[Discos clásicos] Benjamin Biolay – Rose Kennedy
Rose Kennedy (Virgin, 2001) nace de una obsesión histórica tan inusual como precisa. El álbum gira en torno a la familia Kennedy — y en particular a sus víctimas silenciadas —, con Rosemary Kennedy como figura central: la hermana de JFK que en noviembre de 1941, con 23 años, fue sometida a una lobotomía. A pesar de un desarrollo más lento debido a complicaciones en el parto, había crecido siendo una joven viva y atractiva, pero la operación la dejó en un estado del que no había salida. A su alrededor orbitan Rose Kennedy, la matriarca superviviente, y Marilyn Monroe como otra víctima en la sombra del clan. Samples de viejas películas de Hollywood — Some Like It Hot aparece acreditado en el libreto — crean la sensación de escuchar la banda sonora de épocas desvanecidas.
Compositor, autor y arreglista, Biolay lo hace todo: letras cinceladas y muy cinematográficas, arreglos de cuerdas suntuosos que evocan a Gainsbourg, con raíces en Trenet y Salvador pero también en McCartney para la perfección pop. Grabado en los estudios ICP de Bruselas junto a Erwin Autrique, el disco mezcla orquestaciones sinfónicas y pop con una naturalidad que no suena a debut. Rose Kennedy y Los Angeles avivan el fantasma de una pop orquestal a la francesa; La Mélodie du bonheur revisita el cool-jazz con Biolay jugando al crooner; La Dernière heure du dernier jour imagina los pensamientos de JFK Jr. durante el accidente de avión, acompañada de violines obsesivos y un épico solo de guitarra slide.
El alma más íntima del disco vive en sus momentos más reposados. Rose Kennedy narra el duelo solitario de la superviviente del clan con una emoción contenida y sobria. La Monotonie lo dice todo en una imagen: «Du lundi au lundi / Un dimanche sans fin» — la rutina como condena suave, el tiempo que no avanza ni retrocede. Pero es en L’Observatoire donde Biolay afina más el pulso: ritmo pausado, letra que mira más que habla, arreglos que nunca empujan. Las cuerdas comparten espacio con bucles elegidos con cuidado, el pasado y el presente conviven en perfecta armonía. Es el momento en que Rose Kennedy deja de ser un álbum de canciones y se convierte en una película sin imágenes.

