La película de la semana: EPiC: Elvis Presley in Concert

Se estrena el documental EPiC: Elvis Presley in Concert; una propuesta que, sobre el papel, resulta más atractiva que la visión que Baz Luhrmann ofreció en su biopic de 2022.
La dirección de Luhrmann se aleja del formato de documental convencional al eliminar a los entrevistadores externos y expertos. En su lugar, el hilo conductor es una entrevista íntima de 45 minutos grabada en 1972 con las cámaras apagadas, donde Elvis Presley reflexiona con vulnerabilidad sobre su carrera y su cansancio. Esta «autonarración» permite que sea el propio Rey quien guíe al espectador a través de su residencia en Las Vegas, logrando que el filme funcione como esa gira mundial que el artista nunca pudo concretar en vida debido a las restricciones de su gestión.
Este proyecto cinematográfico actúa como una poderosa reivindicación del talento musical de Presley, dejando de lado los prejuicios de su etapa final para centrarse en su asombrosa ética de trabajo y su conexión con el público. Al evitar los clichés trágicos, la película ofrece un retrato vibrante y en alta definición de un hombre que realizó más de 1,100 espectáculos en siete años. Es, en esencia, un viaje sensorial que permite redescubrir la humanidad y el humor de una leyenda que, a pesar de la fama abrumadora, siempre buscó la redención a través de su voz.
La asombrosa reconstrucción técnica que define a EPiC: Elvis Presley in Concert representa un hito en la arqueología cinematográfica moderna gracias al trabajo conjunto entre el equipo de Park Road Post Production y la visión de Baz Luhrmann. El proceso comenzó con la recuperación de 59 horas de película de 35mm y carretes de 8mm que habían permanecido décadas en las minas de sal de Kansas, donde el equipo de Peter Jackson aplicó una limpieza forense para eliminar el grano excesivo y los daños químicos acumulados. Esta restauración visual alcanza una claridad casi tridimensional en pantallas IMAX que permite apreciar detalles microscópicos como las gotas de sudor y la intrincada pedrería de los trajes de Presley, todo ello manteniendo una autenticidad absoluta ya que Luhrmann evitó el uso de inteligencia artificial para generar imágenes falsas, centrándose exclusivamente en estabilizar y limpiar el material original para que parezca filmado en la actualidad. Aunque EPiC utiliza gran parte del material filmado originalmente para That’s the Way It Is, las diferencias son radicales en cuanto a tono y propósito. El documental de 1970 era una mirada contemporánea y «directa» que mezclaba los ensayos con el concierto para promocionar el regreso de Elvis a los escenarios. Era lineal y terrenal. EPiC, en cambio, es una «reconstrucción onírica» que utiliza el montaje para saltar en el tiempo y el espacio, enfocándose en la psique del artista a través de esa entrevista privada de 45 minutos que el filme original nunca utilizó.
En el apartado sonoro, los ingenieros dedicaron dos años a una labor de «desmezcla» utilizando tecnologías de vanguardia similares a las empleadas en el documental de los Beatles para separar individualmente la batería, el bajo y la voz de las cintas originales de 16 y 24 pistas de los años setenta. Este proceso permitió crear una mezcla envolvente de alta fidelidad que sincroniza perfectamente con el metraje recuperado, resolviendo el problema histórico de los carretes que originalmente carecían de audio de calidad. El montaje final realizado por Jonathan Redmond eleva la experiencia técnica al crear composiciones híbridas que saltan entre diferentes noches de concierto para capturar la energía inagotable de Presley sin romper la continuidad sonora. Esta estructura sensorial culmina en una sección épica que utiliza el metraje de la gira de 1972, presentando a un Elvis casi mitológico enfrentándose a estadios masivos bajo una luz heroica.
La banda sonora de EPiC: Elvis Presley in Concert es una ambiciosa colección de 27 pistas que combina las actuaciones en directo de los años 70 con arreglos orquestales contemporáneos y remixes de vanguardia, logrando que el sonido de Elvis se sienta actual sin perder su esencia. El repertorio incluye versiones «EPiC» de clásicos inmortales como That’s All Right, Hound Dog, Burning Love y Suspicious Minds, estas últimas enriquecidas por la colaboración de la Royal Philharmonic Orchestra. Además de los grandes éxitos, el álbum presenta piezas únicas como el remix de Love Me por Jamieson Shaw, una versión combinada de Little Sister / Get Back y temas más espirituales como How Great Thou Art y Oh Happy Day, cerrando con canciones que exploran nuevas sonoridades como el remix de PNAU en Don’t Fly Away y el tema A Change of Reality (Do You Miss Me?), que subraya la atmósfera de redescubrimiento que propone Baz Luhrmann.
El cierre de la película adquiere una dimensión casi mística con la inclusión de American David, una pieza donde Bono narra un poema lírico sobre la figura de Elvis, acompañado por la música de Elliott Wheeler. Este texto, que Bono escribió originalmente hace años y ha adaptado para este proyecto, describe a Presley no solo como un cantante, sino como el «David» de América: un hombre que, con su voz y su cuerpo, explicó la sexualidad y la energía del país al mundo. A través de versos que contrastan la vulnerabilidad del hombre con la potencia del icono —mencionando desde su admiración por Mario Lanza hasta su transformación en una figura «elástica y espástica» en Las Vegas—, el poema sirve para humanizar al Rey, recordándonos que, a pesar de la fastuosidad de los escenarios, siempre fue un alma en constante búsqueda que, al igual que su nación, intentaba mejorarse a sí misma mientras luchaba contra sus propias sombras
La recepción crítica de EPiC: Elvis Presley in Concert ha sido abrumadoramente positiva, consolidándose como una experiencia cinematográfica trascendente que borra las fronteras entre el documental de archivo y el concierto en vivo. Medios de prestigio como Variety, Film Threat y The Hollywood Reporter han otorgado calificaciones perfectas, destacando que la película no es solo un tributo, sino un «blitz visual y sonoro» que permite una conexión íntima y fresca con la complejidad de Presley, alejándolo de los prejuicios históricos para mostrarlo en su estado más puro y deslumbrante. The Globe and Mail ha llegado a calificarla como el mejor documental de concierto jamás realizado, mientras que críticos de The Daily Beast y Next Best Picture resaltan que, aunque funciona como la pieza compañera ideal de la película biográfica de 2022, EPiC logra algo superior: situar a Elvis en el presente, despojado de nostalgia barata. Incluso medios más cautelosos como The Guardian o NME reconocen que el estilo bombástico y caleidoscópico de Luhrmann encaja de forma orgánica con el exceso de los trajes de pedrería y la presencia escénica de Presley, convirtiendo la película en un «elixir» tanto para los fanáticos de toda la vida como para las nuevas generaciones que buscan entender el origen de la histeria colectiva que rodeaba al cantante. Publicaciones como The Times, Time Out y el Chicago Tribune enfatizan que se trata de una celebración gozosa y energética que invita a la ovación de pie, demostrando que incluso para aquellos que no se consideran seguidores de su música, EPiC resulta ser una experiencia estimulante y generosa que reclama el lugar de Presley como un artista cuya voz y necesidad de entretener siguen siendo incomparables.







