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Wintercase 2004 (Barcelona, 17 y 19 de noviembre de 2004)

Un año más se celebraba en noviembre el Festival Itinerante de Música Independiente Wintercase, que este año cumplía su tercera edición. Organizado por Sinnamon Promotions, llevó a Barcelona, Madrid, Bilbao y Valencia a doce bandas nacionales e internacionales. En AltaFidelidad.org sólo estuvimos acreditados para dos de las jornadas en los que el Wintercase pasó por la Sala Razzmatazz 1 de Barcelona, los días 17 y 19 de noviembre. Aún siendo sólo una pequeña parte de lo acontecido, os presentamos a continuación los conciertos de Blackbud, Hope of States, Los Planetas, The Dears, Low y Tindersticks.

Blackbud:

Blackbud era una de las incógnitas del Wintercase, ya que aún no tienen publicado ningún disco. Ante la escasa gente que los conocía, se hacía apetecible descubrir un grupo nuevo. Por lo poco que pudimos escuchar, la voz de Joe Taylor es un claro homenaje -o copia- a la de Jeff Buckley. Así pues, la banda británica llegó al festival para darse a conocer, y lo que hicieron encima del escenario lo hicieron muy bien. Rock y blues en su más puro estado, demostrando que Barefoot Dancing es uno de sus mejores temas. Esperaremos su primer trabajo, aunque como dicen ellos: “Queremos tomárnoslo con calma”.

Hope Of The States:

La banda lucía por Barcelona su debut, The lost riots, editado este mismo 2004. No es de extrañar que abrieran el concierto con The black amnesias, como hacen también en el álbum: un tema instrumental ante cuyas sacudidas hay que agarrarse a lo primero que se tenga a mano a riesgo de caerse.

Enemies/Friends sonó contundente. Esos redobles de batería junto a las proyecciones que el grupo ofrecía a sus espaldas ayudaban a comprender cuán épicos llegan a ser Hope Of The States. El violinista Mike Siddell aporta un sonido poco común en formaciones de rock, creando atmósferas y melodías que sin duda revalorizan cada canción, como es el caso de 66 sleepers to Summer. Por su parte el tema que engancha desde la primera escucha es sin duda The red the white the black the blue, que sonó realmente curiosa, anómala, en algunos momentos descuidada. Por suerte con Nehemiah pudimos apreciar lo bueno que es el mejor single que tiene la banda.

Encima del escenario Hope Of The States están aún un poco verdes, y si bien ganas no les faltan, les falla un punto extra de conjunción que actualmente no tienen. Deben madurar un poco, y quizás así podamos disfrutar de una nueva banda con gusto por lo grandiso, al estilo de los escoceses Mogwai.

Los Planetas:

La expectación que suscitan Los Planetas en Barcelona es algo admirable. Esa noche la sala razzmatazz estaba llena hasta los topes para –la mayoría iba a lo que iba– ver a los granadinos. Ya son muchos años los que llevan a sus espaldas J y compañía. La experiencia es un grado y así lo demostraron nada más salir al escenario.

Comenzaron con Vuelve el rock mesiánico -cara b de su último single- seguida por San Juan de la Cruz, que sin duda fue un derroche de la psicodelia más popera que sólo ellos pueden ofrecer. Continuaron con varias canciones de su nuevo trabajo Contra la ley de la gravedad, como Y además es imposible -junto a “Irazu” de La Buena Vida- y Nunca me entero de nada, probablemente lo mejor de este LP. Tras Corrientes circulares en el tiempo J y los suyos no dejaron al público sin sus grandes clásicos de siempre, tales como Segundo premio de Una semana en el motor de un autobús, o Santos que yo te pinte, muy bien coreado por los asistentes que demostraron ser auténticos fans al saberse la letra de todos los temas.

Después de un pequeño descanso, Los Planetas insistieron con otro bombazo como es De viaje, de su primer álbum Super 8, con los presentes entregados al máximo disfrutando también de Brigitte, que encuentra en el mismo disco. Poco después llegaría el final de la noche con Devuélveme la pasta y Pesadilla en el parque de atracciones, que cerró una noche mágica en la sala Razzmatazz, con unos Planetas muy centrados en su sonido y un público inmejorable.

The Dears:

La noche del viernes 19 la abrían los canadienses, que horas antes de su concierto tuvieron una charla con nosotros en la que pudimos hablar, entre otras cosas, de su tercer disco hasta el momento No cities left, en una entrevista de lo más amena.

The Dears salieron pronto al escenario, en horario infantil decían algunos, ya que presenciar un concierto a las ocho de la tarde es algo raro. Aunque entendemos que es una simple cuestión de mercado, ya que estas salas se convierten en discotecas pasada la media noche. En todo caso The Dears supieron aprovechar su escaso tiempo para entregarnos un concierto de lo mas heterogéneo, empezando con Postcard from purgatory, uno de los temas más atmosféricos de su último trabajo. Con su single de presentación, We can have it, Murray Lightburn demostró con creces que su voz es tan potente en directo como en estudio.

Pero sin duda nos quedamos con la impresionante Lost in the plot, que en concierto toma un aire y suena mas espectacular aún si cabe. No en vano el tema fue el elegido por la organización para la promoción del festival. El tiempo se les echó encima y no pudimos disfrutar más de The Dears, a los que esperamos volver a ver en mejores condiciones.

Low:

Low llegaron al Wintercase con el trabajo hecho: bajo el brazo traían nuevo disco -aunque aún por publicar- y un recopilatorio de rarezas. La sala estaba a punto de presenciar las nuevas notas, los nuevos compases de lo que será The great destroyer. El trío de Minnesota empezó a entonar temas tan personales como característicos, con momentos de auténtica calma y otros plenos de rabia y emotividad.

La geniales voces de Alan Sparhawk y su esposa Mimi Parker nos dejaron en más de una ocasión con la boca abierta. La velada empezó con Amazing grace de su álbum Trust, del que también interpretaron Canada, con John Nicols entregado al bajo. Aunque después tocaron muchos de los temas inéditos a lo largo de los cincuenta minutos escasos que la organización reservó a los americanos.

Monkey -que será la canción que abra su nuevo trabajo- suena con mucha fuerza en directo y cautiva al oyente. Con esos ritmos tan particulares y ese verso que reza ”Tonight you will be mine” nos llenó de sentimiento, y nos permitió sentir como propio lo nuevo de Low desde el primer instante. Le siguieron When I go deaf de final demoledor, California, que posiblemente sea la más popera del próximo álbum, Broadway (so many people), y Silver rider con el trío al completo cantando los versos finales. El slide de Alan fluyó en On the edge of, una de las mejores canciones del concierto. Pero un público correcto y entregado por momentos echó de menos numerosas composiciones, como Dinosaur act, que más de uno pidió insistentemente.

Tindersticks:

El sufrimiento que destila la voz de Stuart Staples es lo que Tindersticks mejor saben aprovechar. El rock de cámara despertó muchas ganas a un público con hambre de seguir absorbiendo buena música. La banda era la de siempre: Dickon Hinchliffe, voz, violín y guitarra electroacústica en una canción; Mark Colwill, bajo -de volumen a veces excesivo-; Dave Boutle, piano, teclados y xilofón en un tema jazzy realmente bueno; Neil Fraser, guitarra eléctrica y acústica; y Alasdair Macaulay, batería de estilo… inconfundible.

Los de Nottingham se centraron básicamente en el Waiting for the Moon publicado el 2003. Tocaron la serena Running wild, también My oblivion, siempre genial, y una de las mejores de la noche con esos pequeños toques del violín de Hinchliffe. Éste también cantó e interpretó algunos temas como Until the morning comes. Psicosis sonó realmente bien, así como la oscura e intensa Say goodbye to the city, en la que de nuevo se lució Hinchliffe con una pequeña distorsión de violín que enmudeció un poco la presencia de Staples, aunque él no desentonó ni un momento en Sometimes it hurts.

Tindersticks supieron conquistar a los asistentes, y aprovecharon ese tiempo extra que dispusieron por ser la actuación que cerraba la noche. Una gran velada, un gran concierto. Así como una agradable sonrisa le quedó a más de uno al salir de la sala. El Wintercase 2004 ha ganado en relación al año pasado, y esperemos que siga así en futuras ediciones. Aunque sí se podría pedir un poco mas de tiempo para los grupos, y así poder disfrutar al menos más de una hora por cada uno de ellos. ¿Menos grupos por día? Eso se lo dejamos a la organización.

Textos y fotos: Sergi Serrano

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