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Vacabou (Madrid, 16-05-2004)

El Café Ladinamo, situado en el corazón de Madrid (C/Mira el Sol, entre Embajadores y Lavapiés), es el espacio físico donde se desarrollan muchas de las actividades de la asociación cultural Ladinamo. Un sitio donde uno puede desde tomarse un batido natural o conectarse a internet gratuitamente, hasta asistir a charlas, obras de teatro o, por supuesto, conciertos. En este marco de acercamiento popular de la cultura Vacabou vinieron a presentar su álbum homónimo, plagado de canciones de un trip-hop multirracial, que igual recuerda el más puro sonido Bristol que la vertiente más continental de Thievery Corporation, Lamb o Hooverphonic.

A pesar de que esa etiqueta puede ser un lastre, al grupo mallorquín no sólo no le pesa, sino que la desdibuja para crear algo diferente. Algo suena a nuevo en la mezcla que se cuece en el proyecto de Joan Feliú, y en directo se ve sin duda potenciado. Así, los sonidos árticos pero cercanos que proliferan en el álbum se revelan aún más próximos. Y cuando la voz de Pascale Saravelli se desata, lo inunda todo con su calidez, apoyándose en las capacidades de Pedro Gelabert como multiinstrumentista y en el bajo de Oleg Zahiney. Así como en la ilustración de su música en vídeos de corte ambient traídos de la mano del video jockey Jose Taltaloop, que no pudieron ser disfrutados en su plenitud por la situación de la pantalla en un lateral debido a las dimensiones del escenario.

Con todos estos elementos, el concierto se abrió con To Russia in white, una muy válida carta de presentación de los paisajes sonoros que caracterizan a la banda. Continuaron con el corte que abre su disco, la sensual Meditation park, que toma su nombre de un parque de cierta ciudad canadiense en la que Joan pasó un tiempo. La oscuridad reinante en Iceland dió paso a la luminosidad más rock de Angel of night, a la que siguió la postal invernal que es Rannveig.

Tras los juegos de voz y guitarra de Barunka left, Vacabou brindaron a los presentes Entering, nueva canción que posiblemente aparecerá en su segundo disco, en construcción a día de hoy, y que refleja cómo seguirán profundizando en la explotación de sus elementos más personales. Aún tenían previsto tocar Time’s zone trip, otro tema que también es posible se incluya en su futuro nuevo trabajo. Con él pretendían dar fin al concierto en una onda más bailable, pero por cosas del directo el epílogo del mismo fue Life as interference, una de sus canciones estrella, que ha adquirido más relevancia al sonar como sintonía de un anuncio de televisión. Toda una delicia que cerró una velada de música a la que acudió un público de lo más variopinto. La cálida despedida que dedicaron al grupo sólo es un reflejo de cómo la calidad de su directo tocó el corazón de todos los que estuvimos presentes.

Fotos: Juanmi Bauzá (Royal College of Art, Londres. 19 de marzo de 2004)

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