Metrorock (Madrid, 23-06-06) Parte II
Colaboradores | 30 Junio 2006
SÁBADO, 24 de junio
Como suele ocurrir con estas cosas, si el viernes llegué con más de una hora de adelanto al recinto, el sábado aparecí un cuarto de hora tarde. Antes de Sexy Sadie quería conocer tanto a Cultura Probase como a Gecko Turner, pero mi plan de asistir al comienzo de los primeros se vio frustrado por querer apurar media hora de siesta en casa. Así que, dado que el Escenario MetroRock se encontraba al lado de la entrada, GECKO TURNER fueron los premiados con mi aparición por el socorrido césped. Y no porque yo sea nadie especialmente importante, sino porque a esas horas se podía numerar la audiencia en apenas algunas decenas, bien lejos, sentadas a la sombra de los árboles.

Fernando Echave al frente de Gecko Turner
A pesar de este aspecto tan desangelado, la banda de Fernando Echave estaba dando un buen espectáculo. Coristas, guitarras, bajista, trompetista, batería, percusionista y un fornido tipo blanco que además de la harmónica derrochaba una estupenda voz digna del mejor Tom Jones: casi una decena de músicos venidos de todo el mundo daban forma a la singular propuesta de este autor y productor extremeño. Tras asistir a una interesante dosis de reggae, algo de jazz y mucho de música latina, decido que tal vez deba pasarme a ver qué se cuece en el otro escenario.

El trompetista Irapoan Freire acompañaba a Gecko Turner
Al fin y al cabo podría ser que por acomodarme ante lo que empezaba a parecer una apuesta segura estuviera perdiéndome una de las sorpresas del festival. Sobre el Escenario Parque y también ante un escaso público, descubro que Rocío, la nueva cantante de CULTURA PROBASE, no sólo parece bastante atractiva (o al menos no va vestida de monjita) sino que además tiene mucha voz. La banda con su tercer álbum bajo el brazo, de nombre Pornotrónica (Electric Chair Records, 2006), daba rienda suelta al drum n’ bass más bailable mezclado con bases electrónicas pregrabadas. Pero los graves estaban demasiado fuertes, con lo que su sonido no era bueno. Eso, añadido a lo que me resultaba un exceso de pose, me hizo recordar la fantástica banda que tocaba en la otra punta del Parque Ferial. Así que en un alarde atlético, bajo un sol de justicia, desanduve el camino para volver a ver a Gecko Turner.

Rocío, cantante de Cultura Probase
Más gente iba llegando al MetroRock, y ya se podían ver animosos melómanos en las primeras filas. Tras la típica presentación de los componentes de la formación, Fernando anunció que tocarían alguna composición nueva. Con una proyección de PacMan, el mítico videojuego de los 80, dispusieron sus piezas para interpretar música negra permitiendo lucirse con todas las de la ley al trompetista Irapoan Freire. Todo un lujo. Tras lamentarse tímidamente por los estrictos horarios, dos piezas más: la primera, una vuelta al reggae; la segunda, puro groove del bueno. Se despiden con una nueva presentación de la banda (ahora ya había más público que se pudiera interesar), y se les ve felices. No es para menos, pues esta gira viene precedida de la salida al mercado de Chandalismo ilustrado (Lovemonk Records, 2006) y la edición en América de su debut, Guapapaseá (Lovemonk Records, 2004).

Jaime de Sexy Sadie
Mi idea era acercarme a ver el comienzo de Nowayout, pero causas exclusivamente achacables a mi persona me lo impidieron. Denme las gracias porque no me dedique a extenderme en escatológicos detalles. En cualquier caso ya sólo podía pensar en la presencia de SEXY SADIE. Había unos cuantos alicientes: por un lado la publicación de Translate (Subterfuge, 2006); por otro la sustitución del guitarrista Carlos Pilán por Michael Mesquida (Satellites, Moreland Cowboy) y la incorporación a los teclados y la guitarra de Sergio Molina (Jet Lag).

Sergio Molina, nueva incorporación de Sexy Sadie
Comenzaron el setlist presentando algunas canciones de este nuevo álbum, como Nonsense, en la que ya podíamos ver cuánto aire fresco introducía Sergio gracias a sus teclados. En ese sentido sólo hubo que escuchar A scratch in my skin o una You know that’s the way I like it remozada al piano para darse cuenta del fantástico papel que puede jugar en el desarrollo de la banda. Con el sonido tan limpio característico de los mallorquines -si bien Jaime, la voz de Sexy Sadie, dijo entre risas que nunca había dicho que él nació en Madrid-, se fueron sucediendo temas nuevos y temas ya clásicos. Ahí estuvieron Stay behind me o Always drunk, en la que introdujeron el estribillo del When doves cry de Prince antes de abordar su brutal final.

Michael Mesquida, otra cara nueva en Sexy Sadie
Solventaron las dificultades técnicas que un micro estaba empeñado en causar atacando No matter how, I feel so fine y The second to last, ésta tras comentar que no sería la última que tocaran esa tarde. Poco más tarde, tras un gran Feel no sorrow, problemas de afinación antes de Take from me dieron lugar a uno de esos sutiles detalles que encierran mucho más tras de sí. “Es lo que tiene, que llevamos muchos años, nunca aprendemos”, comentó Jaime ante su guitarra que no sonaba debidamente. Y tal vez ahí esté la clave: con seis discos ya a sus espaldas, Sexy Sadie no han perdido la ilusión de aprender y de disfrutar haciendo música. Ahí queda el cierre con Someone like you, que no por trillada ha perdido un ápice de su valía.

Pignoise
Cambiamos de tercio para dar paso a las memorias del abuelito. Hace varios años conocí a PIGNOISE. Álvaro, su líder, todavía se dedicaba al fútbol a pesar de la lesión que le apartó de un destino tal vez más grande en los terrenos de juego. Estaban empezando con este proyecto, tocando canciones divertidas y con pocas ínfulas de nada más, influenciadas por el lado más punk de Nirvana y Green Day, a los que incluso se atrevían a versionar. Entonces sólo tenían un tema en español, que por gracias del momento se llamaba Q t pires. Tiempo después sacaron su primer largo, Melodías desafinadas (Luno, 2003), en el que por artificiosas maravillas del marketing el idioma anglosajón había desaparecido de sus letras. Ha pasado el tiempo, y ante la presentación de su tercer disco, Anunciado en televisión (DRO Atlantic, 2006), me acerqué con cierta nostalgia de un pasado en el que mi incipiente calvicie todavía no había hecho acto de presencia. Lo que vi era básicamente lo que esperaba: estos chicos cada vez están más lejos de Kurt Cobain y más cerca de El Canto Del Loco. Bueno, me alegro por ellos y por sus agradecidas fans, pero esto no es para mí. Así que vuelvo al escenario principal buscando a un grupo que sí que sabe lo que es cantar en la lengua de Cervantes.

Álvaro es el líder de Pignoise
Para mi decepción me encuentro ante un muy mal comienzo de LORI MEYERS, que no pudieron hacer otra cosa que destrozar su gran Tokio ya no nos quiere al amparo de unos graves terribles, un bombo demasiado alto y un sonido que no les hacía ninguna justicia, y que fue siendo arreglado a lo largo del tema. Noni, voz principal y guitarra, preguntó por el partido entre Alemania y Suecia, y al enterarse del resultado musitó un “hijos de puta…” que dejó a las claras su querencia por los teutones. Con Caravana esto ya empezaba a parecer otra cosa, y con Vigilia, con la que aprovecharon para hablar de la reedición de Hostal Pimodán (La Incubadora, 2006), sólo molestaba el bombo, que seguiría demasiado picado hasta el final del concierto.

Lori Meyers
A vueltas con el fútbol, ante el “¿Quién va a ganar el Mundial?” a imagen y semejanza de aquél “¿Cómo están ustedes?” de Los Payasos De La Tele, la audiencia se mostró dividida entre Alemania y Brasil, a posteriori más encaminados que el grupo, que presos de orgullo patrio, apostaban sin reticencias por España. En realidad, tras Sus nuevos zapatos y L.A. y una comparación entre Granada y Madrid, Noni reconoció que todas estas chorradas que se veía obligado a decir sólo servían para ganar tiempo de cara a la afinación. Pues se agradecen si sirven para poder disfrutar de un Ham’a'cuckoo tan enérgico como el que nos brindaron. Y es que el repertorio estaba pecando de ser poco movido para un festival con tanta gente con ganas de fiesta. Lo que no fue óbice para disfrutar de la deliciosa El aprendiz, o para sorprenderse con los teclados que han añadido a Mujer esponja.

Noni: “¿Quién va a ganar el Mundial?”
Tras dedicar al público ¿Dónde están mis maletas?, Noni volvió a la carga preguntando por la selección que saldría victoriosa del Mundial, comentando que le hacía gracia que le contestaran. De aquí en adelante llegó la subida de decibelios que reclamaban los presentes. Dilema, De superhéroes con toda la gente dando palmas en la introducción, y El gallo ventrílocuo -en la que introdujeron un par de veces la melodía de los Simpsons-, precedieron a la ya clásica Viaje de estudios y La vida de Jacques Rigaut. Para terminar una accidentada La pequeña muerte, que Noni dedicó a su padre antes de volverse loco intentando volver a entrar en la canción tras un cambio de guitarra por causa mayor. No fue de sus mejores conciertos, pero Lori Meyers demostraron otra vez que con un par de discos a sus espaldas tienen un bagaje fantástico de temas tremendamente recomendables. Y el hecho de que musicalmente no se conformen y sigan dando acertados lavados de cara a sus composiciones muestra que estos chicos no harán otra cosa en el futuro más que crecer como banda. Yo, desde luego, no me lo pienso perder.

Alejandro, guitarrista de Lori Meyers
Como desde luego no me pensaba perder por nada del mundo a 12TWELVE. Hacía poco que los había visto en concierto (como podéis ver en este enlace) y no han cambiado muchas cosas. El setlist fue bastante parecido, pero a pesar de ello las sorpresas seguían estando ahí. Son posiblemente el grupo más excitante de este país, y cada concierto suyo es una nueva experiencia en la que la improvisación y la cabeza van de la mano para darnos todo un espectáculo de virtuosismo musical. Voy a ser sincero, confieso que he intentado escribir docenas de cosas sobre lo que dieron de sí sobre el escenario. No sabía cómo enfocarlo, porque se me acababan los adjetivos calificativos y me repetía hasta la saciedad en cosas ya dichas en la crónica reseñada en el párrafo superior -recuerdo al menos diez variaciones parecidas sobre las percusiones de Il monstro-. En un acto de concisión, creo que se puede dejar todo eso en: “Si tocan a menos de 200 kilómetros de tu ciudad, ve a verles. Si es más lejos, piensa seriamente en ir a verles de todos modos”.

Jaume Pantaleón, guitarrista de 12Twelve
Así que al final he descubierto lo que me pasa: me he convertido en un incondicional de estos tipos. Y como muestra, un botón en forma de paja mental. Durante el concierto recordé cierto anuncio de televisión en el que Dani Pedrosa, motociclista de pro, decía que si juegas al fútbol anhelas imponerte en el mundial, si lo tuyo es el baloncesto sueñas con ganar el anillo de la NBA, y si te van más las motos, aspiras a correr en su equipo. Esto último nunca me acabó de quedar claro, ya que supongo que cualquiera firmaría antes ganar el título, y de hecho me parece que a Valentino Rossi le van más ese tipo de cosas. En cualquier caso me valió para pensar que, si quieres ser músico, olvídate de merecer semejante mención hasta que no seas la mitad de bueno que cualquiera de los miembros de 12Twelve, sobre todo su batería. Ahí queda eso.

El Columpio Asesino
Tras semejante orgasmo musical, y ya que carezco de filias toxicómanas relacionadas con la nicotina, no pude reprimir el impulso salvaje de introducir en mi estómago algo de comida (aunque posiblemente semejante denominación no le haga justicia a aquel amago de bocadillo). El concierto de los Charlatans ya estaba muy avanzado, así que opté por seguir las evoluciones de EL COLUMPIO ASESINO. Por un lado sabía que no me iba a llevar ningún chasco, dado que les había visto en la gira de su debut en dos ocasiones y me dejaron un fantástico sabor de boca. Por otra parte, y dado que no se puede estar a todo en esta vida, podría escuchar por primera vez algunos de los temas de su segundo álbum, De mi sangre a tus cuchillas (Astro, 2006).

El público descansa entre concierto y concierto
El concierto estaba bastante avanzado, y en ese sentido me llevé una decepción, ya que casi todo el repertorio al que asistí correspondía a su debut homónimo. Lo que no deja lugar a dudas es la capacidad de los navarros para atronar al personal a la vez que lo pone a bailar sin apenas respiro, ya fuera con esa bella historia de amor entre fontaneros que es Motel, con ese enorme homenaje a los Pixies en Vamos, o con la pegadiza Ye ye yee. Sobresaliente resultó Your man is dead, y Floto dejó al público con la impresión de haber vivido una fenomenal sesión de baile vigorizante a la par que desinhibidora.

The Charlatans
Llegados a este punto habría que empezar a hablar ampliamente de The Charlatans y de Paul Weller. Uno es consciente de sus limitaciones, así que para labores tan magnas prefiero delegar en la sapiencia de nuestro reportero más dicharachero, el gran Andrés Cabanes. Al que, por cierto, todavía tengo que devolver aquella camiseta de merchandasing comprada el día anterior por hacerme un favor ante mi lamentable desnudez. Cuenta con ella en nuestro próximo encuentro. Llegados a este punto, doy por terminada mi labor informativa -ha sido un placer-. Maese Cabanes, tenga usted a bien comentar con la parroquia sus impresiones sobre el final del festival.

Tim Burgess de The Charlatans en acción
Pues, a petición de mi compañero de fatigas, me veo en la tesitura de tomar el testigo para narrar a partir del momento en que separamos nuestros caminos tras el concierto de 12Twelve. Mientras Miguel se decidió por degustar con tranquilidad la comida que se podía adquirir en las barras del festival (hacemos hincapié en que no estamos muy seguros de que a “eso” se le pueda llamar así) y luego ir a ver a El Columpio Asesino, yo preferí darme un poco de prisa para ver a THE CHARLATANS. Con el concierto empezado, pude comprobar cómo los de Manchester todavía siguen en plena forma. Nunca he sido muy devoto ni seguidor del movimiento de su ciudad natal, pero lo que hay que reconocer a los chicos de Tim Burgees es la claridad y la sobriedad de su propuesta. Junto a Paul Weller, que actuaría tras ellos, demostraron que la veteranía es un grado y que lo que realmente importa son las CANCIONES, así, con mayúsculas. Y no es que fuera un gran concierto. De hecho, las piezas de su último trabajo, Simpatico (Sanctuary Records, 2006), son –por decirlo de alguna manera– algo insípidas. En el fondo temas como su primer single, Blackened blue eyes, o la jamaicana City of the dead no están mal, pero no son comparables con éxitos del pasado como My beautiful friend o The only one I know, de las pocas que hicieron reaccionar a los presentes.

The Charlatans
Llegaba la hora del, para mí, mayor aliciente de esta edición del MetroRock: PAUL WELLER. Ya que Miguel se ha abierto lo suficiente como para contar algunas de sus miserias, reconoceré que yo fui uno de los gañanes que llegó el pasado tres de noviembre a la puerta de La Riviera y se quedó con un palmo de narices al comprobar que el concierto del modfather se había cancelado. Entonces hubo muchos rumores sobre el porqué de aquella cancelación. Gracias a la rueda de prensa que ofreció antes del concierto de esa noche ahora sabemos la verdad: “Me molestó haber estado metido durante ocho horas en un autobús desde Barcelona a Madrid y que tampoco supiera cuándo iba a llegar”, dijo visiblemente enfadado. Su actuación prometía, pues Weller venía presentando Catch-Flame! (V2 Music, 2006), un disco que recoge en directo lo mejor de su carrera en solitario y al frente de The Jam y Style Council. Casi nada. Y empezó por el final, arrancando con las mejores canciones de su anterior trabajo, As is now (V2 Music, 2005): From the floorboards up y Paper smile. De este álbum también tocaría, más tarde, I wanna make it allright, Come on let’s go y la brillante Fly little bird.

Paul Weller
Entre medias desgranó uno a uno todos sus éxitos en solitario: Peacock suite, The changing man, Porcelain dogs, Out of the sinking, Broken stones… De entre todos destacaría ésta última, una de mis favoritas, y You do something to me, que junto a Wild word hizo que a servidor se le pusieran los pelos como escarpias. No puedo dejar de hacer una reflexión: lo mejor que le ha pasado a Paul Weller desde que iniciara su carrera en solitario, es Steve Cradock, el guitarrista de los Ocean Colour Scene que le acompaña desde hace una década. En ese sentido, lo mejor que le ha podido pasar a Cradock es Paul Weller, a tenor de lo poco inspirados que resultan los últimos discos de OCS. Para los más nostálgicos, Weller rescató algunas de sus canciones más recordadas de su etapa al frente de The Jam: Running on the spot, In the crowd y Town called Malice, con la que se despidió de un entregado público madrileño.

Paul Weller
Lo peor del concierto de este mito fue presenciar cómo Miguel -que se incorporó corriendo al inicio-, tenía que pedir que bajaran el tono de voz a un pequeño grupo de espectadores que, más empeñado en relacionarse entre sí a grito pelado que en presenciar el espectáculo, impedía a la gente de alrededor escuchar la música. Resultó entrañable ver cómo continuaron farfullando en arameo y lanzando comentarios en voz alta sobre la justificada petición para luego, tras el concierto, acudir uno de ellos herido en su orgullo tratando de entablar con él un debate prepotente y gafapastoso sobre si es mejor Paul Weller en solitario o cuando tocaba con los Jam. Miguel, que es muy honrado, le contestó algo así como: “Precisamente como apenas conozco a Paul Weller quería comprobarlo”. El otro, evidentemente, no podía decir nada, porque lo que es su directo lo escuchó bien poco.

Damian Kulash, cantante de OK Go
Dándose algo de prisa se podían presenciar los últimos acordes de los norteamericanos OK Go, que actuaron a la misma hora que el británico pero en el escenario Parque –tirón de orejas para la organización por ello–. Pero, ¡oh, sorpresa!, tras dejar los instrumentos y abandonar el escenario, la banda salió de nuevo ante un atónito público para bailar –sí, he dicho bien, bailar– su A million ways. Para los que no lo sepan, su videoclip, (pinchad aquí para disfrutarlo), que precisamente consiste en el bailecito de marras, lleva bastante tiempo siendo considerado una de las sensaciones de Internet. Más tarde me contarían que fue uno de los mejores conciertos del MetroRock (aunque si verlo suponía perderse a Paul Weller, me temo que mi elección estaba clara). Lo cierto es que su último disco, Oh no (Capitol/EMI, 2006), publicado en España con un año de retraso, no está nada mal, y dicen que canciones como Do what you want son mucho mejores en directo. Lamentablemente no tuvimos tiempo para comprobarlo.

OK Go
El cuerpo pedía descanso, y nos quedamos sin ver el esperado regreso de Surfin’ Bichos. Del clubbing, mejor ni hablamos. Por lo demás, lo único que me queda por decir es que gracias al MetroRock me he reconciliado con los festivales. He comprobado en primera persona cómo se puede hacer un buen cartel, que sea de calidad y ecléctico a la vez, y todo ello sin sentir agobio alguno pese a los veintidós mil asistentes del primer día y los diez mil del segundo según la organización. El año que viene repetimos. Y nos traemos el tupper de casa.
Texto: Miguel González y Andrés Cabanes
Fotos: Alex García y Jorge Pérez
Metrorock (Madrid, 23-06-06) Parte I
Colaboradores | 29 Junio 2006
VIERNES, 23 de junio
El viernes era el día a priori menos interesante. El sábado estaban todas las bandas que más me apetecía ver, salvo Matisyahu, Franz Ferdinand y Muchachito Bombo Inferno. Así que, ignorando en la medida de lo posible las altas temperaturas, me acerqué sin dudarlo a ver la apertura del festival con MATISYAHU, posiblemente el gran tapado de esta edición. Bastante público alrededor del escenario MetroRock, y comienza a sonar una intro en clave dub merced al trío batería-guitarra-bajo que acompaña al cantante americano de creencias judías. Éste se presentó ataviado con su característico traje y una gorra a lo Sherlock Holmes, presto a defender los temas de Youth (JDub, 2006) y su primer largo, Shake off the dust… arise (JDub, 2004).

Matisyahu
Y sin duda lo que dio de sí fue espectacular. Con un bajo avasallador, una guitarra punzante y una batería fantástica, Matisyahu se olvidó de una ligera afonía para atacar todos sus temas a ritmo de hip-hop y reggae, combinados con buen rock. Eso es lo que se vio ya desde Fire of Heaven / Altar of Earth, en el que terminó realizando un improvisado scat junto al batería. Una bandera israelí y algún cartel con declaración de amor incluida (lo que hizo mucha gracia a la banda), hicieron que Matisyahu se fuera soltando cada vez más, animado por un público entusiasta que bailaba en las primeras filas sin parar. En esa tesitura, y ya sin chaqueta y cambiando gorra por el tradicional kipá, realizó un número de beatbox acompañado por el guitarrista aún más notable si cabe que el aparece en su álbum en directo, Live at Stubb’s (Or Music, 2005).

Matisyahu
Tras una insuperable Youth, terminó el concierto con uno de los singles del año, King without a crown, aunque si bien en el resto de temas su voz estaba realmente bien templada, aquí tuvo que bajar un poco el tono para poder cantarla. Danzando más y más sobre las tablas, amenazando incluso entre bromas con lanzarse al público como se puede ver en la actuación del Stubb’s (aquí algo imposible debido a las dimensiones del escenario), Matisyahu dio todo un recital de moderna grandeza reggae. Se podrá poner en duda si las religiosas letras del judío hasídico tienen veladas ideas radicales. Por lo que yo he podido interpretar, son pocos detalles que sólo se pueden suponer hilando fino. Lo que queda fuera de toda duda son sus enormes maneras y su potencial, lejos del curioso fenómeno de marketing al que algunos pretenden reducirle basándose en las apariencias.

Macaco
Tras el preceptivo avituallamiento líquido -tantos saltos dejan la garganta seca-, tenía curiosidad por ver a MACACO, el grupo de Dani Carbonell, que presentaba Ingravitto (Mundo Zurdo, 2006), su último trabajo. Estaba convencido de que, aunque conozco muy poco a la banda, su propuesta multicultural podría resultar más que interesante en directo, así que me hice con un buen sitio en el césped para poder disfrutar de sus evoluciones mientras me daba un poco el sol (que mi pálido cuerpo lo pide a gritos). La primera sorpresa fue ver con muletas a Paul de Swardt, el rasta que hace las voces de acompañamiento, aunque le duraron poco, ya que al final se dedicó a bailar y animar como el que más. Y es que si por algo destacaron Macaco, fue por hacer continuos llamamientos a la participación de un público que ya llenaba el escenario MetroRock, y que respondió muy agradecido a su música comprometida.

Dani Carbonell, líder de Macaco
La numerosa banda empleó todas sus buenas artes, dobles voces, percusiones, samplers, scratches, teclados, guitarras y lo que hiciera falta, para dar forma a un amplio repertorio repleto de -entre otras cosas- funk, salsa, flamenco, sonidos árabes y reggae. También algo de batucada y cantos en portugués en Brasil 3000, un tema sobre el positivismo brasileiro compuesto en su última gira por esas tierras. Mención aparte merece la emotividad con la que presentó S.O.S., de su álbum Rumbo submarino (Edel, 2001). Invitó a que el público se pusiera en cuclillas -con bastante éxito- y denunció a la empresa española Endesa por estar acabando con el pueblo Mapuche (habitantes de la zona centro-sur de Chile y Argentina). A tal efecto recomendó el documental de 2005 Apaga y vámonos, dirigido por Manel Mayol y en el que se habla de esta situación con mayor profundidad. Para acabar Dani habló de su nuevo álbum y tocó una de sus canciones favoritas: Con la mano levantá fue dedicada a su discográfica Mundo Zurdo, a todas las discográficas independientes y a la gente que hace posible que exista música de verdad. Dejó en el aire una cita de Stanislaw Jerzy Lec: “Aprendamos lenguas, incluso las inexistentes”. Ahí es nada.

Pipi, la voz de The Locos
Ya que se trataba de ver cuanta más música mejor, me acerqué al Escenario Parque a ver el final del concierto de THE LOCOS. Pipi, que fuera segunda voz y showman de Ska-p, presentaba su debut Jaula de grillos (Sony, 2006) haciendo el cabra con las espaldas bien protegidas por dos guitarras, bajo, batería y una formación de viento con tres metales. Con un buen despliegue de ska combinado con punk y rock, se pudo oír Resistiré, todo un alegato contra el acoso. En un rápido cambio de vestuario, Pipi apareció bastón en ristre y disfrazado con traje de ceremonias y bombín blancos, para soltar confeti en un desbocado número de ska que permitió a los que bailaban más entregadamente montar una bonita turba. Un vals, sintonía de la Familia Addams, y con un saludo a “Fernandito Ferdinand” la gente se fue contenta. ¿Música para adolescentes -y no tan adolescentes- trasnochados? Es posible. Desde luego que haciendo odiosas comparaciones con Macaco, parece que éstos últimos son más efectivos a la hora de denunciar y hacer música a la vez.

Sons & Daughters
Con la curiosad que permite la más absoluta ignorancia, me volví corriendo al Escenario MetroRock a ver quiénes son y qué hacen SONS & DAUGHTERS. A primera vista mucha actitud punk, algo de electrónica, rock, ¿y también rockabilly? No parece malo, desde luego parece un buen prolegómeno para lo que sería después Franz Ferdinand. Pero a nivel personal la propuesta me resulta un tanto artificial, y como es buena hora para cenar, cometo el craso error de medio engullir el peor kebab de la historia (y al precio asesino de seis euros).

Solo Los Solo
Decido entonces que lo mejor es cambiar de escenario, y me vuelvo a recorrer todo el recinto para ver a SOLO LOS SOLO. Llegados a este punto debo reconocer mi escaso conocimiento de la escena hip-hop nacional (qué cantidad de huecos culturales que jamás habrá tiempo de rellenar debidamente…), así que iba dispuesto a empaparme bien de lo que pudieran ofrecer los catalanes. Y allí estaban, con unos cuantos centenares de entusiastas seguidores, que respondían a todas las peticiones de la banda (“¡dadme luz!” y todo se llenó de móviles y mecheros encendidos) y se movían al compás de las contundentes bases del DJ. Éste no sólo empleaba scratches al uso, sino que se atrevía a utilizar disonancias bastante agresivas. No sé si sería casualidad, pero los dos largos desarrollos que escuché se refirieron exclusivamente a sexo, petardos, coches y prepotencia, mucha prepotencia. En cualquier caso muy buena la performance en la que interrumpieron su actuación quedándose petrificados como maniquíes con el público gritando como loco. Tras esta pequeña muestra de rapeados, llegaba la hora de los invitados estelares de la noche.

Alex Kapranos, cantante de Franz Ferdinand
FRANZ FERDINAND lograron abarrotar el escenario principal, y como no podía ser de otro modo brindaron un repertorio ideal para bailar y saltar sin parar durante la hora y cuarto que duró su show. Acompañados por un quinto músico que servía para rellenar algunos huecos, desde el primer riff de guitarra se dieron un auténtico baño de multitudes encantadas con lo que les servían. Tras un divertido final de Come on home en plan crooner, siguió Do you want to, y el derroche de singles parecía no tener fin. Ahí estuvieron Darts of pleasure, la impresionante Take me out, Matinée, Tell her tonight, o Walk away.

Bob Hardy, bajista de Franz Ferdinand
Durante The fallen Kapranos presentó a la banda, jaleada sin parar, y que se permitió fantásticos fuegos de artificio como el convincente número de la batería tocada a seis manos. Para acabar de rendir al respetable, un fantástico This fire amenazó con hundir el suelo sobre el que brincábamos una y otra vez. Sí, algunas de sus canciones se parecen demasiado, todos sabemos que no son unos virtuosos, pero saben hacer que la gente disfrute. Y eso, y más en un festival, no tiene precio.

Nick McCarthy, guitarrista de Franz Ferdinand
Mirando los horarios de los conciertos, se descubre -dentro de la perfecta organización que caracterizó esta primera jornada- un fallo grave de planificación: nada que ver entre las 0:00h y las 0:30h. Poco tentado ante Chambao (mi curiosidad no es tan grande), tener que esperar dos horas para poder ver a Muchachito Bombo Inferno, y estar en casa gracias al metro a las 2:00h en lugar de a las 6:00h (teniendo en cuenta que el sábado era el día grande), me decidí a guardar fuerzas y hacer mutis por el foro.

Ambiente durante el concierto de Franz Ferdinand
Lo más triste a destacar de esta jornada fue que en medio del concierto de Franz Ferdinand se soltó el nudo de mi camiseta, la de la portada del Andy Warhol de la Velvet Underground. Hoy se encontrará en un contenedor de basura, o en manos de alguna persona sin corazón. Tal vez me lo tenga merecido por ser un cuerpo escombro exhibicionista, pero, por favor, y no miento si digo que escribo con lágrimas surcando mis mejillas, si alguien sabe algo y lee esto, que se ponga en contacto con nosotros. Era un objeto de gran valor sentimental. Por cierto, gracias Andrés por permitirme volver a casa sin ir campando semidesnudo por la ciudad. Mi madre te lo agradece.
Texto: Miguel González
Fotos: Alex García y Jorge Pérez
Lula – Zapatos nuevos
Colaboradores | 27 Junio 2006
Lula es la banda de Patrizia Escoin, quien ya tuviera cierta repercusión con Romeos. La cantante y guitarrista, acompañada por Félix Ribes al bajo y Adela Arrufat a la batería, presenta el debut discográfico de este nuevo proyecto musical bajo el nombre de Zapatos nuevos (Lucinda Records, 2006). Ya el single de adelanto, California, da una muestra bastante certera de lo que podemos encontrar a lo largo de este álbum: pop y power-pop a raudales, con algunas melodías destacables y letras en español, a ratos atrevidas y por momentos deslenguadas. Valga como ejemplo de ese lenguaje Guarra, que si bien se muestra en principio divertida, como broma acaba resultando un tanto falta de mayor sustento.
Tal vez nos encontremos ante un problema con algo de conflicto generacional. Aunque en Perfecta parece criticarse en cierto modo la actitud más bien superficial de la que se hace gala en muchas de las canciones (tomemos Llámame, ¿Cómo estás? o Sayonara), buena parte de las experiencias que éstas relatan suenan a épocas ya pasadas de chicas que empezaban a romper moldes gracias a su actitud desafiante y desvergonzada respecto al sexo, materia que actualmente la gente se toma en general con mayor naturalidad.
Algo de todo eso hay en Henry Miller, la irregular apertura que combina lo mejor y lo peor que nos ofrece Lula, con algún desarrollo notable, pero con momentos un tanto forzados -como las repeticiones de “chico, yo no tengo cobertura”-. En ese sentido se ve ampliamente superada por Hermano, mucho más completa y sutil. O por el último tema, El amante, que es capaz de enfocar de una manera más compleja e interesante las mismas temáticas ya mentadas anteriormente. En cualquier caso, si hay que quedarse con una canción, la candidata mejor situada es Azul instantáneo, que por sonido y contenido representa una fantástica bocanada de aire fresco dentro de un conjunto que adolece de una excesiva uniformidad. Ahí tenemos Estás solo, con una voz y melodía demasiado parecidas al estribillo de California, si bien sonando más redonda y compacta que ésta.
Patrizia Escoin es una enamorada de Blondie y se nota. Pero Lula no es Blondie, y eso también se nota. Lo que no quita que haya que destacar la honestidad como una de las principales características del álbum. Y es que Patrizia suena sincera y defiende perfectamente sus canciones porque las vive. Al final nos queda un álbum bien empastado, a ratos gracioso y casi siempre descarado, pero que a la larga sólo satisfará a los amantes entusiastas del power-pop.
Lori Meyers – Hostal Pimodán (reedición)
Francisco José Fernández | 26 Junio 2006
El pasado año Lori Meyers editaban su segundo álbum, Hostal Pimodán (Houston Party, 2005). El disco, pese a la pérdida de frescura e inmediatez con respecto a su debut, consiguió cosechar buenas críticas por parte del público y, sobre todo, de la crítica. Sin embargo los granadinos no estaban nada contentos con el trato que desde la compañía estaban dando a su nuevo trabajo. Así que abandonaron Houston Party para fichar por La Incubadora. Poco después se anunciaba la reedición de Hostal Pimodán para el mes de abril de este año.
¿Por qué lanzar de nuevo el disco? Ellos mismos lo explican, muy claramente, en la web de su nueva compañía. Razones como “el grupo merece ver su disco editado como ellos querían”, “nos impusieron incluso la portada sin derecho a réplica, un orden de canciones y no escuchamos el disco hasta tres meses después de acabarlo” o “hace falta una buena gira para llevar esas canciones a cada rincón del Estado” nos llevan a pensar que el enfado de Lori Meyers era importante. La nueva edición, además de la portada deseada, un digipack lujoso y un precio más que aceptable, incluye un segundo CD con siete temas que no aparecían en la primera versión y en el cual vamos a centrarnos.
Tres canciones son completamente nuevas y podemos decir que no tienen desperdicio. Televisión cuenta con una de las mejores melodías que han grabado los de Loja y se convierte en una de las pequeñas joyas del disco. Vigilia se muestra como otra pieza de puro pop que tan difícil es encontrar en nuestro país actualmente. Y con La vida de Jacques Rigart se nos vienen a la cabeza los Byrds más animados de su mejor época, lo que ya es decir. Toda una grata sorpresa.
En los cuatro restantes temas encontramos dos versiones, como son No estoy contento, grabada para el disco Homenaje a Los Ángeles con intervenciones estelares (Lagartija Records, 2005) (uno de los grupos que más ha influido en Lori Meyers), y la fantástica revisión que hacen de La caza de Juan y Junior y que ya editaron en un EP bajo el mismo nombre el año pasado. Este nuevo CD se cierra con dos piezas que ya aparecían en el Hostal Pimodán original. Se trata de dos demos que fueron grabadas antes de la edición del disco: El aprendiz cuenta con una estrofa nueva hacia el final (además de otros cambios), y El mejor de sus trabajos aparece aquí menos convencional y lisérgica. Interesante cuanto menos.
Nos gusta la nueva reedición, la nueva portada y los temas extras. Y Hostal Pimodán nos encantaba. Además, lo mejor de todo es que nos deja con muchas ganas de seguir escuchando material nuevo.
Tom Waits
Colaboradores | 20 Junio 2006
Cuando empezó su carrera: Firmó un contrato por primera vez en 1970, con el manager de Frank Zappa, pero su primer álbum propiamente dicho no vería la luz hasta tres años más tarde. Leer más
Emma Get Wild – Hey hurricane
Ana F. | 18 Junio 2006
Isabel Castro y Salva Fito componen la base de Emma Get Wild. Tras una maqueta de cuatro temas, en enero de 2006 llegó a las tiendas su primer largo, Hey hurricane, editado en el sello discográfico Junk Records.
Escuchando Hey hurricane, no sabemos exactamente si nos encontramos ante una banda pop con un claro toque country, como puede ocurrir con la canción Worst intentions, o si, por el contrario, estamos ante un grupo de americana con marcada actitud pop. Las guitarras bailan constantemente entre esos dos géneros, con toques de folk muy definidos; la armónica casi siempre está presente y la voz es perfecta para ambos estilos.
Este disco posee numerosos temas que tienen mucho que ver con el pop más característico de los 90, el de grupos como REM, Emmylou Harris, Sophie Zelmani o Sixpence Non The Richer. Ejemplo de esto son Too many questions y Supersigh, canciones en las que, por primera vez, las guitarras eléctricas son las verdaderas protagonistas, con finales fuertes, bastante diferentes al resto de los acompañamientos instrumentales que tiene el disco. Impresionan temas como The witch, muy trabajado a nivel instrumental, con una gran batería, poco producida, y un sonido lejano y oscuro, que recuerda al estilo de grupos como 16 Horsepower.
La voz femenina de este grupo, plana y dulce, es perfecta para las letras de sus melodías, que, casi siempre en primera persona, se dirigen a un alguien que no conocemos. La canción Something more es buen ejemplo de ello. Dentro del álbum también encontramos el único título en español, aunque cantado en inglés, La última, canción tranquila, con una guitarra acústica de base suficiente para llenar toda la línea melódica principal, sutilmente acompañada por otra voz masculina.
En resumen, Hey hurricane es un buen disco, con instrumentaciones sencillas que encajan perfectamente con las melodías y el estilo musical. Este trabajo de Emma Get Wild es como uno de esos puzzles infantiles de pocas piezas: sencillo pero bonito.
Black Rebel Motorcycle Club – Howl Sessions EP
Francisco José Fernández | 17 Junio 2006
El pasado año sorprendieron a todo el mundo con Howl (Red Ink, 2005). El tercer disco de Black Rebel Motorcycle Club (BRMC) ofrecía un cambio de registro sonoro importante: el folk, country, blues y gospel se adueñaban de un grupo que estaba (y lo estará aún) harto de que les comparasen una y otra vez con The Jesus And Mary Chain. La jugada les salió bien y cosecharon muy buenas críticas, pese a que algunos no entendieron la nueva dirección de la banda y pidieran más de lo mismo. En febrero anunciaban la publicación de este Howl sessions (RCA, 2006), un EP con seis canciones inéditas registradas durante la grabación del anterior disco.
En este sabroso mini álbum podemos seguir disfrutando del buen sabor que dejaba Howl. Por un lado encontramos piezas lentas, polvorientas y espirituales, mientras que por otro, lo que sería el núcleo del EP, está formado por composiciones con más fuerza instrumental y algo más desenfadadas. La desnuda Grind my bones nos invita a tomar un trago para comenzar, y Feel it now o Pretend nos muestran a los BRMC más reflexivos y emotivos. Steal a ride gustará a su “antiguo público” si llegan a escucharla, gracias a una batería y guitarras marca de la casa. Por último, dos de los temas más accesibles y disfrutables de estas sesiones: Mercy, canción acústica donde la voz se alza como pálida y bella protagonista, y Wishing well, que desprende optimismo por todos lados. Algo así como la hermana menor de ese pelotazo que era Ain’t no easy way.
No sabemos qué harán en el próximo trabajo, pero escuchando y degustando este Howl sessions la verdad es que no nos importaría que siguieran un poco más por este camino. Merece la pena.
Built To Spill – You In Reverse
Sergi Serrano | 15 Junio 2006
Doug Martsch fundó Built To Spill hace ya unos catorce años. Mucho ha llovido desde entonces. Cinco años después de que saliera al mercado Ancient melodies of the future (Warner, 2001), los chicos de Idaho han elaborado You in reverse (Warner, 2006), que supone el octavo disco del grupo. En la grabación ha participado el teclista Sam Coomes (de Quasi), además de Jim Roth, guitarrista habitual de la banda en directo, que se une de manera oficial a la formación.
Ya en el primer corte descubrimos una pieza épica, Goin’ against your mind, cercana a los nueve minutos de duración. Encontramos todos los elementos representativos de la banda: grandes desarrollos, abundante instrumentación, profundas dosis de melancolía y una mezcla de guitarras lacrimosas y apasionadas. Seguidamente nos topamos con Traces, donde la voz nasal de Doug Martsch nos recuerda mucho a la de uno de sus ídolos, Neil Young. Ese parecido sonoro tiene más de un significado, ya que Built To Spill tienen ese aire a los Crazy Horse: recordemos que en su disco Live (Warner, 2000) versionaban el Cortez the killer de Young. Pero vamos a seguir hablando del nuevo disco. Liar, el tercer tema, es sencillamente sublime y genuino. Como lo es también la emotiva Saturday. Los riffs de guitarra al viejo estilo se funden en Wherever you go, uno de los mejores cortes del álbum. Mess with time lleva consigo un ritmo sangriento, un inicio matador y un final con ritmo ska mezclado con desarrollos cercanos a Santana. Just a habit es de tempo lento, aunque conforme avanza nos vamos encontrando con un enloquecedor punteo de guitarra. Y con The wait se cierra la obra, una pieza llena de heterogéneos paisajes sonoros que si son capaces de recrear en directo (y estamos seguros de que así será) pueden dejarnos paralizados por mucho tiempo.
Hay que ser sinceros, es un disco un tanto especial. Para los fans acérrimos de la banda será toda una gozada volver a escuchar material nuevo. A los no iniciados que empiecen su descubrimiento les costará quizás conectar al principio, pero una vez configurada esa conexión wifi no querrán escuchar nada más. Cuidado porque los Built To Spill enganchan.
Primavera Sound 2006 (Barcelona, Junio 2006) Parte III
Sergi Serrano | 14 Junio 2006
Sábado 3 de junio:
Big Star

Big Star
No son Big Star, no. El grupo lo forman Alex Chilton y Jody Stephens de la formación original, acompañados de Jon Auer y Ken Stringfellow de los Posies. Las canciones, sin embargo, sí son las de aquellos tres magistrales discos de los 70 (y alguna del In space, publicado el pasado año). Por tanto, y sabiendo todo esto, era difícil que el concierto fuera a decepcionar. Con escaso público (eran las siete de la tarde) pero muy entregado, Chilton hizo su aparición dejando a un lado su chaqueta y mochila, como si llegara a casa después del cole. Pronto comenzaron a sonar joyas del calibre de In the streets, When my baby’s beside me, The ballad of El Goodo o Thirteen, donde muchos ya nos sentíamos poco menos que privilegiados. Abundaron las canciones del primer álbum, pero sin olvidar cosas como September gurls, I’m the cosmos (con la voz de Auer) o Till the end of the day, bonus del Sisters lovers (1978), del que, desgraciadamente, poco pudimos escuchar. Una hora fantástica y emocionante. Francisco J. Fdez.
Shellac

Steve Albini (Shellac)
La organización, vistos los problemas de acceso del año pasado en el Auditori, decidió poner a la venta tickets de reserva, a un módico precio, para algunos conciertos, para que los compradores pudieran asegurarse la entrada y el asiento. El grupo de Steve Albini, Shellac, pidieron expresamente tocar en el Auditori. Ocurrió lo previsto: lleno casi absoluto y algún que otro problema con las entradas. Como ya sucedió en el concierto de Echo & The Bunnymen del año pasado, los músicos pidieron al público que se acercara y dejase sus butacas, lo que propició que una marabunta corriera hacia las primeras filas y se situara a escasos metros del grupo.

Shellac
La banda presentó un buen conjunto de canciones, algunas mejor interpretadas que otras, pero sí pudimos apreciar que iban de menos a más, subiendo el nivel. Algunos de los temas que pudimos escuchar fueron Squirrel song, Watch song, Copper (con olvido de la letra por parte de Albini), A minute, The dog and ponny show o Prayer to God. Y como ya viene siendo habitual en los conciertos de Shellac, mientras afinaban los instrumentos hubo, entre canción y canción, una especie de “ruegos y preguntas”, momentos en los que el público no dudó en participar. Sergi Serrano
Undertow Orchestra
Vale, Lou Reed estaba tocando a esa misma hora en el Estrella Damm pero, sinceramente, bien mereció la pena perderse al señor Reed por ver a Mark Eitzel, Will Johnson, Dave Bazan (Pedro The Lion) y Vic Chesnutt. Imagínense a estos cuatro artistas tocando juntos composiciones propias de cada uno de ellos, intercambiándose los instrumentos de vez en cuando y, encima, conectando al cien por cien con un público ensimismado con sus canciones. Sin exagerar, fue un concierto increíble, repleto de temas variados, siempre con el nexo común del folk americano, desde el Vultures await de Will Johnson hasta el Selling advertising del nuevo disco de Dave Bazan. Se agradeció escuchar un conjunto con tanta compenetración y riqueza musical. Ana F.
Lou Reed

Lou Reed
Una actuación no apta para curiosos esperando escuchar los grandes éxitos del compositor neoyorquino. Para ellos fue un concierto flojo, pero para los conocedores de la trayectoria de Reed fue un gran y variado setlist. La única pega, quizás, fue lo aburrida que resultaba la espera entre tema y tema, con el rasgueo de su guitarra distorsionada.
Empezó a modo de introducción con Dorita y What’s good, ambas de Magic and loss (Sire, 1992). Después siguió con un repaso al Set the twilight reeling (Warner Bros., 1996), del que interpretó The proposition y la pegajosa Egg cream, una tras otra. Más tarde interpretaría la canción que da título al disco, el ya citado Set the twilight reeling, con un sorprendentemente ruidoso y roquero final. Puede que para los curiosos la mejor parte del concierto fuera la sucesión de algunos de sus temas más emblemáticos, como el siempre grande Dirty Blvd. y los más antiguos I’m waiting for the man y un magnífico White light/white heat coreado por el público. Una curiosidad que pasó desapercibida para muchos fue la interpretación de Jesus, antiguo tema de la Velvet Underground.

Lou Reed
La joya Coney Island baby dejó a algunos sin habla. Poco después, Guardian angel, del álbum The raven (Sire, 2003), cerraba el repertorio del artista. Pero ya se sabe que los cabezas de cartel tienen siempre derecho a un bis y Lou Reed, huyendo de lo más conocido, interpretó Mystic child, que dejó a más de uno contrariado esperando esos clásicos que nunca llegaron. No todos los conciertos pueden ser como el que el músico dio en el FIB 2002. Sergi Serrano
Lambchop
Desde que se formaron en 1993 en Nashville (Tennessee), Lambchop no han parado de crecer tanto en sus discos como en sus directos. Tanto es así que hace unos años nos regalaron el maravilloso Nixon (Merge, 2000), una de sus cimas compositivas, en la que se alejaba un poco del Country para adentrarse en paisajes más pop. A partir de ahí todos conocemos de sobra la historia y teníamos muchas ganas de verles en concierto en un espacio tan carismático e ideal para su música como es el auditorio del Fòrum de Barcelona.

Lambchop
Tocaron canciones de una buena parte de su amplio repertorio, Is A Woman (Merge, 2002), Aw C’mon (Merge, 2004) y No You C’mon (Merge, 2004), aunque el que tuvo más cabida fue el novísimo Damaged (Merge, 2006), disco que fueron desgranando poco a poco, dejando claro que siguen en la brecha con grandes temas.
La desgarrada en muchos momentos, pero siempre dulce voz, de Kurt Wagner fue llenando poco a poco la sala y tanto en las canciones más aceleradas (Nothing Adventurous Please) como en las más lentas (The Daily Growl), impuso su poderío haciéndonos gozar de un gran concierto. A parte de que el apoyo instrumental de toda su banda (con secciones de cuerda) le dio una homogeneidad al sonido que redondeó una actuación ya de por si sobresaliente. Jose Luis Gallego
Centro-Matic
Unas horas después de su actuación en el Auditori con South San Gabriel, la banda de Will Johnson, esta vez con la formación de Centro-Matic (mismos músicos, diferentes temas), apareció en el Danzka CD Drome contando con un público tirando a escaso que poco a poco fue aumentando a medida que el concierto avanzaba. El grupo se centró casi de lleno en los temas de su último trabajo, Fort recovery (Houston party, 2006). El setlist estuvo plagado de canciones llenas de vitalidad, con ritmos muy marcados, guitarras algo distorsionadas y, en general, contó con un sonido bastante bueno, aunque quizá le faltaba un poco más de volumen a la voz. Will Johnson puso un toque más americano y roquero que en el resto de sus actuaciones, con temas como Patience for the ride o For new stars. Muchos de los presentes nos quedamos con ganas de más, ya que el repertorio no fue muy extenso. Justo lo contrario de lo que, afortunadamente, ofrecieron Centro-Matic al día siguiente en la fiesta de despedida del festival. Ana F.
Mogwai

Mogwai
Los escoceses Mogwai pisaban por segunda vez el Primavera Sound, esta vez sin la intensa lluvia de la edición de 2003. Para esta nueva ocasión venían a presentar Mr. Beast (Matador, 2006), que tanto ha gustado por esa vuelta a los orígenes y ese sonido tan contundente al que nos tenían acostumbrados.
Los padres del postrock demostraron con sus nuevas canciones que aún pueden sorprender y que aún están a tiempo de volver a emocionar. Prueba de ello son las nuevas composiciones: Folk death 95, Travel is dangerous, We’re no here o Glasgow mega-snake, el tema con el que cerraron el concierto. Pero también hubo tiempo para recordar otras épocas, como ocurrió con Summer o la bestial Mogwai fear Satan, ambas del Young team (Jetset, 1997). También tocaron Hunted by a freak y Ratts of the capital, esta última con un crescendo y un espectáculo de luces que ponían los pelos de punta, extraídas del Happy songs for happy people (Matador, 2003). Mogwai no defraudaron al respetable y entregaron un torrente de luz y sonido que cegó y ensordeció a más de uno. Sergi Serrano
Fotos: Sergi Serrano
Primavera Sound 2006 (Barcelona, Junio 2006) Parte II
Sergi Serrano | 13 Junio 2006
Viernes 2 de junio:
Final Fantasy
El canadiense Owen Pallett (actualmente violinista de Arcade fire) ofreció un concierto exquisito a primera hora de la tarde. El compositor apareció tan sólo con su violín conectado a unos cuantos pedales, que iban creando armonías a medida que el artista tocaba cada línea melódica que grababa para luego reproducirla en bucle a lo largo de todo el tema. Todo esto unido a la voz de Owen, presente en casi todas sus piezas y que empastaba a la perfección con la parte instrumental, hacía que canciones como Please please please o Many lives se desplegaran como si de una orquesta se tratase. Por si eso fuera poco, una acompañante de Owen iba hilando pequeñas historias a base de transparencias, hechas con sencillos dibujos, proyectadas en el escenario del Auditori. El resultado: un auténtico espectáculo audiovisual creado a base de temas de cuerda y voz muy trabajados y con una técnica instrumental perfecta. Ana F.
José González

José González
Quien conociese a este autor sabía que lo más probable sería encontrarse ante una actuación de una guitarra y una voz. Y así fue: José González tocó los temas de su trabajo Veneer (Imperial Records, 2003), con un directo prácticamente exacto al sonido del álbum. La canción estrella, Heartbeats, fue la más aplaudida, aunque también tuvieron una buena acogida Crosses, Hints o Lovestain que calaron bastante en el público del Auditori. Esa tarde resultó una ocasión perfecta para comprobar que este artista tiene un muy buen directo, y aunque el concierto resultara un poco frío -poca comunicación entre el artista y su audiencia-, desde luego que como músico y compositor José González se merece la mejor de las críticas. Ana F.
South San Gabriel

South San Gabriel
El grupo alternativo de Centro-Matic también tuvo su propia actuación en el festival. El de South San Gabriel fue un concierto íntimo, con todos los miembros del grupo sentados interpretando medios tiempos y atmósferas cálidas. Will Johnson jugaba con las melodías de sus canciones y añadía alguna improvisación vocal que enriquecía aún más sus composiciones. Temas como In the dark of the garage o Charred resentment the same sonaron francamente bien, con una instrumentación basada en batería y guitarras suaves, algún sintetizador rítmico y melodías de violín tocadas por el mismo teclista. Fue un concierto muy tranquilo (lógico, teniendo en cuenta que este grupo se formó para tocar piezas más relajadas que no encajaban del todo con el estilo de Centro-Matic) y con un público muy atento; perfecto para los que siguen los proyectos musicales de Will Johnson, aunque quizá llegara a pecar de monótono para aquellos que no lo conocían de antes. Ana F.
Yeah Yeah Yeahs

Yeah Yeah Yeahs
La actuación de los Yeah Yeah Yeahs fue por la tarde y demasiado temprano. Aún con el sol calentando, el trío americano, más un colaborador ocasional en algunos temas, destacó por su contundencia. Karen O y los suyos (la vocalista con un vestido con los colores de la señera catalana) no defraudaron y su fuerza consiguió que hasta Wayne Coyne, cantante de los Flaming Lips, se acercara a ver el concierto. Interpretaron muchos de los temas de su nuevo trabajo, Show your bones (2006, Interescope), del que sonaron Honeybear, Gold lion, Phenomena o Fancy, entre otros. También rescataron algunas de las canciones de su brillante primer disco como Tick, Black tongue y su mejor tema para un servidor y el favorito del grupo (según ellos), que no es otro que Maps. Un concierto a gran nivel, en el que no sólo destacó Karen O, ya que el batería, Brian Chase, demostró sus dotes con las baquetas. Aunque estamos seguros de que hubieran brillado mucho más en la oscuridad de la noche. Sergi Serrano
Drive-by Truckers

Drive-by Truckers
Petterson Hood, el personaje más visible de Drive-by Truckers, es una mezcla entrañable entre Peter Jackson y Wayne Coine. No para de sonreír y contagia su alegría y ganas al público. Al grupo da gusto verlos tocar y cantar… menos a la bajista, agazapada junto a la batería y con poco que mostrar. Presentaron, sobre todo, temas de su nuevo trabajo A blessing and a curse (algo inferior a los anteriores) como Feb 14 y Gravity’s gone y del anterior The dirty south (New West, 2004). Uno de los mejores conciertos de rock de este Primavera Sound. Francisco J. Fdez.
Richard Hawley

Richard Hawley
El de Richard Hawley era uno de los conciertos que más me hubiera gustado poder disfrutar en el Auditorio, por eso del tipo de música (ideal para deleitarse con los arreglos, la profunda voz, las guitarras del más allá…). Pero Hawley en directo no sólo se muestra como uno de los mejores crooners de la actualidad, sino también como un tipo que lleva el rock and roll en las venas. Sólo había que verlo en Still in my mind, donde hizo un amago de bailecito de caderas al más puro estilo Elvis, o en temas que finalizaban con explosiones guitarreras que, francamente, no me esperaba. Vamos, que tampoco estaba mal la cosa al aire libre. Sonaron muchos de sus mejores temas (Something is…!, Coles corner o The ocean, este último uno de los más aplaudidos de la noche) aunque faltó la preciosa Baby you’re my light. Una pena que, entre canción y canción, se escuchara a un volumen exagerado la música del escenario Ya.com, lo que tampoco gustó mucho al cantante (tal vez de ahí esa furia desatada en algunos pasajes del concierto). Francisco J. Fdez.
Sleater-Kinney

Sleater-Kinney
En el escenario Rockdelux pudimos ver por primera vez (¿acaso también la última? ¡Oh, se separan!) a las muy guerrilleras Sleater-Kinney. El trío americano presentaba su último disco, el alabado por la crítica The woods (Subpop, 2005). De este álbum sonaron algunas canciones como Jumpers, Entertain, The fox o Rollercoaster, aunque también nos brindaron algún que otro tema antiguo como Sympathy, del disco One beat (Kill Rock Stars, 2002). Carrie Brownstein, Corin Tucker y Janet Weiss se entregaron a fondo para sonar como auténticas diosas del rock. Sin duda éste fue uno de los grandes conciertos que pudimos presenciar en esta edición del Primavera Sound. Y eso que muchos ya estaban haciendo cola para ver a los Flaming Lips… Sergi Serrano
The Flaming Lips

The Flaming Lips
Wayne Coyne y los suyos desembarcaron en el Primavera Sound con toda su parafernalia habitual: globos gigantes, serpentinas, cañones de confeti, luces, pantalla gigante, papanoeles en el lado derecho del escenario y alienígenas (la mayoría féminas) en el lado izquierdo y los técnicos vestidos de superhéroes. Todo ello mezclado y pasado por la batidora, parecido a un circo musical. Para no aburrirse.
Race for the prize es quizás la mejor canción para abrir un concierto y los Flaming Lips lo saben: es una bomba de alegría y con un ritmo frenético que capturó al publico presente al instante. Hasta nos agradecieron que cantáramos los coros de la canción, según ellos era la primera vez que les pasaba. Poco después empezaron a presentar los temas de su último trabajo discográfico At war with the Mystics (Warner, 2006) como Free radicals, Yeah yeah yeah song -que gana muchísimo más en directo- o Vein of stars, con toda la pantalla llena de estrellas. Aunque no faltaron temazos antiguos como un espectacular Yoshimi battles the pink robots, el antiguo She don’t use jelly con imágenes de la banda en sus inicios o el perfecto Do you realize final -que ya se ha convertido en himno- con el que cerraron antes del bis. Este fue la versión de Black Sabbath, War pigs que, reconozcámoslo, supo a poco.

The Flaming Lips
Uno de los mejores show-conciertos del festival, los Flaming Lips que se preocupan más por el espectáculo que por la voz de Wayne, que cada vez está más deteriorada. ¿Una cosa compensa la otra? Creemos que si: un concierto se puede convertir en fiesta con un poco de su magia. Somos fans de su confeti.
Fotos: Sergi Serrano


