[Reseña] Daniele Luppi – Wilma
Compositor de cine y televisión con dos nominaciones a los Emmy, el romano Daniele Luppi lleva dos décadas trabajando en la trastienda de discos ajenos. Firmó arreglos en el debut de Gnarls Barkley y en el de Broken Bells, participó en el célebre Mondo Cane (2010) de Mike Patton y ha colaborado con Danger Mouse, Soulsavers o Dave Gahan. Su obra propia se articuló en una trilogía italiana que arrancó con An Italian Story (2004), un homenaje al sonido de las bandas sonoras de los sesenta y setenta. Rome (2011) fue un auténtico regalo para quienes crecimos con las bandas sonoras de Ennio Morricone. Luppi reunió en el estudio a los veteranos que dieron forma a aquel sonido, con el coro de Alessandro Alessandroni y la soprano Edda Dell’Orso, y los puso a trabajar junto al propio Danger Mouse, Jack White y Norah Jones. El resultado era menos un pastiche que una prolongación natural de aquel universo, con unos cuantos westerns imaginarios por estrenar. MILANO (2017) cerró la trilogía cambiando el desierto por la Milán de los ochenta, filtrada a través del no wave neoyorquino. Parquet Courts ejercieron de banda de acompañamiento y Karen O puso la voz en un par de cortes. Fue un experimento más áspero y menos celebrado que su predecesor, aunque probablemente también el más arriesgado del lote.
Wilma recupera el método de Rome pero da un paso más allá en lo que respecta a la autoría. Luppi no ha reunido a los músicos de entonces, sino que ha rebuscado en miles de grabaciones de archivo de músicos de sesión italianos de los sesenta a los ochenta, el equivalente italiano a la famosa «Wrecking Crew» estadounidense. Ese material, en su mayoría nunca utilizado, le sirve de pista base sobre la que añade arreglos, overdubs y nuevas partes. El resultado está concebido como la banda sonora de una película romántica que nunca existió, y hasta la portada participa del juego. Es una fotografía promocional de la actriz Edith Scob, tomada por el artista de vanguardia español Antonio Gálvez en el rodaje de La Vía Láctea, la sátira de Luis Buñuel de 1969. Las voces se reparten entre Michael Kiwanuka, cuya presencia no necesita presentación, y Orion Sun, que además participan en la escritura. Tras el nombre de Orion Sun está Tiffany Majette, cantante, compositora y productora de Filadelfia que mezcla soul de corte introspectivo con hip-hop, R&B, jazz e indie rock. Completa el reparto, desde la sombra de las letras, Shungudzo, colaboradora habitual y confidente poética del italiano. En todo caso, no se trata de un reparto de colaboraciones al uso: según el propio Luppi, la elección de las voces tuvo más de casting de doblaje cinematográfico, como si cada canción fuera una escena que necesitara su intérprete.
El disco alterna los temas de uno y otra con tres instrumentales, Reverie #1, #2 y #3, que funcionan como interludios. A Kiwanuka le tocan Blame Games, Fallin’ Dreams y el adelanto To Some Degree, mientras que Orion Sun se encarga de So Low o Anxiety. El hilo conductor es el amor y sus contradicciones, con especial atención a las del amor moderno. Ese terreno encaja con la gravedad soul de Kiwanuka, que ya coqueteó con texturas orquestales setenteras en sus trabajos con Inflo, sobre todo en su celebrado KIWANUKA (2019), así que el material le va como anillo al dedo. Con todo, y pese a la paciente labor de excavación en los archivos, no todas las composiciones brillan con la misma intensidad. Entre ellas destacan Thoughts & Words, interpretada por la propia Orion Sun, que recupera en gran medida la magia de algunas de las mejores bandas sonoras de los setenta que el disco pretende emular, y el cierre You Could Be The Sun, I Could Be The Moon, a dúo con Kiwanuka. En cualquier caso, Wilma es otra excelente muestra de la orfebrería sonora del maestro italiano, capaz de convertir el polvo de los archivos en algo que suena a la vez antiguo y recién estrenado.







