The Essex Green- Cannibal sea
Santi Hurtado | 25 Abril 2006
El tercer trabajo de la banda de Brooklyn, en la cual hay miembros de Ladybug Transistors, navega de nuevo por el pop ensoñador del que ya hicieran gala en su anterior The long goodbye (Merge – Green Ufos, 2003). El grupo formado por Chris Ziter, Sasha Bell y Jeff Baron desembarcan en una nueva aventura que deambula por el universo pop de mediados de los sesenta.
En el camino, los sonidos de Beach Boys (Cardinal points) se entremezclan con los de Harry Nilsson (Rue de Lis) o el mismo Leonard Cohen (Rabbit), gracias a las cualidades vocales de Jeff, que pone el contrapunto a la dulce voz de Sasha. La referencia más cercana la encontramos en Belle and Sebastian, en títulos como Penny & Jake o Slope song.Otro de los aciertos es el tema interpretado por Chris Ziter, y titulado The pride, que se aleja un tanto de los cánones citados.
El álbum, en su conjunto, seguramente no defraudará a los seguidores de Belle and Sebastian. En cualquier caso, pese a tener algunos buenos aciertos, el nuevo trabajo de la banda adolece de una falta de temas lo suficientemente impactantes como para hacerlo merecer el consabido título de “uno de los mejores discos del año”.
The Bad Machines – Telling lies
Ana F. | 25 Abril 2006
The Bad Machines son un dúo formado por los australianos Paul Scott (guitarrista y cantante de Montana) y Michelle Margherita (bajista de Farrah). Telling lies (Lojinx / Lucinda Records, 2005) es su primer trabajo. Nos encontramos ante un disco en el que power pop, rock y electrónica se mezclan en una colección de melodías que hablan del amor, la vida, los deseos de felicidad y un sinfín de emociones más.
La variedad está asegurada: por un lado, canciones como South coast o Kidz recuerdan a la nueva ola londinense de los 80 y, por otro, el pop electrónico más actual se deja ver en Autobahn o Mood #2, temas en los que incluso la banda se acerca a grupos como Goldfrapp o Moloko, sobre todo por las melodías suaves de Michelle, acompañadas de sintetizadores propios de la música disco. Eso sí, todo ello aderezado de un saber hacer propio de las bandas a las que, a su vez, pertenecen los miembros de este dúo.
Por otro lado, Telling lies también deja un espacio para el pop más cristalino, Does it ever really happen o el tema que da nombre al disco, poseen riffs de guitarra más melódicos y voces menos tratadas en su vertiente más pop. También nos encontramos con alguna sorpresa como Fighting to stay as you’re sliding away, en la que varias voces se entrelazan con slides de guitarra y agudos platos de batería construyendo un fondo sonoro muy oscuro, o Two heads, tema que abre el álbum, mucho más cercano al punk pop más natural y sincero.
En resumen, The bad machines han emprendido su andadura musical pisando fuerte. Paul y Michelle van sobrados de experiencia y creatividad. Desde luego, Telling lies no ha podido tener mejor comienzo.
Neil Young
Sergi Serrano | 25 Abril 2006
Ha sido parte de: Crosby, Stills & Nash (And Young), Buffalo Springfield.
Cuando empezó su carrera: Fue en el 66 cuando entro a formar parte del grupo Buffalo Springfield.
Un par de albums (los más populares): Harvest, Freedom, Zuma, Rust Never Sleeps.
Raíces e influencias: The Rolling Stones, The Shadows, Bob Dylan, Rick James… Leer más
Pixies
Colaboradores | 20 Abril 2006
Integrantes: Francis Black, Kim Deal, David Lovering, Joey Santiago.
Cuando empezó su carrera: En 1986 cuando, después de pasar seis meses en Puerto Rico estudiando español, Black decidió formar un grupo junto a su compañero de universidad Joel Santiago, para lo cual se establecieron en Boston y a través de anuncios contactaron con los otros dos componentes. El nombre del grupo hace honor al delirio caótico de sus músicas y letras: Santiago lo encontró tras abrir aleatoriamente el diccionario. Leer más
The Secret Society – Sad boys dance when no one’s watching
Ana F. | 16 Abril 2006
Detrás de The Secret Society se esconde un chico llamado Pepo Márquez. Le hemos visto en muchas salas de España, equipado tan solo con una guitarra y su voz, pero este compositor, también integrante del grupo Garzón, ha tocado junto a grupos de la talla de Mark Eitzel o Songs: Ohia, ahí es nada. Sad boys dance when no one’s watching (Acuarela, 2005) es un álbum repleto de buenas canciones que quedan clavadas en la cabeza desde la primera escucha. Básicamente hablamos de un disco folk, ni más ni menos, con guitarras acústicas limpias, acompañadas de algunos arreglos eléctricos, y melodías vocales que recuerdan a algunos cantautores americanos como Will Johnson.
Voces suaves pero afiladas, letras que no sólo hablan de amor y un cierto aire melancólico son las bases de este trabajo, en el que se han cuidado hasta el extremo estos aspectos, dejando guitarras y voz en primer plano, con un realismo sorprendente que produce en el oyente una profunda empatía, como ocurre en Moving units, canción que abre el disco.
Sad boys dance when no one’s watching posee un sonido perfecto para quien le guste lo analógico, la sencillez y, claro, para aquellos que odien las florituras sonoras. Todo esto aumenta la sinceridad que ya de por sí tienen sus temas, entre los que podemos encontrar canciones en castellano: De costa a costa, con una voz mínima e inquietante, y La leyenda del tiempo, una versión de Camarón que rompe con todos los esquemas que sigue el álbum. En cualquier caso, Pepo Márquez sabe transmitir multitud de sensaciones usando los recursos de toda la vida, lo que añade una calidad intrínseca a todas las pistas de este disco.
The Minus 5 – The gun album
Francisco José Fernández | 16 Abril 2006
Vuelve Scott McCaughey con sus Minus 5, a saber: Ken Stringfellow (The Posies), Kelly Hogan, Peter Buck (R.E.M.), Jeff Tweedy (Wilco), Colin Meloy y Morgan Fisher (Mott the Hoople). Es difícil que, con semejante grupo de artistas, las canciones de McCaughey pasen desapercibidas para los amantes del pop de siempre, que es ni más ni menos lo que encontramos en este The gun album (Yep Roc, 2006).
El disco se abre con Riffle called goodbye, canción que encajaría muy bien en alguna parte del White album de los Beatles, uno de los muchos grupos de referencia en este trabajo. La receta de McCaughey también incluye pequeñas dosis de psicodelia, country y rock, consiguiendo en algunos momentos cosas tan destacables como My life as a creep o With a gun, caramelitos pop que conseguirán la sonrisa de todo aquel que las escuche con un poco de atención. También hay momentos para el “desmadre” con Aw shit men (rápido pelotazo de menos de dos minutos) y para la melancolía con Cemetery Row W14. Para el final dejan algunos de los temas más juguetones y experimentales (dentro de un esquema que sorprende muy poco o nada, eso sí) como Bought a rope u Hotel Senator, que podrían incluirse en algún disco perdido de los últimos Wilco, por ejemplo.
The gun album (por cierto, apodado así por el arma de la portada y por sus múltiples referencias a ella a lo largo del disco), es una buena colección de canciones pop de las de toda la vida. Disfrutable para todos, si bien es cierto que lo quemarán más aquellos que sientan predilección por las melodías clásicas de los sesenta. En cualquier caso, un buen disco para este pobre 2006.
The Pyramidiacs – Stuff ‘n’ junk
Colaboradores | 16 Abril 2006
Si hay alguna banda que representa por mérito propio el power pop –y el pop en general– del continente australiano, son The Pyramidiacs. Formados a finales de los ochenta por Eddie Owen, el grupo repasa su carrera en este doble compacto Staff ‘n’ junk (RockIndiana, 2005). Son cuarenta y tres cortes que recogen lo mejor de sus cuatro discos y que, para satisfacción de sus fans, incluye algunas canciones casi imposibles de conseguir que habían sido publicadas en fanzines y recopilatorios, algunas versiones y dos temas inéditos grabados el año pasado. Además, incluye un completo libreto de dieciséis páginas que repasa su historia, sus diferentes formaciones y unas cuantas fotos de conciertos y de carteles y entradas de sus actuaciones.
Empecemos por las novedades. Las dos canciones inéditas son Second chance, single guitarrero que abre el primer disco, y It’s not my time, que hace lo propio con el segundo. Entre las versiones destacan Kiss me on the bus de The Replacements, la genial Paper dolls de los Nerves y una preciosa You and your sister de Chris Bell. Entre las rarezas se encuentran Sólo una vez, versión en castellano de One more time -con la que sonaron por primera vez en las radios españolas-, No soul o I found you, del recopilatorio de la segunda edición del festival australiano Lost Weekend 2003 (Laughing Outlaw, 2003).
Entre los temas contenidos en otros álbumes, yo resaltaría –por mencionar alguno– Everything y All you want, de su primer disco de igual título, o Can you feel it y I know what I know, de su último trabajo hasta la aparición de este recopilatorio: Nobody’s fool (RockIndiana, 2001), en el que ya contaron con la participación de Michael Carpenter. No podríamos dejar de mencionar dos canciones tan diferentes como Pretend o These days (la primera por sus eléctricos riffs y la segunda por sus increíbles armonías y por ser más acústica) de su disco Teenage complications (RockIndiana, 1998), o Call you round y There’s always something de Teeter tooter (Ranezz Records, 1996).
Es difícil valorar un disco recopilatorio, uno siempre tiene la sensación de que hay buenos temas que se quedan fuera. En este caso estamos ante una auténtica joya: si no conocías a Pyramidiacs, aquí encontrarás todo lo necesario para adentrarte en su música. Si ya tenías sus álbumes, con Staff ‘n’ junk podrás disfrutar con todas aquellas canciones que no estaban incluidas en ellos -trece, si no me fallan las cuentas-. Y todo esto por sólo diez euros. Ace!
Final Proyecto Demo 2006 Bandini + The Sinclairs + Tom Cary (30-03-206)
Ana F. | 5 Abril 2006
Como viene siendo habitual en los últimos años, el FIB convocó una nueva edición del Proyecto Demo. Tres grupo, Bandini, The Sinclairs y Tom Cary, actuaron el pasado día 30 de marzo en la Sala Heineken dentro de la final del concurso.

Segundo premio para Bandini
El Proyecto Demo arrancó con Bandini, que ofrecieron un concierto redondo, con un repertorio bastante consistente y un sonido aceptable que, poco a poco, fue mejorando a medida que la sala se llenaba y la acústica iba colocándose en su lugar. El grupo empastó a la perfección, lo cual ya demuestra mucho, y las canciones, fuera de la monotonía propia de muchas bandas actuales, brindaban algo más allá del puro saber tocar. Bandini, con sus melodías con raíces americanas del folk más crudo, dejó claro que no sólo posee muy buenos temas, sino que además sabe defenderlos en directo de modo impecable.

The Sinclairs, terceros pero animados
The Sinclairs, grupo elegido por el público para la final del concurso, dejó sin habla a más de un presente de la sala Heineken. La vocalista, arropada por unos músicos que parecían dominar la puesta en escena más que cualquier grupo mainstream del momento, se empeñó en demostrar que The Sinclairs son, básicamente, un grupo para divertirse y bailar. Aunque sus temas funky-beat no fueron el colmo de la originalidad, la banda rebosó energía de principio a fin.

Los ganadores Tom Cary
Llegó el turno del último grupo de la noche, Tom Cary. Sus atmósferas ruidistas, oscuras e inquietantes, fueron suficientes para llamar la atención del público, y no sólo por sus canciones, sino por detalles curiosos como el cuchillo que uno de los guitarristas usaba para tocar sus cuerdas o la variedad de voces protagonistas en todo el repertorio. Pero ya se sabe, estas cosas pueden llegar a cansar, y Tom Cary no supo, o no quiso, moderar sus ansias de conseguir una especie de “bola sonora” que acabó provocando que el público no distinguiera la música de lo meramente ambiental.

Para finalizar, Sr. Chinarro
Tras unos minutos de reflexión, Julio Ruiz anunció el grupo ganador de este año. Los resultados dejaron a The Sinclairs en último lugar, seguidos por Bandini en un segundo puesto y otorgando el premio a Tom Cary. Tras la decisión del jurado, Sr. Chinarro actuó como grupo invitado para finalizar la velada del Proyecto Demo 2006.
Texto: Ana F.
Fotos: Andrés Cabanes
Mark Knopfler – Shangri-La
Colaboradores | 3 Abril 2006
Mark Knopfler, excelente compositor, cantante, letrista y, sobre todo, guitarrista, es una de las grandes figuras de la música de los últimos treinta años. Desde sus inicios como líder de Dire Straits (grupo recordado por canciones como Sultans of swing, Brothers in arms, Telegraph road o Tunnel of love), hasta sus discos en solitario, pasando por sus bandas sonoras (en especial su magnífico trabajo para Local Hero), sus colaboraciones, o el malogrado grupo The Notting Hillbillies, Knopfler ha ido desarrollando un estilo propio y se ha convertido en un destacado guitarrista y cantante, alejándose más de sus antiguas influencias (J.J. Cale, Eric Clapton, Phil Lynott en la guitarra o Bob Dylan en la voz y en las letras), para convertirse en una referencia en el mundo del rock.
Shangri-La es su cuarto disco en solitario -si no contamos las bandas sonoras- y es realmente un álbum muy logrado. Desde el primer corte se reconoce ese estilo Knopfler tan definido, aunque completamente distinto al de Dire Straits. Si con aquella banda nos ofrecía larguísimos solos de guitarra y riffs espectaculares, aquí tiene un estilo más contenido, cercano al blues y al country. El disco comienza con 5:15 A.M., gran canción de una emotividad que va en crescendo. La siguiente, Boom like that, es una composición brillante, muy al estilo de lo que nos tenía acostumbrados con Dire Straits: punteos interminables y una curiosa letra dedicada al fundador de la empresa McDonald’s. A continuación, la decepción que provoca la mediocre Sucker row se supera gracias a The trawlerman’s song, una de sus mejores canciones en solitario, con una genial base rítmica y una melodía perfecta. En Back to Tupelo trata de crear una atmósfera nostálgica y sentimental, y en Our Shangri-La encontramos un increíble esfuerzo interpretativo para la capacidad vocal del escocés. Finaliza la primera parte del disco con Everybody pays, canción con buenas líneas de guitarra y teclado, pero no excesivamente destacable.
La segunda mitad se abre con la cien por cien “bluesera” Song for Sonny Liston, construida sobre un riff tan machacón como efectivo. Tras ella, Whoop de doo, aburrida y lenta, una de las pocas canciones flojas de todo el álbum, y la divertida Postcards from Paraguay, que no es una joya pero entretiene. A continuación, la horrible All that matters, sin duda lo peor del disco, para seguir con la suave y más que aceptable Stand up guy y Donegan’s done, repetitiva aunque adictiva. Finaliza el álbum con Don’t crash the ambulance, curiosa y con cierto aire dylaniano.
En resumen, estamos ante un trabajo notable, pero que podría haber sido una auténtica joya de no haberse incluido alguna de las canciones presentes.


