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Wilco – A ghost is born

¿Qué es Wilco? Una pregunta que, cada día, tiene más vigencia. Tras todo tipo de vicisitudes y de reinvenciones, uno ya no sabe qué esperarse del grupo de ese genio que responde al nombre de Jeff Tweedy. Pop, alt-country, rock, toques de electrónica… todo ha tenido cabida en la carrera de este grupo que no parece tener fin en su evolución.

Muchos pensaron que habían tocado techo con el genial Yankee hotel foxtrot (Nonesuch Records, 2002), un disco que deconstruía desde dentro el alt-country y que convertía a unos de sus principales impulsores en los encargados de escribir una suerte de epitafio para el mismo. Pero por suerte Tweedy no pensaba que allí estuviese el punto culminante de la banda, una banda cada vez más personal en la que volcar todo lo que lleva dentro, siendo su creatividad el motor principal de la misma. La partida de su guitarra Jay Bennet y la llegada a la batería de Glenn Kotche no eran más que la preparación de los nuevos Wilco, que recibieron su gran impulso con la aparición en escena de un nuevo productor, Jim O’Rourke.

Con O’Rourke aportando sus líneas creativas, bien puestas de relieve en obras como el Eureka de 1999, el camino estaba abierto. Tras una suerte de ensayo general con la publicación de Loose fur, único disco hasta ahora de la banda homónima, estaban preparados para llevar las largas progresiones en el pop más instrumental de O’Rourke al pop luminoso o el alt-country más apasionado de Tweedy. El resultado sólo podía ser lo que nos vamos a encontrar en este A ghost is born, la genialidad.

Porque la reunión de talentos que se produjo para la confección de este disco sólo podía llevar a un trabajo singular e intemporal. Lo mejor que se puede decir de cualquier disco es que suene único, y eso lo han conseguido aquí de un modo ejemplar. Posiblemente ningún otro grupo ahora mismo sea capaz de componer obras cómo Spiders (Kidsmoke) o Muzzle of bees, o menos aún de conseguir una unidad temática y creativa semejante con temas como ésos en un disco.

Porque este A ghost is born es un disco para escucharlo de una sentada, para sumergirse en él. Desde los primeros y apenas intuidos acordes de At least that’s what you said Tweedy nos introduce en su mundo, un universo de pena y de dudas, sin certezas en ningún caso. Todo ello presentado con uno de los mejores temas del año, que se transfigura en un instrumental prodigioso a partir del segundo minuto y que consigue transmitir todo lo que el disco trata de ser. Esa pena contenida, ese sentimiento puro, esa duda continua, todo está presente en poco más de 5 minutos y medio que se erigen en, posiblemente, una de las cumbres musicales que nos dará este 2004.

Tras semejante inicio de disco parece complicado que se pueda mantener el ritmo, pero por suerte estamos hablando de Wilco. Sin bajar nunca el nivel creativo, la encadenación de temas resulta magistral. Tras ese guitarreo final del primer tema, nada mejor que la tranquilidad de Hell is chrome para traernos de vuelta al mundo real, por ejemplo. Y de semejante modo el disco transita por nuestros oídos sin necesidad de estridencias, configurando un mundo propio del que, una vez has entrado, es difícil encontrar la salida.

Las progresiones imparables de Spiders (Kidsmoke), en la línea de un Laminated cats de Loose Fur pero más electrificado. Las guitarras y la voz cálida de Muzzle of bees. La vuelta al pop luminoso de Hummingbird o Company in my back (pero sin perder un toque melancólico que no hubiese estado presente en un Summerteeth). La maestría pop de Handshake drugs (tema recuperado de su EP More like the moon), Wishful thinking o Theologians, ésta última con un sentimiento que pocas veces se puede escuchar en la música popular. El rock de I’m a wheel… o esa tristeza absoluta que termina convertida en una suerte de cacofonía, después de todo acaba de nacer un fantasma, de esa maravilla que es Less than you think. Pero ahí no acaba la fiesta, tras esos sonidos acoplados que parecen darñe término de un modo extraño pero efectivo el disco nos encontraremos con la última joya de este. En The late greats recuperamos a los Wilco más luminosos y directos para la canción más inmediata del disco, un canto a todo aquello que la música ha perdido que logra un impacto casi único en nosotros gracias al final de la canción precedente y se erige en un verdadero himno pop.

Pero, ¿se esconde algo más tras todos esos temas? Sin duda, así es. Posiblemente la clave se encuentre en el propio título del disco, una suerte de transfiguración de lo que es la esencia del trabajo de Wilco. Con este disco han creado algo más allá de épocas, modas o estilos, han creado un conjunto de temas que los sitúa en la élite de la música actual y los erige en unos creativos únicos, que se sitúan más allá del presente, el pasado o el futuro. A ghost is born no pertenece a ningún momento de la historia musical, pertenece simplemente a la música.

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