[Reseña] Death Cab For Cutie – I Built You A Tower
I Built You a Tower, undécimo disco de Death Cab for Cutie, nació durante las giras de aniversario en las que Gibbard recorrió el mundo interpretando íntegramente Transatlanticism y Give Up de The Postal Service, mientras su matrimonio se desmoronaba en paralelo. No era la primera vez: Kintsugi en 2015, al que él mismo describió como «un álbum bastante amargo», ya transitó ese territorio. Hay un cambio de escenario relevante: más independiente que nunca, tras más de veinte años en el sistema de las grandes discográficas la banda firma con Anti-, sello que acumula en su catálogo a Wilco, Waxahatchee o Tom Waits. De nuevo con Congleton al frente, el sonido gana en franqueza lo que pierde en ambición
Así, el peso emocional se filtra, canción a canción, hasta envolverlo todo. Las dos versiones de la canción titular funcionan como columna vertebral: la primera es una balada agridulce y contenida; el cierre que da título a la cara B llega más ruidoso y convulsionado. Pep Talk tiene guitarras repiqueteantes y una melodía que enmascara la desolación de la letra, mientras que Trap Door es el punto más alto: una línea de sintetizador en movimiento, atmósfera casi de Postal Service, y en el centro la historia de quien sabe exactamente dónde está el suelo falso y lo pisa igual.
The Flavor of Metal lleva ese procedimiento al extremo: guitarra de dream-pop con coro añadido y una letra donde los terrores de la infancia -cuchillas en los caramelos de Halloween, Bloody Mary frente al espejo- reaparecen como miedos irracionales de adulto. El dulce se ha ido; lo que queda es el sabor del metal. I Built You A Tower transita en su producción por terreno seguro, sin apuestas instrumentales que sorprendan. En una banda con este recorrido, la contención puede leerse como madurez o como límite. Gibbard lleva treinta años siendo el cronista más honesto del día después. Tal vez no necesite reinventarse sino, como aquí, algo real que contar.







