[Crónica] El eco de Los Ángeles 1976-2026 (Granada, 24/10/2026)

Los conciertos de homenaje arrastran casi siempre una sospecha de partida: la de convertirse en un desfile de invitados que suben, cantan su canción y se marchan, con el homenajeado reducido a mero pretexto. No fue el caso del sábado en el Teatro CajaGranada, donde desde los primeros compases se notaba que el tributo era sentido y no un frío trámite de aniversario. Con las entradas agotadas y el patio despejado de butacas, más de una treintena de músicos, desde veteranos coetáneos del grupo hasta un guitarrista de apenas 21 años, se reunió para recordar a Los Ángeles medio siglo después del accidente que, en septiembre de 1976, costó la vida a Poncho González, voz, batería y principal compositor, y a José Luis Avellaneda. El doble vinilo El eco de Los Ángeles (1976-2026) cierra así el círculo que en 2005 abrió el primer homenaje, coordinado entonces por Antonio Arias.

La noche arrancó con la banda base, dirigida por los hijos de Poncho, Popi González y Pablo G. Martín, junto a Miguel Martín, Jesús Coca, Nacho Pacheco y Pablo Bachs, y arropada por una sección de cuerdas que acompañó todo el concierto y le confirió una solemnidad añadida. Con ellos sonaron Mónica y Para Inés, que en el disco interpretan los propios Popi y Pablo, mientras entre el público un veterano admirador del grupo comentaba que Popi tiene un estilo de voz muy parecido al de su padre. Muy pronto llegó J de Los Planetas con Mamá deja de llorar, de 1974, que funcionó como declaración de intenciones, porque el repertorio iba a inclinarse hacia la última etapa del grupo, la que Popi señaló desde el escenario como su favorita. Es también la que mejor explica el mérito de Los Ángeles. Cuando el auge de los cantautores desplazaba de las listas a los viejos conjuntos de los sesenta, el grupo supo cruzar al nuevo decenio sin la racha de éxitos de antes, pero con canciones más personales, nacidas en los años de Avellaneda a la guitarra, de un sonido más acústico y próximo al folk-rock de America o Crosby, Stills, Nash & Young, y de las composiciones más elaboradas de Poncho. No obstante, Juan Alberto, de Niños Mutantes, rescató Mañana, mañana, el gran éxito de 1968, que en el disco comparte con Quini Almendros y que, según contó Popi, en principio no iba a figurar en el álbum, pero lo aceptò dado era una de las favoritas de Juan Alberto. Resulta curioso, en todo caso, que se quedaran fuera, al menos del disco de homenaje, Dime, dime, del mismo año, Lo mucho que te quiero, de 1969, o Abre tu ventana, de 1971, su último gran éxito en listas.

La memoria de aquella generación tomó cuerpo con la aparición especial de Miguel Ríos, que cantó Es difícil olvidar como en el disco, y con la reunión de Adolfo Rodríguez, de Los Íberos, y Luis Martín, de Los Ronaldos, en Una vez juré, que en la grabación corre a cargo de Los Planetas. Lori Meyers, que siempre ha citado a Los Ángeles entre sus grandes influencias, volvió a interpretar No estoy contento, como ya hiciera en el homenaje de 2005. A lo largo de la noche sonaron también Evolución, en manos de Unidad y Armonía, y Cada día, con José Antonio García, de 091, y Juan Codorníu. Mientras Paulina del Carmen y Tessa Olmos, acompañadas de Eva Penélope, daban voz a la generación más joven en Te necesito, Jolís, junto a Rafa del Castillo y Ginés López, recuperaba Raquel, aquel single compartido con Los Mitos que en el disco canta Rafael Amargo. 98.6 fue, como era de esperar, la más coreada, y Una vez más, pese a no contar con la gran voz de Soleá Morente que aparece en el disco, se convirtió en uno de los momentos notables de la velada.
El tramo final quedó en manos de Antonio Arias, que se reservó dos canciones de 1968, Créeme, otro top 5 en España, y Monotonía, y que entre ambas lanzó al aire una pregunta: «¿Para cuándo una plaza? ¿Para cuándo una placa?». El cierre, con todos los músicos en escena, llegó con Nada va a cambiar el mundo, el último single que el grupo publicó, en el verano de 1976, un título que en otras circunstancias sonaría a resignación. No creemos que nadie lo entendiera así. A falta de plaza y de placa, Granada demostró el sábado que la música de Los Ángeles sí cambió algo, al menos el lugar desde el que la ciudad cuenta su propia historia musical. El ciclo continuará el 18 de noviembre en el Teatro Alhambra y, ya en diciembre, con una exposición en la Sala Zaida.



