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[Reseña] The Womack Sisters – The Womack Sisters

Hay linajes que son una losa y linajes que son una brújula. En el caso de Kucha, Zeimani y BG Womack, nietas de Sam Cooke, hijas de Zekkariyas y Zeriiya —el dúo que en los ochenta firmaba como Womack & Womack— y sobrinas de Bobby Womack, la genealogía podría haber funcionado como condena. Llevan más de una década intentando que esa herencia no las precediera: primero con el single autofinanciado Darling, después con años de conciertos menores en Los Ángeles hasta que un conocido común las puso en contacto con Gabriel Roth, cofundador de Daptone y responsable, entre otras cosas, del sonido de Back to Black de Amy Winehouse. Que el sello elegido sea Daptone ya adelanta buena parte del veredicto: no es casa para quien busca modernizar el soul, sino para quien quiere reconstruirlo tal y como sonaba antes de que nadie pensara en actualizarlo.

El disco despliega ese propósito con oficio: If I Let You recurre al órgano y las palmas de una samba doméstica, y If You Want Me se apoya en un piano percusivo y en el juego de llamada y respuesta que dominan por herencia. Pero el corte que mejor resume la ambición del álbum es All Around, donde la batería, el piano y las tres voces encajan con una precisión de reloj de cuerda, sin que ningún elemento pise al otro. El adelanto más reciente, Monster, es una balada de combustión lenta sobre el vacío que deja un amor no correspondido, con arreglo cinematográfico de raíz vieja; llega tras Chauffeur, el corte que abrió la campaña y que parte de la propia biografía del trío: los años trabajando de lo que fuera, Uber incluido, mientras cantaban de fondo para su tío Bobby Womack. Y es en el cierre, con My Sisters and Me, donde la sombra del abuelo se hace más explícita: el disco elige despedirse no con un gesto hacia sus padres, sino con un homenaje directo a Cooke.

Ahí está la paradoja del proyecto, aunque quizá no haga falta resolverla como si fuera un defecto: si a Amy Winehouse, sin una gota de sangre Cooke ni Womack, se le permitió resucitar el soul de los sesenta hasta convertirlo en un fenómeno de época —con Roth, precisamente, en la sala de control, demostrando que el revival soul de raíz analógica podía funcionar comercialmente a gran escala—, bastante más derecho tienen tres mujeres para las que ese sonido no fue una elección estética, sino una herencia de sangre. El disco no retoma el lenguaje sintetizado y de producción ochentera con el que Womack & Womack firmó discos tan celebrados como Love Wars o Conscience, sino que salta una generación entera para aterrizar, de forma explícita en su tramo final, en el legado de su abuelo. No hay avance respecto a lo que hicieron sus padres porque no es esa la conversación que han querido tener; han preferido reivindicar el patrón más antiguo de la familia. Un trabajo de una honestidad innegable, el de tres herederas que no han venido- o al menos de momento- a innovar, sino a demostrar que restaurar también puede ser un acto legítimo.

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