Lali Puna – Faking the books

Colaboradores | 29 Abril 2004  

Después de disfrutar de su anterior trabajo Scary World Theory (2001), compendio de electrónica apta para todos los públicos dotado de una candidez y precisión compositiva difíciles de ver en un disco de esas características, nos regalan este Faking The Books, su tercer disco de estudio.

La canción que da título al álbum, que además es la primera del mismo, parece que andará por el mismo sendero que Scary World Theory, pero nada más lejos de la realidad. Call 1-800-Fear nos muestra otra cara, más sincera, comprometida y menos acomodada en la electrónica minimalista.

Así pues, la presencia de guitarras (que están por todas partes), bajos más contundentes, así como la sonoridad más cruda y viva de los arreglos y maquinaria utilizados, se destapan en la sensacional B-Movie, demostrando que su anterior disco es una opción más y no una doctrina insalvable.

La electrónica no desaparece, sólo se convierte en un elemento más, siendo menos importante y recurrente que antes. Como muestra, un botón: la instrumental People I Know.

Y el disco avanza sin bajones de ningún tipo, impecable en casi todos los sentidos. Grin And Bear, sobresaliente tema que podría ser, perfectamente, un single consumible y muy apetecible para todos los públicos (lo mejor, el final).

Tras la corta y cíclica Geography-5, viene Left Handed que nos vuelve a demostrar que lo que algunos llaman indietrónica, está empezando a evolucionar hacia paisajes más rockeros, o al menos es lo que me gustaría creer… si no que se lo pregunten a Hood, que han seguido el camino inverso.

Electrónica, más rock que pop y mucho compromiso son, entre otras cosas, elementos que caracterizan este Faking The Books y que nos recuerdan que los que saben hacer música, escojan el camino que escojan, siempre tendrán oídos inquietos que disfruten de todo lo que hagan.

Calexico (Madrid, 26-4-2004)

Colaboradores | 29 Abril 2004  

Calexico se desenvolvieron tal y como son, un colectivo de grandes músicos que gira alrededor de dos alquimistas musicales, Joey Burns y John Convertino. Los de Tucson se presentaban en Madrid tras tocar en Barcelona, Málaga y Granada, cerrando así su gira por España con motivo de la promoción de su disco del 2003 A feast of wire (Quarterstick) y de Alone again or y Convict pool, sus dos EP’s más recientes fruto de un año prolífico.

La música que hacen los de Arizona es ya de por sí interesante al mezclar la raigambre de la música de la América profunda con altas dosis de etílicos sonidos mejicanos. Esta mezcla desemboca por igual en un tema que pudiera firmar Mark Kozelek (bien con Red House Painters, bien con Sun Kill Moon) como en la banda sonora de un spaguetti western, caluroso y asfixiante, al más puro estilo Morricone… Cuando no puede sonar a ambas cosas a la vez, o tomar la calle de en medio rumbo al free-jazz, como en Fade.

Con esa premisa, un concierto de Calexico no podría ser más agradecido. Si además pasamos lista a la alineación de la banda esa máxima no merece menor consideración que la de ser una verdad absoluta. Un vocalista guitarra en ristre (Joey), un batería con un estilo intachable que se atreve a tocar las maracas al mismo tiempo o explorar los matices del platillo (John), y luego todo su séquito de profesionales: un trompetista, un trombón, un contrabajo, el pedal steel que, por cierto, no era otro que Paul Niehaus de Lambchop, y un “chico para todo” que igual acompaña con la trompeta, que toca el metalófono, las maracas, o que se encarga del sintetizador y las mezclas. Una compañía completa e incontenible en un escenario tan pequeño como el de la sala Arena de Madrid.


El trompetista, Joey y, al fondo, John

De esta manera, Calexico propone casi dos horas de música de múltiples estilos por veinte euros. Se prescinde de la figura del telonero, ellos se bastan para encender al público, mantener el calor durante las dos horas y cerrar la noche con una fiesta por todo lo alto.

Y así ocurrió. Una media hora más tarde de la hora anunciada inicialmente aparecieron en escena y se zambulleron en sus parajes más marcianos con las instrumentales Gipsy’s curse y Frontera con el fin de estirar la banda por el ambiente de la pequeña sala. Ya asentados dieron paso a los dos primeros temas de A feast of wire, Quattro y Sunken waltz, siendo ésta última la gran beneficiada con un acordeón muy convincente. Después la alternancia de temas antiguos y más novedosos se saldó con temas tan divertidos como Jesús y Tequilla, la intervención de una joven holandesa llamada Nina que puso su voz en Ballad of cable hogue, tema de bar de carretera donde los haya, o la mariachi El picador.

En el mestizaje de sonidos explotó la improvisación, la alegría que se dibujada en el rostro de los músicos no podía tener otra traducción distinta en su música que sonar creíbles fuera el estilo que fuera. Así Not even Stevie Nicks… tenía el mismo efecto embriagador sobre el público madrileño que Stray o Crystal frontier.


El proyecto de Calexico siempre está bien arropado por sus músicos

Tras una hora y veinte minutos se despidieron por primera vez para tomar fuerzas y en un arranque nostálgico volvieron con The black light bajo el brazo, tema que daba nombre a su álbum del 98, el mejor que habían editado hasta la aparición del último el año pasado. Lo que vendría después sería toda una sorpresa. Querían tocar, como venían haciendo durante toda esta gira por España, Don’t leave me now, tema que compusieron con Amparanoia para el último álbum de la española… y ¿qué mejor que interpretarlo junto a ella? Así es, Amparo Sánchez subió al escenario, y con ella Jairo Zavala de La vacazul (también conocido por ser parte de la banda de El Club de la Comedia).

En plena fiesta se debía cerrar el concierto con Güero canelo que se enriqueció con múltiples mutaciones, la más importante la inclusión de algunas estrofas de Desaparecido de Manu Chao (que no fue la única versión de la noche, previamente habían tocado el Alone again or de Love) pero en su lugar, tras despedir a Amparanoia y refrescarse una vez más, regresaron al escenario para terminar de arrancar el cariño del público de la capital con un tema más.

Calexico se fue y dejó como legado uno de los mejores conciertos que se han podido escuchar en Madrid en el último año, por su música, su manera de tocar… En definitiva, un excelente recital.

Fotos: Extraídas del archivo de Casa de Calexico (Checko Salgado y Deborah A Zeller)

Boedekka – The piper, the devil, the poet & the priest

Colaboradores | 27 Abril 2004  

The piper, the devil, the poet & the priest es el título del primer disco oficial de los londinenses Boedekka. ¿Por qué oficial? Porque en nuestro país ya tenían publicado Happi Nightmares, aunque es, en realidad, una compilación de sus dos primeros EP. Lo que más llama la atención es que el grupo ha querido fichar en exclusiva por la española Mushroom Pillow. La intención es trabajar primero aquí en España (de hecho durante abril han estado presentado el álbum por diferentes ciudades de la geografía española) y en unos meses empezar en Inglaterra y el resto de países. El grupo fue descubierto por Boy George y fue aclamado por la prensa británica, que les llegó a definir como el perfecto cruce entre Pink Floyd y Beta Band. Ante tales presupuestos, enfrentarse a este CD sin ningún tipo de prejuicio es difícil, pero supone un interesante reto.

El disco se abre con Carnival of the antichrist, tema que en un principio iba a dar nombre al álbum, pero que finalmente se cambió por el actual (The piper, the devil, the poet & the priest) en el que podemos encontrar la clave para descubrir a los alterego de los miembros de la banda: the piper (”el gaitero”) sería Finn (representado por el símbolo de las notas musicales), the devil (”el diablo”) sería Carl (representado por el símbolo de los cuernos), the poet (”el poeta”) sería James (respresentado por el símbolo de las máscaras) y the priest (”el predicador”) sería Rob (representado por el símbolo de la cruz). A su vez, cada uno de ellos estaría representado en una de las fantasmagóricas figuras de la portada dibujadas por Charles Uzzell Edward. Precisamente la concepción de éste álbum intenta reflejar, ya sea desde el título o la portada, las múltiples personalidades que todos tenemos. Y es que el CD está lleno de metáforas, introspección, confusión, melancolía… Un amalgama de sentimientos y sensaciones que hacen de este grupo algo único.

Esta mezcla, a su vez, está materializada en los diferentes estilos que tocan: folk, rock, pop, eletrónica, psicodelia… Todo ello con claras influencias de los sonidos de los sesenta y setenta pero con un aire muy actual. Boedekka podrían perfilarse como una especie Pink Floyd que se han saltado la década de los ochenta y que abraza tanto a la electrónica como al rock alternativo de los noventa. Pero pese a todas estas influencias, por encima de todo sobresale un personal y peculiar sonido forjado en las melodías vocales, las bases electrónicas, los samplers y los sintetizadores, sin abandonar nunca las guitarras.

El disco comienza con mucha fuerza con temas como Carnival of the antichrist, Velvet skies o Microdot maintenance. En su mitad se vuelve más confuso y denso, más cercano a la meditación y a la reflexión, dando lugar a pasajes con infinidad de samplers entre los que se advierte una debilidad por la telefonía que ya se puedo observar en alguno de los temas sus primeros EP. A pesar de este momento de ¿decadencia?, aparece de pronto una canción que como un arrecife nos avisa de lo que vendrá. Hablamos de la impresionante That’s a lie. El rock vuelve, tras la espacial y magnífica Emergency Exit, con un potente tema: Forecourt junkie. Después asoman las influencias de Pink Floyd en las melodías, las voces y la tranquilidad de Naked angel.

El CD se cierra con Devil on my back, una de esas canciones que una vez que entran en nuestra intimidad ya no pueden salir de ella. Pero realmente esto no es todo, porque una misteriosa pista número 13 termina de rematar la faena con psicodelia pura y dura que nos remontan a finales de los sesenta. Estamos ante un álbum redondo en el que las grandes expectativas generadas antes de su escucha no hacen más que confirmarse.

Andrés Cabanes

Maga (Madrid, 20-05-2004)

Colaboradores | 26 Abril 2004  

La sala Arena registró una buena entrada para asistir a la presentación de Maga (Limbo Starr, 2004), nuevo álbum del trío andaluz, titulado igual que su primer disco. Pero, salvo honrosas excepciones, la acústica de esta sala suele deslucir bastante las actuaciones que se dan en ella, y desde luego ésta no fue una excepción. Los acoples en las guitarras llegaron a estropear algunos temas, y las frecuencias más graves a veces estaban tan saturadas que impedían apreciar muchos de los matices que Maga introducen en su sonido merced a la electrónica.


Femme Fatale, los teloneros

Los encargados de abrir boca fueron Femme Fatale, grupo madrileño que se dieron a conocer gracias al éxito que su tema Rockets alcanzó en el Dance Floor Chart de la MTV. Por desgracia no tuvieron una actuación muy acertada, pues su puesta en escena se caracterizó por un exceso de pose y el público se mostró desconectado de las evoluciones musicales del trío, lo que fue llevado al paroxismo en el último tema.


Miguel en un momento de la actuación

Les llegaba el turno a Maga y, como parece que va a ser habitual en esta gira, comenzaron con Astrolabios, el tema que abre su nuevo trabajo. Los ya citados problemas de sonido fueron palpables desde los primeros acordes, pero curiosamente la batería de David sonaba mucho más nítida que en estudio. Le siguió Piedraluna, ya convertido en un himno para sus seguidores, que corearon emocionados la letra. A continuación las dulces notas de Celesta permitieron a Miguel demostrar sus dotes vocales en los instantes más intensos de la canción.


Javier al bajo y David a la batería

Desde este momento se centraron en mostrar sus nuevas composiciones, alternándolas con algunas antiguas. Así pudimos oir su nuevo single, Un lugar encendido, pero lamentablemente los acoples de la guitarras estropearon la delicadeza de este tema. En cambio Blanco sobre blanco sonó con muchísima fuerza, haciendo que el público se retorciera en el crescendo y distorsionado final. Con Como nubes a mi té volvieron a acariciar los oídos de los presentes, antes de dar paso a Catálogo de esferas, donde no sólo se volvió a hacer difícil escuchar las programaciones que lo acompañaban, sino que había que echar mucha imaginación para entender la letra.


Miguel cantando

Continuaron con Táctica en la sombra, que gracias a su tempo pausado se pudo escuchar con una claridad meridiana, contrastando otra vez con los continuos acoples en Agosto Esquimal, que no evitaron que la gente saltara sin cesar en uno de sus temas favoritos. Aquí nos adentramos en la que fue la parte más oscura del concierto, y sin duda la mejor artísticamente. Se abrió con un genial Crujidos de reloj que inundó la sala de sonidos opacos. Entonces resonaron las quebradizas primeras notas de Espejo sin manos, canción que Maga desarrolló sin cerrar el final, solapándola con Dormido. Todo un bellísimo ejercicio musical que demuestra que las dudas acerca de cómo puede afectar el corsé de las preprogramaciones a la creatividad del directo de Maga son infundadas.


Maga al completo

Varios de sus temas más conocidos fueron los elegidos para dar por concluído el espectáculo. Swann y Medusa hicieron las delicias de los fans y dieron paso a un único bis en el que tocaron la fabulosa 19 y, como no, Des-pi-de. El primer corte de Bidimensional (Limbo Starr, 2001) supuso el epílogo de un concierto en el que, a pesar de las terribles dificultades con el sonido, Maga demostraron que tienen suficiente carisma y calidad para seguir en cabeza del emergente movimiento alternativo nacional.

Fotos: Andrés Cabanes

Boedekka (Madrid, 15-04-2004)

Colaboradores | 19 Abril 2004  

Con casi hora y media de retraso, Boedekka aparecieron en el escenario de la sala madrileña Moby Dick. Los británicos venían a España en una minigira (con la mitad de los conciertos en formato acústico) para presentar su primer disco The pipper, the devil, the poet and the priest. Comenzaron a sonar los primeros samplers de la instrumental Jeg elster at spille kabale (la gata decía miau) y con ella comenzaron los problemas técnicos: la guitarra de Rob no sonaba y la canción se convirtió en una impresionante introducción de más de diez minutos. Afortunadamente no hubo más problemas significativos a lo largo de la noche y el concierto pudo continuar con tranquilidad. No se hizo esperar más la interpretación del primer single de la banda, Carnival of the antichrist, mucho más contundente en directo que en el CD.


Carl, Finn y James

A partir de este momento, en el que ya había quedado asentada la solidez del grupo en directo, se sucedieron una escasa representación de los temas del último disco del grupo. Con Hangman y Microdot maintenance se alcanzó uno de los momentos álgidos del concierto, que culminó con Forecuourt junkie. En estos temas el rock más movido se apoderó del escenario sin abandonar del todo la electrónica. Era curioso cómo Finn además de cantar cambiaba del bajo a la guitarra según la canción que tocaban porque el sonido del grupo no variaba y se mantenía igual de compacto.


Finn (voz, bajo y guitarra)

Cuando empezaron a tocar Maybe your sister needs a helping hand decayó el impresionante ritmo que hasta entonces llevaba el concierto para que los ingleses profundizaran en sonidos más introspectivos y relajados. Pero la intensidad del concierto subió poco a poco cuando vieron que el público esa noche quería algo un poco más animado. El segundo momento álgido de la noche llegó cuando atacaron Devil on my back. Y es que las voces de los cuatro miembros de Boedekka forman unas armonías que alcanzan cotas realmente altas en temas como éste. Entonces pudimos descubrir que este grupo es algo más y que no se puede encajar en ese revival del rock de los sesenta y setenta que últimamente intentan vender las grandes discográficas.


James (teclados, sintetizadores, samplers y coros)

El concierto finalizó con un breve encore: Velvet skies. En total poco más de una hora, por lo que fue realmente breve y dejó a los asistentes con ganas de más Boedekka. Además se echaron de menos algunos temas increíbles del disco que venían a presentar como That’s a lie o Emergency exit. Esperemos que en próximas ocasiones los londinenses se extiendan un poco más en el tiempo y en su repertorio y nos brinden alguno de las canciones de sus grabaciones anteriores.


Rob (guitarra)

Texto y fotos: Andrés Cabanes

Deluxe (Madrid, 14 y 15-04-2004)

Colaboradores | 18 Abril 2004  

Por motivos de promoción Xoel López, o lo que es lo mismo Deluxe, estuvo tocando dos noches seguidas en Madrid. El primer día, el miércoles, lo hacía en el Chesterfield Café. Éste era un concierto promovido por los Cuarenta Principales, dentro de sus Stage 40 (conciertos organizados por la cadena de radio para su posterior emisión). El segundo día, el jueves, hacía lo propio en la sala Staff. Éste era un concierto del que se ofrecía la entrada con la compra de la edición especial de su disco If things were to go wrong o con la del single Que no.


Xoel López

Ambos conciertos eran gratuitos y no se ajustaban a lo que es un concierto tradicional de Deluxe. En los dos se eligió una suerte de formato semiacústico: Xoel sólo estaba acompañado por su amigo Juan de Dios y el repertorio fue prácticamente el mismo los dos días. Entre ambos se repartieron las guitarras, bajo, teclados, sintetizadores y ordenador para recrear la ausencia de una banda completa. El ambiente fue distendido, casi demasiado, no está muy claro si fue debido al carácter gratuito y promocional de los conciertos o por la confianza que se toma Xoel con el público (la noche del jueves invitó al respetable a subir a cantar con él al escenario). Lo curioso es que se sorprendió cuando el público convocado en el concierto de los 40 Principales conocía aquellas canciones que no estaban en su último disco.


Xoel López y Juan de Dios

El comienzo de los dos conciertos fue el mismo: empezaron con Xoel sólo en el escenario interpretando con la guitarra Bienvenido al final y Caetano Veloso. A partir de este momento el orden de los temas varió sensiblemente (el jueves pidieron al público que eligiera los temas), pero no hubo apenas diferencias: si el miércoles siguió con If things were to go wrong, Irene (versión de Caetano Veloso que inspiró el tema que dedica al brasileño en el disco) o My beautiful thing (en la que tuvo que abandonar definitivamente la acústica porque se le rompió una cuerda), el jueves prefirió Three Months of Glory (que también tocaría más tarde el miércoles y con un final apoteósico en el que incluyó pasajes de Un año más de Mecano o Whith or without you de U2), Danke Schöen o No Money to Spend (también interpretada el día anterior, en las dos ocasiones como si fuera un crooner -o cómo el mismo anunció: “en clave Sinatra”- acompañado por Juan de Dios al piano).


Xoel con la acústica cantando Irene

Otros temas que no faltaron fueron Song for Ana, su último éxito Que no o alguno de los temas de su EP We create, We destroy como It could have been my mirror. Merece especial atención la interpretación de su primer gran éxito: I’ll see you in London. De hecho hizo la versión del mencionado tema que se incluía en su primer single (del mismo nombre) y que definía como 80´s flavour: en el concierto la empezó tocando el tema de Buggles Video killed the radio stars, que enlazó con la susodicha I’ll se you in London. En el apartado de las versiones también destacaron, el jueves, Something de los Beatles y My generation de los Who.


Xoel López

Estamos de enhorabuena, porque gracias a grupos como Deluxe poco a poco el panorama independiente se abre paso entre la música comercial: grupos como Sidonie fichan por multinacionales como Sony y otros como Deluxe actúan en programas de TVE y entran en la lista de los 40 Principales. Puede que este no sea un mérito propio (aunque si estas listas fueran reales, tendría asegurado un sitio), pero poco a poco la música independiente deja de serlo tanto y se acerca al gran público.

Texto y fotos: Andrés Cabanes

Cat Power (Madrid, 07-04-2004)

Colaboradores | 10 Abril 2004  

Decepcionante es la primera palabra que se pasa por la cabeza tras asistir al paso por Madrid de Chan Marshall, más conocida como Cat Power. A pesar de tocar la noche anterior al puente de Semana Santa, Chan logró llenar la sala Clamores. Había mucha expectación entre el público ante la autora del mejor álbum del 2003 para el que suscribe esta reseña. Pero todo se quedó en un concierto fallido en la totalidad de sus escasos 45 minutos de duración.

Con cierto retraso apareció en solitario sobre el escenario en penumbra, dispuesta a interpretar sus temas con la ayuda de una guitarra y un piano. Aun así, a medida que fue desarrollando sus canciones el desencanto se fue apoderando de los asistentes. Temas empalmados y desdibujados o, peor aún, cortados sin motivo aparente; imposibilidad de apreciar debidamente sus evoluciones sobre el escenario por la inexistente iluminación; pausas larguísimas en las que fumaba, bebía, hacía ruidos absurdos y bromeaba con el público haciendo algunos chistes que nadie entendió… Aunque por lo menos tuvo el detalle de invitarnos a todos a brindar con ella y a gritar “fuck you” (sic).

Todo indicaba que su cabeza se encontraba muy lejos de donde estábamos los presentes. Así se reflejó en la versión acelerada de Good woman, que supuestamente ya no tocaba desde que se rompió un dedo (y tal vez hubiese sido mejor así). A pesar de todo hubo momentos en los que se pudo disfrutar de su voz singular. Por otro lado los temas al piano, durante los cuales usó un pequeño bombo para marcar el ritmo, sonaron mucho mejor que con la guitarra.

Chan abandonó el escenario tras interrumpir un tema bruscamente y ya no volvió más para tocar. Triste final de un concierto para olvidar. Seguiremos escuchando sus discos, de una calidad infinitamente superior a la que demostró ella sobre el escenario. Esperemos que algún día venza sus miedos escénicos y pueda dejar en cada concierto todo lo que lleva dentro.


Cartel promocional del paso de Cat Power por Madrid y Barcelona