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The Pretenders (Teatro de la Axarquía, Córdoba, 03-07-2009)

pretenders2La noche se hacía agradable dentro de un temible día de julio cordobés y todos estábamos expectantes ante la llegada de Chrissie Hynde y su grupo. No se hicieron esperar, puntuales para un público también cumplidor y que llenaba el Teatro de la Axarquía. Allí se plantó entre ovaciones la veterana cantante, rodeada por los jóvenes guitarristas James Walbourne y Nick Wilkinson, detrás Martin Chambers (batería) y al fondo Eric Heywood (pedal steel). Tras dos entradas con sonidos country y rockabilly, la gente se empieza a animar definitivamente con Talk of the town. La banda alterna claramente sus clásicos con las canciones de su último disco, Break up the concrete, del pasado año, ya que le toca el turno a Love´s a mistery. Para que el personal congregado no se enfríe -le iba a costar- enfilan dos joyas seguidas: Kid y Back on the chain gang, lo que hace levantar al público. A Chrissie Hynde se le corre el rímel pero no se da cuenta o le da igual. A nosotros tampoco nos importa. No para de moverse por todo el escenario. Le sigue Rosalee y es cuando con el micrófono se ofrece a sus admiradores más cercanos para que elijan una canción. Con poca imaginación le piden Precious (seguramente estaría en el setlist), que interpretarán más adelante.

Los solos de James Walbourne, muy aplaudidos, toman protagonismo en las canciones más guitarreras. A Chrissie le gritan desde el público “¡guapa!” y contesta en perfecto castellano: “Si no me das un beso me tiro por la ventana”. Los momentos cumbre llegan, cómo no, con Don´t get my wrong y las baladas-himno -que personalmente es lo que menos me gusta de su repertorio- I´ll stand by you y Hymn to her -que, eso sí, en directo suena mejor-. Sin embargo, las interpretaciones más arrebatadoras, en mi opinión, llegan en los últimos minutos con Night in my veins (como dato anecdótico, Chrissie Hynde tira la púa que, sin darme cuenta, cae encima de la libreta donde estoy apuntando y rebota hasta caer junto a la persona que tenía al lado, que la recoge en medio del éxtasis); y, sobre todo, con ese cierre que es Middle of the road -hay pocos intros de batería que se puedan comparar al de esta canción-, que dejan al público con ganas de más. Tras la actuación, le lanzaron desde el público un abanico con el que se llevó un merecido buen recuerdo de su visita a Córdoba. Y yo me quedé sin púa, pero con la gran satisfacción de haber contemplado la actuación de una mujer, una de las mejores en su estilo, que lleva el rock en la sangre.

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