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[Crónica] Big Thief (Sevilla, 09/07/26)

En tiempos en que el negocio de la nostalgia convierte el pasado en producto, conviene recordar que la mejor música opera de otra manera: te convoca a un recuerdo que no te pertenece. No hace falta haber estado en el basement de Woodstock con Dylan ni haber visto a The Band desmontar un escenario para sentir que algo de todo aquello vive en Big Thief. El pasado 9 de junio, en una Sala Cite del Cartuja Center con el aforo justo para que cada nota encontrara su sitio, Adrianne Lenker, Buck Meek, James Krivchenia y el bajista Joshua Crumbly -quien desde la marcha del fundador Max Oleartchik en 2024 ancla el sonido del grupo en directo- ofrecieron algo que cada vez escasea más en el circuito de giras: un concierto que parecía improvisado en el mejor sentido, sin renunciar a un milímetro de precisión. La gira Somersault Slide 360 Tour, que presenta su sexto álbum Double Infinity (2025), lleva semanas circulando por Europa con fama de mutar noche a noche, y Sevilla no fue una excepción.

La apertura fue con una canción nueva, sin álbum, sin contexto previo más allá de lo que la propia música decía. El gesto define bien a este cuarteto: no hay reverencia al catálogo que les impida arriesgar. A continuación, These Are the Days casi despojada de arreglos, apenas Lenker y las cuerdas, antes de que la banda entrara de lleno para Space and Time. Where Will I Go llegó en formato dúo, solo Lenker y Krivchenia, una reducción que lejos de restar sumó: la canción ganó en tensión lo que cedía en volumen. El turno de Certainty -una de las más coreadas de la noche, procedente de Dragon New Warm Mountain I Believe in You (2022)- demostró que no hace falta electricidad para levantar una sala. Poco después llegó Born for Loving You, quizá la más directa del repertorio, aplaudida con la energía que se reserva para los temas que suenan como canciones favoritas de toda la vida aunque no lo sean desde hace tanto, antes de que el cuarteto recuperase el pulso colectivo.

Uno de los momentos más recordados de la noche fue cuando Lenker anunció que iban a tocar la primera canción que interpretaron en directo como banda, allá cuando ella tenía 21 años. El silencio fue absoluto. Después vino Carry, lenta y grave, seguida de Sadness As a Gift en solitario, solo Adrianne con la guitarra y la voz, como suele ocurrir con el material de Bright Future (2024). El clímax instrumental llegó con Simulation Swarm, cuyo solo de guitarra arrancó una ovación cerrada antes de que terminara la canción. Bright Future cerró el set principal con esa sensación de plenitud que tienen los finales que no pretenden serlo. Los bises recuperaron el territorio más tradicional del grupo. Primero Vampire Empire, y como cierre absoluto Masterpiece, la canción con la que todo empezó, la que lleva diez años abriendo y cerrando mundos. Cuatro músicos que se miran como si cada canción fuera la primera vez, sin artificios, sin setlist inamovible, sin otra norma que la de no repetirse. En 2026, cuando todo tiende a la repetición y al formato, eso es casi un acto de resistencia.

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