Veinte canciones bajo la aguja (2012) IX

| 15 abril 2012  

Once novedades esta semana. Abriendo la lista, desde Portland, Lost Lander, la banda liderada por Matt Sheehy y el productor Brent Knopf, que previamente estuvo en la banda Menomena, y una canción de su disco de debut, DRRT (ya conocíamos el single Cold feet). Más arriba el adelanto del nuevo disco de los TV Girls, titulado The Wild, The Innocent, The TV Shuffle (Greedhead Music, 2012).Captured Tracks lanza el álbum en solitario de Mac DeMarco, líder de Makeout Videotape, titulado Rock and Roll Night Club. Black is Beautiful (Hyperdub) es el título del nuevo trabajo largo de Dean Blunt e Inga Copeland (antes conocidos como Hype Williams). House Of Baasa (Kanine Records,2012) es el disco de debut de las hermanas de Brooklyn Cristi Jo and Jessica Zambri, aquí con una de las mejores canciones extraídas del mismo. Más arriba está la versión de Travelling home de Pentangle, de 1968, a cargo de Quantic and Alice Russell with the Combo Bárbaro. En mayo la formación de Los Angeles Modern Time Machines publicará su disco de debut Continuity Girl, y su adelanto es Lucky Lady. Dry The River describen su sonido como “folky gospel interpretado por una formación de post -punk”. Su debut se titula Shallow bed (Sony,2012). A Wasteland Companion (Merge,2012) es el séptimo disco ya de M. Ward, que presentará de gira esta primavera. Foxy Shazam también ocupan un puesto en la lista con la canción más destacada de su álbum The Church of Rock and Roll. Por último el veterano Dr. John con su gran nuevo disco Locked Down, producido por Dan Auerbach de los Black Keys.

Lista completa

Lost Lander- Afraid of summer
TV Girls-Misery
Marc Demarco-She´s all really I need
Dean Blunt and Inga Copelant- The Narcissist
Zambri-My could have true
Quantic &Alice Russell-Travelling song
Modern Time Machines- Lucky lady
Dry the river-New ceremony
M.Ward-Me and my shadow
Lost in the trees- An Artist´s song
Gregory Porter- Reall good hands
Foxy Shazam-Wasted Feelings
Dr. John-Revolution
Paul Weller-Devotion
Mark Lanegan & Isobel Campbell- The breaking hands
Magic Trick- Torture
Deer Tick – Virgina Gal
Royal Headache- Down the lane
Michael Kiwanuka- Any day will be fine
Andrew Bird- Near death Experience experience

Los libros de la semana

| 9 abril 2012  

Repasamos la lista de los libros más vendidos y alguna de las novedades de la semana.

En ficción encontramos la novedad Alcazaba del extremeño Jesús Sánchez-Adalid para Martínez Roca. Un puesto más arriba en su segunda semana  22/11/63 (Plaza & Janés) de Stephen King y en el cuarto  Cuando pase tu ira (Seix Barral) de Åsa Larsson. En no ficción hallamos Vivir es un asunto urgente (Punto de lectura) de Mario Alonso Puig, y en poesía tres novedades: Poesía última de amor y enfermedad (Libros del Silencio) de Lois Pereiro, Cadena humana (Visor) de Seamus Heaney y Los placeres del condenado (Visor) de Charles Bukowski. En bolsillo entra directamente al segundo puesto la Caja True Blood de Charlaine Harris a través de Punto de Lectura.

Entre las novedades, Carrera al límite (Geoplaneta) de Ross D. E. MacPhee. Hace cien años, las ambiciones de Robert Falcon Scott y Roald Amundsen se enfrentaron en dos exploraciones casi simultáneas para conquistar el Polo Sur. El desenlace, una fabulosa hazaña mezclada con amarga tragedia y heroísmo desinteresado, produjo uno de los relatos más intensos y emocionantes de la historia de la exploración. Profusamente ilustrada, esta obra ofrece extractos de diarios y cartas escritos por los miembros de la expedición; dibujos, pinturas y fotografías de paisajes antárticos, condiciones de vida, equipo y formas de transporte, e imágenes nunca antes publicadas de objetos y documentos relacionados con la expedición conservados en las colecciones del Scott Polar Research Institute, el Frammuseet y el American Museum of Natural History. También incluye cinco croquis panorámicos con ilustraciones detalladas del viaje de Scott en ocho etapas y dos mapas verticales.

Macbeth (Libros del Zorro Rojo, 2012). Dedicada al rey Jacobo I de Inglaterra, Macbeth es, en palabras de A. W. Schlegel la más vigorosa obra de Shakespeare: «La poesía trágica no había producido nada más grandioso ni más terrible».

Escrita en prosa y en verso hacia 1606, Macbeth profundiza sobre la legitimidad del poder, la ambición humana y los designios del destino, en una de las tragedias más lúcidas que el dramaturgo inglés haya legado a la historia de la literatura.La presente edición, ilustrada por el maestro italiano Ferenc Pintér cuenta con la notable traducción de Ángel-Luis Pujante y un luminoso prólogo de Jorge Luis Borges.«Recuerdo haber asistido hace muchos años a una representación de Macbeth; la traducción era no menos deleznable que los actores y que el pintarrajeado escenario, pero salí a la calle deshecho de pasión trágica. Shakespeare se había abierto camino.» Jorge Luis Borges

Mi Nueva York (Marbot),Ilustrado por Paul Hogarth. Brendan Behan deja bien clara desde el principio su parcialidad hacia el objeto de sus comentarios y divagaciones: «Nueva York es la mejor ciudad del mundo, por un lado y por el otro y por cualquier lado: de espalda, de cara y de perfil». Y sin embargo un examen más detallado de los diversos perfiles de la ciudad de sus sueños se convierte para Behan en una ocasión para reírse a propósito de prácticamente todo lo que ha visto o le han contado de ella: ya esté hablando de los taxistas o de los banqueros, de los irlandeses, los judíos o los camareros, del precio de los abrigos o de la calidad de la cerveza, Behan tiene siempre una anécdota propia o ajena para dar forma a su personalísimo recorrido por la ciudad, o para dar color a sus frecuentes escapadas a temas de la más rigurosa universalidad. Libro de viajes, monólogo humorístico o como se le quiera llamar, el libro de Behan es una aproximación literaria y poco convencional a una de las ciudades más fascinantes del mundo.

Mi Nueva York viene a completar el personal mapa del mundo iniciado por Brendan Behan con Mi isla, también publicado en Marbot Ediciones: dos libros que se interpelan e iluminan entre sí, y que constituyen conjuntamente el legado final de su autor.

Las vidas de John Fante y de su hijo, Dan Fante, son muy distintas pero muy parecidas en lo esencial: su pasión por la escritura y su debilidad por el alcohol. En Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia (Sajalín), Dan Fante traza la historia familiar desde el sur de Italia hasta los barrios de inmigrantes de Colorado y Los Ángeles, donde un joven John Fante empecinado en escribir novelas lucha para conseguir reconocimiento literario, hasta que harto de no obtenerlo sucumbe a los suculentos cheques que el Hollywood de la época dorada le entrega a cambio de sus guiones. Un padre, John, amargado por el fracaso de su vocación y con un carácter explosivo; y un hijo, Dan, descubridor precoz de la mala vida que a los veinte años escapa de las tensas relaciones familiares huyendo sin un céntimo a Nueva York, son el eje narrativo de unas memorias en las que Dan Fante imprime el ritmo de sus novelas. En Nueva York seguiremos a Dan en su carrera de trabajos extravagantes y hazañas alcohólicas, de la que solo será rescatado, veinticinco años más tarde, por la escritura. Incluye treinta y dos fotografías en B/N de la familia Fante

Exitus (El Aleph) de Antonio Luque.Uno de los artistas pop más reconocidos del panorama musical español, Sr. Chinarro, publica su primera novela.Pepito es un joven estudiante de clase obrera que vive con su padre, recién operado de una laringectomía, y su madre, una ama de casa que se cuida poco y habla siempre a gritos. Enamorado de su vecina, Margarita, y terriblemente desorientado, Pepito sufre un golpe que dará un vuelco a su vida: una explosión de gas en el piso de sus padres le deja huérfano de padre y con la madre ingresada en el hospital. A partir de ahí, el protagonista deberá empezar a buscar su lugar en el mundo por su cuenta, sin prácticamente ninguna ayuda.

Tatuajes de criminales y prostitutas.Lacassagne · Le Blond· Lucas (Errata Naturae).Traducción: María Lomeña Galiano.

Este libro lo pueblan criminales y prostitutas de finales del siglo XIX o comienzos del XX, hombres y mujeres de los que apenas se conoce el nombre, unas pocas peripecias vitales… y sus tatuajes. Individuos sin apenas historia, como tantos otros. Y, sin embargo, aquí están: probablemente escribiesen pocas palabras, pero las que quisieron escribirse en la piel, indelebles, han llegado hasta nosotros, cien años más tarde. Provienen de todo tipo de archivos y por primera vez se recopilan en este libro a través de decenas de imágenes originales.

Los hombres o mujeres que portaban estos tatuajes fueron integrados por la ciencia decimonónica en una nueva categoría: el individuo peligroso. Así, eran enviados aquí o allá, a cumplir el servicio militar o a formarse en algún taller elegido por sus padres; o bien eran encerrados en cárceles y asilos, hospitales y reformatorios, colonias penitenciarias y agrícolas… Se les permitió tomar pocas decisiones, pero las que tomaron fueron simbolizadas de forma permanente a través de estos grabados en sus cuerpos. En consecuencia fueron considerados aún más reprobables, pues por entonces tatuarse era, no lo olvidemos, «una costumbre bárbara».

Los tatuajes que se pueden ver en este libro son casi siempre simples, torpes, se parecen poco a los que cualquiera puede hacerse hoy en día. Sin embargo, gozan de un encanto singular y extraordinario. Responden tanto al impulso como a las necesidades del imperio de los sentimientos. Y, ante todo, son la puerta de entrada a unas vidas lejanas y violentas cuyos fragmentos se cosen en estas páginas.

El Columpio Asesino (Sala Razzmatazz, Barcelona, 06-04-2012).

| 8 abril 2012  

El columpio Asesino: el todoterreno de la música española.

Pocas discotecas ofrecen lo que Razzmatazz: hay numerosas salas, a gusto de todos, con música de casi todos los palos, y hasta un espacio para que el fumador y los demás asistentes desahoguen algunos de sus vicios nocturnos. Además, en veladas como la de ayer, viernes santo, regalan actuaciones de excepción que amenizan y complementan el trabajo de los Dj residentes. Anoche los invitados de honor eran los navarros El Columpio Asesino, una de las bandas más destacadas del último año en el panorama musical nacional: su cuarto álbum, Diamantes, valorado por muchos como el mejor disco de 2011, les ha colocado al frente de esta nueva generación de artistas y grupos que, ahora sí, están significando el verdadero despegue del movimiento indie en nuestro país.

La maquinaria de la fiesta no para en las noches de Razzmatazz, y el concierto se embutió entre temas pinchados de lo mejor del rock alternativo y sesiones de electrónica: el entorno propicio para que el sonido de El Columpio Asesino se manifestara de la manera que lo hizo. Los de la comunidad foral no saben qué son las medias tintas; enemigos de la famosa gama del gris, son radicalmente blanco y negro: un sonido de rock estridente, recto y diagonal, que basa su particularismo en la riqueza rítmica tribal conductora, el acompañamiento primario y crudo de dos guitarras y un bajo, siempre desafiantes, teclados y vientos rompedores que se clavan a fuego en las viciadas melodías, y un juego de voces tan desvergonzado y agudo que hasta pincha.

No obstante, con un público diluido entre la sólita masiva afluencia a Razzmatazz de una noche de viernes, y debido a que prácticamente tocaron de 3 a 4 de la mañana (poco y tarde), costó mucho encontrar la atmósfera adecuada para un concierto. Dudo que aquellos que acudieron a la sala sin saber quiénes eran esos Columpio Asesino, salieran de ella sabiéndolo. Espero equivocarme, pero creo que su aparición en el escenario fue más un detalle de la noche, que el elemento esperado por la mayoría. Con todo, los navarros cumplieron y ofrecieron solo lo más contundente de su repertorio, en una batería indiscriminada de sobreexcitación instrumental y fórmulas musicales de ataque premeditado: Corazón Anguloso, On the Floor, Vamos y, por supuesto, Toro, las más destacadas, sonaron corrosivas y rebosantes de esa adrenalina envenenada que tanto caracteriza el sabor de sus discos.

Mención aparte, dentro del planteamiento de El Columpio Asesino, es la presencia y aportación de Álvaro Arizaleta, batería y vocalista, que encarna la figura del santero loco que manipula toneladas de sustancias tóxicas con sorna y soberbia, desprendiendo furia y poder en un ritual intensísimo de magia musical negra y primitiva. En directo se entiende que todo en El Columpio Asesino es acompañamiento del ritmo, y que el esqueleto de su sonido se sustenta en las extremidades de Álvaro, y en un nutrido grupo de cuerdas, algunas vocales y otras en forma de guitarras y teclado. Los otros cuatro integrantes de la banda, desde la sombra de una iluminación críptica y básica, interpretaron su papel en la ceremonia, clamando venganza frente a las horas muertas del silencio.

Los navarros son todoterreno. Ajenos a las condiciones del lugar donde han de tocar, mostraron ayer una preparación envidiable para llenar de ritmo y de contundente contenido musical una sala como la grande de Razzmatazz. Con muchísima personalidad, una inclinación evidente a la desvergüenza punk, y una capacidad de calentamiento espectacular, El Columpio Asesino respira a pleno pulmón los aires de liderazgo de una generación que vive de las referencias eclécticas que ofrece la red y su libre albedrío.

Fotos de Pablo Luna Chao.

También disponible en En Clave de Luna.

Escucha el setlist (parcial) del concierto en Spotify.

Hace 40 años… Escoge tu álbum internacional favorito de 1972

| 5 abril 2012  

En 1972 triunfa la música de color desde distintos sellos: la Motown con Michael Jackson en solitario, The Temptations, o los Chi-Lites desde Chicago. Empieza a cobrar importancia también el sonido Filadelfia, de la mano de Harold Melvin & Blue Notes o Billy Paul. En nuestro país contrasta lasuenan los cantautores con adaptaciones de versos de Machado o Miguel Hernández (Serrat o Lobos con la adaptación de Vientos del pueblo, que llegaría al número uno). También es el año de otros número uno en España, como El chico de la armónica de Micky, Un beso y una flor de Nino Bravo, Dama, dama de Cecilia o Cantares de Miguel Ríos.


Aquí está nuestra encuesta, en la que puedes votar hasta diez discos.

Hace 40 años... Escoge tu álbum internacional favorito de 1972

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Veinte canciones bajo la aguja (2012) VIII

| 1 abril 2012  

Esta semana encontramos nueve novedades. En primer lugar, la formación de Austin, Texas, Shearwater, con su séptimo trabajo, Animal Joy (Sub Pop,2012). Desde Canada, la formación de Surf pop The Elwins, con su disco autoeditado And I Thank You (2012). Más arriba encontramos a los veteranos The Mars Volta, la formación liderada por Omar Rodríguez-López y su sexto trabajo, Noctourniquet (Warner, 2012). El cuarteto canadiense Hooded Fang acaba de fichar por la independiente británica Full Time Hobby (School of Seven Bells, Erland & The Carnival) para su disco de garaje rock, titulado Tosta Mista. Más arriba encontramos el épico segundo disco del colectivo de Carolina del Norte Lost in the trees, A church that fits our needs (Anti,2012), liderado por Ari Picker. Desde Francia, Angil and the Hiddentracks con su disco Now (We Are Unique ! Records,2012). Todo un veterano de nuevo en forma, la undécima entrega en solitario de Paul Weller. Modfather, desde sus Black Barn Studios en Surrey y con la co-producción de Simon Dine y la ayuda de, entre otros, Noel Gallagher, Graham Coxon y su inseparable Steve Craddock. El sello Hardly Art publicará en junio el nuevo disco de Magic Trick (Tim Cohen de los viejos conocidos The Fresh & Onlys) y Torture es el adelanto. Por último, una de las canciones del excelente segundo volumen de las Jeffrey Lee Pierce Sessions, que protagonizan de nuevo Mark Lanegan & Isobel Cambpell.

Lista completa

•Shearwater-Believing make it easy
•The Elwins-Are you flying with a different bird?
•The Mars Volta- Vedamalady
•Hooded Fang- Clap
•Being there- 17
•Lee Ranaldo-Angles
•Gregory Porter- Real good hands
•Lost in the trees- An Artist´s song
•Paul Weller-Devotion
•Angil and the hiddentracks-I have stopped wondering
•Magic Trick- Torture
•Mark Lanegan & Isobel Campbell- The breaking hands
•Todd Terje- Inspector Norse
•Royal Headache- Down the lane
•Rhett Miller – Out of love
•Bobby Womack- Please forgive my heart
•Terry Malts- I do
•Deer Tick – Virgina Gal
•Andrew Bird- Near death Experience experience
•Michael Kiwanuka- Any day will be fine

Low (Sala Apolo, Barcelona, 27-03-2012)

| 28 marzo 2012  

Porcelana irrompible. Rindiéndole culto a Low.

Hay una cosa que no se debe hacer nunca: correr porque llegas tarde a un concierto de Low. El contraste puede matarte. Y no es que las pulsaciones de pronto se rebajen en picado por aburrimiento o por somnolencia, sino que la habilidad que tienen para controlar el tempo hace que todo parezca ir a cámara lenta, y hasta a los corazones les da tiempo a observar y a deleitarse con ellos entre latido y latido. Además, tienen también la asombrosa capacidad de ponerle música al silencio, de crearlo, practicarlo y manipularlo a partir de un sonido muy personal y característico que define a la perfección el concepto slowcore, por lo que se oían hasta los jadeos de quien había llegado tarde. Pero el trío de Minnesota, aunque parezca mentira, reserva toneladas de emoción y pasión bajo esa superficie calma y rendida a la quietud. Y aunque a estas alturas no tengan que venir a demostrar nada, ayer en la barcelonesa Sala Apolo expusieron sus sobresalientes credenciales.

Abrieron el concierto rindiéndose homenaje con Monkey y Silver Rider, dos de los temas más queridos de su álbum más apreciado, The Great Destroyer, y un largo escalofrío recorrió la sala. Cuando Alan Sparhawk empezó a susurrar las notas sentenciadas de la primera, antes incluso de que entrara la baqueta de bombo de Mimi Parker, todos intuimos que sería una noche especial. La fuerza, la delicadeza y la precisa profundidad que encierra el sonido de Low parecen como si una enorme y valiosísima vajilla de porcelana única estuviera en manos de un inmenso e hierático gigante de piedra. En seguida empezaron con la presentación de su último trabajo, C’mon, encadenando Nightingale y Try To Sleep: son banda de una sola capa, visceral y cruda, casi minimalista, pero macerada a partes iguales en belleza y tristeza, donde el juego de voces del matrimonio Sparhawk-Parker puede recrear a su antojo ese relieve romántico que es a la vez tan sutil y tan drástico.

Con California cerraron el apartado The Graeat Destroyer, y poco después, con Witches, acabaron también las melodías abiertas de guitarra: tras el punteo y volviendo al sencillismo del arpegio, Sparhawk apagó el pedal de la distorsión de marejada, y le cedió el protagonismo a su mujer. Mimi Parker toca una batería sin bombo, pero golpea el timbal ahondando aún más allá. Especially Me es toda obra suya: la baqueta de escobilla, su voz potente, decidida y tranquila, la intensidad, bordada hasta el último detalle, y la tensión, mantenida hasta las últimas consecuencias, hicieron prescindible cualquier otro tipo de arreglo. Aún sin violines, el segundo escalofrío estaba asegurado. Difícil superar una primera parte así.

De hecho, la segunda mitad del concierto resultó algo menos emocionante. Aplanaron Sunflowers y Canada, presentándolas a una sola capa: esa que es cruda y que forman las voces, una guitarra de la que se oye sonar cada pelo de cada cuerda, una batería lenta y tenue, y un bajo continuo que siempre da la cara, ya sea en forma de teclado, o de bajo de toda la vida. Steve Garrington, el tercero en este trío, ganó protagonismo al piano cuando interpretaron You See Everything, pero el final del concierto estaba reservado a la versión más sigilosa e íntima de Low, por lo que Sparhawk y Parker volvieron a gestionar y a manipular el tiempo. Con Words, Shame y Murderer cerraron el espectáculo antes de la pausa, desatando gramos contados de energía desbocada: con Low siempre parece que mandan las mareas que hay bajo la superficie, como en el vasto océano, aún en una noche serena de luna llena.

Pero si uno se fija bien, y escucha atentamente canciones descomunales como Nothing But Heart, descubrirá que, aunque profunda, la capa de Low es líquida, cálida cuando no se hiela, y sobre todo transparente: incapacitados para el engaño, los de Minnesota repiten una frase hasta la extenuación, sin necesidad de estribillos y estrofas porque es así como han aprendido a expresarse. $20, tema con el que clausuraron el recital, tras un bis de dos canciones, fue el ejemplo perfecto. Sin espacio para trucos, poses, ni eyaculaciones musicales precoces, los señores de Low confían en la ebullición a fuego lento, en los sabores primarios y en el gusto por el detalle: no necesitan más que una frase, un arpegio o dos, y un ritmo básico y ancestral para construir temas incólumes que no se olvidan fácilmente.

El llenazo que registró ayer la Sala Apolo atestigua el aprecio especial que el público tiene por Low; por el valor que han demostrado siempre con su propuesta, por la humildad de su sonido, y por el perfeccionamiento técnico que han alcanzado, entre otras cosas. Porque una banda se convierte en grupo de culto cuando la escucha de sus discos y, sobre todo, de sus conciertos, adquiere algunas de las características de eso precisamente, de un culto espiritual. Llegará el día en el que el sacerdote de una religión aún no conocida ponga en la iglesia, a todo trapo, alguno de los discos de Low para cantar la misa a los creyentes. Y ese día, espero no tener que correr para llegar a tiempo.

Fotos de Pablo Luna Chao.

Escucha el setlist del concierto en Grooveshark.

También disponible en En Clave de Luna.

Veinte canciones bajo la aguja (2012) VII

| 25 marzo 2012  

Siete novedades esta semana. Para abrir, música de baile-poco habitual entre nosotros- a cargo del dj y productor noruego Todd God Terry, que atiende al nombre de Todd Terje. Desde Brookyln llegan Palomino con una de las canciones incluidas en The Palomino Ep (2012). Desde Suecia, Terrible Feelings publican su disco de debut, Shadows, en el mes de abril. Saltamos a Australia, lugar de origen de Royal Headache, quienes también publicarán su debut en mayo en el sello What’s Your Rupture?. Más arriba encontramos a los londinenses Being there y el adelanto de su primer álbum. El dúo Javelin publica a través de Luaka Bop dos Ep´s, que fueron lanzados en edición limitada por Thrill Jockey (500 copias) antes de su fichaje por Luaka Bop. Por último, Lee Ranaldo de los Sonic Youth y su nuevo disco, Between The Times And Tides.

Lista completa

Todd Terje- Inspector Norse
Palomino- Ghost story
Terrible Feelings-Insiders
Gregory Porter- Real good hands
Royal Headache- Down the lane
Being there- 17
Lee Fields & The Expressions-I still got it
Ex autres- Home tonight
Javelin-Soda Popinski
Lee Ranaldo-Angles
Cocodriles – Sunday (Pyshic Conversation 9)
Jonny Corndawg- Shut up
Deer Tick – Virgina Gal
Andrew Bird- Near death Experience experience
Rhett Miller – Out of love
Bobby Womack- Please forgive my heart
Audra Mae & the Almighty Sound- Jebidiah Moonshine´s Friday night party
Bonnie and Mariee- Mad mad me
Terry Malts- I do
Michael Kiwanuka- Any day will be fine

Deer Tick (Sala Marco Aldany, Madrid, 23-03-2012).

| 25 marzo 2012  

El auténtico sabor del rock a la brasa.

Creo que hay alguna cadena de hamburgueserías que tiene como lema algo así como “el auténtico sabor americano”: el regusto a brasa en la carne, o el potente olor a salsa barbacoa, acompañados de la arquetípica figura del cowboy solitario, por ejemplo, nos hacen pensar a todos automáticamente en el característico aroma estadounidense. Su anuncio bien podría llevar la música de Deer Tick, una banda de Proividence, Rhode Island, que ayer golpeó con fuerza las tablas de la madrileña sala Marco Aldany (antiguamente Sala Heineken, y más aún, Sala Arena). El quinteto, configurado en torno al guitarrista y cantautor John McCauley, hace un folk con indiscutible morfología de rock, y forman parte de una última generación de artistas (no solo norteamericanos) que, en los últimos diez o quince años, han revalorizado la música de sus ancestros locales, y la han presentado al mundo de manera renovada y más subjetiva que nunca. En la era del neo-folk global, Deer Tick representan el auténtico sabor americano.

Y no es que no haya, en el panorama independiente o mainstream, formaciones más ortodoxas en lo que se refiere a elementos propios y hasta únicos de la música tradicional de Norteamérica, pero teniendo en cuenta la extensión y variedad social del país, sería una locura pretender hacer o encontrar una música que abarcase toda esa vasta cantidad de culturas sonoras. Deer Tick, en ese sentido, ni siquiera parece hablarnos de un lugar concreto dentro de ese entramado, recurriendo o presentando características determinadas de una u otra tradición local: un folk sin domicilio fijo, podríamos decir. Pero precisamente por eso, también podríamos pensar que las raíces a las que hace referencia este reciente fenómeno musical, no están tan ancladas a la tierra como a la colección de discos de sus protagonistas creadores. Unas raíces y una colección que deberíamos denominan como pan-norteamericanas.

Ayer presentaban el que es su cuarto disco en apenas cinco años: Divine Providence, a grandes rasgos, sigue la línea de sus anteriores trabajos, aunque el punto de fuga, al menos con respecto a The Black Dirt Sessions, se haya acercado bastante al espectador. En mi opinión, el tono más rockero que se respira en este último trabajo, y en consecuencia en el concierto de anoche, disminuye la riqueza de detalles plásticos y descriptivo-evocativos que focalizaban más su sonido hacia el folk pan-norteamericano al que venían derivándose antes. Aunque en absoluto hagan ahora otra cosa, sí es cierto que parecen haber abrasado más al fuego la carne de sus composiciones, o dejado demasiado bajo el sol el bote de barbacoa de su morfosintaxis instrumental. Ahora, cuando McCauley saca la voz, toda esta palabrería sencillamente sobra.

Curiosamente, tardaron en calentarse, como un insolado que tiene frío por el exceso de calor acumulado. Diría que hasta Clownin Around, la 9ª de 15 que tocaron, no disfruté verdaderamente del recital: no me caló profundo, por ejemplo, la nostalgia de Chevy Express, ni me transportó a ningún lugar especial Baltimore Blues No. 1. En realidad, el ritmo entrecortado y canalla de The Bump y Easy, temas con los que abrieron la velada, ya anticipaba el sonido general que caracterizó el resto del concierto: un rock para noches de alcohol y medida soberbia y desenfreno. De hecho, me atrevería a decir que McCauley da lo mejor de sí mismo con unas cervezas encima (como buen irlandés). Así, con eso de que la faceta vocal se repartía entre los cinco, logró pillarnos por sorpresa con su voz en los últimos 4 o 5 temas antes del corte: Funny World y, sobre todo, Christ Jesus, sonaron ya con más cuerpo y resultaron emocionantes.

Cabe destacar, por otra parte, la insistente aportación de un teclado blusero que ha ejercido en Deer Tick una apreciable influencia hacia el cuero y las barras de bar. Quizá por eso dio la sensación, durante el concierto, de que muchas mujeres allí presentes notaban sus oídos transformados, cada vez más, en verdaderas zonas erógenas, activas y bien acariciadas. También la espectacular batería de Dennis Ryan, miembro original del dúo embrionario de la banda, contribuyó a recrear la atmósfera de suelo pegadizo de bar, clavando al público y activando, entre los hombres, sobre todo, el gen canalla que todos hemos tenido alguna vez. Y, por supuesto, la notable comunión existente entre McCauley y Ian O’Neil, el otro guitarrista, ex de Titus Andronicus, también ayudó a que se creara una conexión adecuada entre la banda y su público.

Tal vez Deer Tick se preocupe demasiado en definir su estilo para permanecer y sobrevivir al vertiginoso ritmo de los acontecimientos en el mundo de la música, en la vorágine de bandas independientes y el libre acceso a todas ellas. A fuerza de querer diseñar un sonido propio, personal e imperecedero, quizá resulte ya un poco antinatural el último giro que le han dado a su música. Pero al menos siguen demostrando algo que es inherente a su condición: ese auténtico sabor del rock a la brasa.

Fotos de Pablo Luna Chao.

Escucha el setlist (parcial) del concierto en Grooveshark.

También disponible en En Clave de Luna.

Tinariwen (Teatro Lara, Madrid, 20-03-2012).

| 22 marzo 2012  

El interminable punteo itinerante.

Los tuareg son gente elegante. Forman, sobre sus desiertos y camellos, una estampa imponente que suele generar admiración y cierta envidia: son uno de los últimos símbolos de la libertad como forma de vida, reducto de una cultura ancestral. Pero hay que reconocer que sobre un escenario, blandiendo instrumentos con la pericia con la que lo hizo ayer Tinariwen en el madrileño Teatro Lara, no es muy habitual verlos. Forman una extraña imagen, exótica y poco convencional: el cuadro bien podría ser producto de una mente surrealista posmoderna fruto de la globalización, como si ahí arriba no tuvieran sentido, como si no fuera su lugar. Pero aunque no sea en absoluto verdad, lo cierto es que conservan la misma elegancia y el porte que exhiben es su hábitat común, alejándose completamente del canon estético de las estrellas de la música occidental.

Dicen, por otra parte, que esta formación de origen malí cambió en su día los rifles por las guitarras; que tras algunos años de lucha armada reclamando los derechos de su pueblo frente al gobierno central, celebraron la paz a principios de los ’90 abogando por la forma de difusión cultural y musical de las virtudes y los sueños de su gente. Mali: uno de esos increíbles casos desconcertantes de país tercermundista con una proyección artística descomunal y desmesurada. Pero Tinariwen no representa a Mali, sino al pueblo tuareg: los hombres azules del desierto; los nómadas del norte de África. Porque no hay mejor lucha que la dignificación de una idiosincrasia, una forma de vida y de una concepción del mundo que la que se hace a través del arte y la cultura popular.

Ayer, desde el Teatro Lara, y bajo la siempre impecable organización de Son, la promotora musical de Estrella Galicia, los Tinariwen nos transportaron a su hábitat con la elegancia y la nobleza de los de su pueblo, y con un lenguaje de persuasión lleno de vocablos que creemos patrimonio nuestro. Vinieron cinco, ataviados con la típica chilaba de tela de rey y el turbante hasta los ojos, y tocaron durante casi dos horas docena y media de sus canciones más conocidas y sobresalientes. El público, consciente del privilegio, respondió con entusiasmo y la misma admiración que provoca su estampa sobre sus camellos y desiertos. Músicos ampliamente admirados por el gremio occidental, que hacen una música sincrética entre su mundo y el nuestro.

Es un espectáculo basado en la cuerda, en las voces y en la adaptación del sentimiento del blues a la sonoridad del desierto. El constante intercambio de guitarras (española y bajo entre ellas) entre los miembros de la banda, afinadas en el tono natural del color del sol del Sahara, hace casi imposible reconocer al genio creador y compositor que ha hecho del sonido de Tinariwen algo completamente inconfundible: un punteo eterno y constante sobre una distorsión inexistente, y sobre las brasas crudas y ardientes de una base simple pero confortable, como las arenas del desierto que pisan en su infinito caminar. La rítmica, tribal y en general poco variada, permite que las cuerdas dialoguen entre sí, manteniendo una tensión y una melódica que podrían durar eternamente. Se suceden los riffs, los punteos lentos y rock-bluseros, llenos de seguridad, el rasgueo armónico de la guitarra acompañante, y la movilidad funky del bajo, que tan subliminalmente nos transporta a la métrica bereber, siempre en constante movimiento.

Resulta indisociable por completo su naturaleza tuareg del sonido que emiten sus entrañas: la inercia a los coros, al canto comunitario que ensalza y alienta la dignidad de su pueblo, contrasta con el valor que le dan a la expresión individual: casi como si se turnaran escrupulosamente, uno a uno, los cuatro guitarristas empuñaron su instrumento para llenar el pequeño teatro de la baja Malasaña del sonido, el sabor y el olor de la sangre azul del desierto del norte. Cantaron también por turnos, bajo el manto envolvente del turbante, y hasta bailaron, transmitiendo e incitándonos al amor y al respeto de su pueblo y su forma de vida. Sus letras, cargadas de sentido y mensaje, cabalgan como los jinetes bereberes en sus nobles corceles dorados, sobre el siempre ondulado punteo de la guitarra solista, duce del sonido de Tinariwen.

Puede que el cromatismo y el tono de sus canciones se repita en exceso para más de una noche fuera del desierto, pero no hay duda de que su atractivo puede con las fronteras de todo el mundo. Podría pensarse que oída una canción, oídas todas, pero al menos en dos horas no se rompe el hechizo que provoca el trotar, liberado y amante de su tierra, de unos dedos itinerantes sobre el mástil de una guitarra sólida y ardiente; ni el que provoca un sonido que vale mil imágenes del vasto desierto africano. La excepción de un concierto así, la emocionante estética étnica de los miembros de la banda y el calor que generaron en una noche que acabó en lluvia, fueron la despedida perfecta a un invierno occidental seco que, una vez más, hace que pensemos que el desierto se acerca cada vez más: tal vez, en unos años, llegue hasta nosotros, y todos volvamos a ser nómadas.

Fotos de Pablo Luna Chao.

Escucha el setlist (parcial) del concierto en Spotify.

También disponible en En Clave de Luna.

Veinte canciones bajo la aguja (2012) VI

| 19 marzo 2012  

Si eres de lo que piensas que no se hacen canciones como las de antes, escucha y comprueba. Leer más

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