[Crónica] Jungle (Madrid, 26/10/26)

Asistir, a las dos de la madrugada y como cierre de festival, al concierto de una banda con la pista de baile como horizonte tiene algo de prueba de resistencia: el público llega con las fuerzas mermadas y la música compite con el cansancio de toda una jornada. En esas condiciones había coincidido siempre con Jungle, y el disfrute, aunque genuino, quedaba siempre amortiguado. Como cartel en solitario la perspectiva cambia por completo, y su paso por el Movistar Arena, pese a caer en lunes, lo confirmó. El colectivo londinense volvía a Madrid tres años después de presentar Volcano (2023) en Vistalegre, esta vez con Sunshine (2026), su quinto álbum y el primero con Lydia Kitto como miembro de pleno derecho. La duda era cuánto espacio iba a conceder al repertorio nuevo frente a un catálogo que, a estas alturas, funciona casi como una sucesión de singles.
La respuesta llegó en forma de estrategia bien medida. Tras Smile, el arranque fue para The Heat, de su debut homónimo Jungle (2014), seguida de Heavy, California y Beat 54 (All Good Now), de For Ever (2018), una forma de asegurarse al público antes de tantear lo nuevo. Problemz hizo de puente hacia The Wave, el adelanto que mejor resume el espíritu veraniego de Sunshine. A partir de ahí, el bloque central alternó novedades como Someday, Somewhere, Come Back to Me o la canción titular con I’ve Been in Love y sencillos sueltos como Let’s Go Back o Keep Me Satisfied. Si algo distingue a Jungle es su capacidad para aprovechar cada minuto: las canciones se encadenan casi sin transición y el pulso apenas decae en las dos horas largas de concierto. El directo se vive así como una perpetua invitación a la fiesta, que el público acepta sin reservas de principio a fin.
Lo más llamativo, en todo caso, fue el paulatino cambio de actitud sobre el escenario. En los últimos conciertos suyos a los que habíamos asistido, como el del BBK de Bilbao, la formación parecía esconderse o difuminarse entre las luces y apenas pronunciaba palabra, fiel en cierto modo al anonimato con que se presentó en sus inicios. Ahora ya no precisa de ningún misterio: se toman pequeños respiros entre canciones, presentan a los músicos de manera informal y, en esos momentos, sus miembros se quitan las habituales gafas de sol y por fin se les ven las caras. A ello se suma el mayor protagonismo de Lydia Kitto, que ha dejado atrás el papel de voz de apoyo para situarse en primer plano, en sintonía con el peso que ya tiene en Sunshine. Antes de ponerse a cantar Drops, Tom McFarland recordó, además, los más de diez años que la banda lleva junta, y la canción, rescatada del debut, se resolvió con un final épico. El tramo final fue, sin disimulo, una sucesión de éxitos. Candle Flame, Dominoes y Back on 74 desembocaron en Casio, Time, Coming Back, Don’t Play, All of the Time y GOOD TIMES, antes de unos bises con Keep Moving y Busy Earnin’, la canción con la que todo empezó. «¿Qué tal si intentamos convertir el lunes en viernes?», había propuesto Josh Lloyd-Watson en una de sus intervenciones. A juzgar por cómo salió el público del Movistar Arena, lo consiguió, y Jungle confirmó que hoy ofrece uno de los mejores directos entre las formaciones de su órbita.







