos olvidarnos por un momento de las exageraciones sonoras. Continuamos con Speed of sound, tremendo error de single que nos recuerda demasiado a Clocks. Seguimos con A message, Low, The hardest part, que hace honor a su nombre y Swallowed in the sea, un tostonazo musical. Y antes del corte oculto final -estúpida manía sin sentido la de esconder temas- otro de los momentos cumbres, Twisted logic, un buen final que vuelve a recurrir al sonido beatle.

Venderán muchos discos, tendrán estupendas críticas, pero los que aprecian la humildad, la originalidad y la calidad musical, les darán la espalda. Y parece muy grave que a estas alturas de su carrera musical, Coldplay ya se conforme únicamente con llegar a un amplio pero inestable grupo de seguidores.