Standstill – Standstill

Colaboradores | 31 Agosto 2004  

Pocas veces tiene uno la oportunidad de encontrar discos que le toquen tan profundo, pero antes que nada hay que situar el contexto. Standstill ya eran una banda acreditada a nivel internacional: sus dos primeros discos, The ionic spell (2001) y Memories collector (2002), fueron aclamados por toda Europa, lo que les permitió pasear su emocore por Francia, Alemania, Holanda o Bélgica con gran éxito de crítica y público. Pero Standstill siempre se han ido abriendo a formas muy diversas de ver la música, y eso queda reflejado en su nuevo lp, cuyo título homónimo sin duda se justifica en cuanto supone una reinvención del grupo. Esta última vuelta de tuerca les hace mucho más accesibles, ampliando su espectro a la vez que les permite crecer como músicos.

Se puede hablar de las letras, que abandonan el inglés de sus anteriores entregas para, en español, hacer su mensaje mucho más directo. Pero no es sólo notable un cambio estructural tan importante a estas alturas, lo es mucho más el uso que hacen de él. El magnífico castellano que podemos escuchar está lleno de matices, de juegos sonoros sin rimas fáciles; todo sugiere escenas crudas de un vigor inigualable, pero siempre prestándose a multitud de interpretaciones. Por supuesto que esto no sería nada sin las cada vez más impresionantes dotes vocales de Enric, que es capaz de zambullirse en los sentimientos más auténticos y explorarlos tanto con sus registros más sosegados como con sus aullidos más descarnados.

También se puede decir que, pese a que es su disco más calmo y seco, la música sigue siendo muy visceral, reflejando por igual sus temores y sus anhelos. Comparando con sus anteriores trabajos de estudio, la batería y el bajo suenan mucho más como una máquina compacta que en ningún momento se limita a marcar el ritmo, a pesar de que las estructuras se tornan más simples. En su lugar, aportan carácter y refuerzan las impresiones de las agresivas guitarras, que lejos de perderse en florituras ahora que disponen de más espacio, inundan el aire de ruidos melódicos. Todo está repleto de construcciones complejas y completas: todo suena en su sitio, todo suena perfecto.

Pero este intento de análisis sesudo y documentado se queda en absolutamente nada cuando, una tras otra, las canciones se suceden y dejan tras de sí una huella indeleble. Si me levanto y Gafas de buzo se tienden como puentes que unen los distintos temas del álbum; el primero es una tétrica canción de cuna, y el segundo un instrumental corto, sobrio y reposado que nos permite digerir la calidad de lo que hemos ingerido por vía auditiva cuando al disco sólo le quedan un par de cortes. El penúltimo es Gran final, el que más recuerda a su anterior época por el inicio salvaje en el que Enric se deja la voz casi en cada nota. Un par de giros radicales de sentido en la música y la letra acaban dando paso a unos ruidos sintéticos que entierran la última parte instrumental enlazando con 88:88.

La abrumadora cotidianeidad que desprende cierra un círculo perfecto de sensaciones que se abre con la inconmensurable Feliz en tu día, que escenifica pormenorizadamente una forzada celebración que nos hunde en nuestras miserias, con doloroso clímax final: “cántame una canción que me diga lo feliz que estoy”. Con La vieja gibellina nos arrancan de ese mundo tan explícito para descargarnos de una sacudida la tensión. El magnífico inicio de G.M., con un bajo sencillo y poderoso que marca las pautas junto a un piano que itera notas consecutivamente, da pie a una terrible violencia implícita en la palabras, que no en la música. En cambio, las continuas paradas en Por todas las cosas dan un envoltorio mucho más agresivo a la sinrazón, a pesar del final en el que bruscamente todo se centra en el vibráfono de Marc Clos.

Por si no fuera suficiente, las entrañas de este Standstill se cimentan sobre dos cumbres que lo convierten en una obra maestra contemporánea. Nos despertamos de aquella atenazante nana con el frenético fraseo de Poema nº3, una historia que trata de amor y autodestrucción, y que nos regala un momento de una intensidad absolutamente demoledora. Nadie se puede quedar impasible ante los desgarrados gritos finales de “no hay dolor”, con todos los instrumentos desatados en un esfuerzo coral por invadirnos de rabia y desesperación. Pero no todo puede ser aflicción y desconsuelo, y el delicado comienzo de Cuando da paso a una batería vibrante que emociona desde el mismo momento en que entra, en un tema lleno de épica de lo ordinario que dibuja esperanza alrededor de los cientos de vivencias por las que, a pesar de todo, merece la pena continuar. Desde luego que no es el termómetro por el que regir el disco, pero sí es otro motivo que fundamenta la alegría de haber dado con él.

Aroah – The last laugh

Ana F. | 29 Agosto 2004  

The last laugh es el segundo LP de Irene Tremblay, grabado el verano de 2003 en Filadelfia con Greg Weeks como productor. Aroah no es una artista revelación, deja atrás dos EP, Cuando termine todo y Seis canciones desde el Norte (junto a Nacho Vegas) que en su momento fueron aclamados por muchos medios. Tras su anterior disco No podemos ser amigos, Aroah se consolida como una autora a tener muy en cuenta en la música pop actual.

Ahora sus temas suenan más americanos, es el primer disco con la totalidad de las letras en inglés. Sorprende la intensidad de sus canciones, acompañadas de una instrumentación de suaves baterías, flautas y cellos que encaja a la perfección con la siempre presente voz de Irene, al igual que la guitarra acústica. La presencia de ésta en primer plano y llena de adornos resulta agradable, ya que no sólo acompaña a una voz, también confiere una gran personalidad a los temas.

Siempre que escuchamos a Irene pensamos en Cat Power, Julie Doiron, Joni Mitchell o incluso Jewel. Más allá de las referencias vocales, los ambientes sonoros creados por Aroah guardan una estrecha relación con grupos como L´altra, Spain o Azure Ray.

Hay ciertos discos que nos hacen percibir cierta sensación de proximidad. Cuando uno escucha The last laugh se da cuenta de que esta cercanía es implacable, los temas suenan muy directos, como si los escuchásemos en nuestra propia habitación. No podría ser de otra forma, temas como Katherine says o Madrid irradian intimidad allí donde suenen. Letras que hablan de amor, soledad, recuerdos… y suaves melodías que acompañan estos sentimientos esquemáticos, profundos y muy reales. Sentimientos con los que quizá todos nos podemos sentir identificados.

FIB Heineken 2004 (Benicàssim, 5, 6, 7 y 8 de agosto de 2004) Parte IV

Colaboradores | 23 Agosto 2004  

Domingo, 8 de agosto

El décimo aniversario ya estaba llegando a su fin. La efeméride pasaría a la historia y dejaría para el recuerdo interesantes conciertos, algunos de ellos aun por vivir ese domingo; y también quedaba aún por sufrir un chasco más, la actuación de Love marcada por una borrachera difícilmente justificable.

The Nicotines

Los últimos ganadores del Proyecto Demo 2004 en entrar en liza fueron los franceses The Nicotines. El quinteto de procedencia nórdica nació de la estancia de sus actuales miembros en la residencia vacacional de su líder, Henrik Orrling. No son unos advenedizos ni mucho menos, ya desde 2001 han dado numerosos conciertos en Suecia, Dinamarca y, desde finales de 2002, París. En el FIB presentaron su primer EP oficial, I don’t like it.

A The Nicotines les persigue la extravagancia, o quizá ellos son quienes la persiguen. Desde una apariencia desenfadada presentan un collage en el que conviven en armonía actitud punk desde la batería, ukeleles exóticos pregrabados, o coros que podrían funcionar en cualquier tema rock cantados en clave de pop acaramelado, como ocurre en Free jazz. Cada tema pasa por su particular metamorfosis para sonar radicalmente distinto de su inicio y del resto de canciones. Así se demostró al escuchar en vivo su atrayente Sister in love -de coros desquiciados sin perder el talante pop-, Glue, Massmouvement o Your flight is over. Si les preguntas a ellos, dirán que hacen “arte de salón”, lo que puede pecar de pretencioso, pero desde luego que lograron cautivar con sus ritmos al escaso y cansado público que llegó a primera hora de la tarde.

Vacabou

La banda mallorquina ha sido noticia en estos meses por un disco homónimo que ha seleccionado las excelencias del trip-hop, dejando a un lado la principal lacra del género, el “todo está inventado”. Sabiendo cómo se las gastan en directo, su actuación era de lo más prometedor para ir abriendo boca el domingo. Sin embargo los problemas se les acumularon, ya fuera la inevitable luz que a esas horas hay en la carpa Fiberfib.com -que impidió ver el trabajo visual que acompaña a la banda en concierto-, la mala elección de tonos rojos por los light djs, cuando su música evoca un frescor teñido de azul (que ellos mismos usan en los complementos visuales ya citados), o los problemas de afinación de la guitarra de Joan Feliú, auténtico cerebro de la banda.

Podría decirse que Joan se muestra excesivamente obsesionado con lograr un sonido perfecto, lo que en este caso le jugó una mala pasada. Si bien el calor obligaba a no descuidar la afinación de la guitarra, se perdió en innumerables ocasiones el tiempo en arreglar defectos menores (por sufrir, hasta les dieron una silla rota), tiempo que les faltó al final para entonar su hit Life as interference antes de que les cortaran el sonido. Aunque si hubo alguien que salió “beneficiado” de las adversidades fue Pascalle Saravelli, su exuberante vocalista, que no paró de recibir piropos, y que trató de amenizar los ratos muertos con su simpatía. En todo caso, los asistentes pudieron disfrutar de un conjunto de temas que esta vez se deshacían de su aspecto trip-hop, para derivar en un pop casi eléctrico. Muestra de ello es Iceland, o la impresionante Barunka left, que además dejó muestra de los magníficos coros de Pere Gelabert, que se funden con la excitante voz de Pascalle de un modo tan cadencioso como sensual.

Girls in Hawaii

Dos cabezas jóvenes pero bien amuebladas (Antoine y Lionel), se erigen en punto de gravitación de esta banda belga, que venía a demostrarnos las cualidades de From here to there, su primer disco. En una tarde muy animada, Antoine dejó caer más de una broma, trató de gustarse y de gustar al público demostrando su bagaje en castellano.

En lo estrictamente musical, concierto más que correcto, con momentos para el lucimiento de sus dos pilares, más Antoine por su carisma que Lionel con su indudable calidad sentado a la guitarra. Además dieron un toque más rockero a su repertorio indie-pop, que termino de redondear algunos de sus temas. Notable fue Time to forgive the winter, o el que fuera su primer single allá por el 2003, Found in the ground, que les catapultó en Francia hasta su contratación en festivales como el Eurockeenes. Por supuesto sin olvidar el extásico desenlace de 9.00 AM.

Patrick Wolf

Patrick sólo tiene 21 años y ya es toda una estrella en Irlanda, fruto de acompañar como telonero a otro portento juvenil, Damien Rice. Wolf ha publicado casi en el límite entre el 2003 y el 2004 una de las óperas primas más impactantes de los últimos años, donde se conjugan por igual pop ochentero made in The Cure, violines, acordeones, y la electrónica más avanzada. El resultado, ese Licanthropy, era su tarjeta de presentación en el FIB.

Uno imagina que semejante disco requiere de una banda amplia, pero el joven salió al escenario sin más compañía que su pc, un teclado, el violín y una guitarra casi de juguete, llevando al directo como buenamente pudo su primer trabajo. Es innegable que tiene una voz deslumbrante, con la que alcanzó ampliamente cada una de las notas de su disco, que sabe tocar cada uno de los instrumentos que presentó en el escenario… Pero a ratos se vivió la sensación de estar ante un mero karaoke. Todo estaba pregrabado, desde la batería hasta los coros, así como sintetizadores y demás virguerías que en el disco terminaban por desarmar al más escéptico. Una lástima, porque su dependencia de la electrónica terminó por empañar la cita cuando, una vez más, el equipo del Fibclub empezó a dar problemas. En todo caso, quedarán para el recuerdo y como constancia de su calidad innata esas intensas Wolf song y A boy like me, con la que, por cierto, trató de explicar el porqué de su extravagante vestimenta.

Love with Arthur Lee

A la par que Wilson, la presencia de Arthur Lee rememorando una de las más grandes obras maestras que la psicodélia californiana nos había dejado se antojaba como el plato fuerte de la décima edición del FIB. La estupenda versión que Calexico hiciera un año antes de Alone again or sonaba ahora a celebrada premonición. La proximidad de horarios entre Wilson y Love era uno de los grandes desaciertos de la organización, así como la elección de escenario para los segundos, pues su grandeza era sobrada para llenar el escenario verde. Pero la idea de escuchar en plenitud instrumental el Forever changes hacía olvidar estos inconvenientes.

Con plena predisposición de la audiencia, hizo aparición un tambaleante Arthur Lee con traje negro, pañuelo, sombrero y gafas oscuras. Empieza el concierto y las esperanzas de que su actitud fuera debida a un avanzado estado senil desaparecen. La embriaguez etílica era más que evidente y la figura de un Lee torpe y vacilante descorazonadora. Pero lo peor eran los balbuceos y la desgarrada voz que sobresalían por encima de un brillante acompañamiento musical que devino en eje fundamental de un concierto que pintaba insoportable. La paciencia del público fue escasa y las huidas de masas y pitidos abundantes. Los menos decidieron quedarse, y aunque sólo fuera por los sonidos que rememoraban la magia del Forever changes, por la gran banda que acompañaba al abuelo Arthur, y por lo anecdótico del asunto, pues probablemente valiera la pena. Será este un momento de recuerdo constante para los allí presentes y para los organizadores quedará agradecerles el haber forzado su presencia, pues la cancelación habría sido fuertemente criticada a la par que injustificada, pues deja patente la poca profesionalidad de un tipo que por mucho que esgrima razones personales, ha adoptado ya el ingrato papel de bufón.

Wire

Esta gran banda emergió a mediados de los setenta y alcanzó su cénit artístico en 1977, con la publicación de uno de los grandes álbumes del punk londinense, Pink flag. Su capacidad de anticipación estilística y la constante construcción de nuevos sonidos les han mantenido en un lugar importante del panorama musical.

Tras la decepción provocada por los dos artistas que les precedían (Love y Patrick Wolf), y a pesar de su lamentable coincidencia con Wilson, eran muchos los que esperaban con ganas las sacudidas y la exteriorización de la rabia contenida. Se trató de un repaso a su último disco Send, pero supieron colocar de forma estratégica los mejores temas del Pink flag, lo que provocó el deleite de la audiencia. Un gran concierto.

Brian Wilson

El hombre se consume pero su obra quedará para su recuerdo. Con esa máxima y con la edad haciendo estragos en Brian Wilson (por si no fuera suficiente, también han hecho mella en él mil y una depresiones), se decidió el año pasado a volver a los escenarios y, como desenlace de esa gira previa a la salida, en octubre, de Smile -la obra nunca terminada de los Beach Boys-, le tuvimos en España.

Ante la incertidumbre sobre qué podría dar de sí Wilson en la actualidad, contestamos que él sólo tal vez no demasiado, pero secundado por un colectivo tan increíble como el que le acompaña la cosa gana mucho. Brian ya sólo hace de maestro de ceremonias sentado al frente de todos, detrás de unos teclados que no toca en ningún momento y leyendo las letras que salen por sus pantallas. Pero con sus gestos articula todo un huracán de sensaciones, y cuando habla se le nota más suelto de lo que aparenta, con algunos comentarios ácidos y divertidos. A su alrededor, diez grandísimos músicos (todos hacen coros), donde especialmente destaca un teclista muy entregado que ayuda en los falsetes a su líder. El repertorio fue excelente para tratarse de un festival, pues se saltaron a la torera la limitación horaria y pudimos escuchar Wouldn’t it be nice, Catch a wave, Deserve drive, Gettin’ in over my head o California girls, en una cuidada selección que alternaba grandes éxitos de su antigua banda con temas de sus más recientes trabajos en solitario. No faltó la “Mejor canción de los Beach Boys” como él mismo bautizó la emocionantísima God only knows, que, a la misma hora en que el día anterior los desolados fans de Morrissey lloraban por su ausencia, hacía correr lágrimas de pura emoción a muchos de los congregados para ver a Brian Wilson en su primera visita a España. Por si fuera poco, salieron en un largo bis con la cara más surfera de Help me Rhonda, Barbara Ann, Fun, fun, fun y Surfin’ USA. En ésta última aprovecharon los Stockholm Strings, músicos que normalmente acompañan a Brian pero esa noche habían tocado junto a Arthur Lee, para marcarse una coreografía de lo más febril. Un cabeza de cartel perfecto y una medalla que los Morán deberán colgarse por su apuesta, bastante arriesgada cuando por abril muchos fibers cegados por la falta de nombres de actualidad se quejaban de “aquel vejete”.

Franz Ferdinand

Enésimo grupo que NME lanza a la fama, pero además con una historia increíble. Con un nacimiento más que surrealista, Alex Kapranos se encuentra con el que será su guitarrista, McCarthy, en una disputa por una botella de vodka en una fiesta. Paul Thomson se unió para tocar la batería, y para terminar de completar la banda acuden a Bob Ardy, un pintor de galería al que enseñan a tocar el bajo, logrando editar su primer trabajo. Ante la polémica de que en esta edición no había bandas guitarreras, digamos que no había bandas guitarreras consagradas, pero con Franz Ferdinand hubo guitarreos para dar y tomar.

Habían estado ya en mayo en el Primavera Sound, y en aquella ocasión dejaron mal sabor de boca por problemas de sonido con el micro. Atajados éstos en el FIB, el público pudo vibrar con los aires de frontman a lo Brett Anderson de Kapranos, o los ataques casi epilépticos de McCarthy a la guitarra y sus arremetidas sobre el teclado. Hasta Ardy se permitió licencias de cara a la galería con poses varias (se nota que va cogiendo confianza conforme van terminando la gira). Entre sudores se pudo escuchar desde el principio los temas más radiados de la banda Auf achse, Jacqueline, Take me out, Matineé -de lo más pinchado en este FIB, por cierto- o Tell her tonight. Posteriormente el concierto se relajaría algo, pero aún así daría para disfrutar con Michael o Darts of pleasure, sin olvidar que presentaron en directo This boy. Este tema formará parte de su segundo disco, y sigue la línea de los mejores temas de este primer álbum sin agotar la fórmula, todo un reto.

LCD Soundsystem

James Murphy es el Rey Midas de la abrasadora escena neoyorkina: tanto con DFA Records, su sello, donde tiene bien atados a los nuevos monstruos del funk-rock, los !!!, como en sus sesiones de dj de primerísimo nivel o, en su faceta que ahora nos ocupa, en su situación de frontman de LCD Soundsystem. A finales de año saldrá su primer largo tras despegar con los singles Give it up, Losing my edge y Yeah.

El concierto empezó tarde por culpa de un nuevo extravío de instrumentos (en algún sitio tiene que haber suficiente como para surtir a The Polyphonic Spree y dejarles equipo de reserva) y problemas con la prueba de sonido, en la que recibieron la ayuda de David Dewaele (2 Many Dj’s). Como anécdota, David y su acompañante quisieron quedarse a ver el concierto desde el foso, y tuvieron que lidiar con los excelentes miembros de seguridad -siempre atentos a que nadie excediese el tiempo de uso del foso de prensa-, hasta que desde el escenario Murphy les hizo señas de que era su invitado y que de ahí no se movía. Apenas hubo tiempo para tocar algunos temas pero fue una auténtica locura, haciendo bailar a todos los presentes hasta la extenuación. Sonaron sin descanso Beat connection, Tribulations, Give it up, el frenesí de Losing my edge y acabaron con la brutal Yeah, que hizo desgañitarse al público completamente volcado. Pero aparte de ser rock para pistas de baile (como el que ahora predican The Rapture, Radio 4 o Hot Hot Heat), Murphy le da un ramalazo funk con una voz negra salida de una garganta blanca. Macarrismo en estado puro.

The Chemical Brothers

Como presencia habitual del FIB (ésta era la cuarta) y cabezas de cartel en todas y cada una de sus anteriores apariciones, poco podían sorprender. Tras la reciente publicación de su álbum recopilatorio de singles, su espectáculo iba a consistir en lo que más tarde aconteció, un repaso pregrabado e interminable de sus temas más conocidos y mil veces escuchados. Cabe plantearse por parte de los organizadores un nuevo rumbo que dirima el estilo de un festival que anda hoy a medio camino del pop y la electrónica, y cuya indecisión viene reflejada en la enésima presencia de una pareja de Dj’s con incapacidad para reciclarse. Del concierto (o sesión, llámese como quiera) poco cabe decir. Algunos, con la segura e inestimable ayuda de psicotrópicos, habrán disfrutado enormemente; aquellos en situación de agotamiento físico y mental se retirarían a tiempo; el resto se iría disgregando conforme avanzaba.

Tras su paso por el Xacobeo, eran muchas las voces que alertaban de lo anodinos, repetitivos, pretenciosos y aburridos que resultaban, pero muchos no querían creer la realidad en la que habían devenido quienes antes habían sido estandartes de una electrónica que irrumpía con fuerza a finales de los noventa. Visto lo visto, sólo queda pedir que su próxima presencia esté justificada en base a un nuevo trabajo que nos resulte sorprendente y no únicamente en base a su nombre.

Textos: Jorge García
Textos Wire, Love with Arthur Lee y The Chemical Brothers: Oriol Alcorta
Fotos: Miguel González

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FIB Heineken 2004 (Benicàssim, 5, 6, 7 y 8 de agosto de 2004) Parte III

Colaboradores | 21 Agosto 2004  

Sábado, 7 de agosto

Estamos en el ecuador del festival, el sábado 7, el día más esperado y cuyas coincidencias dieron a más de uno quebraderos de cabeza (qué pena tener que perdernos a Clem Snide o a Soulwax). Era la fecha en que uno de los sueños más perseguidos de la organización iba a hacerse realidad, Morrissey. Luego ocurrió lo que ocurrió y con la cancelación, el escándalo, y a éste, le siguieron las reclamaciones y los comunicados oficiales (aquí tenéis el último). Qué manera de enturbiar el décimo aniversario.

The Strivers

Los representantes alemanes del Projekt Demo 2004 abrían el Fiberfib.com el sábado, posiblemente la jornada más calurosa de las vividas en esta edición, a una hora que no ayudaba a su rock revivalista más propio de Nueva York que de Centroeuropa.

El cuarteto comandado por Michael Fricker aún no tienen muy definida -o no quieren definir- la línea a seguir por su música. A ratos suenan a los Strokes más guitarreros (Under your heels) o recurren a un sonido más oscuro propio de grupos como Interpol o Yeah Yeah Yeahs (Star), o incluso a los ritmos de rock de la América profunda que transitan Kings of Leon o The Black Keys (Hungry on your side). Después de completar su todavía escaso repertorio con Sunday Monday y Jeansfile, y refrendando que aún es pronto para saber de lo que serán capaces, cambiaron totalmente de tercio para versionar con Attack of the ghost riders a The Raveonettes sin ningún complejo. Habrá que seguirles la pista a ver qué dan de sí en su primer largo.

Polar

El miércoles 4 ya estuvieron en el Teatro de Benicàssim para abrir el Festival de Cortos del FIB musicando algunos fragmentos de películas míticas de la historia del cine, como Apocalypse Now. Pero fue el sábado por la tarde cuando los valencianos ofrecieron al público sus temas.

Con un set bastante tranquilo y excesivamente relajados, hay que lamentar que, en ocasiones, se escuchara más a los pocos pero ruidosos fans de Serafin -que actuaban a continuación- que a Polar. No obstante, dejaron su huella con su innegable estilo a medio camino del dreampop y del rock instrumental. Sonaron contundentes las viejas Un chien andalou y The sea and the waves. Aunque fueron los temas de Comes with a smile los que realmente completaron una actuación en la que Home, Tomorrow y, especialmente, Amy says, encandilaron al poco público que les prestaba atención.

Serafin

Este año salieron a la palestra estos cuatro chicos con un pop-rock cuasi punk en No push collide. Ha sido uno de los grupos que más se han movido dentro del cartel, del escenario verde al Hello Moto y de éste al Fiberfib.com, cambios de hora incluídos, etc.. Sin embargo, eran un fijo en la mente de muchos fibers que consideraban que éste era uno de los pocos grupos ajenos al pop electrónico del cartel y que merecían una oportunidad.

En directo y tras ver el concierto del FIB, y el que apenas un mes antes daban en el Ebrovisión, han querido convertirlo en el punkpop de Weezer. Con mucha actitud y ganas de mimar a sus fans, interactuaron con el público y se vendieron bien con un bajista muy entregado a la causa. Pero en el aspecto musical fue un espectáculo bastante pobre. Al pasar de vueltas el sonido de las guitarras se pierde completamente la voz de su cantante, y perdida esta resulta que los temas de su álbum suenan todos iguales, las mismas baterías, las mismas bases del bajo, los mismos juegos de guitarra: no había forma de diferenciar si estábamos ante Day by day o No happy. En definitiva, decepcionante.

Teenage Fanclub

La banda de Glasgow regresaba al FIB sin disco nuevo en el mercado, de modo que, salvo sorpresa -que no la hubo-, el concierto estaría dedicado a recordar grandes éxitos para delicia de todos los amantes del indie pop.

Puntuales, como la mayor parte de los conciertos en esta edición, aparecieron TFC en escena, y en quince temas resumieron sus, precisamente, quince años de historia. Con gran oficio supieron manejar la actuación y deleitarse en los coros del público en alguno de los mayores hits, como en My uptight life. Si bien, todo sea dicho, quedó excesivamente cargante en aquel caso la repetición de hasta 6 veces del final de la canción. Posiblemente el tema más emocionante lo encontráramos en Mellow doubt, gracias a la personalidad que despide sin perder un ápice de ternura, merced a la sección silbada por Norman Blake (por toda la carpa en realidad) o la entusiasta Sparky’s dream antes de concluir su set con The concept.

Migala

Nueve, ni más ni menos, son los integrantes de Migala con la incorporación definitiva de Nacho Vegas al proyecto madrileño, que dirige desde la guitarra y la voz Abel Hernández. Su paso por el FIB tenía como motivo la presentación en vivo de La increíble aventura. Saltó a escena la banda, dejando el último al ya citado Nacho Vegas para que recibiera su merecida ración de aplausos habitual -y es que este hombre se encuentra en estado de hiperactividad creativa, firmando además discos en solitario y colaboraciones con Is y Chucho-.

Mientras interpretaban sus temas se podían ver en las pantallas de la carpa los vídeos que Nacho R. Piedra ha ideado para ilustrar cada uno de los paisajes que imaginan en la grabación de los temas. A destacar sobre todo, tanto a nivel visual como musical, la delirante El imperio del mal con una casa embrujada en la que hasta las cafeteras cobran vida. Así como la voz templada de Abel en Your star, strangled, mientras vemos aparecer y desaparecer la luna entre las nubes. Dentro del nuevo disco también hay que recordar la bella factura de Dear fear: y Tucson, game over, en las que aparecía el frontman (si es que lo hay en Migala) conduciendo por el desierto. Y para los melancólicos, la terrible El retraso. Finalmente, y demostrado el descaro de la banda, la regidora de la carpa les amenazó airadamente con cortar el sonido si no acababan ya, de modo que nos quedamos sin oír El tigre que hay en ti.

Yann Tiersen

Había muchas dudas alrededor de lo que podría ofrecer un artista como Yann Tiersen en un festival en el que el rock y la electrónica son los que marcan las pautas. La mayoría de los que no le conocen sólo lo asocian con la banda sonora de Amélie, cuyo perfil de ensoñadoras instrumentaciones difícilmente podría encajar en el esquema ya citado. Aunque también es cierto que esa mayoría ignora el amplísimo espectro musical que abarca el multiinstrumentista francés. Por no hablar de la pasión con la que despliega su repertorio, que fue capaz de silenciar a todo el público que abarrotó el Fibclub -más aún una vez que Morrisey canceló su actuación-, emocionándolos y haciéndolos vibrar en lo que pudo ser el mejor concierto de esta décima edición del FIB.

Tiersen se presentó con la formación mínima, acompañado de Marc Sens a la guitarra y Christian Quermalet a la batería, aunque como consumado multiinstrumentista éste se dedicó a su vez a múltiples facetas. Lamentablemente también fueron víctima de problemas técnicos, lo que retrasó el concierto y, en última instancia, impidió a Yann ofrecer un segundo bis en el que tenía previsto tocar el piano de juguete. Pero desde el inicio, con la introducción en la que solaparon el tema central de la banda sonora de Good bye Lenin! con La terrase, se vio que nos tenían reservados algo grande. Y es que pocos adjetivos pueden definir el solo de violín de Sur le fil, o el momento en que en Rue des cascades Tiersen tocó a la vez el piano y el acordeón. Si acaso, las atronadoras ovaciones que cerraban cada uno de sus temas. Hubo más problemas técnicos después del soberbio solo de viola en Qu’en reste-t-il?, pero fueron rápidamente olvidados con Les jours tristes. Todavía quedó lugar para la intensidad de Les bras de mer o la delicadeza de L’echec, pero fue el rock desbocado de La crise el que cerró esta primera parte. El bis nos dejó como regalo una muestra comprimida de todas las vertientes de Yann Tiersen: un sentido solo, primero de acordeón y luego de piano, en Le moulin, un melancólico valse en L’homme aux bras ballants, otra vuelta de tuerca a la chanson française en Bagatelle, y por último un espectacular cierre con una improvisación en una onda post-rock. Sin duda uno de los mayores genios de nuestro tiempo.

Lou Reed

En una edición que apostaba de forma tan clara por la presencia de grupos y artistas míticos del pop-rock alternativo, no podía faltar alguien que, ya sea con la Velvet o en solitario, ha sido eje fundamental del desarrollo del mismo. Además, y a diferencia de otros de los invitados a esta décima edición, el norteamericano goza todavía en la actualidad de un status y un nivel artístico constante que le mantiene aún hoy, a casi cuarenta años de sus inicios, en lo más alto del panorama musical. The raven o la edición del álbum en directo Animal serenade, dan buena muestra de ello. El neoyorkino suele mostrar en sus directos cierta distancia, desprecio o falta de implicación, lo que siempre le ha granjeado duras críticas. Pero esta vez fue diferente. Y si a un repertorio extraordinario, plagado de grandes temas y clásicos, le sumamos un directo más que correcto, una gran banda y un trabajo técnico sensacional, lo que nos queda es una experiencia musical inolvidable.

El concierto empezó con Turn to me, demostración de un estilo propio que marcó época. Luego llegó un Venus in furs, que dejó constancia de la disposición del artista a agradar incluso a los más escépticos. Blue mask o la soberbia Sweet Jane devinieron en el gran momento de la noche (en espera del cierre que se avecinaba) y Jesus, Satellites of love o Romeo & Juliet encauzaron una recta final de lo más emotiva. Y aunque parecía dificil, lo mejor estaba por llegar. Probablemente sean dos temas del Transformer los que dan muestra del talento y magistralidad de Lou Reed. Dos temas imborrables que cualquiera de los allí presentes deseaba oir. Perfect day y Walk on the wild side (con todo el público tarareando) cerraron un concierto memorable.

Electrelane

Electrelane no son otro grupo más en la oleada post-punk que vivimos, es el puto post-punk bien entendido. Después de un primer disco (Rock it to the Moon, 2001) que no pasaba de ser uno más del montón en el panorama post-rock, nos encontramos este año con un Power out que cambia radicalmente de estilo y que lo distingue de otros muchos por unos juegos vocales cuanto menos interesantes.

Las cuatro chicas de Brighton se presentaron sin complejos, pese a actuar después del genio de Tiersen y a la vez que Belle & Sebastián despachaban su pop tranquilo. Emocionadas por ser la última vez que las acompañaba su bajista de siempre, Rachel Dalley, la banda se concentró en dar lo mejor de sí y vaya si lo hicieron. Todo con mucha soltura, despachando los hits de su segundo trabajo con algún breve receso para coger fuerzas con los impresionantes desarrollos, depurados para la ocasión, de su primer disco. Aunque Verity Susman se esforzó, la vocalista, teclista, guitarrista, saxofonista, también encargada de la mesa de mezclas (pluriempleo delicioso visto el resultado), quien da ese toque especial a temas como On parade y Oh sombra y su castellano ininteligible, no fue el centro de atención de la noche. Ese lugar lo ocupó Mia Clarke, la guitarrista, dotada de una soberbia maestría, como demostró en Birds o en Long dark, y de una belleza que a más de uno le obligó a dejar de saltar para no perderse un sólo detalle de sus movimientos. Un grato descubrimiento sin lugar a dudas.

Belle & Sebastian

Cambio de público en un Escenario Verde que, tras la ocupación de los fans de Reed, deja paso a los amantes del pop melódico que con gran talento exhibe siempre este grupo escocés. El delicioso folk británico y soft pop de sus primeros trabajos parece haber derivado con los años en un estilo mucho más descarado y divertido, tal y como refleja Dear catastrophe waitress.

Lejos de dedicar el repertorio a revisar su discografía, Stuart Murdoch y el resto de la banda presentaron en plenitud su nuevo trabajo. Step into my office, baby, el mejor tema, fue de los primeros en sonar. Stuart demostraba inusitada hiperactividad sobre el escenario y la inclusión de sus canciones más reconocidas, caso de Stars of track and field o Judy and the dream of horses ayudaron a crear un ambiente festivo en la madrugada castellonense, y el homenaje a los decepcionados fans de Morrisey con la versión de The boy with the thorn in his side, se acogió como un simpático guiño. Sus fans debieron quedar más que satisfechos, mientras que sus detractores se mantendrán en sus trece, pues el concierto no hizo más que trasladar a un escenario la esencia puramente pop de este correctísimo grupo.

Los Planetas

Si alguna conclusión se puede sacar de este nueva presencia de Los Planetas en el Festival de Benicàssim es que están ya a vuelta de todo. Son la mayor influencia del panorama independiente español y son muy conscientes de ello. Así, se permiten hacer lo que quieren tanto en sus álbumes como en sus conciertos, porque saben que las expectativas están muy polarizadas a su alrededor. Este año venían presentando Contra la ley de la gravedad, y dieron buena muestra de él alternando a su vez varios de los temas más importantes de anteriores trabajos. Todo en un concierto en el que J no sólo se mostró mucho más locuaz que de costumbre, sino que sus letras se entendieron con claridad meridiana -algo sorprendente para según qué oyentes-.

De su nuevo álbum sin duda que convencieron Nunca me entero de nada y Devuélveme la pasta, pero claro está que lo que mejor respuesta obtuvo fueron los himnos de la banda. Abrieron con De viaje, para atacar más tarde con la impagable Corrientes circulares en el tiempo. También regalaron buenas interpretaciones de Santos que yo te pinté, Segundo premio y Pesadilla en el parque de atracciones. Había previsto un bis, pero parece que por exigencias de Primal Scream, que no estaban dispuestos a volver a jugar con su tiempo, tuvieron que cortar precipitadamente su actuación. La discutible rumba Podría volver, para la que se hicieron acompañar de un grupo de amigos -entre ellos miembros de otros grupos- que fueron presentados como los “los palmeros de la otra dimensión”, fue, a pesar de los pesares, el original cierre de la misma.

Primal Scream

Siguen sin tener disco nuevo pero parece que empiezan a ver el final del túnel. Al margen de que puedan tener álbum el año que viene, o al menos un single, su grandeza se puede medir en la cantidad de conciertos que contratan pese a que su último trabajo de estudio tuviera lugar hace ya dos largos años. El pasado los tuvimos en el Santirock y este mismo sin ir más lejos en el Primavera Sound, y ahora en el FIB. Respecto de esta última visita hay que lamentar que no regresasen con Kevin Shields, que dio un toque mágico al repertorio ya de por sí envidiable de los chicos de Glasgow -¿igual está trabajando en la supuesta reunión de My Bloody Valentine?-.

El concierto de Primal empezó con algo de retraso, pero bien se cobraron ese desfase horario e, incluso, que en el pasado les cortasen el sonido. Con Bobby Gillespie bastante pasado de rosca, y al que admiramos profundamente por cantar siempre como si estuviera fresco, y Mani también algo rarito (para el recuerdo los dos amagos de patear el culo a un técnico de sonido y el “piquito” que se dio con el ex-Jesus and Mary Chain y frontman de la banda), pasearon por los ya manoseados hits dándoles un aire alocado que hizo vibrar al público. Pero la noticia no fueron las cabriolas de Gillespie sino que, por fin, abrieron el concierto con un nuevo tema que todavía no se sabe si se llamará Punk song o Suicide sound (el día anterior se pudo escuchar en otro concierto Eden project). A partir de ese momento recurrieron a los memorables Miss Lucifer, Kill all hippies o Swastika eyes, que posteriormente dedicaron a quienes estuvieran en contra de Israel, para cerrar por primera vez el concierto con Movin’ on up. Regresarían instantes después para dejar entre otras Jailbird y Skull X, lo de siempre para que cada cita termine por ser recordada como siempre: saltos, baile y sudor, mucho sudor.

Textos: Jorge García
Textos Yann Tiersen y Los Planetas: Miguel González
Textos Lou Reed y Belle & Sebastian: Oriol Alcorta
Fotos: Miguel González

FIB Heineken 2004 (Benicàssim, 5, 6, 7 y 8 de agosto de 2004) Parte II

Colaboradores | 20 Agosto 2004  

Viernes, 6 de agosto

La fiesta de presentación quedó atrás y el viernes, primer día “serio”, se presentaba a priori con muchas luces y sombras en torno a la calidad que contenía respecto a las apuestas más claras del sábado y del domingo.

Virüs

Cojamos como ingredientes dos integrantes de Las Perras Del Infierno, a un ex The Brillantina’s y mezclémoslo con post-punk, electricidad, irreverencia y descaro: el cocktail se cortará como la mayonesa en verano sin remisión. Y es que, sin saber cómo decirlo para no herir la sensibilidad de la banda, este año MTV, Radio 3 y la organización del FIB han escogido al peor ganador del Proyecto Demo, no ya de las ediciones de este concurso en España sino de las que han representado a Francia, Italia y Alemania.

Se podrá banalizar con que son parte del regreso de la Movida, pero desde luego su directo es un engañabobos que se reduce a una serie de clichés, al aspecto entre metalero de muñequeras y gótico de negro impoluto, a la repetición constante de un mismo acorde cual música de tiovivo, a “letras” (por decirlo de algún modo) que empiezan y acaban en el título del tema Gas, Desconexión, Himno mosquito… Una pena que algunos finalistas (de muy variados estilos musicales) quedaran relegados por tan irrisoria propuesta que ha ocupado el lugar que en años pasados tuviera gente como Ellos, El Columpio Asesino o Lou Anne.

Micecars

El trío ganador del Proyecto Demo 2004 italiano para la ocasión se transformaba en quinteto, presentando los temas de GewGaw tunes, EP autoproducido y que podéis descargar gratuitamente de su página oficial.

Los italianos sorprendieron, pese a haberse fundado apenas un año antes, por su compenetración a la hora de tejer un pop cercano al britpop desplegado por Blur en los años heroicos, con melodías y guitarrazos por igual, pero consagrado a los coros de sus tres miembros oficiales en un plano más cercano al que en la otra orilla del Atlántico acostumbran grupos como Imperial Teen o los Green Day más tranquilos. Posiblemente hayan sido los exponentes de este concurso más lúcidos de esta edición del FIB.

Snow Patrol

Para quien no conozca a la banda podría creer que estamos ante el enésimo hype de NME, revista que alabó hasta la extenuación Run, primer single de su nuevo disco The final straw. Sin embargo no estamos ante unos recién llegados, pues este grupo lleva dando guerra desde 1997, y tras dos discos infravalorados han conseguido sacar la cabeza en esta tercera entrega.

No obstante, en directo olvidan su pasado y sustentan el recital en el largo de este año. Se sucedieron temas como Wow, la genial Spitting games, la melosa Chocolate, el pegadizo estribillo de Somewhere a clock is ticking, que a ratos peca de tener un parecido razonable con algún tema de Coldplay, o el hit ya mencionado, Run. El público se entregó por partes iguales a su música como a la adoración de la banda, que se divertía de lo lindo en el escenario, comandada por ese yerno que toda suegra desearía tener que es Gary Lightbody, con su sempiterna sonrisa, su pose antibelicista (”Stop Wars” rezaba la camiseta) y su entrega física, hasta hacerse sangre en la mano y continuar sin inmutarse. De lo mejorcito que ha pisado el Fiberfib.com esta edición.

Kings Of Leon

“Más de la mitad del concierto serán temas del nuevo disco”, advertía Yozell en la entrevista que se publicó en el Fiber (periódico oficial del FIB que se publica de jueves a lunes durante el festival), y lo cumplieron. Los autores de Youth & young manhood volverán a la carga en noviembre con A-ha shake heartbreaker, y es probable que en la primavera del año que viene los tengamos por aquí de nuevo. Hasta que llegue ese día recordemos su actuación.

No se puede decir que los recién aseados Followill (fuera las barbas, salvo las de su batería) no le echen agallas al setlist. La gente iba para verles tocar los temas de su primer trabajo, y ellos respondieron tocando extractos del futuro álbum. Pero todo lo que les honró ser arriesgados lo dilapidaron en una interpretación discutible. La desgana corroía a los de Nashville cada vez que se asomaban a su debut, y sonaron sin garra Holly roller novocaine, Molly’s chambers o Red morning light. Además, si bien los temas nuevos tienen muy buena pinta, especialmente el tono blues de Pistol of fire, o los soberanos cambios de ritmo de Razz, en general se perdían matices por no poder comparar el directo con el Lp. Al menos salvaron la papeleta con la sensacional Trani cuando ya todo el pescado estaba vendido.

Her Space Holiday

Marc Bianchi habría estado tan triste como la letra de sus temas más sonados de haber sabido que se le escuchaba infinitamente mejor sentado en el césped que en la, a ratos, desastrosa acústica de la carpa Kane NYC Fibclub. Ésta ha sido una de las lacras de este FIB, ya que o sonaba mal o no había Dios que pusiera a funcionar las máquinas, al gusto del consumidor.

Al recital tecnológico de Her Space Holiday le falló el sonido excesivamente alto para su repertorio y un micro que funcionaba a ratos. No obstante, las ensoñaciones pop de este veterano, que se vió acompañado por un bajo y una batería, fueron dibujadas a la perfección, lanzándose a ratos a amagos hip-hop micro en mano y con el público predispuesto al baile. Si hay que tachar algo por ser quisquillosos sería la ausencia de esos violines que tanto embellecen Tech romance y My girlfriend’s boyfriend, joyas de The young machines, para no disparar económicamente su propuesta. En cualquier caso, los violines pregrabados también sirven y desde el césped, como decíamos antes, son igual de eficaces.

Lali Puna

Otro de los grandes damnificados por los constantes problemas técnicos del Fibclub fueron los alemanes. Era frustrante ver como pasaban los minutos de la actuación de Lali Puna y ellos seguían mirando impotentes cómo el teclado y el micro no funcionaban. A Valerie sólo la faltaba echarse a llorar.

Solventados temporalmente los problemas y con todo el mundo comiéndose las uñas, por fin sonaron los primeros acordes de Faking the books, cuyo álbum homónimo ocupó gran parte del concierto de los de Munich. Ésta, Call 1-800-FEAR o Left handed fueron el mejor termómetro para comprobar que el nuevo disco ha calado hondo en los amantes del pop electrónico. La actuación voló gracias a la interpretación de Trebeljahr y la hiperactividad de Christian Heiß a los teclados y las mezclas. No obstante fue una decepción que Markus Archer, muy correcto durante la breve actuación, no se empleara en la guitarra contestona de Micronomic, que estaba pregrabada.

Air

Los franceses se han convertido en la música de cámara del siglo XXI, su elegancia no tiene parangón, ni siquiera se les puede comparar con Kraftwerk, son conceptos totalmente opuestos con la misma apariencia. Por ello, cuando decidieron (o les impusieron) tocar en el Hello Moto, todo hacía presagiar que de la intimidad de la carpa podría surgir un concierto mucho más rico y aprovechable que el de hace dos años en el escenario verde, aún sacrificando la comodidad y haciendo frente al increíble calor que había que sufrir en la misma.

Y ciertamente, el repertorio del que disponen Godin y Dunckel da para ello, más aun este año con su nuevo álbum Talkie walkie. Sin embargo, su hieratismo es exasperante y a ratos soporífero, da igual que esté sonando el excelente single Cherry blossom girl que Playground love, el resultado es una miriada de fibers expectantes y el dúo francés impertérrito. Sólo salieron de su estirada imagen para, al más puro estilo circense, preguntar aquello de “¿Queréis bailar? ¿Queréis bailar ahora?”. Lástima que en las distancias cortas sigan siendo tan sumamente fríos, porque si se desataran no habría forma de quedarse indiferente ante temazos como Sexy boy o Kelly watch the stars.

Einstürzende Neubauten

Posiblemente hayáis escuchado alguno de los discos de Blixa Bargerd y compañía y lo encontréis tremendamente tedioso. Acaso podéis conocer a la banda porque su líder estuviera ligado en el pasado a Nick Cave (ojo con preguntarle a Blixa por esa etapa, que se enfada y mucho). O quizás no los conozcáis de nada. Sin embargo, no podréis decir que lo habéis visto todo en el mundo de la música si no asistís a uno de sus shows.

Llegaron los de Berlín con el inferior Perpetuum mobile bajo el brazo, no sin haber dado el susto cuando anunciaron en junio que no vendrían porque les salía caro trasladar todo el equipo que su concierto requería. Y claro que tiene que ser caro, a los instrumentos convencionales como guitarras y bajo debemos añadir a la facturación “instrumentos” como tubos y compresores de aire, bandejas giratorias de cristales rotos y plásticos (como la de la portada de su nuevo álbum), muelles, plato-sierras, botes de aceite de cinco litros atados que luego sacarían a pasear como si fueran perros… Y todo ello para ¡¡¡hacer música!!! Sin duda una sesión de rock industrial que dejó atónitos a todos, incluido José Morán, que por allí rondaba. Desde la incendiaria Ich gene jetzt con los compresores de aire, hasta Armenia y Alles, en las que se añadía como juguete distorsionador un consolador, pasando por un Perpetuum mobile desquiciado, seccionado en cuatro fases, y que tuvo como hilo conductor las neuras de Blixa, que no cejaba en sus sacudidas al tiempo que sintonizaba emisoras de la zona con un transistor. Irrepetibles.

Pet Shop Boys

No cabe duda de que Pet Shop Boys marcaron época en los 80 y a principios de los 90, pero en los últimos años, perdidos en una maraña de recopilaciones y de remezclas que no hacen justicia a los originales, no encuentran el paso correcto para regresar a su sitio en el trono. Con esa premisa y sabiendo que su concierto sería un grandes éxitos es imprescindible acudir a la cita. En cualquier otro caso, si se pasaran por tu ciudad en una mastodóntica gira europea seguro que los dejarías pasar por trasnochados y caros.

Y así el escenario verde se llenó de fans y de curiosos, estos últimos con la idea de “Veo un par y si no me gustan me voy”. Neil y Chris salieron ejerciendo sus habituales roles: el primero de showman amanerado, al principio de negro absoluto y luego de un blanco nuclear que casi hace daño a la vista; Lowe con su compostura casi kraftwerkiana, impertérrito tras sus gafas de sol y su gorra, escondido en los teclados y en la mesa de mezclas. Pero la sucesión sin descanso de hits, de himnos del pasado, como Flamboyant, It’s a sin, Se a vida é o Being boring mantuvieron a todos en su sitio, para terminar de complacer a unos y a otros con las covers Always on my mind (clásico de Elvis), Where the streets have no name (para júbilo de los fans de U2) y, por supuesto, Go West (de los Village People).

Kraftwerk

Más de 30 años han pasado desde que Hütter y Schneider dieran a luz a la criatura. Más tarde se les unirían Hilpert y Schmitz. Desde aquel hito y con discos como Autobahn o Trans Europe express, editados todos ellos en versión inglesa y alemana, la música se desdobló. Una parte siguió su camino convencionalista y otra mutó en la revolución de las máquinas a las que tanto deben gente de la talla de New Order o Depeche Mode. Y el viernes 6 estaban allí, en Benicàssim, Kraftwerk en “concierto”.

Desplegada la sábana que tapaba el escenario pudimos ver la atípica puesta en escena. Los cuatro de Düsseldorf con sus trajes negros, sus camisas rojas y corbatas negras; cuatro ordenadores y de fondo una enorme pantalla. Con The man machine se pudo comprobar cuál iba a ser el modus operandi. Ellos cuatro mezclando los temas sobre la marcha, estirados frente a su ordenador, si acaso siguiendo el ritmo con el pie. Detrás, la pantalla ilustrando en vídeo los temas de su repertorio. Para quien entiende la música como una furia desatada sobre el escenario fue un fraude, de hecho nunca sabremos (siendo maliciosos) si mezclaban ellos los temas o simplemente dieron al play. Para quienes vieron el show como una forma de comunicación, la transmisión del mensaje (que en ocasiones pueden parecer estúpido por lo conciso de sus letras pero que allí cobraba todo su sentido), no pueden decir otra cosa que no sean excelencias de su directo. En cualquier caso, lo que nadie podrá negar es que no faltaron a la cita ninguno de los hits de las últimas tres décadas The model, Vitamin, Autobahn, Tour de France (tanto la versión original como la del pasado año), Trans Europe express, Radioactivity, Aerodynamik … Y por si el aspecto visual no había sido lo suficientemente impactante volvieron a echar el telón para que les sustituyeran sus dobles robot para ambientar The robots. Finalmente volverían ellos vestidos con trajes fluorescentes para redondear su actuación con Music non stop.

Textos: Jorge García
Fotos: Miguel González

Festival Novapop 2004 (Ceuta, 14 y 15 de agosto de 2004)

Esta segunda edición del Festival Novapop se presentaba muy distinta a la del pasado año. La organización quería consolidar el evento y para ello presentó un cartel de lo más atractivo, compuesto por bandas locales (de Málaga y Ceuta), nombres importantes del panorama nacional y una banda de gran reconocimiento internacional como es Stereolab. Y todo ello al precio de 25 €, que incluía la zona de acampada y una importante rebaja en el transporte marítimo desde Algeciras. Sin embargo, la asistencia de público ha sido bastante baja: unas cuatrocientas personas por día, siendo la capacidad de las Murallas Reales de, aproximadamente, tres mil. Esperemos que no sea un impedimento para que este festival se pueda celebrar el año que viene y ocupe el lugar que se merece dentro de los conciertos de verano, ya que la calidad de las actuaciones ha sido más que notable.

Sábado, 14 de Agosto

El festival comenzaba con Ainara LeGardon en lugar de El Telediario, que se han separado recientemente. Con la única ayuda de su guitarra eléctrica, Ainara, vocalista de Onión, ofreció un corto recital que sirvió para presentar In the mirror (2003), un álbum producido por Chris Eckman de los Walkabouts y que supone el debut de su carrera en solitario. Con una voz que transmite perfectamente el sentimiento que encierran sus temas, Ainara estremeció a parte de los presentes con canciones como Love in a box o This feeling true, demostrando la buena acústica que posee el lugar. Tal vez con algo de acompañamiento el concierto hubiera gustado más al personal, que conforme pasaba el tiempo iba perdiendo interés. A otros, sin embargo, les entusiasmó la crudeza de Ainara encima del escenario (muy cercana, por momentos, a la PJ Harvey de Rid of me). En definitiva, un buen comienzo para el Novapop.


Ainara LeGardon

Con escaso público todavía saltaron al escenario The Dominiques. El trío ofreció parte de su repertorio habitual basado en temas de corte pop-rock, influenciados por gente como Beatles o Beach Boys, sin olvidar la escena independiente de principios de los 90. Una pena que el cantante no hiciera mucho uso del piano y lo utilizara sólo en un par de temas y, además, sin mucho protagonismo.


The Dominiques

La primera gran sorpresa de la noche fue, sin duda, la actuación de Nobel, grupo de Portugalete (Bizkaia). Disciplina inglesa (2001) es el nombre de la primera maqueta que grabaron y que incluía una versión del Carolina de Fórmula V. El quinteto, formado por chicas (excepto el batería), nos hicieron dar palmas y bailar a ritmo de canciones con melodías irresistibles y letras desenfadadas y directas, pese a la reiterada temática amorosa que encontramos en ellas. Encandilaron al público con temas como Menú para dos, Una noche en Marrakech o Condena a plazos, todas ellas llenas de coros y un violín que Noemí utilizaba cuando no estaba cantando, dando palmas o animando al personal. Un concierto que aunó calidad y diversión a partes iguales.


Nobel en plena fiesta

X-perimental Shop no fue solo una de las actuaciones más notables de la noche, sino también uno de los mejores conciertos del festival. Los valencianos, con Ivan López al frente, sorprendieron a los que, como nosotros, no conocían nada sobre su trabajo. Con base guitarrera (blues y rock sobre todo), X-perimental Shop se apoyan en bases electrónicas para crear temas tremendamente efectivos que recuerdan, según la ocasión, a Massive Attack, U2 o Happy Mondays. La voz y presencia de Iván sobre el escenario hacen el resto, ya sea con esporádicos movimientos o con la tremenda fuerza de su voz en temas como The sea room, Thrill o el clásico de los setenta Going back to my roots, pertenecientes a su único disco Hi fiction (2003). Espectacular derroche de energía en uno de los grupos revelación del Novapop.


X-perimental Shop

El concierto más atípico fue el de Begoña. Ataviada con una camisa puesta del revés y una simple prenda de ropa interior, la bilbaina puso coreografía y voces a los temas de su álbum We only move when something changes (2004), todo un compendio de canciones electro-pop ochenteras cuya finalidad es divertir sin más. Su pseudo actitud punk, simpatía e interacción con el público completaron un concierto donde muchos, al finalizar, no sabían si reir o llorar. Nosotros, desde luego, nos quedamos con lo primero.


Begoña

Lo de Astrud fue completamente diferente. Manolo y Genís saltaron al escenario y se mostraron, desde el comienzo, distantes al público. Tras finalizar el segundo tema, Genís se quejó de un grupo de personas que charlaban animadamente en la primera fila: “Solo tengo una queja. Entre que somos pocos y estais alejados… Pues no me parece bien que esto sea como la barra del bar”. Tras el incidente y al acabar la siguiente canción, los recriminados gritaron un sonoro “¡Viva los novios!” que les hizo algo de gracia al dúo. Anecdotas aparte, si nos centramos en el aspecto musical no tenemos mucho que decir. Con Manolo siempre pegado a la guitarra y Genís con su piano, comenzaron con sus “baladas” para pasar después a sus temas más bailables. A destacar La boda o ya, casi al final, Europa, con un Genís totalmente desatado y subido al taburete mientras cantaba.


Astrud

La Buena Vida demostraron sobre el escenario porque son uno de los grupos del momento. Con un sonido practicamente perfecto, los donostierras interpretaron un total de dieciseis temas sin dejar atrás ninguno de sus éxitos. Poco a poco fueron cayendo HH:MM:SS, Lo que dicte el corazón, Un actor mejicano (muy aplaudida) o Nadadora, esta última una versión de Family. Sin embargo, el repertorio puede hacerse algo cargante para los que no estén acostumbrados a las melancólicas letras del grupo y sus majestuosos arreglos (grabados), ya que el factor sorpresa es prácticamente nulo una vez que suenan más allá de tres o cuatro temas. Lo mejor de su actuación fue cuando interpretaron Los planetas, uno de los singles más celebrados del grupo y que en su versión de estudio cuenta con la colaboración de J. Tras el “recatado” concierto de La Buena Vida, subieron al escenario Sidonie


La Buena Vida

Y los catalanes, una vez más, se desmadraron. Comenzaron muy tranquilitos con On the sofa, a la que le siguió Lev, dedicada a Syd Barrett. Tras Groove stars y casi media hora de concierto, Jesús (bajo) aparece vestido de astronauta y corretea entre el público, mientras la música continúa sonando y Axel (batería) se lanza en plancha sobre la gente. Tras diez minutos de intensa fiesta, Jesús vuelve con sus vestimentas habituales y su sitar, que le sirve para interpretar Varanasi. No faltan los homenajes a sus héroes, ya sea en forma de pequeños riffs (Satisfaction o Smoke on the water entre canción y canción) o incluyendo en su repertorio una más que correcta versión del Jeepster de Marc Bolan y sus T-Rex. También sonó la pegadiza Bla, bla, bla (con Jesús a la guitarra) y Gede Clark para terminar. Volvieron al escenario (los únicos que lo hicieron) para interpretar On and on y Swedish girls, que contó con la colaboración de Iñaki de La Buena Vida a la percusión. En definitiva, un muy buen final para este primer día de conciertos.


Sidonie

Textos : Francisco José Fernández Luque.
Fotos: Jose María Requena Santos.

Califone – Heron king blues

Colaboradores | 19 Agosto 2004  

Poco queda ya de las clásicas denominaciones que para la música se empleaban cuando apareció el rock y el pop. Y mucho más difícil es emparentar la electrónica de los primeros Kraftwerk con la amalgama de géneros paralelos derivados de dicha corriente musical. Las etiquetas se han multiplicado por mil y las ideas por un millón.

Igual pasa con el folk y el nuevo country, se han disuelto en una suerte de nuevo estilo que encierra en su interior todo tipo de paralelismos con la electrónica, el rock, el blues o el pop. El nuevo trabajo de Wilco puede servir muy bien como ejemplo y, aunque es difícilmente superable, Tim Rutilli se empeña en seguir en sus trece y continuar con la experimentación country-folk de su disco anterior Quicksand, cradlesnake.

Por lo que, en el año que nos ocupa, nos sorprende con este Heron king blues, un poco a la estela de O’rourke o Tweedy a la hora de crear atmósferas arrugadas y momentos de una gran profundidad emocional, como en el caso de Lion & bee, tema que pone de manifiesto lo que es dominar los silencios y las emociones y comprimirlos en un precioso tema de folk contemporáneo.

El blues está salpicando prácticamente cada momento del disco, por ejemplo en la melancólica 2 sisters drunk on each other, o en el tema que da título al disco, una biblia musical (quince minutos tienen la culpa), un resumen de estilos palpitando en cada segundo de la canción y mejorando con el tiempo, como el buen vino. Todo un viaje iniciático en un posible punto de partida de tendencias estilísticas en la biblioteca musical actual.

Hay que esperar que gente con grandes ideas, como Rutilli, siga en activo con discos como éste. Sólo ocho canciones (esquiva y sorprendente despedida en Outro), con grandes momentos aptos para todos los públicos. La electrónica envolvente de Apple, la impresionante paz emocional de Trick bird, o el regalo de uno de los mejores comienzos del año con Wingbone.

Lo que nos depara el futuro en lo concerniente a la música, pese a ser desconocido y por momentos inalcanzable, pasará a buen seguro por la revisión y actualización de lo que es hoy día, todo un mundo paralelo al nuestro que sorprende a propios y extraños. Como este último disco de Califone.

FIB Heineken 2004 (Benicàssim, 5, 6, 7 y 8 de agosto de 2004) Parte I

Colaboradores | 19 Agosto 2004  

Jueves, 5 de agosto

Aldo Linares

Con una puntualidad meridiana y con algunos técnicos todavía subidos a lo alto del Escenario Verde dio comienzo el FIBSTART, y con él la décima edición del FIB Heineken. Como no podía ser de otra manera, el encargado de semejante tarea y con carácter testimonial volvió a ser, como cada año, Aldo Linares, quien fuera en su tiempo dj de la antigua Sala Maravillas de Madrid.

Comenzó con la versión del Personal Jesus de Depeche Mode a cargo del fallecido Johnny Cash, pero no fue la única mítica que dejó caer durante esa media hora que separaba la apertura de puertas de la primera banda de la cita. También sonaron el Love will tear us apart de Joy División, el Music non stop de Kraftwerk o el First of the gang to die de Morrissey -quién iba a decirle a Aldo que dos días después ese “avance” no quedaría refrendado en concierto por el ex-Smiths-.

The Sunday Drivers

Los toledanos volvieron a hacerlo. El directo de esta banda supera sus discos por el camino de la intensidad como si hacerlo fuera lo más fácil del mundo. Con un set que iba de menos a más, partiendo de los temas menos conocidos hasta la apoteosis final que encadenó Time, time, time, On my mind y Little heart attacks. Resultó ciertamente estimulante acudir con ellos al recuerdo de las míticas bandas de rock, y a esos trepidantes solos de Hammond que dan a la cita un toque sutil a la par que vibrante.

Desde luego se nota que tienen bien aprendidas las tablas y que el escenario es su hábitat. Siguiendo la senda por la que ahora marchan no será difícil volverlos a ver de nuevo en ese mismo Escenario Verde como cabezas de cartel nacional.

Maga

Empieza a ser preocupante que un grupo que no tiene en sus discos parecido alguno con Los Planetas adquiera los vicios de los granadinos en el directo por culpa del sonido y que a su vocalista, Miguel, se le entienda tan poco como a J en algunas ocasiones. Y es que, salvando algunas canciones en las que la voz adquiría más presencia, es dudoso que alguien ajeno a su música entendiera qué decían sus letras.

Comenzaron con Astrolabios, auténtica piedra de toque de su segundo largo, para continuar con el himno contra la incomprensión y la hipocresía que es Piedraluna. Pero en temas como Un lugar encendido quedó patente que nunca podrán llegar al nivel de sus discos en directo si tienen que explotar la electrónica y prescindir de coros, triángulos o violines, según el caso. Una lástima, porque su pop onírico empieza a tener una auténtica horda de seguidores, tal y como quedó demostrado al anunciar que se iban con, por supuesto, Des-pi-de.

Tim Booth

La figura del cabeza de cartel del FIBSTART empezó a ser uno de los mayores males de la organización desde el mismo momento en que Paul Weller renunció a venir allá por el mes de junio. Desde entonces, y hasta apenas seis días antes de que tuviera lugar el FIB, seguía siendo un quebradero de cabeza, no aparecía el artista idóneo. Finalmente, se anunció a Tim Booth, que ciertamente no se puede decir que esté a la altura del abuelo mod.

Tampoco pintaban mejor las cosas cuando se perdió el equipaje del ex-líder de James. No obstante, y pese al extravío, Booth salió a escena junto a la formación que le viene acompañando durante la gira de su primer álbum en solitario, Bone. Así, con peores armas que en su última visita a España hace escasos dos meses (AVant Festival 04), volvió a derrochar energías con sus esquizofrénicos bailes y a apoyarse en el misticismo de su teclista. Sonaron convincentes Monkey god, Love hard o Bone, buques insignias de éste su primer trabajo. Quizá, a sabiendas de las limitaciones dadas por el equipo, trató de compensarnos acudiendo al cancionero de James para tocar Laid y Sometimes en formato downtempo. Si bien no sonaron tan excepcionales como el sonido que aquellas tuvieron en su momento, sí dejaron buen sabor de boca, pues su letras se prestan a esa rara dulcificación. Terminó por convencer desde su carisma, con su deseo de hacer entender qué significaban todas y cada una de las canciones que iba a interpretar, todo un detalle. No fue Paul Weller, pero tampoco se le podrá echar en cara.

Ash

Es probable que los fans de los norirlandeses o quienes ven en su nuevo trabajo una fuente de ejercicio físico salieran satisfechos del trance, pero el concierto no tuvo ninguna historia. Reparto de tiempo por igual entre los temas del último disco Meltdown y los grandes éxitos de la banda como Girl from Mars, Kung fu o Burn baby burn.

En directo vivimos un recrudecimiento extremo de sus canciones, la pérdida de la melodía en sí, y en su lugar quedó un concurso de distorsión guitarrera sin más patrón que la aleatoriedad que acallaba cualquier letra que pudiera subyacer, mención aparte del recurso de quedarse en silencio en medio del estruendo en un par de canciones como efecto especial. La primera ocasión que se acude a ese silencio sepulcral se hace hasta divertido, la segunda vez ya chirría el experimento.

Fangoria

Que Alaska es un icono de los 80 es evidente, que es abanderado de lo alternativo en este país (y de ello dejó señas el año pasado en su alegato contra la SGAE y la industria; si esto era publicidad o discurso sincero lo discutiremos en otro momento) también salta a la vista… Pero lo que nadie puede negar tampoco es que se benefició como ningún otro grupo de esa noche de las ganas de fiesta que recorrían las venas de los fibers. Y es que de otra manera su concierto no habría sido ni de lejos tan aplaudido.

Por supuesto que hubo momentos interesantes protagonizados principalmente por Electricistas o La mano en el fuego si acudimos a su último disco Arquitectura efímera. Pero es triste que Olvido y Nacho en su aventura cool se pierdan en un mar de dudas, o peor aún, naufraguen cuando se vuelcan en parajes electrónicos más propios de una de esas raves punkis que había en los aledaños del recinto -para no dormir la sesión de dj que se marcaron a mitad del concierto mientras Alaska iba a embutirse en su corpiño-. Por no hablar de la caricatura de sí mismos en que se transformaron en esos instantes que de retro mutaron en personajes de “La Bola de Cristal”, con sus luces de neón y todo (y las Nancys Rubias revoloteando por allí). Para terminar, es imperdonable que exista un tema como Hombres, que arrasa y saquea la idea de Hay mujeres de Aute para dar la vuelta a la tortilla y morir en una maraña de beats, en lugar de sumergirse en la sensibilidad que podría haberle dado la voz grave y desnuda de Gara.

Textos: Jorge García
Fotos: Miguel González

Lori Meyers – Viaje de estudios

Colaboradores | 18 Agosto 2004  

Sin duda que lo que hacen los de Loja, Granada, puede sufrir todo tipo de comparaciones con la banda granadina más importante en el mundo indie -en cuyo estudio se fraguó lo que tenemos entre manos. Pero cuando unos músicos aceptan sus influencias y sencillamente tratan de llevarlas al siguiente nivel, nos encontramos con que el resultado es algo personal. Y lograrlo en el primer trabajo sin duda que sólo está al alcance de unos pocos. Eso lo debieron ver claro en Houston Party Records, ya que Lori Meyers es la primera referencia de su catálogo que canta en español. Y poniendo a los mandos de la producción a Mac McCaughan (cerebro de Superchunk y ahora en Portastatic), este Viaje de estudios (Houston Party Records, 2004) en el que nos embarcamos se convierte en una gran experiencia.

Los caminos por los que transita el álbum quedan patentes con el tema homónimo que lo abre: rock fresco y contundente, letras que narran historias en primera persona, ricas composiciones con juegos de voces y guitarras… Con la breve Ya lo sabes reducen el tempo, para pasar al acertado single de presentación, Tokyo ya no nos quiere, como la novela de Ray Lóriga. Su melodía pegadiza y su precioso estribillo nos transportan hasta el fantástico acelerón final de la canción. Pero tal y como demuestra Dos hombres con sombrero en ningún momento se produce un estancamiento en lo que nos ofrecen. Con su desgarrado inicio de guitarra y voz en solitario, va aumentando la intensidad emocional hasta llegar a un brillante e inesperado cambio en la melodía.

Las sorpresas agradables se suceden, como la letra de Mujer esponja y los sencillos coros femeninos del final del tema -de esos detalles que dan vida a los discos. Nos adentramos a continuación en el corte más psicodélico, Parapapa, toda una joyita con continuos giros musicales, y que incluye un tarareo que irremisiblemente se establece en la cabeza del oyente. De superhéroes a estas alturas es una vuelta de tuerca más al sonido del grupo, con otro cambio final que, al igual que los anteriores, aporta mucha riqueza al disco lejos de hacerlo predecible o monótono. La siguiente parada es Canadá, un corte con un ligero toque de rock de raíces americanas, con tempo lento y sin sobresaltos, que sirve de puente para afrontar el resto del recorrido con muchas ganas.

El juego de palabras de Ham’a'cuckoo oculta un tema en una honda powerpop que puede resultar un tanto convencional en su forma, pero que precisamente al salvar ese escollo confirma la acentuada personalidad del grupo. Volvemos a un tema más reposado, Zona errónea, cuyos amargos versos sirven de trampolín para el aterrizaje con ¿Dónde están mis maletas?. Sus extraordinarios juegos de guitarras y batería son un perfecto fin de trayecto de este viaje iniciático de unos Lori Meyers que, a tenor de lo visto en directo, darán mucho que hablar.

Los Planetas – Contra la ley de la gravedad

Los Planetas, el grupo más importante de la música independiente de nuestro país, ha editado Contra la ley de la gravedad, su sexto disco de estudio. Un trabajo que sirve para comprobar como el cambio de rumbo que apuntaban en Encuentros con entidades (2002) se hace más evidente y efectivo. Se pierde definitivamente, por lo que parece, la continuidad y homogeneidad que mostraban discos como Unidad de desplazamiento (2000) donde no había pausas entre temas, dotando al conjunto de una unidad que, como decimos, se ha dejado de lado en favor de un muy buen conjunto de canciones. Las letras de J siguen mostrando la misma brillantez de siempre pese a la reiteración de la temática de las canciones (mención aparte merece Sale el sol). La banda, con Florent (guitarra), Eric (batería), Miguel (bajo) y Banin (teclados), cumple perfectamente, creando, una vez más, esa densidad necesaria que requieren las canciones de Los Planetas.

El disco se abre con un hammond que recuerda inmediatamente a la psicodelia de finales de los sesenta que tanto gusta a los granadinos y que sirve para introducir El golpe de gracia. Llega después Devuélveme la pasta, uno de los temas más típicos de la banda y de los mejores del álbum. Y además es imposible cuenta con una de las mejores letras del disco y la colaboración de Irantzu de La Buena Vida, que aparece para contestarle a J donde se encuentra “el trozo de tu corazón que no puedo tener”. Encontramos en el álbum dos temas que ya eran conocidos. Experimentos con gaseosa fue incluida en Los Planetas se disuelven, el cd que regalaba la revista Cañamo en su número especial dedicado a las drogas en el mundo de la música. Sin embargo, es una versión ligeramente diferente ya que dura casi un minuto más. De lo más delicioso y reposado del disco. Otra de las “no inéditas” es Podría volver, que ya aparecía en el homenaje a Bambino y que sirve para cerrar el álbum con su sorprendente aire flamenco y con una amenaza que esperemos cumplan.

Dos son también los intrumentales que contiene este nuevo trabajo: 124 y Cumplimentando compromisos contractuales. Esta última se convierte en uno de los mayores desprópositos de la banda en mucho tiempo a base de electrónica de mercadillo. Todo lo contrario que Sale el sol, sorprendente tema de amor construido alrededor de una alegre melodía al piano de Banin, y Deberes y privilegios, que cuenta con unos acertados arreglos de viento y una letra, de nuevo, más que interesante.

No es lo mejor que han hecho Los Planetas, pero este nuevo trabajo sirve para afianzar el cambio (necesario) que ya apuntaban con su anterior disco, al que superan con este notable Contra la ley de la gravedad.

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