La película de la semana: Prime Crime, A True Story

Tras siete años de ausencia en el cine -período en el que dirigió varios episodios de Feud: Capote vs. the Swans para Ryan Murphy-, Gus Van Sant vuelve a la gran pantalla con un thriller basado en hechos reales que se estrena en España este viernes.
El origen de la película hay que buscarlo en el guionista debutante Austin Kolodney, quien oyó hablar por primera vez del caso en un podcast, buscó en YouTube y encontró un clip de cinco minutos donde Tony Kiritsis daba una rueda de prensa, limpiándose las lágrimas y dando las gracias al público como si estuviera aceptando un Oscar. De ahí nació el guión, escrito en 2020 y que tardó años en llegar a las manos adecuadas. El productor Cassian Elwes fue quien finalmente lo puso frente a Van Sant, que al día siguiente respondió: «Estoy dentro. Estoy disponible.» El propio director explicó su decisión de forma más visceral: «Cuando leí el guion, había enlaces adjuntos; podías hacer clic en ellos y escuchar las llamadas reales al 911. Tony hablaba rapidísimo, como Scorsese en plena borrachera de cocaína, contando chistes y perdiendo los estribos. Pensé: ‘Este es un personaje increíble’.»
La historia reconstruye uno de los episodios más perturbadores de la crónica estadounidense de los años 70: el primer secuestro retransmitido en directo por todas las cadenas de televisión norteamericanas. Bill Skarsgård protagoniza la película acompañado por Colman Domingo, Al Pacino, Dacre Montgomery y Cary Elwes. El rodaje se realizó en Louisville, Kentucky —ciudad natal de Van Sant—, en tan solo 20 días, incluyendo las escenas de acción y la persecución de coches. Para el aspecto visual, el director de fotografía Arnaud Potier propuso usar cámaras de vídeo Ikegami de época que encajaran con el metraje real rodado en 1977, dando a la película esa textura granulada y de retransmisión televisiva olvidada.
Las anécdotas del rodaje no faltan. Dacre Montgomery, de 30 años, contó que Van Sant le llamó para decirle que interpretaría a un hombre de 56 años, y destacó que el director le obligó constantemente a salir de su zona de confort: «Todo es maleable, es un proceso en continua evolución, lo que fue un gran aprendizaje para mí.» Además, el equipo vivió una coincidencia inquietante: Van Sant comenzó el rodaje en Louisville en enero de 2025, semanas después de que Luigi Mangione disparara al CEO de UnitedHealthcare en pleno Midtown de Nueva York. Un joven asistente en el rodaje llegó a declarar que Mangione merecía una estatua en Central Park, algo que Van Sant admitió no poder llegar a comprender del todo, atribuyéndolo a una diferencia generacional.
Y hay una última capa de ironía cinéfila en el reparto: en 1975, Tarde de perros de Sidney Lumet mostraba a un joven Al Pacino como un atracador que toma rehenes en una institución financiera por razones supuestamente morales; en Prime Crime, cincuenta años después, es Pacino quien interpreta al padre del rehén, al otro lado de la ecuación. El propio Cary Elwes confirmó que el casting de Pacino fue un «easter egg» deliberado, en homenaje a Tarde de perros, la película que, según él mismo, «es la razón por la que existe Al Pacino». El film debutó fuera de competición en el Festival de Venecia de 2025, con Van Sant reivindicando su vieja fórmula de los antihéroes: «Me identifico con ellos. Las historias de un individuo contra todo el sistema son algo a lo que respondo emocionalmente.»
La recepción crítica tras su paso por Venecia fue mayoritariamente positiva, aunque con matices. Peter Bradshaw en The Guardian le otorgó cuatro estrellas sobre cinco, destacando su «descaro tremendo, toque de humor negro y crueldad fría y sin sentimentalismos», comparándola con lo mejor del cine de Sidney Lumet. Owen Gleiberman en Variety la definió como el trabajo «más importante de Van Sant para la gran pantalla en mucho tiempo», aunque lamentó que el director modificara algunos hechos reales para adaptarlos a su punto de vista. Bill Skarsgård ha sido unánimemente elogiado, mientras que varios críticos señalan que el papel de Pacino, pese a su impacto, es sorprendentemente breve.







