Especial Elvis 30 Aniversario
Santi Hurtado | 16 Agosto 2007
Hijo de Vernon y Gladis Presley, Elvis nació en una familia con problemas económicos. Cuando su padre salió de prisión, tras haber sido encarcelado por falsificación, la familia se trasladó a Memphis, en el estado de Tennessee. Elvis comenzó entonces a tocar la guitarra y solía escuchar música country, blues y gospel, propiciando esto último que cantara en el coro de la iglesia. Por entonces, su cantante preferido era el tenor Leer más
Matthew Sweet
Santi Hurtado | 12 Agosto 2007
Cuándo empezó su carrera : Natural de Nebraska, a los catorce años entró a formar parte de The Specs, una banda de versiones. Se mudó a un clima más cálido y, en medio de una escena musical también vibrante en Athens (Georgia), conoció a Michael Stipe (R.E.M.), con el que formaría la banda Community Trolls, y más tarde con su hermana Lynda Stipe, el grupo Oh-OK. Publicó sus dos primeros discos en solitario a través de dos potentes compañías. Primero fue Inside (1986) de la mano de Columbia y luego Earth (1989) con A&M, pero el fracaso comercial de ambos trabajos hizo que fuera despedido de las mismas. Sin embargo, de la crisis que surgió de esta frustración musical, unida a la decepción motivada por su divorcio, resultaría el álbum que le descubriría como uno de los mejores compositores de los últimos veinte años, Girlfriend.
Andrés Calamaro y Fito & Fitipaldis (Barcelona, 28-07-07)
Sergi Serrano | 3 Agosto 2007
“¿2 son multitud?”. Bajo la denominación 2 son multitud se encuentran dos personajes bien conocidos del pop-rock en español: Adolfo “Fito” Cabrales y Andrés Calamaro. Ambos se unieron hace unos meses para gestar una serie de cinco macroconciertos -y decimos “macro” porque la duración de éstos rondaba las cuatro horas-. Si ya hace un tiempo pudimos disfrutar de la unión entre Enrique Bunbury y Nacho Vegas en el Liceo, la gira que ahora está propiciando la reunión de Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat y esta última “juntiña” de Calamaro y Fito, parecen demostrar que eso de unir fuerzas da resultado y está creando escuela.
De esta gira se ha comentado que los conciertos se han grabado para ser posteriormente publicados en formato CD y DVD, como recuerdo de esas cinco noches mágicas, y estoy seguro de que muchos de los asistentes intentarán hacerse con una copia para el recuerdo. La última cita de estos conciertos tuvo lugar en Barcelona, y el espacio elegido fue el Parc del Fòrum. Un sito hecho a la medida del espectáculo, grande y amplio, que acogió a las más de treinta y dos mil personas. No en vano, la cita de Barcelona es la que más público ha congregado, y ha servido para demostrar que el rock en castellano es capaz de reunir a mucha gente.
El show constaba de varias partes: una primera con los dos artistas cantando juntos, después, por turnos, Calamaro y Fito en solitario, para acabar de nuevo reunidos al final del concierto. Es por esto que todo el conjunto sumaba casi cuatro horas de función. Y con 30 minutos de retraso, el bilbaíno Fito y el argentino Calamaro salieron al escenario. Interpretaron juntos cuatro temas: el tema de Los Rodríguez A los ojos, Viene y va, Quiero ser una estrella de Fito & Fitipaldis y la canción de Calamaro No se puede vivir del amor. Después Fito se despidió, dejando a Calamaro encima del escenario para que interpretara en solitario varios temas.

Andrés y Fito.
Andrés hizo un repaso a toda su carrera discográfica, aunque la mayor parte la dedicó a su quíntuple disco titulado El salmón. Y es que, precisamente, con la canción El salmón empezó su repertorio un Andrés Calamaro muy activo, casi siempre con una guitarra colgando del cuello y muy cumplido en todo momento con el público barcelonés. Después vino Ok perdón y Te quiero igual, momento en el que agradeció a los espectadores su asistencia. Acto seguido interpretó dos temas de El salmón, Tuyo siempre y Crucifícame, esta última con un ritmo que provocó que empezara a entrar en calor. Con la siempre preciosa Todo lo demás se recordó el disco Alta suciedad y, al terminar, Calamaro se sirvió de un blues para presentar a su banda -recordemos que Fito comparte algunos de sus músicos-, pidiendo al público que elevara las manos cada vez que se nombraba a un miembro del grupo, formado por Julián Kanevsky y Diego García a las guitarras, Tito Dávila en los teclados, José Bruno a la batería y Candy Avelló al bajo. En una de las presentaciones Andrés soltó un: “¡Arriba las manos Barcelona! Esto no es un atraco… pero somos delincuentes”.

Andrés Calamaro
Después de la presentación, siguió el concierto con Hacer el tonto. Pero fue a continuación, con Loco y Corte de Huracán, unidas en una sola canción, cuando todo el público cantó al unísono. Más tarde vinieron otras dos de El salmón: Lo que no existe más y Días distintos. Y Corazón en venta, de su flojo último disco El palacio de las flores, fue el momento elegido para saludar al sector argentino, a sus compatriotas del Río de la plata. La lenta Crímenes perfectos y la roquera Alta suciedad continuaron la fiesta, y si con Horarios esclavos volvió a retomar El salmón, con Canal 69 hizo que recordáramos a Los Rodríguez, momento en que se despidió fugazmente, ya que regresó para interpretar Paloma, que cerró esta primera parte del concierto a cargo de Andrés Calamaro. Llegados a este punto y tras una pequeña pausa de no más de cinco minutos, vimos cómo Fito y Calamaro unían sus fuerzas de nuevo. Andrés hizo un amago e interpretó un pequeño trozo del tango Los mareados que fusionó con Estadio Azteca, momento en el que se le unió Fito. Terminada la canción, Calamaro dio el relevo a su compañero, que después de otra pequeña pausa comenzó su repertorio.
El concierto de Fito & Fitipaldis fue todo un setlist lleno de éxitos de sus discos. Una especie de radiofórmula que llegó muy bien al gran público y a los fans que esperaban con ansias su actuación, y que empezó con Un buen castigo. Un tema que el público ya reconoció en los primeros acordes, algo que cuesta creer pues a Fito se le suele criticar por la similitud entre sus canciones. En el espectáculo destacaban las apariciones de Javier Alzola con el solo de saxo y, como ocurrió con el primer tema, se repitió la historia al sonar las primeras notas de Por la boca vive el pez: entre la gente se escuchó ese oohh tan característico. Quizás sea porque el tema y el disco han sido todo un éxito de ventas, como lo ha sido la inmensa gira que Fito ha tenido y tiene aún por delante. Por otro lado, al escuchar los primeros riffs de Como pollo sin cabeza me vinieron a la mente los desaparecidos Dire Straits, y es que el estilo de Fito & Fitipaldis es muy cercano al del grupo que liderara Mark Knopfler. La lenta balada Donde todo empieza fue el momento en que gran parte del público encendió sus mecheros. Y yo que pensaba que con la “movilmanía” ya no veríamos mecheros al aire… Pero lo bueno llegó al final, con un cambio de ritmo muy festivo y con unos virtuosos solos de saxo y guitarra. Después, ¿un guiño a Pink Floyd? Es lo primero que pensé al escuchar la introducción de Me equivocaría otra vez, como si de Shine on you crazy diamond se tratara. La instrumental 214 Sulivan Street hizo las delicias de los amantes de la guitarra, seguida por Cerca de las vías, una canción lenta, con una letra profunda, y uno de los mejores temas de su segundo disco Los sueños locos.

Fito
La fiesta, sin embargo, volvió a dominar las tablas al sonar Deltoya, tema de su último disco. A continuación, Fito preguntó al público “¿Donde está la luna?”, para acto seguido empezar a entonar A la luna se le ve el ombligo, durante la que pudimos ver, en las grandes pantallas situadas al lado del escenario, cómo las cámaras enfocaban el cielo y la preciosa luna llena que estuvo acompañándonos durante todo el concierto. Después, Fito introdujo a su banda con estas palabras: “algunos han sido ya presentados por Andrés, pero eso no quiere decir que no lo haga yo”. Así, fue presentando a Carlos Raya a la guitarra, Javier Alzola al saxo, Joserra Senperena a los teclados y acordeón, y a los músicos que compartió con Andrés Calamaro: Candy Avelló al bajo y José Bruno a la batería. Y acto seguido hizo un pequeño guiño a Nitrato, que se marcó unos pasos de baile con una pequeña versión de Michael Jackson. Después de las presentaciones llegaron La casa por el tejado y la lenta y coreada Soldadito marinero, que tuvo un final colectivo, pues se unieron, como si de un puzzle se tratara, sus versos finales con un ritmo muy festivo, lo que provocó que el público cantara a solas el final de la canción. Y para finalizar le tocó el turno a Acabo de llegar, concluyendo la canción con Fito a la guitarra acústica, Joserra al acordeón y Alzola al saxo. Fue éste el tema con que se cerró la parte de Fito & Fitipaldis en solitario.
Pero pasados apenas cinco minutos se oyó a Calamaro pidiendo “¡ruido, ruido!”. Ésta fue la señal con la que los dos músicos volvieron a compartir escenario en la recta final del espectáculo. Comenzaron con la canción de Calamaro Me arde, a la que añadieron un trozo de la letra de los Rolling Stones Dead flowers, y siguieron con Whisky barato y Medalla de cartón, ambas de Fito. Y para el final reservaron Flaca, en lo que fue un final de fiesta apoteósico, con todo el público cantando y bailando, y en el que sonó magnífico el saxo de Javier Alzola.

Andrés y Fito
La gira ha sido todo un éxito y esperamos ya con ansias ese prometido DVD. Tenemos que aplaudir a la organización, ya que todo funcionó a la perfección, principalmente por el gran trabajo de la gente de Last Tour International. Apuntemos que estos conciertos han llenado en cada una de sus fechas, elevando a más de cien mil los asistentes totales. En otras palabras, 2 son multitud ha supuesto una reivindicación en toda regla del rock en español.
Texto y Fotos: Sergi Serrano
Los Planetas – La leyenda del espacio
Francisco José Fernández | 1 Agosto 2007
Una multitud se agolpaba a las puertas del Universo mientras preparaba el golpe definitivo para dejar a Los Planetas a dos metros bajo tierra. Es más, algunos ya los tenían bien enterrados, muchos de ellos sin haber escuchado ni siquiera un solo disco. Cierto es que Encuentros con entidades (BMG Ariola, 2002) y Contra la ley de la gravedad (BMG Ariola, 2004) no llegaban al nivel de sus obras más laureadas (cada uno que escoja el suyo dentro del período 1994-2000), pero contenían algunos ramalazos ya no solo interesantes, sino también innovadores dentro de su discografía (cerraban su último disco con Podría volver, de Bambino, plantando lo que podrían ser las primeras semillas de su leyenda particular).
Según cuenta Jesús Llorente en la Rockdelux de junio, J ya interpretó hace cuatro años algunos de los embriones que posteriormente tomarían cuerpo y alma para siempre. Fue en Barcelona, en una reunión donde también se encontraban Raül Fernández (Refree) y el propio Llorente. En posteriores entrevistas y noticias, además de los constantes rumores de separación, lo que uno sacaba en claro era la simpatía que J sentía por el flamenco y que, posteriormente, se convertiría en una pequeña obsesión. En su discoteca fueron apareciendo álbumes de Antonio Mairena, José Menese y Enrique Morente (entre otros), pero sin dejar de lado a Joy Division, Spacemen 3 o The Cure.
El año pasado J y un selecto grupo de la escena granadina (Víctor Lapido, Miguel López de Los Planetas y Antonio Lomas de Lapido) editaban Alegato meridional (El Ejercito Rojo / PIAS, 2006), bajo el nombre de Grupo de Expertos Solynieve. Se trataba de un álbum totalmente sureño, donde se dejaba de lado la necesaria tensión planetaria para dar rienda suelta a los aspectos más luminosos del folk y pop con tintes flamencos (incluyendo una fantástica versión del tema de Roger McGuinn para Easy rider). Curiosamente, y centrándonos en el sur peninsular, Antonio Luque (Sr. Chinarro) lanzaba el sensacional El mundo según (Mushroom Pillow, 2006), cuyas compasiones más llamativas eran aquellas que también ahondaban en el sonido flamenco y gitano (Del montón, Gitana) sin perder de vista la esencia del pop. La expectación crecía, apoyada también en los pocos conciertos que Los Planetas ofrecían. Las actuaciones contaban con una primera parte donde presentaban muchos de los nuevos temas con una convicción y eficacia nunca vistas antes en la banda granadina. Las críticas positivas de sus apariciones se sucedían, algo realmente extraño dentro de la trayectoria del grupo.
Y llegamos al lanzamiento de La leyenda del espacio (BMG Ariola, 2007), precedido del single Alegrías del incendio y de una hoja de promoción algo llamativa. El sencillo de presentación es el clásico latigazo de Los Planetas, si bien esta vez se ve influenciado por unos textos que están extraídos “del imaginario del flamenco clásico”. Aún tratándose de un buen tema, lejos queda de los picos más altos del disco. Lo mismo ocurre con Reunión en la cumbre, una composición que podría encajar en trabajos anteriores sin problemas (además, la letra vuelve al tema de las relaciones del grupo con la discográfica). En La verdulera prácticamente fusilan parte del ritmo y guitarras del She said she said de los Beatles mientras J entona a su manera “Eres bonita y no te has casado / algún defecto te han encontrado”. Curioso experimento, adaptando en este caso un mirabrás que funciona a la perfección. Y es que en cada corte del álbum se adapta un palo del flamenco (tientos, verdiales, alegrías, granaínas, fandangos, cañas, soleares…); al menos ésa era la intención. Cabe resaltar en este punto la soberbia aportación de la batería de Erik, elemento esencial dentro del grupo e indispensable dentro de la colección de canciones que conforman La leyenda del espacio.
Uno de los logros de este disco es que, pese a la inclusión de distintos elementos extraídos directamente del flamenco (ritmos, composición, etc.), Los Planetas no pierden ni un ápice de personalidad, sino todo lo contrario. Vuelven los desarrollos largos y espaciales, la distorsión y la psicodelia que acompañaban sus trabajos más aplaudidos. Y es aquí donde uno llega a emocionarse mientras escucha esa apertura con El canto del bute y Si estaba loco por ti, donde sólo cabe estremecerse al escuchar la espectral voz de J comenzar con “Me estoy quedando sin fuerzas / solo espero ya la muerte”. Lo mismo ocurre con Ya no me asomo a la reja y Negras las intenciones, siendo ésta última una de las composiciones más oscuras que han grabado en sus trece años de carrera. Ambas se arrastran (y te arrastran junto a ellas) hacia abismos sónicos entre cantos a la soledad más absoluta. Para el final dejan Tendrá que haber un camino, dedicada al fallecido Aleix Vergés (Sideral). Se trata de otro tema que nos transporta al particular desierto psicodélico de Los Planetas, con la particularidad de que es Enrique Morente quien pone la voz. El cantaor granadino vuelve a demostrar su interés en este tipo de “experimentos” (todo comenzó con aquel sensacional Omega junto a Lagartija Nick), ya que su colaboración también se extiende a las muchas conversaciones que ha mantenido con J sobre el fascinante mundo flamenco.
Para concluir, comentar que el título y la portada son homenajes a La leyenda del tiempo (Polygram, 1979) de Camarón. Y es que, pese a que uno pueda pensar que todo esto es una barbaridad, lo cierto es que encontramos ciertas similitudes. Se trata de dejar las armas en el suelo y de escuchar. Al fin y al cabo, Los Planetas se han desmarcado con uno de los discos más necesarios para la música de nuestro país. Olé por ellos.
Interpol – Our love to admire
Sergi Serrano | 1 Agosto 2007

Hace no mucho, allá por 2002, un grupo surgió de Nueva York con uno de los mejores debuts de ese año. El sonido de su disco Turn on the bright lights (Matador, 2002) y su estética encima del escenario nos hacían recordar a la banda de Ian Curtis, Joy Division. En ese momento esa referencia que aparecía en cada crítica dotaba a la nueva banda de cierto prestigio antes de escuchar un solo tema. Pero claro, era después, cuando uno se ponía a degustar sus canciones, cuando entendía lo que muchos escribían. Y es que esa similitud estaba por todas partes. La voz de Kessler era muy semejante en registros a la de Curtis, y los trajes que visten en sus directos evocaban a esa época mágica que se vivió en Manchester. Su segundo álbum, Antics (Matador, 2004), fue también adorado por la crítica e incluido en las habituales listas de lo mejor del año (véase el tercer puesto que logró en AltaFidelidad.org). El caso es que Interpol se ha ganado una reputación gracias a la calidad de lo que ha sacado al mercado, y es por eso que ante la salida de Our love to admire (Capitol, 2007) todo seguidor del grupo estaba ansioso por escucharlo.
Abriendo el disco nos encontramos con Pioneer to the falls, una excelente manera de empezar. No en vano recordemos que se han caracterizado por tener una muy buena apertura en los trabajos publicados hasta la fecha. Estas nuevas grabaciones son quizás menos abiertas que las de Antics (Matador, 2004), y tan oscuras como las de su álbum debut. Singles rompedores hay más bien pocos, y así The Heinrich Maneuver es quizás la canción más pegadiza y la principal candidata a sonar bastante en radios y clubs. Personalmente no la encuentro de las mejores, aunque tenga unas guitarras guerreras. Son estas guitarras las que logran que el disco tenga mucho ritmo, un tanto veloz, tal y como nos tenían acostumbrados. Mammoth es un claro ejemplo de ello, y es que hasta Pace is the trick no bajan un poco el nivel. Por su parte, los riffs de guitarra en All fired up y su pegadiza y repetitiva letra enganchan desde la primera escucha.
Aquí nos encontramos con un punto álgido, lo mejor del álbum, una de sus más grandes composiciones, y ésta no es otra que Rest my chemistry, con una letra muy intensa, muy cercana a lo que ha significado el rock en la cultura del siglo veinte. Y para cerrar con mucha clase, de una manera casi celestial (por así decirlo), Lighthouse, preciosa en todos los sentidos. Una primera parte con apenas unas guitarras rasgando acordes, y cuando parece que va a terminarse el tema, un final de unos cuantos compases con la banda resurgiendo al completo. En definitiva, lo que sí podemos decir rotundamente y sin ningún miedo a meter la pata es que Interpol han firmado a lo largo de su carrera tres discos sensacionales. Con Our love to admire han asentado sus raíces con un estilo ya bien reconocible, y han marcado una ruta a seguir. Esperemos que nos sigan iluminando con su música y nos sigan sorprendiendo disco tras disco. Aquí estaremos para disfrutarlo.

