[Crónica] Fontaines D.C. (Cádiz, 08/08/26)

Fontaines D.C. volvían a un escenario después de casi un año de silencio, pero lo hacían por primera vez sin Trevor Dietz, su mánager y, según la propia banda ha repetido en distintas entrevistas, una suerte de sexto miembro del grupo, fallecido este verano. El Baluarte de la Candelaria de Cádiz fue el escenario elegido para ese primer paso, dentro de una minigira española que también les lleva a Alicante y Pamplona y que antecede a su cabeza de cartel en el Reading & Leeds. No fue, sin embargo, una noche instalada en la nostalgia ni en el duelo explícito: los irlandeses llevaban meses trabajando en material nuevo —lo habían anticipado aportando canciones a la banda sonora de Peaky Blinders: Immortal Man y al recopilatorio de War Child Help(2), y grabando esta misma semana la última sesión de la historia de Maida Val y decidieron probar dos temas inéditos en directo, la vieja costumbre de la banda de rodar canciones sobre el escenario antes incluso de cerrarlas en el estudio.
El concierto arrancó sin preámbulos con Boys in the Better Land, de su debut Dogrel (2019), una declaración de intenciones que sigue funcionando como detonante siete años después. Here’s the Thing, ya de Romance (2024), y Nabokov, rescatada de Skinty Fia (2022), confirmaron que la banda no piensa presentarse con un repertorio ordenado cronológicamente, sino cruzando épocas según conviene a la tensión del directo. Llegó entonces el primer momento reseñable de la noche: Marianne, con ese pulso más industrial y unos sintetizadores que remiten sin disimulo a Depeche Mode, un giro que sorprende- hasta cierto punto- en una banda que hasta ahora había construido su identidad sobre el post-punk guitarrero. Le siguió Jackie Down the Line (Skinty Fia), coreada de memoria, e It’s Amazing to Be Young, de la reedición de Romance, que sirvió de puente hacia hacia una propulsiva Televised Mind, superviviente de A Hero’s Death (2020) y todavía uno de los puntos álgidos del show en directo, capaz de alternar entre los pasajes más desatados y los más contenidos sin perder el pulso.
El tramo central alternó Roman Holiday y Before You I Just Forget (de Skinty Fia y de la reedición de Romance, respectivamente) con el núcleo más veterano del repertorio: Big y Hurricane Laughter, ambas de Dogrel, que siguen sonando como si la banda no hubiera cumplido ni treinta años el día que las escribió. Bug (Romance) y Big Shot (Skinty Fia) mantuvieron el pulso antes de que Favourite– la «favorita», nunca mejor dicho, de gran parte de los asistentes- aportara el respiro melódico que necesita cualquier tramo final de concierto, y In the Modern World cerró el cuerpo principal del show con ese aire de himno generacional – con una fuerza que el disco apenas insinúa- que Romance persigue en varias de sus canciones.
El bis fue, en realidad, donde se jugó la noche. Six Shot Morning, la segunda canción nueva, resultó más oscura y más sintética que Marianne, casi amenazante, y deja claro que el quinto disco de Fontaines D.C. no va a ser una repetición de fórmula, un gesto que no sobra en una industria adicta a repetirse. Después, el contraste entre una exultante I Love You (Skinty Fia) y una Starburster (Romance) más nerviosa funcionó como el previsible clímax coreado por todo el recinto, con el que la banda dio por cerrada la noche. No hubo grandes discursos ni gestos solemnes, pero Fontaines D.C. volvió a demostrar que en directo pocas bandas de su generación pueden hacerles sombra.







