El señor de las moscas: primeras impresiones

El señor de las moscas, la novela de William Golding que lleva más de setenta años perturbando conciencias, llega por primera vez a la televisión de la mano de Netflix.
Golding concibió la historia como una respuesta directa a La isla de coral, una novela victoriana de aventuras que retrataba a los niños como seres inherentemente buenos y civilizados, una visión que él, veterano de la Segunda Guerra Mundial, consideraba profundamente ingenua. La novela le valió el Premio Nobel de Literatura en 1983 y se convirtió en uno de los textos más leídos — y más debatidos — de la literatura occidental del siglo XX.
Antes de esta serie, la novela había llegado a la pantalla grande en dos ocasiones, pero nunca a la televisión. La primera fue la versión de Peter Brook en 1963, rodada en blanco y negro en una isla frente a las costas de Puerto Rico, con actores completamente aficionados y sin guion formal — Brook se apoyó exclusivamente en los diálogos del propio libro. El resultado fue una adaptación austera y fiel que el propio Golding aplaudió. En 1990, el director Harry Hook intentó una nueva versión en color, pero trasladó la acción a cadetes militares estadounidenses, una decisión que, para muchos críticos, traicionó la esencia misma de la novela.
El origen de esta producción es una hermosa casualidad del mundo del espectáculo. El productor Joel Wilson llevaba tiempo queriendo adaptar la novela y finalmente se acercó a Thorne. Wilson recordó: «Escribí a alguien relacionado con el legado de Golding… Y años después hicimos Sex Education, y eso nos puso en el mapa un poco. Entonces Jack estaba comiendo en mi casa, y le dije: ‘¿Cómo demonios voy a conseguir que vuelvas a trabajar conmigo?’ Y él dijo: ‘Bueno, si consigues El señor de las moscas, lo haré.'» Para Thorne, era el proyecto de sus sueños. Declaró: «Joel dijo: ‘¿Cuál es el libro que más deseas hacer, que nunca has tenido la oportunidad de hacer?’ Y yo dije El señor de las moscas, siempre ha sido El señor de las moscas para mí, y lo he intentado varias veces.»
El director Marc Munden recorrió todo el Reino Unido en busca del reparto, pasando meses filtrando candidatos. Quería una selección diversa de actores. La directora de casting fue Nina Gold, la misma persona responsable de encontrar el elenco de Juego de Tronos y Baby Reno. La convocatoria fue abierta, buscando chicos de entre 10 y 13 años sin ninguna experiencia previa requerida. Thorne ha hablado con entusiasmo de lo que resultó de ese proceso: al final, no se quedaron con cuatro u ocho niños, se quedaron con 40, porque muchísimos jóvenes actores habían estado muy cerca de interpretar a un Jack, un Maurice o un Roger.
La producción pasó unos seis meses visitando playas tropicales de todo el mundo antes de elegir Langkawi, en Malasia. Una vez allí, el elenco y los técnicos se encontraron luchando contra lluvias torrenciales, insectos aterradores e incluso tornados — unas condiciones que en ocasiones reflejaban la historia de supervivencia que estaban contando. Y como no era posible rodar con los jóvenes actores después de las seis de la tarde, el director de fotografía Mark Wolf y Munden desarrollaron una técnica de cámara infrarroja para las escenas nocturnas. La cámara reacciona al follaje verde convirtiéndolo en tonos rosas y rojos, dando a las secuencias en la jungla una cualidad alucinatoria que no se parece a nada visto antes en televisión.
La banda sonora original fue compuesta por Cristobal Tapia de Veer — conocido por The White Lotus —, con el tema principal y música adicional de Hans Zimmer. Pero la elección musical más cargada de significado es el uso de la música coral de Benjamin Britten: sus himnos acompañan a los chicos del coro al principio de la serie, creando un contraste entre lo sagrado y lo salvaje que se vuelve cada vez más inquietante a medida que avanzan los episodios.
El señor de las moscas fue el primer gran proyecto de Thorne tras su enorme éxito de crítica y audiencia Adolescencia, y ambos fueron escritos y rodados al mismo tiempo, explorando un territorio similar. Thorne reflexionó: «Definitivamente Golding se coló en Adolescencia y creo que un poco de Adolescencia se coló en la serie.» La serie fue realizada con la bendición de los descendientes de Golding, continuando una tradición del legado de ser protector pero favorable a las adaptaciones adecuadas.
La crítica especializada ha recibido la serie con un entusiasmo casi unánime. Desde The Telegraph, Anita Singh la califica de «un ejemplo de primera clase de una adaptación bien hecha», mientras que Emily Baker va aún más lejos al afirmar que, tras esta versión magistral, «probablemente no debería existir ninguna otra.» The Times la describe como «una adaptación sumamente elegante» que satisfará tanto a los fieles a Golding como a los recién llegados. No todo son elogios sin matices: The Independent señala que algunos elementos visuales no terminan de funcionar, aunque reconoce que se trata de «una visión valiente y ambiciosa», y The Guardian es el más crítico, apuntando que los episodios se sienten «a la vez inflados y vacíos.» En conjunto, sin embargo, el veredicto es claro: setenta años después de la novela, la primera adaptación televisiva de El señor de las moscas está a la altura del desafío.







